lunes, 14 de noviembre de 2011

EL JUGUETE MISTERIOSO


Los niños contemplaban extasiados el juguete que había traído la madrina de Nico, que seguía sobre la mesa entre el papel de envolver roto a jirones. Ninguno, ni siquiera el audaz Guille se atrevía a cogerlo. Había algo curioso, que daba un poco de miedo en la forma del objeto. En realidad, representaba una mina en miniatura: era una bola rosa chillón con púas verdes de goma, y un gran interruptor negro de ON-OFF.
Su madre que trajinaba en la cocina aguzaba el oído por ver si tramaban algo, pero no se oía ni un suspiro. Le parecía increíble que se hubieran quedado subyugados por el juguete, con lo ruidosos que eran los cuatro.
Por fin, Guille extendió la mano temblorosa hacia el botón. Nada más accionarlo, el aparato empezó a vibrar inquietantemente. Todos pegaron un bote en su asiento. Pero no terminó todo ahí, de repente se oyó una risa malévola que procedía de la bola. María y Susana se escondieron detrás de la silla. Lo peor llegó en unos segundos, el juguete empezó a convulsionar y a rodar por toda la mesa. Todos gritaron de miedo.
Su madre seguía en la cocina conteniendo la risa, ¡qué buena idea la de la madrina! Por fin una tarde tranquila.
Guille estalló en carcajadas: -Está loca.
-Sí,-corroboró Nico- ¡es la bola loca! Y se me ha ocurrido un juego genial.
La paz de la casa se rompió de pronto. Se oían carreras, caídas, el juguete, gritos contenidos, y de vez en cuando un alarido como de otro mundo. La madre suspiró, demasiado bueno para durar. Procuró poner expresión seria y se dirigió al cuarto de jugar.
Al llegar no entendía nada. La mina giraba sobre sí misma en el suelo mientras todos sus hijos corrían alocadamente de un lado a otro hasta arrojarse de un salto en el sofá, todos apretados para caber encima.
-¿Qué hacéis?
Susana sacó la cabeza por debajo de un cojín: -¡Chiss!, es la bola loca.
-¿Qué?
-Eso mamá,-contestó María- Primero está dormida, luego se vuelve mala y luego loca.
-Sí, mamá, es la bola loca- gritaron a dúo Guille y Nico.
-Es un juguete guay, pero da un poco de miedo, mejor subirse al sofá- resumió Susana.

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