lunes, 12 de marzo de 2012

Hablemos de educación


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 No es la primera vez ni tampoco será la última en la que me pregunte sobres estos temas y reflexione sobre ellos. Porque considero que la educación es el futuro de un país, y por lo tanto, del mundo entero. Si consiguiéramos un modelo educativo capaz de rendir grandes genios, y sobre todo, grandes personas, habríamos avanzado mucho en la dirección del progreso integral de la persona.

Ya ha salido más veces en este blog, mi preocupación por la especialización de las ciencias, mis ganas (por llamarlo de alguna manera) de lograr la intradisciplinariedad-interdisciplinariedad en todas las ciencias humanas. Por eso, me sorprendió encontrar en Internet un libro titulado Ni de Letras, ni de Ciencias: una educación humana. Leyéndolo he descubierto que la separación entre ciencias y letras es algo cultural, y que no siempre fue así...

El autor del libro, Rafael Gómez Pérez, considera que el horario y contenidos didácticos están bastante bien hasta que se llega al segundo ciclo de Secundaria. Allí el alumno debe optar entre Ciencias y Letras, separación que se acentúa aún más en el Bachillerato. Una separación que se considera necesaria para que los alumnos vayan adquiriendo competencias prácticas que les ayuden luego en la vida profesional, y que no tengan que sufrir si son de Ciencias tantas Letras, y viceversa.

¿Pero hay gente de Ciencias y gente de Letras? Yo considero una lástima, y un agujero negro en mi cultura, no haber estudiado nunca Historia Contemporánea. ¿Cómo entender el mundo de hoy en día, si yo me quedé en la Segunda Guerra Mundial en 4º de ESO? El autor declara que no debería existir esa separación, que necesitamos una visión más global, y que la educación depende de nuestra concepción del hombre. Si consideramos que solo es un ser que tiene que ganarse la vida, lo mejor es orientarle hacia su futuro profesional lo más rápido posible, y olvidémonos del resto...

Estoy de acuerdo con el autor en que todos deberíamos estudiar matemáticas. Si no, se acaba dando la paradoja de que en las universidades están más preparados para cursar Administración de empresas y Economía los alumnos de Ciencias, que en su vida han tenido una asignatura de Economía. Según el autor: “Las matemáticas requieren unos niveles de abstracción que, en cuanto al mecanismo, son idénticos a los que se necesitan para, no solo algunas ciencias naturales (física, química), sino también la filosofía y la lengua. Es cierto que la inteligencia matemática es un tipo de inteligencia, pero no está desconectada de los otros tipos.” Las matemáticas nos proporcionan el concepto de infinito, que es una de las preguntas vitales del hombre.

También estoy de acuerdo en que hay que profundizar más en el conocimiento de la propia Lengua, pues esto eliminará muchos problemas de comprensión en otras asignaturas, catalogadas como de Ciencias. Y sería bueno que todos supiéramos latín y griego, ya no solo porque nuestra lengua proceda del latín, sino porque Roma y Grecia fueron dos culturas importantes de la Antigüedad, que nos han proporcionado muchas cosas. Entre ellas, la misma “educación” que procede del término griego “paideia”.

Este párrafo me parece que resume muy bien las ideas del autor: “Las humanidades lleva a una inteligencia de la relación causa/efecto y a las conexiones entre personas e instituciones, además de las expresiones simbólicas. Las ciencias llevan al conocimiento de la naturaleza a través de la experiencia y de la inducción, primero, después de la deducción, lo que implica una formalización a través de las matemáticas. Tanto las ciencias como las humanidades dependen de la habilidad humana para abstraer y para formular hipótesis. El arte plástico y la escultura, la música, la danza, la literatura llevan a ver la realidad de una forma bella, que es, en realidad, otra forma de conocimiento.”

¿Cómo mejorar la educación? El autor habla no tanto de cambiar los contenidos educativos sino los modos de enseñanza. Señala la importancia de los padres y de los profesores, porque los niños aprenden por imitación.

¿Cuál es la tarea del profesor? Inculcar en el niño las ganas de saber. Porque si consigue esto, lo ha conseguido todo. Hay que educar el gusto y la sensibilidad (el autor propone obras de literatura universal, música clásica, arte, y aprovechando las facilidades de la tecnología), hay que meter el gusto de leer, de aprender, de descubrir, de disfrutar el gozo intelectual,... Casi nada.

Así, estará sembrada la semilla, y el alumno podrá elegir de verdad que es lo que le interesa, porque según el autor en la universidad se encuentra aquello que se busca, y les da tres consejos a los futuros universitarios:
    1) Cultivar un verdadero aprecio por el trabajo intelectual.
    2) Autoeducación
    3) Conexión de la verdad con la solidaridad.

Para acabarles diciendo: “Sapere aude, atrévete a saber. Y lo complementaría con: Amare aude, atrévete a amar. Que sepáis tener y cultivar la inteligencia del corazón.”

Es una pena que en la universidad no se favorezca la formación de materias transversales. No sé cómo han quedado los planes con Bolonia. Pero en mi caso, en mi plan de estudios se contemplaban un determinado número de créditos de asignaturas de Libre elección. Nadie te impedía que, de entre ellas, escogieras asignaturas de Letras. Bueno, nadie, pero el horario sí: porque para ir a las Facultades de Letras costaba tiempo y ya era difícil encajar el horario con los laboratorios, tiempo de estudio,... Además, al avanzar en la Licenciatura, notabas que necesitabas profundizar más en tu carrera, de ahí que muchos optáramos por elegir asignaturas de Química y convalidarlas por las de Libre...

2 comentarios:

  1. Te has lucido en esta entrada!!

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    1. Ya digo que es uno de los temas recurrentes que me preocupan... Además de que una de mis mejores amigas estudie Magisterio (que todo influye).

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