martes, 27 de diciembre de 2011

Física y medicina


Estamos rodeados de ciencia. Lo siento para los que no les guste, pero es real. Encontré entre las charlas que se impartieron en la Universidad de Navarra una que habla de cómo la física cuántica es aplicable en medicina en aparatos como el maghetocardiograma o el magnetoencefalograma. De Broglie enunció el principio de la dualidad onda-partícula en el que se basa la cuántica: los electrones se comportan como partículas (tienen una masa determinada) y como ondas electromagnéticas.

            Según el físico Javier Tejada:  El latido es un impulso eléctrico, luego magnético. Incluso nuestro cerebro puede ser una máquina cuántica, ya que nos permite, por ejemplo, pensar en dos idiomas al mismo tiempo, y eso es una maravilla que existe gracias a la cuántica”. Es una pasada como con semejante base física somos capaces de pensar, de imaginar, de crear obras de arte,... No es un reduccionismo, necesitamos que el aparato físico de nuestro cerebro funcione correctamente para poder realizar todas las cosas anteriores, que se escapan del alcance de la física pero que son posibles gracias a la física,... Es impactante la realidad de que el hombre esté hecho de espíritu y materia, y que el espíritu necesite de la materia para comunicarse, expresarse, darse a conocer.

            Me gustó este ejemplo de física y medicina, porque llevo bastante tiempo pensando que los científicos deberíamos ser más interdisciplinares. Y es que nos hemos especializado tanto que no nos entendemos los unos a los otros.

            Hace tiempo estuve en una charla que daba una ingeniero que ha puesto en marcha un máster en Bioingeniería. Contaba que cuando se metió en el tema, los médicos hablaban de interceptar los receptores químicos para evitar la propagación de un tumor, pero ella lo entendía como cambiar la rigidez-elasticidad del medio para conseguir el mismo fin. Ella decía: Estamos hablando de lo mismo, pero en términos distintos.

            Pienso que eso nos pasa mucho a los científicos. Y que no solo deberíamos ser más abiertos entre nosotros, sino que tendríamos que considerar como colegas a la gente de letras. A ver si lo conseguimos.

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