martes, 27 de diciembre de 2011

Física y medicina


Estamos rodeados de ciencia. Lo siento para los que no les guste, pero es real. Encontré entre las charlas que se impartieron en la Universidad de Navarra una que habla de cómo la física cuántica es aplicable en medicina en aparatos como el maghetocardiograma o el magnetoencefalograma. De Broglie enunció el principio de la dualidad onda-partícula en el que se basa la cuántica: los electrones se comportan como partículas (tienen una masa determinada) y como ondas electromagnéticas.

            Según el físico Javier Tejada:  El latido es un impulso eléctrico, luego magnético. Incluso nuestro cerebro puede ser una máquina cuántica, ya que nos permite, por ejemplo, pensar en dos idiomas al mismo tiempo, y eso es una maravilla que existe gracias a la cuántica”. Es una pasada como con semejante base física somos capaces de pensar, de imaginar, de crear obras de arte,... No es un reduccionismo, necesitamos que el aparato físico de nuestro cerebro funcione correctamente para poder realizar todas las cosas anteriores, que se escapan del alcance de la física pero que son posibles gracias a la física,... Es impactante la realidad de que el hombre esté hecho de espíritu y materia, y que el espíritu necesite de la materia para comunicarse, expresarse, darse a conocer.

            Me gustó este ejemplo de física y medicina, porque llevo bastante tiempo pensando que los científicos deberíamos ser más interdisciplinares. Y es que nos hemos especializado tanto que no nos entendemos los unos a los otros.

            Hace tiempo estuve en una charla que daba una ingeniero que ha puesto en marcha un máster en Bioingeniería. Contaba que cuando se metió en el tema, los médicos hablaban de interceptar los receptores químicos para evitar la propagación de un tumor, pero ella lo entendía como cambiar la rigidez-elasticidad del medio para conseguir el mismo fin. Ella decía: Estamos hablando de lo mismo, pero en términos distintos.

            Pienso que eso nos pasa mucho a los científicos. Y que no solo deberíamos ser más abiertos entre nosotros, sino que tendríamos que considerar como colegas a la gente de letras. A ver si lo conseguimos.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Torrefacción de la biomasa


En mi máster de Química Sostenible me ha tocado hacer un trabajo sobre la torrefacción como pre-tratamiento de la biomasa. Sí, a mí también me sonaba a chino al empezar con el artículo en inglés, pero luego, ha resultado muy interesante.

            Se trata de aprovechar la biomasa como combustible, de esta manera, usamos “energía verde”. El problema es que dentro del término biomasa están incluidos la materia vegetal y animal, incluidos sus residuos: es decir, desde los excrementos de animales hasta la poda de árboles y residuos agroforestales. Para homogeneizar todo este conjunto y eliminar la humedad (que no es interesante desde el punto de vista de la obtención de energía) se proponen diversos procesos, y uno de ellos es la torrefacción.

            La torrefacción consiste en quemar en un reactor la biomasa a 200-300ºC, obteniéndose un producto que se asemeja a un biocarbón, y que como combustible se parece al carbón de baja calidad. Es una técnica que permite obtener un producto más estable, más fácil de moler o de densificar, y del que se obtiene un rendimiento energético. Claro que resulta un poco caro, pero compensa en el caso de grandes cantidades de biomasa cuando se requiere su transporte, por ejemplo.

            Probablemente un modelo energético basado solo en biomasa no sea sostenible, y menos en países con poca producción de biomasa, como es el caso de España. Pero me ha parecido interesante conocer el proceso como una fuente de energía alternativa y como muestra de que los hombres somos parte de la solución de los problemas que a veces originamos.

domingo, 25 de diciembre de 2011

Creencias religiosas de los científicos


Hace tiempo leí una novela de ciencia-ficción, que creo que relataba un viaje a Venus. En la nave espacia los astronautas-científicos mantenían una discusión sobre si un científico debe creer o no en un Ser Superior. El capitán de la nave era católico, también había un hinduista-agnóstico, un agnóstico y un ateo. El agnóstico postulaba que su opción era la mejor de cara a hacer ciencia: puesto que no se veía a Dios, había que mantener su existencia en un interrogante, de manera que tampoco se estaba cerrado a recibir evidencia de que sí existía. No llegan a ningún acuerdo.

En respuesta al agnóstico de aquella novela podrían servir las dudas del científico Francis Collins: "¿No me tenía a mí mismo como un científico? ¿Y un científico saca conclusiones que no se reflejan en datos? ¿Podía haber una pregunta más importante que la de si Dios existe? Esta toma de conciencia fue una experiencia absolutamente terrible".

Se considera que la ciencia, así como la filosofía nacen en Grecia, cuando el hombre trata de explicar los fenómenos naturales en vez de con mitos, con la observación racional de la naturaleza. Por eso, hay gente que con el auge de la ciencia en nuestra época, considera que cada vez hay menos sitio para Dios en este mundo. Conforme la ciencia avanza se revelan secretos antes ocultos y que se explicaban igual por historias religiosas o por mitos.

De todas formas, aún no hemos llegado a saberlo todo. En cualquier disciplina científica siempre aparecen misterios, problemas al menos de momento irresolubles... Me gusta la opinión de James S. Trefil: “ (…) Por mucho que hagamos retroceder estos límites (se refiere a los límites de la ciencia), habrá siempre espacio para la fe religiosa y para una interpretación religiosa del mundo físico.

En cuanto a mí, me siento mucho más cómodo con el concepto de un Dios lo bastante listo para idear las leyes de la física, que hacen inevitable la existencia de nuestro maravilloso Universo, que con el Dios pasado de moda que tuvo que fabricarlo todo, laboriosamente, pieza a pieza”

Es interesante su opinión porque habla de evolución: de que al entender mejor la ciencia puede avanzar nuestro conocimiento de Dios. La religión también evoluciona en el tiempo, según el hombre es capaz de adentrarse en la Revelación de Dios y de entenderla mejor. Esto no es ningún tipo de creacionismo. La existencia de Dios no es evidente pero sí demostrable, aunque no con argumentos empíricos o experimentales, y una de las vías de demostración de la existencia de Dios de Santo Tomás de Aquino es la observación del mundo que nos rodea. Que nos lleva a buscarle una causa, y así hasta llegar a la Causa Incausada.

Siempre ha habido científicos de todos los credos, y gente que se ha convertido a una determinada religión con su trabajo en ciencia. Einstein , hablando de ciencia, dice “es la experiencia más bella y profunda que se pueda tener… percibir que, tras lo que podemos experimentar, se oculta algo inalcanzable, cuya belleza y sublimidad solo se puede percibir como pálido reflejo, es religiosidad”.

Me parece muy lógica la afirmación de Georges Lemaître: «Me interesaba por la verdad desde el punto de vista de la salvación tanto como por la verdad desde el punto de vista de la certeza científica. Me parecía que había dos caminos que conducían a la verdad, y decidí seguir uno y otro».

La ciencia y la fe se mueven en ámbitos distintos. La ciencia es el conocimiento cierto, universal y necesario por medio de causas. La fe es el conocimiento de Dios a través de su Revelación. La ciencia emplea la razón para deducir o inducir sus leyes. La fe se basa en la confianza en la Revelación. Como Lemaître considero que son dos caminos para llegar a la verdad.

