lunes, 24 de octubre de 2011

Declaración de guerra

Ante cielos cerrados
y horizontes vacíos,
yo capitán desdichado
de un navío perdido,
me mantengo en pie
sobre la madera podrida,
y clamo al mar y sus olas.

Le declaro la guerra
al miedo y a la desesperación
que paralizan mente y cuerpo
en la lucha por la vida,
robando aliento y espíritu
a nobles sueños e ideales.

Hoy día de brumas y conspiraciones ocultas,
joven aún, sin luenga barba,
contemplo las estrellas
y les grito sin voz.

Le declaro la guerra al pesimismo y desánimo
que enturbian los ojos claros
del que se enfrenta a su futuro.

He recorrido en viajes largos
países ardientes en nieblas cálidas,
lugares fríos de vientos huracanados
a través de océanos sin fin,
y mantengo firme mi propósito.

Le declaro la guerra
a la mediocridad y la pereza
que renuncian a la existencia
por un vivir sin vivir.

Mi juventud no se impresiona
con maremotos y truenos
ni con nubes espesas
que presagian tormenta.
Desafío con mi puño
y mi timón a todo obstáculo.


Le declaro la guerra
a la violencia y la mentira,
degradaciones de nuestra estirpe.

Le declaro la guerra
a la envidia e hipocresía
que retrasan el progreso por asuntos banales.

Bien arrecie la lluvia tropical,
bien luzca el sol brillante,
no se tambalea mi ánimo
asido al más fuerte mástil,
y sonrío con ironía.


Porque declaro la guerra
a la facilidad, a la utopía
y las quejas.

Firmo hoy con tinta imborrable
este manifiesto de inconformidad,
concentrando mis fuerzas en cumplirlo.

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