viernes, 23 de diciembre de 2011

Renovar los programas educativos


Hoy me ha dado por meterme en educación y política... Me parece un tema preocupante que según los profesores de universidad, los alumnos que llegan cada vez están peor preparados, lo que hace disminuir el nivel. Y por la sencilla razón de que es más cómodo hacer menos, se vuelve la pescadilla que se muerde la cola: si no se llega al nivel, lo bajamos; si lo bajamos, se necesita menos nivel, así que se estudia menos, etc.

¿De dónde van a salir los grandes intelectuales de nuestra época, si funcionamos de esta manera? ¿De dónde saldrán los científicos que harán ciencia en el próximo siglo?

Por otro lado, en nuestro modelo de sociedad cada vez se exige más. Estamos en un mundo tremendamente competitivo, de CV plagados de logros y méritos, en el que se valoran más las habilidades que los conocimientos. Desde secundaria se empieza a hablar a los alumnos de cómo su media influirá en las posibles opciones de empleo de cara a entrar y elegir carrera en la universidad. Generamos tensión adelantando esta obsesión por la media de curso en curso llegando a Primaria (¿y sería posible llegar a Infantil?), exigiendo que los alumnos dominen la informática por algo forman parte de la generación de los internautas...

Y, a pesar de todos estos intentos, el nivel es cada vez más bajo. ¿En qué estamos fallando? En mi opinión, damos demasiada importancia a la competitividad, a las notas y a los exámenes. ¿Qué pasa con ese aprender y adquirir conocimientos, irlos asimilando, pensando, formando un criterio,...? En mi clase le preguntábamos a la profesora de matemáticas para qué nos iba a servir lo que estábamos dando..., y no puedo evitar recordar que Platón expulsó de su escuela a un alumno que hizo esa pregunta.

Me parece que en el colegio deberíamos aprender más que otra cosa a pensar, a desarrollar un juicio crítico, y a disfrutar estudiando. ¡Basta de buenas notas y de premios a los más inteligentes! Hay que enseñar que aprender no es solo memorizar: las cosas se olvidan. Pero si se enseña un hábito de estudio, de reflexión eso no se olvida y es una herramienta más poderosa que los ordenadores y la informática. Porque justo con esa herramienta se han fabricado esos ordenadores, se han diseñado sus programas y tantas otras cosas que usamos en nuestra vida diaria.

El gusto por aprender nuevas cosas no puede estar relegado a los frikis. Es tarea del profesor emocionar, entusiasmar a los alumnos con la asignatura que imparta. Algo muy difícil, sí, y que también depende de la actitud de los alumnos, pero me parece que deberíamos intentarlo. Hacernos un lavado de cerebro e inculcar la disposición de pensar y de disfrutar pensando.

¿De qué sirve aprender en la E.S.O. que la materia está compuesta de átomos, si una estudiante de Arquitectura me pregunta a mí, entonces estudiante de Química, que si en el laboratorio cojo un átomo de una cosa lo junto con otro y veo la molécula resultante...?! ¡Aquí está el éxito de la educación en ciencias del instituto!?

La ciencia que se debe enseñar tiene que ser más intuitiva, más aplicable al día a día del alumno para que este se pregunte más cosas. Generar curiosidad que lleve a examinar con interés la etiqueta de un yogur, a investigar en Internet, a aprender por qué los objetos fluorescentes brillan en la oscuridad...

Pienso que hay que pasar más tiempo en el laboratorio, no como una obligación, sino como un pasatiempo. Si yo no veo química en lo que me rodea, ¿por qué iba a querer estudiar eso? Hay que hacer más excursiones y aprender educación medioambiental ahí, y no en el aula. Hay que enseñar a contemplar la naturaleza, a entender los procesos naturales y la implicación del hombre en estos. Los conceptos teóricos no sirven siempre, hay que conocer la práctica e incluso, con la práctica se aprenden mejor los conceptos teóricos.













Educar también en interdisciplinariedad: las disciplinas de la ciencia están relacionadas, no son bloques estancos de conocimiento. Y la ciencia tiene sus límites, que quizá salven las humanidades, y por eso, hay que inculcar una actitud de diálogo abierto, de valorar todo.

Ahora bien, estamos en crisis. Todo lo que propongo puede parecer estupendo, pero falta el dinero para los reactivos o para el autobús de las excursiones,... Siempre se puede salir a ver parte de la naturaleza en el patio del recreo (¿por qué no dar justamente ahí las clases de biología?), y de todas formas, considero que el dinero empleado para facilitar la educación es una buena inversión. Tan buena como poner un aula de informática. Además, lo que más cuenta es el profesor: hay soluciones creativas para suplir la falta de medios... Hace más falta ilusión y motivación, aunque supongo que es difícil... Pero no nos vamos a rendir solo porque las cosas sean difíciles, ¿o sí?

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