¿Puede llegar a haber contradicción entre los conocimientos obtenidos por la fe y por la razón? Sí. Para un creyente será un error de la razón humana, que es limitada, porque Dios si es la Verdad no puede equivocarse. Para un ateo será la prueba definitiva de que Dios no existe. Aunque si se demuestra que la ciencia se equivocó... ¿?

Pienso que se puede ser muy buen científico independientemente de las convicciones religiosas que uno tenga. Defiendo la libertad religiosa, y por tanto, estoy en contra del laicismo que pretende sacar la religión de la vida pública. Yo respeto las creencias de los demás, pero eso no me obliga a dejar mis creencias por el camino, ni significa que sea peor científica que un ateo o un agnóstico.

Leí “La esfera y la cruz” de Chesterton que (siento destripar un poco el libro) trata del enfrentamiento a muerte de un católico y un ateo. Después de todas las aventuras que corren juntos para conseguir llevar a cabo su duelo por sus ideas, se van haciendo más amigos, hasta que descubren sin cambiar ninguno sus creencias (bueno, quizá un poco sí), que es más lo que les une que lo que les separa. Que ambos están de acuerdo en la dignidad de la persona humana. Aprenden a comprenderse y a respetarse. Está muy bien.

Es cierto que la religión influye en la manera de hacer ciencia. Aunque fe y razón discurran por ámbitos distintos, la religión afecta a la vida entera de la persona. Pero no veo que esto sea peyorativo, sino todo lo contrario: una fuente de riqueza. Porque los científicos católicos además de buscar la verdad como el resto de la comunidad científica son conscientes de que Dios les ha encargado una misión especial: “Y los bendijo Dios con estas palabras: «Sed fecundos y multiplicaos, y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves del cielo y en todo animal que repta sobre la tierra». Dijo Dios: «Ved que os he dado toda hierba de semilla que existe en la faz de la tierra, así como cada árbol que lleva fruto de semilla (...)». (Génesis 1, 28-29)

Y para todos aquellos que hoy celebran la Navidad: ¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!

sábado, 24 de diciembre de 2011

Aquellas Nochebuenas


Esta noche es Nochebuena,
y mañana Navidad.
Dame la bota, María,
que me voy a emborrachar.

            Con esta canción se despertaban en casa de los Valdés todos los 24 de diciembre. La cantaban en honor del abuelo, que cuando vivía, se pasaba el día entero repitiéndola para compensar que era el único día del año que se podía cantarla con sentido.

            Era la señal para que los niños, que habían llegado hacía un par de días de Madrid, se levantaran de la cama y empezaran a correr escaleras arriba y escaleras abajo. Había alguno de ellos que metía la cabeza entre los barrotes de madera y luego no era capaz de sacarla. Tenía que subir un adulto a ayudarle, de paso que le reñía.

            Las mujeres, sobre todo, estaban atareadísimas. La casa entera debía estar reluciente antes de que llegara el resto de la familia. Había que preparar la mesa grande del comedor, que solo se usaba en Navidad, sacar el mantel y la vajilla de fiesta, y preparar toda la comida, menos la tradicional sopa de pescado que traería la tía Esther por la tarde.

            También había que colocar el belén, porque todos los años, no se sabía por qué, no se encontraba tiempo para hacerlo en condiciones hasta el mismo 24 de diciembre. Los niños querían colaborar pero no se les dejaba mucho. Las figuras se podían romper, de hecho, ya había un par de ángeles con las alas rotas y un pastor sin brazo. Además, un año tiraron el musgo por la alfombra y aunque hubiera sido un “accidente” y “por equivocación”, se procuraba mantenerlos alejados del belén.

            Sin embargo, era una tarea difícil, por no decir, imposible. Los niños se contagiaban de la excitación general y no querían bajar a jugar al sótano, como si fuera un día normal. Como en la cocina no se iban a meter porque no era divertido, el belén se convertía en una atracción irresistible. Y, a pesar de que tuvieran prohibido tocar las figuras, cada uno había adoptado unas cuantas que tenían nombre propio, aunque estos nombres cambiaran cada Nochebuena. Entonces discutían sobre quién se acordaba más de las suyas, y las mayores peleas surgían al colocar a los tres Reyes Magos. Porque todos querían que Melchor, Gaspar o Baltasar fuesen de su propiedad. Los mayores perdían la paciencia y les echaban de allí.

            Para los niños, lo peor llegaba por la tarde, cuando tenían que ponerse la ropa de fiesta, que era peor incluso que la de los domingos: los jerseis picaban más y los zapatos siempre apretaban mucho. Y como les habían repeinado con mucha colonia, no les dejaban deambular por la casa para que no se ensuciaran o despeinaran. Tenían que esperar lo más quietecitos posible a sus primos y demás familia.

            Aquella era una nochebuena especial. La abuela había puesto en venta el chalet y serían las últimas que celebrarían allí. Todos los niños tenían mucha pena, y Lourdes que tenía alma de poeta recorría la casa despidiéndose de sus rincones favoritos. Adiós al trastero de techo inclinado y a la alfombra de pelos azul donde tantas veces habían jugado a natación. Adiós a la ventana del techo del cuarto de baño por la que se podían ver las estrellas, a las escaleras que se podían subir de tres en tres, y bajar de cuatro en cuatro. Adiós al antiguo despacho del abuelo y a la mesa de mármol de la cocina. Adiós al sótano invadido de juguetes y a la despensa que daba miedo de lo oscura que era por las noches. Adiós al garaje con las bicis y a la huerta donde había fresas y frambuesas y antes, cuando vivía el abuelo, tomateras. Adiós a la terraza donde habían jugado con la nieve, metidos los pies en bolsas de plástico hasta que a Alejandro se le pusieron los labios morados y mamá les obligó a entrar a todos en casa.

            Cuando Fede descubrió lo que estaba haciendo, se chivó a Alejandro y a los primos Javier, Fran y Chus que estaban llegando. Lourdes se enfadó y le pegó una torta, y todos se lanzaron unos sobre otros. Tenía pinta de que iba a terminar mal, pero entró la prima mayor. Adriana tenía un don para los niños. En cuanto entraba todos la llenaban de besos y le pedían que les contara un cuento. ¡Era lo mejor de aquellas Nochebuenas!

            Adriana bajaba con toda la chiquillería que iba llegando al sótano, los sentaba en un semicírculo, y empezaba el guiñol de Nochebuena. Sólo ella era capaz de conseguir que Spiderman fuera la madre de la familia y Hulk el padre, alguna Barbie era la hija, y lo playmobiles también participaban. Mantenía a los pequeños con los ojos fijos en sus manos que manejaban los muñecos, y cada uno tenía su voz propia y su personalidad. De un año para otro no se acordaban de la historia, así que no podían comparar para decidir cuál era la mejor. Pero podían estarse quietos durante horas y horas siguiendo el hilo que iba trazando Adriana. El tiempo se pasaba volando, y parecía que se acababan de sentar en el suelo, cuando papá se asomaba a la puerta y gritaba:

            -¡A cenar!

viernes, 23 de diciembre de 2011

Renovar los programas educativos


Hoy me ha dado por meterme en educación y política... Me parece un tema preocupante que según los profesores de universidad, los alumnos que llegan cada vez están peor preparados, lo que hace disminuir el nivel. Y por la sencilla razón de que es más cómodo hacer menos, se vuelve la pescadilla que se muerde la cola: si no se llega al nivel, lo bajamos; si lo bajamos, se necesita menos nivel, así que se estudia menos, etc.

