sábado, 10 de diciembre de 2011

Queridos Reyes Magos...


Queridos Reyes Magos: Melchor, Gaspar y Baltasar,

            Este año no voy a preguntaros por vuestros camellos, ni por el lugar lejano en el que vivís, ni por el largo viaje recorriendo medio mundo ni por la noche agotadora que os toca el 5 de enero. Porque hace poco me he enterado de que los regalos que me dejábais los compran mis padres y los colocan ellos esa noche cuando los pequeños nos quedamos dormidos. Cuesta mucho creérselo, pero es verdad.

            Me lo dijo mi mejor amiga en el colegio, y no le creí. Por que no: vosotros claro que existíais, y punto. Ella me dijo que preguntara a mi madre, y lo hice. Mi madre me dijo que qué pensaba yo. A mí me parecía absurdo que mis padres se compraran a sí mismos los regalos, entonces no serían regalos, así que teníais que existir. Me respondió:

            -Pues será como tú lo creas.

            Cuando se lo conté a Ana, me dijo que tenía que insistirle más. A ella tampoco se lo habían revelado a la primera. No le hice caso, pero era una duda muy grande, y más cuando mis padres me preguntaban constantemente qué os había pedido en la carta… Así que volví a preguntar, y a intentar asimilar la verdad, que parecía una broma.

            Si ya sé que no me traéis los regalos, ¿por qué os escribo? Os escribo porque este año no quiero juguetes. Quiero algo que solo podéis conseguirme vosotros, si es verdad que estáis en el Cielo. Papá me dijo que vuestras tumbas están en la ciudad de Colonia.

            Solo os pido un trabajo para mi papá. Este año su empresa ha quebrado y lleva en una cosa que se llama el paro casi seis meses. También hablan de otra cosa que no entiendo y se llama crisis, y debe ser algo por lo menos tan malo como el paro. Mamá y papá ponen siempre una sonrisa si les preguntamos por estas cosas, pero sus ojos no sonríen a la vez. Y no somos tontos, aunque seamos pequeños. Nos damos cuenta de que la nevera está más vacía que antes, y ahora no se puede repetir en las comidas.

            Yo no entiendo de las cosas de los mayores, pero sé que mi padre necesita un trabajo para volver a estar contento y llevarnos al parque. Y que mi madre no lloraría con la cabeza en el armario si papá tuviera un trabajo.

            Por eso, si sois los Reyes Magos de verdad, escuchad lo que os pido, por favor. Y prometo que el año que viene me portaré mejor y no me pelearé con los hermanos.

            Un beso,

            Sonia

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