viernes, 10 de febrero de 2012

La libertad de la princesa

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Este poema me trae recuerdos de la clase de Lengua y Literatura de 4º de la ESO. La profesora me preguntó que cuál era el tema y respondí sin pensar: ¡La libertad! Acerté, aunque fue otra compañera la que puso el matiz que faltaba: es el amor el que le trae la libertad a la princesa.

Reconozco que me parece un poema un poco cursi, pero me gusta porque hay musicalidad, parece una canción cantada a los niños pequeños. ¿Quién no ha soñado nunca como la princesa en volar? Ese es el poder de la imaginación humana que nos hace capaces de soñar cosas grandes... Quizá falta el empeño por lograrlas: la princesa solo tiene que esperar a que el príncipe llegue y la bese. ¡Qué papel tan aburrido! Yo también, en su lugar, me plantearía huir volando.

Curiosamente la princesa se siente encerrada teniendo todo lo que pueda desear, y es que muchas veces la riqueza no da la felicidad, pero como decía alguien: el dinero no da la felicidad, ¡pero ayuda bastante! A la princesa le falta la chispa de enamorarse, de valorar lo que se tiene, de sacarle el mejor provecho. Pero en el poema da la sensación de que justamente esas cosas son las que la tienen presa. De hecho la princesa quiere "alas ligeras", que nada le pese. Cuando se pone el corazón en cosas materiales suele ocurrir que uno se ponga más triste incluso que la princesa. El corazón del hombre está hecho para soñar cosas grandes, y cuando le engañamos, pasa factura. Hace falta un desprendimiento de lo material, aún teniéndolo todo, para ser libre, para intentar alcanzar la felicidad.

Os dejo algunos versos de Sonatina de Rubén Darío:

La princesa está triste . . . ¿qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro;
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.
(...)
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la líbélula vaga de una vaga ilusión.
(...)
¡Ay! La pobre princesa de la boca de rosa,
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar,
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo,
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.
Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
(..)
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real,
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal,
(...)
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe
(La princesa está palida. La princesa está triste)
más brillante que el alba, más hermoso que abril!
-¡Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-,
en caballo con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con su beso de amor!



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