¿De dónde van a salir los grandes intelectuales de nuestra época, si funcionamos de esta manera? ¿De dónde saldrán los científicos que harán ciencia en el próximo siglo?

Por otro lado, en nuestro modelo de sociedad cada vez se exige más. Estamos en un mundo tremendamente competitivo, de CV plagados de logros y méritos, en el que se valoran más las habilidades que los conocimientos. Desde secundaria se empieza a hablar a los alumnos de cómo su media influirá en las posibles opciones de empleo de cara a entrar y elegir carrera en la universidad. Generamos tensión adelantando esta obsesión por la media de curso en curso llegando a Primaria (¿y sería posible llegar a Infantil?), exigiendo que los alumnos dominen la informática por algo forman parte de la generación de los internautas...

Y, a pesar de todos estos intentos, el nivel es cada vez más bajo. ¿En qué estamos fallando? En mi opinión, damos demasiada importancia a la competitividad, a las notas y a los exámenes. ¿Qué pasa con ese aprender y adquirir conocimientos, irlos asimilando, pensando, formando un criterio,...? En mi clase le preguntábamos a la profesora de matemáticas para qué nos iba a servir lo que estábamos dando..., y no puedo evitar recordar que Platón expulsó de su escuela a un alumno que hizo esa pregunta.

Me parece que en el colegio deberíamos aprender más que otra cosa a pensar, a desarrollar un juicio crítico, y a disfrutar estudiando. ¡Basta de buenas notas y de premios a los más inteligentes! Hay que enseñar que aprender no es solo memorizar: las cosas se olvidan. Pero si se enseña un hábito de estudio, de reflexión eso no se olvida y es una herramienta más poderosa que los ordenadores y la informática. Porque justo con esa herramienta se han fabricado esos ordenadores, se han diseñado sus programas y tantas otras cosas que usamos en nuestra vida diaria.

El gusto por aprender nuevas cosas no puede estar relegado a los frikis. Es tarea del profesor emocionar, entusiasmar a los alumnos con la asignatura que imparta. Algo muy difícil, sí, y que también depende de la actitud de los alumnos, pero me parece que deberíamos intentarlo. Hacernos un lavado de cerebro e inculcar la disposición de pensar y de disfrutar pensando.

¿De qué sirve aprender en la E.S.O. que la materia está compuesta de átomos, si una estudiante de Arquitectura me pregunta a mí, entonces estudiante de Química, que si en el laboratorio cojo un átomo de una cosa lo junto con otro y veo la molécula resultante...?! ¡Aquí está el éxito de la educación en ciencias del instituto!?

La ciencia que se debe enseñar tiene que ser más intuitiva, más aplicable al día a día del alumno para que este se pregunte más cosas. Generar curiosidad que lleve a examinar con interés la etiqueta de un yogur, a investigar en Internet, a aprender por qué los objetos fluorescentes brillan en la oscuridad...

Pienso que hay que pasar más tiempo en el laboratorio, no como una obligación, sino como un pasatiempo. Si yo no veo química en lo que me rodea, ¿por qué iba a querer estudiar eso? Hay que hacer más excursiones y aprender educación medioambiental ahí, y no en el aula. Hay que enseñar a contemplar la naturaleza, a entender los procesos naturales y la implicación del hombre en estos. Los conceptos teóricos no sirven siempre, hay que conocer la práctica e incluso, con la práctica se aprenden mejor los conceptos teóricos.













Educar también en interdisciplinariedad: las disciplinas de la ciencia están relacionadas, no son bloques estancos de conocimiento. Y la ciencia tiene sus límites, que quizá salven las humanidades, y por eso, hay que inculcar una actitud de diálogo abierto, de valorar todo.

Ahora bien, estamos en crisis. Todo lo que propongo puede parecer estupendo, pero falta el dinero para los reactivos o para el autobús de las excursiones,... Siempre se puede salir a ver parte de la naturaleza en el patio del recreo (¿por qué no dar justamente ahí las clases de biología?), y de todas formas, considero que el dinero empleado para facilitar la educación es una buena inversión. Tan buena como poner un aula de informática. Además, lo que más cuenta es el profesor: hay soluciones creativas para suplir la falta de medios... Hace más falta ilusión y motivación, aunque supongo que es difícil... Pero no nos vamos a rendir solo porque las cosas sean difíciles, ¿o sí?

jueves, 22 de diciembre de 2011

Piensa en verde...


Tengo la sensación de que todos estamos hartos de que nos hablen de reciclar... Y no debería ser así. Hay que cambiar el punto de vista. Hay que despolitizar el término reciclaje, quitarle las connotaciones de “¡qué pesados, otra vez con el reciclaje!”, “si no sirve para nada...”, “si nadie lo hace...”.

            Yo también he pensado todas esas cosas, y sin embargo, ahora desde un punto de vista exclusivamente científico digo: SÍ SIRVE. La acción descontrolada del hombre sobre la naturaleza puede provocar y provoca graves daños en el medioambiente que a la larga, afectarán a la calidad de vida de la humanidad. Pero, como ser pensante, el hombre no solo es parte del problema sino que tiene la solución en sus manos. Esos mismos procesos que contaminan, también tienen procesos que descontaminan.

            Antes de seguir, decir que el título de esta entrada no es de mi inventiva, sino que lo utilizó una profesora de la Universidad de Navarra en una conferencia sobre reciclaje (creo que ahí empecé a cambiar mi visión...).

            Me preocupa el medio ambiente. Al margen de visiones catastrofistas sobre el calentamiento global y la destrucción del ozono, es cierto que la actividad industrial daña el medio ambiente. Pero, como ya he dicho, también se investiga para paliar este daño: buscando energías menos contaminantes, “más verdes”. Económicamente incluso interesa sustentarse sobre las energías renovables siempre que sean sostenibles, porque “no renovable” implica que se acabará...

            En estos años que he cursado distintas asignaturas relacionadas más o menos con el medio ambiente, me han quedado claras varias cosas. En primer lugar, que la naturaleza es muy lista, está regulada por leyes que aseguran su supervivencia frente a la contaminación. Es decir, que cualquier medio receptor de contaminantes como la atmósfera, las aguas o los suelos tiene cierta capacidad autodepurativa. Esto quiere decir que en esos medios viven microorganismos capaces de degradar los contaminantes. ¡Qué pasada!, ¿verdad?

            Con el aumento demográfico y de las prácticas industriales hemos sobrepasado esa capacidad autodepurativa de los medios receptores. Con esto no pretendo defender posturas neo-malthusianas. Estoy a favor del aumento poblacional, pero también hay que meter cabeza en los problemas que generamos para tratar de resolverlos.

            En segundo lugar, muchas de las tecnologías descontaminantes se basan en los mismos principios de la naturaleza. Lo que resulta muy lógico ya que si han servido hasta ahora... Como ejemplo, en las depuradoras se tratan las aguas residuales en balsas con microorganismos que degradan la materia orgánica. Otro aspecto interesante, es que no se descontamina el agua al 100%, resultaría muy caro y les quitaríamos el trabajo a los microorganismos del río al que se vierten las aguas tratadas. Es decir, en los procesos de descontaminación se cuenta también con la capacidad de la naturaleza.

