martes, 29 de noviembre de 2011

Houston, tenemos un problema. Un problema serio.


¿Tu verdad? No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guardátela.

 GALERÍAS LXXXV, Antonio Machado

            Está de moda, cuando se mantiene una conversación con gente normal en la calle, que al llegar a un punto donde los que participan no están de acuerdo, den el tema por zanjado con una frase del estilo: Esa es tu opinión, la mía es otra. Y se quedan tranquilos y cambian de tema.

            Hay veces que al explicar mi forma de vivir o mi forma de entender el mundo, me han contestado: Si eso es lo que te hace feliz... Y ante esa respuesta, me siento incomprendida, y más que rabia me entra perplejidad porque pienso: ¿Acaso todos no buscamos la felicidad? ¿La felicidad es algo relativo únicamente a cada persona?

            Sin embargo, hay cosas en las que todos estamos de acuerdo. Todos estamos contra la violencia de género, contra el asesinato, contra la violación de los derechos de la persona,... O sea que hay algo por encima de mi opinión y de tu opinión, algo que universalmente, por encima de cualquier cultura, es bueno o malo para todos sin excepción.

            Pero si yo digo esto en una conversación me llamarán radical, poco tolerante con las personas que piensan lo contrario... ¡Pero vamos a ver! Si lo que digo es verdad, es verdad para todos; y si lo que digo es mentira será mentira para todos... ¿O no?

            Se me dice que qué me importa el matrimonio gay, que les deje ser felices a su manera, pero si la verdad del matrimonio es la unión de un hombre y de una mujer, ¿por qué he de callarme si al hablar de matrimonio gay se dice una mentira? Se me dice que nunca he estado en la situación de una mujer embarazada por violación, que soy muy dura por no entender su deseo de abortar..., pero si la verdad es que todo ser humano tiene derecho a la vida, ¿por qué me voy a callar ante la muerte de un inocente? Se me dice que no entiendo la píldora del día después porque nunca me he encontrado en la situación de usarla, pero si yo sé que esa píldora puede ser abortiva, ¿por qué no voy a defender una vida humana?
            Que nadie me diga que esta es mi opinión, y que respete al resto que no opina como yo. Contestaré con Machado:     
                            ¿Tu verdad? No, la Verdad,
                                 y ven conmigo a buscarla.
                                       La tuya, guardátela.
                                              
            Soy científica y me gusta la investigación, con la que quiero encontrar la verdad del mundo en el que vivo. Que no me digan que mis experimentos son fruto de mi opinión, que otros tendrán otra. O no existe la verdad para nada , y entonces ¿por qué está mal la violencia de género, si es tan solo un modo de actuar? O existe la verdad para todo, y hay modos de vivir que son buenos para todos, y otros que son malos para todos.

            Es verdad que es complicado, porque los científicos explicamos la realidad a base de modelos, que varían con el tiempo, según se van conociendo más datos. Pero aunque nuestro conocimiento sea imperfecto, y no podamos conocer la realidad científicamente tal cual es, necesitamos partir de la premisa de que la realidad existe, y de que nuestros datos son ciertos. Si no, ¿quién se molestaría en hacer ciencia? Si solo podemos fiarnos de nuestra opinión y de nada más, ¿para qué la investigación en nuevos fármacos, en nuevos materiales, en contaminar menos nuestro planeta?

            ¡Cuidado cuando te hablen de opiniones! ¡Cuidado con decir si eres feliz así...! El obispo de Pamplona cuenta que una vez le preguntó a Juan Pablo II que cuál era el mayor peligro de nuestra sociedad, y le contestó: el relativismo.

            Creo que todos estamos de acuerdo en que hay cosas malas para cualquiera y cosas buenas para cualquiera: “En lo más profundo de su conciencia el hombre descubre una ley que él no se da a sí mismo, sino a la que debe obedecer y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, llamándole siempre a amar y a hacer el bien y a evitar el mal... (...)” GS (Gaudium et spes, 661) 16

            ¿Por qué en el día a día es más difícil descubrir esa Verdad de la que habla Machado, por encima de mi opinión y de tu opinión? Quizá porque “Es preciso que cada uno preste mucha atención a sí mismo para oír y seguir la voz de su conciencia. Esta exigencia de interioridad es tanto más necesaria cuanto que la vida nos impulsa con frecuencia a prescindir de toda reflexión, examen o interiorización” (Catecismo)

            Hemos perdido la costumbre de pensar, de reflexionar. Nos puede ayudar dedicar cada día un rato a pensar en lo que pienso y por qué pienso eso y no lo contrario. Quizá así reconoceré los límites de mi pensamiento, rectificaré lo que se pueda rectificar, tendré mi propio criterio frente a las opiniones,... Que nuestra generación no pase como una generación “sin más” que solo vivió su opinión. Que seamos una generación reflexiva, amante de la verdad y protectora de los derechos de la persona. Como dice Machado:         “(...) La verdad es lo que es,
          y sigue siendo verdad
       aunque se piense al revés
PROVERBIOS Y CANTARES XXX, Antonio Machado

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