miércoles, 1 de febrero de 2012

Greenpeace


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El profesor Arturo Ariño defendía las diferencias entre ecología y ecologismo. Remitiéndome a lo que dijo en una conferencia, la ecología es una ciencia que se basa por tanto en parámetros objetivos, mientras que ecologismo entraña cierta ideología e incluso política. Es, entre otras cosas, de los argumentos que me impiden apuntarme como voluntaria a Greenpeace.

Y es que, indudablemente, desde esa organización realizan una labor increíble en defensa de animales y vegetales; pero a mí me echa para atrás que entren en congresos con pancartas o realicen pintadas en las centrales nucleares. Porque a mi juicio hay que salvar el planeta, pero de momento necesitamos la energía nuclear para ello. Cuando sea prescindible porque se hayan desarrollado otras alternativas mejores, por supuesto que seré la primera en renegar de la energía nuclear. Pero ahora mismo pienso que es está energía la que nos puede facilitar el encontrar otras más sostenibles.

Otra de las razones que no comparto con Greenpeace es su rechazo a los alimentos transgénicos, cuando parece que no presentan ninguna toxicidad para el ser humano ni el planeta. Es cierto que son demasiado recientes como para poder predecir si tienen efectos secundarios a largo plazo, y que podrían reproducirse eliminando por competición a las especies naturales. Sin embargo, el otro día en clase de biocatálisis el profesor nos pidió que si alguna vez nos tocara tomar una decisión a escala mundial sobre los transgénicos pensáramos no en nuestras preferencias sino en los países en vía de desarrollo y en las hambrunas. Porque hay gente que en pleno siglo XXI se muere de hambre, y esto debería ser un motivo de reflexión para el mundo desarrollado.

En ciertas concepciones de Greenpeace se manifiesta que el único ecosistema estable es aquel del hombre de las cavernas. Sin embargo, he asistido a una conferencia del profesor Arturo Ariño en la que demostraba con ejemplos concretos que el hombre salvaje ha devastado ecosistemas enteros, aún más incluso que en la época moderna. Según parece, Greenpeace pretende proteger el medio ambiente del hombre, pero me parece que va en la dirección equivocada. Quizá porque se olvida de que el hombre es también parte del medio ambiente, y que nuestra concepción del medio ambiente depende en mayor medida de nuestra concepción del hombre. Primero hay que proteger al hombre, y así estaremos protegiendo al medio ambiente, porque preservaremos el planeta para nuestra generación y generaciones posteriores. Esto es lo que se conoce como Desarrollo Sostenible.

Sin embargo, me he sorprendido gratamente, porque gracias a una protesta de Greenpeace se ha reconocido que el ser humano lo es desde la concepción. El Tribunal Europeo lo ha sentenciado de esta manera, impidiendo que un científico alemán patente células madre embrionarias. Me parece que esta sí es la dirección correcta. Y se lo debemos a Greenpeace, ¡muchas gracias!

Aquí dejo parte de un  documental del National Geographic sobre el embarazo de una mujer.


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