            Además, en las iniciativas de descontaminación, se busca aprovechar al máximo el rendimiento energético. Así, los lodos o fangos de depuradoras (provenientes de los sólidos espesados) se llevan a digestión anaerobia para obtener un biogás empleable como energía eléctrica, o bien se llevan a compostaje para obtener abonos de alta calidad.

            En la entrada de los polímeros ya hablamos de la jerarquía de las 3 R: reutilización, reciclaje y recuperación. La opción peor es el vertido, pero incluso los vertederos tienen una normativa a seguir para garantizar la salud y la protección medioambiental. Todo vertedero debe distribuirse para alargar su vida de utilización, y una vez terminada, recubrirse con tierra, y controlarlo hasta que deje de emitir gases, y sea un lugar seguro. Y, aunque parezca mentira, con nuestro pequeño reciclaje estamos colaborando a aumentar la vida media de los vertederos. Así que, ¡manos a la obra!

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Un hombre de ciencia (Francis S. Collins)


Su interés por la ciencia se remonta a cuando tenía catorce años, en palabras suyas: “mis ojos se abrieron a los poderosos y excitantes métodos de la ciencia. Inspirado por un carismático profesor de química que podía escribir la misma información en el pizarrón con las dos manos simultáneamente, descubrí, por primera vez, la intensa satisfacción de la naturaleza ordenada del universo. El hecho de que toda la materia estuviera constituida por átomos y moléculas que obedecían principios matemáticos, fue una revelación inesperada, y la capacidad de usar las herramientas de la ciencia para descubrir nuevas cosas de la naturaleza me cautivó de inmediato como algo de lo que quería formar parte.”

            Estudió primero química en la Universidad de Virginia, y empezó su doctorado en fisicoquímica en la Universidad de Yale. Aunque disfrutaba con la mecánica cuántica, le parecía que ya estaba todo más o menos descubierto y que su futuro era únicamente ser profesor universitario. Al apuntarse a un curso de bioquímica le fascinaron el ADN, ARN y las proteínas; y decidió dar un giro radical a su vida: se fue a estudiar medicina a Carolina del Norte. Ya estaba casado y tenía una hija.

            A lo largo de sus años universitarios había pasado de un agnosticismo cómodo a un ateísmo convencido. Sin embargo, al atender a pacientes terminales en su tercer año de medicina, volvió a plantearse el tema de la existencia de Dios: “¿No me consideraba a mí mismo un científico? ¿Sacaba un científico conclusiones sin considerar los datos? ¿Podría existir una pregunta más importante en toda la existencia humana que “existe Dios”? Y sin embargo, allí estaba yo, con una combinación de ceguera deliberada y algo que sólo podía ser propiamente descrito como arrogancia, al haber evitado cualquier consideración seria de que Dios fuera una posibilidad real.”

            Un pastor protestante le prestó el libro de Mero cristianismo de C.S. Lewis, y allí encontró plasmadas todas sus dudas porque precisamente el autor era un cristiano converso. Argumentos tales como la universalidad de la ley de moralidad-inmoralidad de los actos humanos le convencieron para aceptar la existencia de un Dios Creador e interesado por sus criaturas.

            Dentro de la medicina, se especializó en la naciente rama de la genética, y su primera publicación trataba de una proteína que se encuentra en los glóbulos rojos del feto humano. Más tarde, trabajó en la enfermedad de la fibrosis quística, buscando el gen heredado que producía esta enfermedad. Después de que Watson renunciara a dirigir el llamado Proyecto Genoma Humano, eligieron a Collins. En 2000 habían conseguido un primer borrador “del libro de instrucciones del cuerpo humano”., que fue anunciado por el presidente de EE.UU.

            Collins no vacila en declararse un científico creyente en pleno siglo XXI. Es más, está convencido de que ciencia y fe no están reñidas, sino que pueden colaborar. Pero claro, entonces la ciencia tiene que admitir que hay preguntas para las que no tiene respuesta como el sentido de la vida humana, la existencia de Dios,... Puesto que no existe evidencia contraria a la existencia de un Ser Superior, la ciencia en cuanto tal, no puede negarla, aunque tampoco afirmarla. Sin embargo, Collins es contrario también a la tesis creacionista, le parece que un Dios que rellena los huecos en blanco de la ciencia es un Dios vulnerable a que la ciencia acabe encontrando la explicación. Lo que propone Collins es un evolucionismo teísta o, como él lo denomina, BioLogos: un Dios Creador del Universo, que al crearlo conocía las leyes que harían factible la vida, que se desarrolla y diversifica a través de la selección natural: un Dios fuera del tiempo, porque está fuera del mundo, pero que no se desentiende de sus criaturas.

            Se puede o no compartir la opinión de Collins. Como biólogo y científico es un defensor acérrimo de la teoría de la evolución de Darwin pero no piensa que esto contradiga su fe. Las semejanzas en el genoma del chimpancé y del hombre predicen un ancestro común, pero no explican la inteligencia y voluntad humanas, que son características espirituales que Collins atribuye a que Dios inspiró el alma humana en el hombre. Simplemente viene a decir que la fe no es irracional y que la ciencia por lo tanto no está reñida con ella. Me ha parecido muy interesante su libro  ¿Cómo habla Dios? La evidencia científica de la fe,por si alguien quiere profundizar más.

martes, 20 de diciembre de 2011

Trabajando con un reactor de oxidación parcial catalítica

Mi máster es de Química Sostenible. El otro día aprendí que la química sostenible o "química verde" aunque parezca algo muy de moda , por lo tanto, moderno, es centenaria. Porque tiene que ver con la catálisis, que está presente casi desde que el hombre empezó a desarrollar reacciones.

Un catalizador es una sustancia inerte, desde el punto de vista de que no participa en la reacción, de manera que se puede recuperar al final de la misma. (Esto no implica que no haya cambiado de forma, lo que quiere decir es que no se incorpora al producto final, pero hay catalizadores que no son recuperables). El catalizador proporciona un mecanismo de reacción diferente que requiere menos energía y, por lo tanto, es más viable. Así, procesos que no se desarrollarían a una velocidad apreciable (podrían tardar años o siglos...), añadiendo un catalizador sí que se producen.

Según mi profesor de Química del Medio ambiente, la química sostenible se basa en la catálisis heterogénea. Heterogénea significa que está en dos fases. Por ejemplo: el catalizador es un sólido y la reacción se produce en fase gaseosa. En su departamento trabajan con catálisis heterogénea en un reactor de oxidación. Me explicó que, al principio, se dedicaban a temas medioambientales: oxidaban compuestos tóxicos a dióxido de carbono. Ahora también se dedican a temas medioambientales pero desde el punto de vista energético: usando la oxidación parcial para obtener un gas de síntesis de mucha utilidad para obtener biocombustibles (menos contaminantes que los fósiles como el carbón o el petróleo), para por la polimerización de Fischer-Troppsch obtener combustibles parecidos a la gasolina, o para utilizar el hidrógeno en la síntesis de amoníaco.

