viernes, 24 de febrero de 2012

Ciencia, filosofía y religión: el método científico


 Uno de los temas en que me ha hecho pensar el libro de Hombres de ciencia, hombres de fe (ya avisé de que me serviría para varias entradas) es en el método científico, y en las relaciones entre ciencia, razón y fe.

Creo que en nuestra época hemos superado en buena parte el cientificismo que proclama que el único modo de conocer la verdad es mediante datos empíricos. Por mucho que la neurología haya avanzado tanto, nos negamos a aceptar que lo que produce en mí leer poesía, contemplar o hacer una obra de arte, o amar a una persona, sea cuestión de simples conexiones neuronales. Sí, es cierto esas conexiones neuronales son indispensables para realizar los actos antes descritos, pero no es su causa ni los explica...

Ángel Guerra Sierra dice: “La ciencia empírica no es la única vía de conocimiento que tiene el hombre, y ni siquiera es la que más utiliza. Se trata, nada más y nada menos, de un tipo de conocimiento que difiere de otros por su total dependencia de la evidencia empírica y de explicaciones verificables mediante la observación o el experimento. Por ello, cuando se saca de este contexto, su rigor o fuerza explicativa decaen o son nulos por completo.”

Leyendo el libro me ha gustado encontrar que es un científico agnóstico, J. Gould, el responsable del principio Nonoverlapping Magisteria (NOMA) o Principio de Demarcación, con el que declara que no se debe opinar en materia de religión con el método científico, ni en materia de ciencia con el método teológico. Ángel Guerra Sierra dice, “podría parecer que el Principio de Demarcación niega toda posibilidad de diálogo entre estas tres disciplinas intelectuales. Sin embargo, esto, aunque históricamente viene sucediendo y es fuente de desafortunadas incomprensiones y dolorosos e infecundos distanciamientos, va quedando cada vez más desfasado debido al esfuerzo de bastante pensadores para encontrar puentes entre ellas, en la búsqueda común del significado de las nuevas teorías científicas. Sobre todo en las denominadas “cuestiones fronterizas” o aquellas, como el origen del Universo, que son abordadas tanto por la Ciencia como por la Filosofía o la Teología desde perspectivas distintas y con metodologías diferentes. El problema de estos puentes es que deben conectar disciplinas muy diferentes, lo que es posible pero no sencillo.”

Quien opina que la realidad solo se puede estudiar adecuadamente con el método científico, se está perdiendo lo mejor de la realidad. Ya decía Nietzsche que como mejor se entiende el hombre es con la verdad literaria... Ángel Guerra Sierra va todavía más lejos y tacha el cientificismo como castración intelectual.

Él defiende que “Se vislumbra que ambas formas de saber, el científico y el religioso, son dos tipos de conocimiento de diferentes características y con métodos y lenguajes distintos entre los cuales no sólo es desable sino imprescindible un diálogo franco. Afortunadamente, va quedando trasnochada la actitud de quienes consideran que son dos ámbitos que discurren paralelos y que nunca llegarán a cruzarse.

Conservando su propia independencia y autonomía, entre ciencia y religión hay puentes sólidos por los que transitar; la convergencia es posible a distintos niveles.”

Quizá una tarea de los científicos del siglo XXI es encontrar y afianzar esos puentes entre ciencia, razón y fe.

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