viernes, 30 de marzo de 2012

Miguel d´Ors


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Ha sido el Duque de Camelot quien me puso tras la pista de este gran poeta. Curiosamente, al preguntarle a mi hermano si le conocía, me contestó que en el ateneo de poesía, allá por Donostia, le habían puesto verde... “Es que tiene algunos poemas muy buenos, pero otros...”.

            Al principio reconozco que me piqué. Porque a mí no me había costado nada enganchar con su poesía. Así como, al empezar, me costaba Wislawa Szymborska, con Miguel d´Ors no tuve ese problema. Y pienso que al poeta no le importarían las críticas de medio ateneo mundial (si fuera el caso), porque pienso que se es poeta por necesidad. O al menos ese es mi caso. Cuando noto que voy a reventar, me siento delante del portátil o cojo mi libreta y ¡hala! Luego habrá que pulir un poco de aquí, y otro poco de allá, pero el esquema previo ya está hecho. Y entonces, ¡qué más dará lo que puedan pensar los demás! ¡Si alaban o no nuestro “arte”, nuestra técnica! Para mí, al fin y al cabo soy mera aficionada, es cuestión de expresar lo que siento y lo que pienso, y ahí... Todo el mundo puede opinar, pero yo me quedaré con la opinión que más me interese: para mejorar o para sentirme confirmada, no lo sé.

            Oí una vez que el escritor es una persona muy soberbia: porque se cree necesario para decir una idea que él piensa. Puede ser. Pero prefiero la expresión poética del prólogo de las Leyendas de Becquer: llega un momento en la que no te queda otra que escribir para liberar la mente.

            Repito: me gusta y mucho la poesía de Miguel d´Ors. Porque habla de su vida, de Galicia (en la que reconozco mi Asturias, patria querida), de su mujer a la que sin ningún reparo llama gorda y le manifiesta todo su cariño de manera incondicional. Por cómo habla de la muerte, y su delicadeza al hablar de Dios o de la Virgen. Por su exactitud al definir la droga como “ascética sintética” que resulta una mentira. Porque he encontrado otro poeta cuyo color favorito es el azul aunque no le gusta abusar de ello...

            Si tuviera que quedarme con unos cuantos poemas, elegiría estos  Respuesta a su hija Laura,  Calendario perpetuo, Belinha, Kilómetros de nada y me pone los pelos de punta  Quod erat demostratum con el tema de estar de paso en esta vida hasta llegar a decir: “Misión cumplida: fui el fracaso perfecto”.

            Pero sobre todo, me he quedado con versos sueltos, que me han tocado más de cerca:  “Todo hará mi soledad más soledad”, “infancia, verdadera patria de los humanos” (¿no hay que hacerse como niños para alcanzar el Reino de los Cielos?), “Entonces te das cuenta de que has llegado al arte./ … Y de que acaba de dejar de interesarte.” (¡se ríe de sí mismo y de todos los artistas anteriores, posteriores o contemporáneos!), “La Felicidad consiste/ en no ser feliz/ y que no te importe.” y ese querer que le entierren de rodillas “pues no basta una vida para pedir perdón”.

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