Este gas de síntesis está formado por hidrógeno y monóxido de carbono. Por eso, interesa la oxidación parcial: porque lo normal es que en presencia de oxígeno el carbono pase a dióxido de carbono, lo que no interesa. Para ello, se trabaja en condiciones de defecto de oxígeno, para de alguna manera, detener la reacción. Y para que se produzca todo esto, se emplea un catalizador sólido, que suele ser un metal finamente dividido.

Muchas veces la ciencia, aunque contamine, también aporta la solución a esa contaminación. Todo es cuestión de investigar, y de ser optimistas: el hombre puede resolver los problemas generando un progreso en la ciencia y en la sociedad.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Por qué los plásticos no siempre son plásticos

La plasticidad es una propiedad de algunos materiales que consiste en que al aplicarles una fuerza se deforman, y mantienen esa deformación cuando se deja de aplicar la fuerza, es decir, es lo contrario de la elasticidad. Un ejemplo gráfico es la plastilina con la que todos alguna vez hemos jugado... Se puede moldear, aplastar, darle forma,..., y se mantiene como la hemos dejado.

En el lenguaje coloquial llamamos plásticos a muchos materiales que no lo son. Basta verlos a simple vista, aunque algunos engañan: son plásticos a una determinada temperatura, que no tiene por qué ser la del ambiente. 

En cualquier caso, lo que llamamos plásticos son polímeros. El nombre significa que tienen muchas unidades de monómeros, que es una unidad básica, que se repite muchas veces para dar lugar al polímero en cuestión. Polímero es el PVC de las tuberías, el PET de las botellas "de plástico", el material de muchos juguetes, de las bolsas "de plástico", de las bandejas de congelados, de las bolitas del embalaje,... 















Son moléculas orgánicas unidas entre sí por una reacción de polimerización y que se obtienen del petróleo. Como ya sabemos, esta es una  fuente no renovable, por lo que deberíamos implantar modelos de comportamiento que nos ayuden a ahorrar. Alguna de estas medidas ya se lleva a cabo en los supermercados que no regalan bolsas, sino que hay que comprarlas. Es una manera de concienciar. Porque otro problema de los plásticos es que tardan mucho, mucho tiempo en degradarse... Y, a veces, al hacerlo desprenden sustancias tóxicas. Por eso son importantes la jerarquía de reutilización, reciclado, recuperación y como última opción: el vertedero.

La reutilización significa usar el polímero para lo mismo para lo que servía. Reciclarlo significa que se le puede dar otro uso distinto al inicial. La recuperación puede ser material (por ejemplo, hay polímeros que machacados se emplean junto al asfalto en el trazado de carreteras) o energética (quemarlos controladamente para obtener energía térmica). 

Los polímeros que presentan plasticidad a alguna temperatura se llaman termoplásticos. Pero que quede claro que no todos lo son: hay polímeros elastómeros, resinas,... NO SON PLÁSTICOS.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Los científicos del caos


Si algo tienen en común los científicos del caos es que eran inconformistas, que tenían curiosidad (bueno, esto creo que cualquier científico), que eran creativos y alguno hasta romántico: les gustaban las obras de Goethe,... En general, no se parecen en nada: físicos, matemáticos, meteorólogos, biólogos teóricos, psiquiátras, psicólogos,... Si algo les caracteriza es que no estaban cómodos en una única disciplina. May era biólogo pero le gustaban las matemáticas, Mandelbrot se dedicó a la economía, la ingeniería y las matemáticas, el grupo de la universidad de Santa Cruz tardó en doctorarse porque, aunque eran físicos, aún no existía la disciplina que estudiaban: una mezcla de matemáticas y de experimentos como el juego de la ruleta o un grifo goteante.

Además, estaban en contra de una visión reduccionista de la ciencia, estaban a favor de la interdisciplinariedad. Es cierto que la ciencia para entender el mundo, debe descomponer lo complejo en sus partes más simples, y así utiliza modelos simplistas. Pero no hay que perder de vista el conjunto global. Esto es lo que defendían los científicos del caos. No hay que quedarse en las partes, hay que avanzar hacia una comprensión más global y más total, y más realista, por otra parte...

Quizá por eso me gusta la teoría del caos. Que haya orden y armonía dentro de un aparente desorden, y que todo no sea tan sencillo como para explicarlo con un par de ecuaciones matemáticas deterministas... Queda lugar para la unión de las ciencias, para la filosofía, e incluso para la poesía si uno está inspirado,...

No soy una científica del caos, probablemente sus matemáticas y su física me superen totalmente. Pero soy una química a la que le interesa la edafología, la agricultura, la fisiología vegetal y que ahora se dedica a la enología... Ahora mismo me pondría a estudiar Ingeniería de Agrónomos, y puede que también Filología. Y encuentro dificultades para encontrar un tema de tesis que case todos mis intereses... (Sin contar con la cuestión económica en estos tiempos de crisis).

¿Le pido demasiado a la vida?

sábado, 17 de diciembre de 2011

Primer contacto con el caos: la medida de lo infinito.


En primero de carrera colaboré en el trabajo de física de una amiga que estudiaba biología. El tema del trabajo era libre, y ella eligió la diferencia entre la velocidad real con la que subía la cuesta de todos los días con la velocidad teórica según su constitución física. Para ello, había que medir la dichosa cuesta, y yo me ofrecía a ayudar.

            Nuestro aparato de medida era un metro de costura de 1,5 metros. Dedicamos una tarde de domingo a medir con paciencia puramente científica la cuesta que resultó ser de unos 700 metros, si no recuerdo mal (si no corrígeme...). Luego, me enteré por mi padre que un metro de costura no es una manera fiable de medir. Yo sabía que habíamos cometido muchos errores de aproximación al extender el metro, especialmente en la zona en la que había escaleras. Pero, además, resulta, que un metro de costura no mide exactamente lo que dice, puede tener un error de hasta un 5%, me explicó mi padre, porque para lo que se utiliza tampoco se requiere una precisión brutal.

            Lo cierto es que casi había olvidado este acontecimiento de mi vida, hasta que leí en Caos. La creación de una ciencia de James Gleick, que Mandelbrot preguntó en uno de sus artículos: “How long is de Coast of Britain?”. Él afirmó que cualquier litoral, en cierto sentido, es infinito: depende de la escala que se use para medirlo. Por ejemplo, se procede a medir el litoral con un compás de cuadrante fijado en la amplitud de un metro, y se recorre la costa. Al terminar, se obtiene un resultado aproximado porque se ha prescindido de los accidentes menores de un metro... De manera que la longitud será menor que si se emplea una unidad más pequeña, y mayor si se mide desde un satélite espacial... Mandelbrot descubrió que cuando la escala de medición se hacía más pequeña, la longitud medida aumentaba sin límite: cada vez había m´´as accidentes y subaccidentes costeros, hasta llegar a la escala atómica. Y ahora se han descubierto cada vez partículas más pequeñas, por tanto, ¿el proceso tiene fin? La costa represeta un fractal.

            Y al medir la cuesta de la ermita, quizá estábamos más cerca de la teoría del caos de lo que nunca imaginamos... 

viernes, 16 de diciembre de 2011

Teoría del caos


Suena extraño, ¿verdad? Pero a finales del siglo pasado científicos de disciplinas tan distintas como la meteorología, la física, las ciencias exactas, la biología, la economía, la fisiología,..., empezaron a estudiar el comportamiento caótico. ¿Qué es esto? Pues era todo lo que no se había estudiado hasta entonces: los “errores” que aparecen en cualquier experimento, el “ruido parásito” en las máquinas,... Y lo que encontraron les dejó alucinados: existía orden dentro del caos.

