martes, 21 de febrero de 2012

Evolución. Desde Darwin hasta nuestros días


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El 12 de febrero de hace 202 años nació Charles Darwin el famoso naturalista que enunció la revolucionaria teoría de la evolución en su obra El origen de las especies. Para los que hemos nacido en el siglo XX no nos resultan extrañas las consecuencias de dicha teoría porque hemos crecido con ellas. Pero, en su momento, y después, cuando se han ido encontrando pruebas que afianzan su teoría, fue toda una revolución del pensamiento y de la ciencia.

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Para empezar, significa que biológicamente el mono y el hombre tienen un ancestro común. Más aún, con el desarrollo de la Genética, se ha descubierto que el código genético es único para todos los seres vivos: se sustenta en las mismas cuatro letras, que en el genoma de un gusano y de un hombre codifican las mismas proteínas. Aunque, evidentemente, un gusano no tiene la misma cantidad de información genética que un mono. Parece ser que la diferencia principal entre las especies estriba en lo que se ha llamado ADN basura y ADN silencioso, es decir, aquel que no codifica ninguna proteína.

La teoría de la evolución implica que todos los seres vivos han tenido un ancestro común, que a lo largo del tiempo ha ido evolucionando bajo la influencia de la selección natural, y que ha llevado a la divergencia y diversidad. Al principio, pudo ser una barrera geográfica, la que distanció a dos poblaciones de la misma especie, que a lo largo de los años evolucionaron de distinta manera para adaptarse mejor al ambiente de vida. Genéticamente se traduce en que los genes, bien por la selección natural o por simple estadística, van cambiando de generación en generación, hasta que ambas poblaciones no pueden entrecruzarse: ya tenemos dos especies distintas.

Los partidarios de la ideología darwinista defienden que los hechos contradicen la creación del hombre por Dios. Sin embargo, hoy en día se ha comprobado que la teoría de Darwin es correcta en esencia, pero eso no significa que esté en contradicción con la fe. De hecho, Dobzhansky, fundador de la Genética evolutiva experimental, dice: “el cristianismo es una religión ímplícitamente evolucionista, en cuanto cree que la Historia tiene un significado: la corriente de esta fluye desde la creación, a través de la progresiva revelación de Dios al hombre, desde el hombre hasta Cristo y desde Cristo al reino de Dios. San Agustín expresó esa Filosofía evolucionista del modo más claro.”

En cambio, es más difícil de encajar la evolución para otras religiones que creen en la reencarnación, y por tanto, tienen una visión cíclica (y no lineal) de la historia.

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En el libro de Ángel Guerra de Hombres de ciencia, hombres de fe defiende que aunque la ciencia experimental pueda explicar el origen de la vida e incluso producirla en condiciones controladas, eso no significa que no haya habido creación: “ Y ello porque aunque se desconozca cómo se ha producido un acontecimiento, no significa que éste carezca de una causa concreta. Una cosa es la imprevisibilidad y otra muy diferente la incausalidad (…).”

En ese mismo libro argumenta:(…) no es en absoluto insensato pensar en la existencia de unas pautas o patrones, intrínseca e inseparablemente unidas a la materia, que se cumplen constante e inexorablemente en los niveles fisicoquímicos y en una determinada dirección. Y lo que vale para el origen de la vida es extrapolable a la aparición de modificaciones sustantivas en la evolución de los seres vivos. Afirmar que las mutaciones carecen de causa es traspasar la frontera que hay entre el terreno de la ciencia experimental y de la técnica adentrándose en el campo filosófico, donde la ideología propia del investigador puede jugarle muy malas pasadas y conducirle a conclusiones acientíficas y, muchas veces, erróneas.

Así, puede afirmarse que toda la Naturaleza muestra la existencia de un dinamismo tendencial natural cuyo despliegue produce sistemas naturales que son totalidades reales y no una mera adición de sus partes. (…) Entre todas las partes de un todo vivo se genera un conjunto de interacciones reales que todavía no llegamos a entender por completo.”

En palabras del filósofo español y sacerdote Mariano Artigas: “la ingente cantidad de pasos que han sido necesarios para llegar a los niveles de organización más complejos ha sido producida porque los pasos básicos ya contenían las potencialidades necesarias para la formación de los pasos siguientes. Además, este proceso no puede reducirse a una afortunada suma de sucesos históricos: ha producido resultados muy sofisticados que existen y actúan en la actualidad. De hecho, podemos decir que uno de los resultados más notables del progreso científico contemporáneo ha sido que hemos comenzado a saber cómo actúa la organización natural, y esto se puede resumir en una palabra: información.”

Y es aquí donde el autor de Hombres de ciencia, hombres de fe introduce la tesis novedosa (o por lo menos para mí lo ha sido): no solo la evolución no contradice la creación por Dios sino que forma parte del plan que Dios tenía al crear el mundo. Al crear la materia la dotó de las potencialidades para que se desarrollara por selección natural hasta alcanzar la máxima perfección en la conservación del material genético, a través de numerosos procesos de prueba-error generando la biodiversidad de nuestro planeta. Y cuando por evolución se generó una base lo suficientemente desarrollada, Dios volvió a actuar sobre la creación infundiendo el alma para crear al hombre. Así, dice el autor, “Esa intencionalidad escondida será muchas veces incomprensible para nosotros, pero más que a defectos del plan debemos atribuirla a que somos seres racionales pero de inteligencia limitada. (…)”

Finalmente, quiero acabar esta entrada con unas palabras del Santo Padre Benedicto XVI: “existen muchas pruebas científicas en favor de la evolución, que se presenta como una realidad que debemos ver y que enriquece nuestro conocimiento de la vida y del ser como tal. Pero la doctrina de la evolución no responde a todos los interrogantes y sobre todo no responde al gran interrogante filosófico: ¿de dónde viene todo esto y cómo todo toma un camino que desemboca finalmente en el hombre? No somos el producto casual y sin sentido de la evolución. Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario.”

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2 comentarios:

  1. Ununcuadio, no te metas con la evolución, que es tema espinoso, y no precisamente por el asunto de Dios. En realidad, nadie sabe muy bien cómo han evolucionado las especies, y menos si nos metemos a mirar la evolución del hombre.

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  2. Ya, pero he leido ssobre el tema y me parece super interesante!!! y no por el tema de Dios, sino por el hecho en sí...

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