            Más o menos todo empieza cuando se estudian las ecuaciones no lineales en matemáticas. Son ecuaciones que no tiene solución, por lo que no se las consideraba interesantes salvo si una simplificación las hacía resolubles. Pero, de repente, trabajando con sistemas sencillos de ecuaciones lineales se llegaba no a una única solución como siempre, sino a una bifurcación de resultados, y luego a otra y a otra,... Era un comportamiento caótico pero que seguía una cierta periodicidad.

            Si se consideraban los resultados como puntos en el espacio y se iban dibujando, aparecían unas figuras que se llamaron fractales. Un fractal es una figura que presenta el mismo aspecto a cualquier escala que se le examine. ¿Por qué? Porque existe periodicidad dentro del caos de las bifurcaciones de las que antes hablábamos. Esta característica de los puntos que se van dibujando se debe a que la figura resultante es lo que se llama un atractor: no importan las condiciones iniciales elegidas, con tal de que el punto esté cerca del atractor, los siguientes puntos convergerán hacia él a gran velocidad. No se han observado atractores en sistemas reales, solo al meter los datos reales en un ordenador y construir las figuras a partir de ellas.

            El proceso consiste en meter unas condiciones iniciales en el ordenador, que resolvía las ecuaciones, y utilizaba el resultado como “nuevas” condiciones iniciales. Se pensaba que así se llegaría a un sistema en equilibrio: a un único valor. Pero no. Se llegó al caos: las ecuaciones dependían de las condiciones iniciales, y generaban las famosas bifurcaciones. Es lo que se conoce como un proceso de realimentación. Un científico midió su periodicidad y obtuvo un número fijo, por lo que pensó que era una propiedad universal: aplicable a todas las ciencias.

            Y así era. Con un modelo matemático sencillo se podía explicar el comportamiento ocular extraño de los esquizofrénicos, los desequilibrios poblacionales de un ecosistema, por qué el tiempo meteorológico no es predecible a largo plazo, las variaciones del precio del algodón del siglo anterior,... Todos los datos que antes se habían considerado sin sentido, tenían aplicación en la nueva ciencia del caos.

            Algunos físicos empezaron a estudiar los fluidos turbulentos: cómo un fluido en régimen laminar pasa de repente a un flujo turbulento. Esto se puede observar al apagar una vela: al principio el humo asciende de manera regular, pero de repente empieza a formar remolinos: entra en régimen turbulento o caótico. ¿Y qué importancia tenía esto? Los fisiólogos utilizaron estos estudios para entender el mecanismo del corazón y fabricar válvulas y desfibriladores que realmente curaran a los pacientes.

            En cierta manera, se rompió la incomunicación de cada ciencia, porque todas tenían algo en común: el caos. Y todas podían ayudarse a entender mejor el caos y a generar aplicaciones.

            Es curioso por ejemplo que en biología se considera que la vida es un sistema caótico, mientras que la muerte es el equilibrio. Se reconoce que la no linealidad en los procesos de realimentación sirve para regular y controlar. Muy fuerte, ¿no?

            La teoría del caos ha cambiado la manera de ver problemas clásicos que se venían estudiando desde la antigua Grecia:

  • Los sistemas simples llevan a comportamientos complejos, a pesar de su aparente simplicidad.
  • Los sistemas complejos causan comportamiento sencillo, a pesar de su aparente complejidad.
  • Estas leyes tienen validez universal: se observa la disposición fractal en los bronquiolos del pulmón, en la forma de las medusas, en el sistema vascular humano, en la costa de cualquier país,...


            Muy interesante. Recomiendo el libro Caos. La creación de una ciencia de James Gleick. De verdad, merece la pena. Aunque no seas de ciencia, ten un poco de paciencia, abstráete de lo más complejo, y asómbrate de la complejidad aparente de nuestro Universo que paradójicamente engendra orden. Orden dentro del caos.

            Una cosa que me ha llamado la atención especialmente es que muchos científicos hablan de Dios en el libro.

            “Dios juega a los dados con el universo”, replica Ford a la célebre pregunta de Einstein. “Pero con dados cargados. Y el principal objetivo de la físic actual es averiguar según qué reglas fueron cargados y cómo podremos utilizarlos para nuestros fines.”

            “Se cuenta sobre Werner Heisenberg, teórico de los cuánticos, que, en el lecho de muerte, murmuró qué preguntaría dos cosas a Dios: por qué la relatividad y por qué la turbulencia.
            -Creo que tendrá una respuesta para la primera pregunta- dijo.”

            “Lorenz hizo una segunda pregunta. Supóngase que se puede escribir el juego completo de ecuaciones que rigen el tiempo atmosférico. Dicho de otro modo, supóngase que se tiene el código de Dios. ¿Sería posible entonces calcular con esas ecuaciones los promedios estadísticos de la temperatura o la lluvia? La contestación sería una afirmación inmediata, si las ecuaciones fueran lineales. Pero no lo son. Como Dios no ha suministrado las idóneas, Lorenz examinó la ecuación de diferencia cuadrática.”

            “Cuando miran esta habitación- se ven trastos ahí, una persona sentada acá y puertas allí-, creen que observan los principios de la materia y escriben las funciones ondulatorias para representarlos. Pues bien, eso no es factible. Tal vez Dios pueda hacerlo, pero no existe pensamiento analítico para entender semejante problema.” Feigenbaum.

            “Como la astronomía y la ciencia nacieron a la sombra de la religión, una parte nada despreciable del esfuerzo se aplicó a eliminar los argumentos de designio o de teleología: la Tierra es tal como es para que la humanidad haga lo que hace. Sin embargo, en la biología, Darwin estableció la teleología como centro del pensar sobre la causa. Tal vez el mundo biológico no cumpla la finalidad divina, pero responde al designio modelado por la selección natural. (...)”

jueves, 15 de diciembre de 2011

El secreto


Extraña sensación
de perplejidad.
La cuestión humana
no tiene solución matemática.

Ante un problema insoluble
se queda quieto,
pensando...
¿Cuándo acabará esto?,
¿cuándo acabará todo?

Y no se conforma
con que no haya respuesta.
Quiere inmediatez
sin dobleces ni engaños.

Se agita turbulentamente,
se remueve incómodo
en su condición mortal,
aspira a más, a ser poeta
de su propia alma.

Quiere pintar en arcoiris,
quiere escribir sentimientos,
quizá se pare a contemplar
los juegos de unos niños
en un patio.

Intuyendo que ahí
se concentran
agujeros negros y supernovas
de estrellas que vivieron
en un firmamento
en otro tiempo.

Quiere encontrar
la relación que le impulse
más allá de sí mismo,
quizá a otro tú
u otro yo.
No lo tiene claro.

Y suspira
en una noche eterna
por lograr la comprensión,
ansiando ser feliz
mientras mira la felicidad
de los demás.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

La química del carbono


El elemento de la tabla periódica número 12 es el carbono. Él solito da lugar a una de las ramas de la Química: la Orgánica, que es una disciplina realmente apasionante, porque estudia las reacciones químicas que contienen carbono y que están presentes en los organismos vivos, los fertilizantes, los medicamentos, los polímeros (los plásticos, aunque sea incorrecto llamarlos así, ya explicaré por qué...), y mucho más.

            Pero además el carbono tiene unas propiedades físicas y químicas muy interesantes desde el punto de vista de la Inorgánica o de sus aplicaciones. De hecho el Nobel de Física de 2010 está relacionado con él.

            El carbono forma los diamantes y también el grafito de los lápices. En el caso del diamante se dispone formando tetraedros, y en el grafito forma láminas unidas entre sí por un enlace débil (por eso se rompe fácilmente). Así que la única diferencia cualitativa entre un diamante y un grafito es el tipo de enlace. Pero no es fácil obtener diamantes a partir de grafito. Como decía mi profesora de Química allá por la E.S.O.: “Si fuera tan sencillo, ¿os parece que os estaría dando clase ahora?”. Se necesitan altas temperaturas y presiones para producir los diamantes.

            De todas formas, como curiosidad, sí que se producen diamantes sintéticos pero no para hacerse rico, sino porque tiene una dureza muy alta (la más alta en la escala de Mohs) y se utilizan por ello en la industria. Lo gracioso es que la forma más estable del carbono es el grafito no el diamante... Expresado en un gráfico de energías (entendiendo que lo más estable es lo que tiene menor energía) el diamante supondría una especie de valle, pero el grafito sería un valle de menor energía. Lo que pasa es que para llegar a la menor energía necesita superar una barrera energética o bien mucho tiempo... Es decir, dentro de millones y millones de años los diamantes no existirán: se habrán transformado en grafito.

         Pero el grafito y el diamante no son las únicas formas en las que se presenta el carbono. También está el grafeno (Premio Nobel de 2010), que es una única lámina aislada de grafito, y los fullerenos que presentan distintas formas como esferas, elipsoides o cilindros. El más usual es el de C60 llamado también  buckminsterfullereno, en honor al arquitecto Richard Buckminster Fuller, porque la forma del fullereno recuerda a la cúpula geodésica diseñada por él. A partir del carbono también se pueden conseguir nanotubos, que son cilindros del tamaño de 1 nanómetro (es decir 1x10-9 metros o 1x10-7 centímetros, y que tienen importantes aplicaciones.













Mi padre me pasó el otro día una noticia publicada en El País que trataba de que científicos de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) habían conseguido simular por ordenador el comportamiento de los microscopios de fuerzas, que trabaja a escala nanométrica. De esta manera pueden simular la realidad y comprobar las propiedades de los átomos de las superficies o incluso sustituirlos por otros. También se habla de aplicaciones del grafeno y de nuevos métodos de obtener fullerenos. Dejo el link para que le echéis un vistazo, se entiende muy bien para los que no sean de ciencias:  http://www.elmundo.es/elmundo/2011/12/06/nanotecnologia/1323189515.html

martes, 13 de diciembre de 2011

Presentimientos


Negras nubes
de pensamientos:
es nada sentirse
nada, ni siquiera
humo.

Repetirse
en mil variadas formas
de sentir
es humano.

Nadie consiguió
pintar un espíritu negro.
Resultó estar tiznado
de hollín de chimenea,
no era lo que buscaban.

Querían algo más oscuro:
que hablase de la desesperanza
de todos los desesperanzados...

Cruel tarea que se impusieron
aquellos desalmados,
y no lograron ni cenizas
de su proyecto.

Porque sin saber cómo,
si fue el vuelo de un pájaro
o el acorde de una guitarra,
se llenaron de esperanza.

Sí, ellos los descreídos
y escépticos lunáticos
hallaron en lo más sombrío
la esperanza humana.

Mas nunca lograron
desentrañar su secreto.
Hay que recorrer el camino
aunque vaya cuesta abajo.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Biodiversidad


La biodiversidad es el conjunto de todos los seres vivos que existen en la tierra y su interacción. Existe una interdependencia entre todos los seres vivos y su hábitat. Cualquier alteración del hábitat afecta a los seres vivos y puede ocasionar la desaparición de alguna especie. La pérdida de biodiversidad puede afectar de la misma manera a la especie humana, en cuanto a que equivale a pérdida de la calidad de nuestra vida como especie.

            El GBIF (Global Biodiversity Information Facility) es una organización intergubernamental que se estructura en una red de nodos nacionales con secretaría en Copenhague. Su objetivo es proporcionar los datos de biodiversidad de todo el mundo. De esta manera, se pretende apoyar la investigación científica así como fomentar la conservación biológica y favorecer el desarrollo sostenible. Se fundó en 2001 para facilitar el acceso abierto y libre a los datos de biodiversidad, via Internet. En el GBIF colaboran 57 países y 47 organizaciones, que en unión posibilitan la movilización, acceso, descubrimiento y uso de la información en cualquier tiempo y a través de todo el planeta.

      
Los cuatro programas en marcha del GBIF son:
1. Tecnología e interoperabilidad (Data Access and Data Interoperability - DADI)
2. Catálogo de nombres (Electronic Catalog of Names of Known Organisms- ECAT)
3. Informatización de colecciones de historia natural (Digitisation of Natural History Collection Data - DIGIT)
4. Formación y cooperación (Outreach and Capacity Building – OCB).
            Por tanto, el GBIF se concibe como una red de bases de datos interconectadas y que pretende ser una herramienta básica en la investigación científica. De este modo queda patente el conocimiento sobre la diversidad del planeta, que según Arturo Ariño miembro del GBIF:  Por los datos de que disponemos hasta ahora, se han catalogado unos dos millones de especies, que representan el 10% del total estimado. Asimismo, menos del 4% corresponde a vertebrados, un grupo muy estudiado (más de la mitad de los datos primarios) que, sin embargo, es minoritario en la Tierra en cuanto a variedad”.
            La biodiversidad se pierde al modificar los hábitats a que los seres vivos se han adaptado. Esto se debe en muchos casos a la acción del hombre como por ejemplo las talas incontroladas, la contaminación o determinadas prácticas agrarias.
         Como hay muchas especies que no han sido catalogadas su desaparición nos puede pasar desapercibida. Podemos pensar que salvo a los biólogos ambientales y a los ecologistas radicales a nadie le importan estos hechos. Sin embargo, debido a la interrelación de los seres vivos nos puede llegar a afectar  de manera directa. No soy ninguna experta en la materia, sino tan solo una científica curiosa, y recuerdo el caso del mejillón cebra en el Ebro. Es una especia que no se encontraba en este río y que debió venir pegada en la parte inferior de un bote que luego navegó por el Ebro. El caso es que el mejillón cebra se comía el alimento de otras especies autóctonas, que hasta ese momento no habían tenido que competir por la comida, provocando su extinción y afectando a los hábitos pesqueros de la zona. ¡Algo tan pequeño como un mejillón...!

            A veces, cuando pienso en estos temas medioambientales, se me plantea la  duda de hasta qué punto el hombre ayuda con organismos tipo el GBIF o más bien lo estropea... Quiero decir que en los últimos tiempos, el hombre cada vez más ha querido controlar el mundo en el que le rodea, y yo me pregunto hasta qué punto es capaz... Me acuerdo de la novela Parque Jurásico en la que está inspirada la peli. Uno de los personajes que más me gustan es el matemático, creo recordar que se llama Malcolm. Desde el principio está convencido del fracaso del proyecto de los dinosaurios, ¿por qué? Porque, según él, la naturaleza es incontrolable y cuando parece que está todo bajo control, aparecen nuevas variables que descompensan el sistema (parece teoría del caos, de la que ya hablaremos en otra entrada). En la novela acaba teniendo razón y no solo porque uno de los empleados del parque acabe siendo un traidor. Anterior a ese hecho, varios dinosaurios han escapado de la isla subiéndose a los botes de suministro. Según su científico creador no pueden sobrevivir porque han modificado sus organismo para que sean deficientes en lisina. Pero resulta que los dinosaurios huidos atacan granjas y se comen los pollos que son alimentos ricos en lisina...

            Por eso, me pregunto: ¿dónde está el límite? ¿Dónde está el límite de curar una vida y empieza el ensañamiento terapéutico? ¿Cuál es el límite en que el hombre puede manipular la naturaleza sin que esta se vuelva en su contra? Quizá me estoy volviendo demasiado fatalista, pero pienso que a veces nos olvidamos de que no somos los creadores del mundo. Quizá si tuviéramos una actitud más primitiva de asombro y de cierta reverencia, de contemplación, no infringiríamos las leyes de la naturaleza  dañando el planeta y a nosotros mismos. Quizá si estuviéramos más convencidos de la dignidad humana trataríamos con más respeto al propio hombre y al mundo que nos rodea.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Y seguimos con el Big Bang...


Una pregunta apasionante: ¿puede la física investigar el mismo momento de la creación del Universo o incluso antes de que el Big Bang ocurriera?

            Según James S. Trefil: “Aunque la creación del Universo puede implicar un proceso que jamás hemos visto (y jamás podamos ver), vamos a suponer que las leyes de la naturalezaque hemos descubierto pueden usarse para reflexionar sobre esto.

            Si preguntamos lo que puede haber ocurrido antes del Big Bang, sólo caben dos posibilidades. Una es que el Universo sea cíclico con fases como nuestra expansión actualben alternancia con procesos de contracción. (…) El Universo siempre ha existido y siempre existirá, con un ciclo tras otro para siempre. (…)

            La otra posibilidad es que el Big Bang sea un acontecimiento único. En este caso, la mejor conjetura acerca de lo que le precedió es que antes del Big Bang no había nada, un vacío. Pero una cosa que hemos aprendido de la mecánica cuántica es que no hay nada que sea vacío con nada en absoluto en él. (…) Esto significa que el vacío es un sistema como cualquier otro y la cuestión de por qué existe el Universo puede ser abordada de una manera con significado físico. El Universo vacío (el vacío) tiene una energía que, en principio, podríamos calcular. De manera parecida, el Universo en el momento de la creación (es decir, un Universo con masa) tiene también una energía. Si este último tiene una energía menor que el primero, el vacío será inestable en un sentido muy real. Nuestra comprensión de las leyes de la naturaleza es que todos los sistemas evolucionan hacia un estado con la menor energía posible y el vacío no es una excepción a esta regla. En palabras de Frank Wilczek (…), “ tal vez la razón de que haya algo en lugar de nada sea que la nada es inestable”.”

            Otra pregunta apasionante: ¿cómo acabará nuestro Universo en expansión?

            Parece ser que si tuviera una gran masa, por la fuerza gravitatoria se invertiría la expansión para iniciar la contracción del Universo. Es lo que se conoce como futuro cerrado. Si esta opción es la correcta, el Universo continuará en expansión pero cada vez más lentamente. Luego, se invertirá y empezará la contracción: los átomos y moléculas se disociarán en sus núcleos y electrones constituyentes formando el plasma, y así se repetirían de forma inversa las etapas del Big Bang, hasta lo que se llama (medio en broma) el Big Crunch. Una vez producida la contracción, ¿empezará de nuevo otra expansión: el Big Bounce o gran rebote? Como señala el autor del libro que comentamos la ventaja de un universo oscilante es que no hay que preocuparse de su origen o su final..., pero siguiendo las leyes físicas en vigencia este universo aumentaría en cada expansión hasta que dejara de funcionar...

            Otra opción es que no tenga suficiente masa para poder contraerse. El Universo seguiría en su proceso de expansión y enfriamiento, aparecería agujeros negros que con el tiempo desaparecerían, hasta que ya no quedara nada en el Universo que produjera cambios en él. Tendríamos solo radiación en expansión.

            Curiosamente, la masa del Universo está cerca de la masa crítica para que se diera la contracción. Además, actualmente se está descubriendo masa, por ejemplo, en los halos de las galaxias. Pero todavía no se puede predecir con lo que se sabe el final del Universo.
            

sábado, 10 de diciembre de 2011

Queridos Reyes Magos...


Queridos Reyes Magos: Melchor, Gaspar y Baltasar,

            Este año no voy a preguntaros por vuestros camellos, ni por el lugar lejano en el que vivís, ni por el largo viaje recorriendo medio mundo ni por la noche agotadora que os toca el 5 de enero. Porque hace poco me he enterado de que los regalos que me dejábais los compran mis padres y los colocan ellos esa noche cuando los pequeños nos quedamos dormidos. Cuesta mucho creérselo, pero es verdad.

            Me lo dijo mi mejor amiga en el colegio, y no le creí. Por que no: vosotros claro que existíais, y punto. Ella me dijo que preguntara a mi madre, y lo hice. Mi madre me dijo que qué pensaba yo. A mí me parecía absurdo que mis padres se compraran a sí mismos los regalos, entonces no serían regalos, así que teníais que existir. Me respondió:

            -Pues será como tú lo creas.

            Cuando se lo conté a Ana, me dijo que tenía que insistirle más. A ella tampoco se lo habían revelado a la primera. No le hice caso, pero era una duda muy grande, y más cuando mis padres me preguntaban constantemente qué os había pedido en la carta… Así que volví a preguntar, y a intentar asimilar la verdad, que parecía una broma.

            Si ya sé que no me traéis los regalos, ¿por qué os escribo? Os escribo porque este año no quiero juguetes. Quiero algo que solo podéis conseguirme vosotros, si es verdad que estáis en el Cielo. Papá me dijo que vuestras tumbas están en la ciudad de Colonia.

            Solo os pido un trabajo para mi papá. Este año su empresa ha quebrado y lleva en una cosa que se llama el paro casi seis meses. También hablan de otra cosa que no entiendo y se llama crisis, y debe ser algo por lo menos tan malo como el paro. Mamá y papá ponen siempre una sonrisa si les preguntamos por estas cosas, pero sus ojos no sonríen a la vez. Y no somos tontos, aunque seamos pequeños. Nos damos cuenta de que la nevera está más vacía que antes, y ahora no se puede repetir en las comidas.

            Yo no entiendo de las cosas de los mayores, pero sé que mi padre necesita un trabajo para volver a estar contento y llevarnos al parque. Y que mi madre no lloraría con la cabeza en el armario si papá tuviera un trabajo.

            Por eso, si sois los Reyes Magos de verdad, escuchad lo que os pido, por favor. Y prometo que el año que viene me portaré mejor y no me pelearé con los hermanos.

            Un beso,

            Sonia