sábado, 7 de abril de 2012

Belleza y libertad (un poco más de Kalon)


Rafa Monteverde presentó la ponencia con este título, hablando de que solo en la libertad puede existir la belleza. Más tarde, leí en un artículo de Enrique García-Máiquez unas palabras de Schiller que vienen como anillo al dedo para introducir un tema controvertido y, por eso, apasionante.

            Schiller habla del encuentro con la belleza: Los que se encuentran con ella descubren con disgusto que les exige “una manifestación de fuerza, para la cual les faltaría quizá capacidad aun en sus mejores momentos”. Estamos ante un concepto de belleza que es contrario a las modas actuales: lo difícil se desprecia como no merecedor de nuestra atención. Somos como la zorra de la famosa fábula que, tras varios intentos fallidos de atrapar las uvas, se dice a sí misma y a los demás: No las quiero, están verdes. No podemos negarlo: buscamos belleza, nuestros príncipes o princesas azules de nuestra imaginación son siempre personas demasiado bellas para ser reales. Hay momentos en los que sentimos emociones que no podemos describir al hacer algo que nos gusta, al tener un detalle escondido con una persona, al escuchar una música nunca antes oída de esa manera, al contemplar un paisaje o un minúsculo copo de nieve... C.S. Lewis lo describe genial en su libro Cautivado por la alegría, lo que le lleva a su conversión es ese anhelo que aparece de repente por alguna causa, que no es su causa porque una vez satisfecho el placer sigue quedando un deseo tierno e hiriente por inalcanzable. Es eso lo que le encamina hacia un Ser Supremo capaz de llenar sus ansias de infinito cuando siente esa sed acuciante de belleza.

            En el fondo, C. S. Lewis es un platónico irremediable y es que con el Dulce Deseo, que llama en El regreso del peregrino, simplemente está definiendo el amor como lo entendía Platón: esa tensión entre alcanzar lo amado que se presenta fuera de este mundo...

            Cito a Schiller: “la belleza es producto del acuerdo entre el espíritu y los sentidos; habla a todas las facultades del hombre a la vez y, por lo tanto, sólo puede ser sentida y valorada bajo el supuesto de un uso pleno y libre de todas sus fuerzas”. Aquí entra la libertad. La belleza exige mucho si queremos poseerla: nos pide el uso pleno y libre de todas nuestras fuerzas. Es el momento en el que podemos decir que las uvas están verdes (en realidad, somos nosotros los que estamos verdes) o podemos lanzarnos a una aventura loca.

            Rafa Monteverde nos decía que un ser que no es libre no es capaz de contemplar. Es la misma idea que transmitía Miriam Martínez cuando hablaba de que el ser del hombre descansa en la contemplación de lo amado. La libertad es apertura de mente, de corazón (¡ojo con despreciar los sentimientos! Schiller habla de todas las facultades del hombre entre las que entran los sentimientos y como dice el personaje Jane Eyre: Los sentimientos sin sentido común son algo anodino; pero el sentido común sin nada de sentimiento es un bocado demasiado amargo y basto para el consumo humano), de voluntad; y la belleza se genera en el encuentro, y Rafa Monteverde apostaba alto: la belleza se genera en el compromiso, si estamos lo suficientemente libres como para aceptarlo, lo suficientemente fuertes como para tratar de vivirlo hasta el final.

            La libertad es libertad cuando hay compromiso, porque el compromiso es don, aceptación y sí, también dependencia, aunque esta palabra no nos llene tanto la boca como libertad o belleza... La belleza conmueve, despierta anhelo de belleza, y en los actos libres nos encaminamos hacia ella o nos desencaminamos. Así que la libertad llama a la belleza, la belleza a la libertad, la libertad al compromiso, el compromiso a la belleza, la belleza a la belleza... ¡Ojalá fuera así de sencillo como resulta en palabras! O puede que si fuese fácil perdería su encanto.

            Pero a veces nos cuesta distinguir entre la mera satisfacción fisiológica de los placeres y el anhelo perenne de belleza que captamos en ocasiones (ya lo previene C. S. Lewis...). Para Rafa Monteverde el ser humano es libre porque  no está sometido a la necesidad, y la filosofía es una liberación pues ofrece una manera de encaminar la vida. Aquí dijo que el hombre rompe con la Evolución de las especies de Darwin. Estoy de acuerdo con él en que el ser humano se diferencia del resto de los seres vivos en su libertad: en su inteligencia y su voluntad libres. Pero, como manifesté después no me parece una formulación adecuada.

            Porque como científica la teoría de Darwin está más que demostrada por distintas disciplinas de la ciencia, y por tanto, no puedo dudar de ella. Y como ser vivo tengo un cuerpo que es producto de la evolución, de hecho, el hombre tardó bastante (contabilizando desde el inicio del Universo con el Big Bang) en aparecer sobre la tierra. Es cierto que el cuerpo humano es sede del alma humana, y por eso, podemos decir que las miradas y los gestos hablan, y que el rostro es la imagen del alma (me recuerda a Mientras no tengamos rostro de Lewis una vez más). Pero me parece que recalcar que el alma del hombre está encerrada en la prisión de su cuerpo me parece demasiado platónico. Prefiero la definición de hombre como espíritu encarnado. Y este cuerpo nos es tan necesario como el alma. De hecho están tan unidos que por eso la muerte nos causa escalofríos, una enfermedad del alma afecta al cuerpo ¡y viceversa!, necesitamos de la base orgánica de nuestro cerebro para poder amar y pensar, para poder ser hombres libres.

2 comentarios:

  1. Qué envidia y qué gozada que te acuerdes de tanto y lo escribas. Me encanta la cita de Schiller y los apuntes de Lewis que traes.

    Veo que te sigue preocupando el tema de la evolución... yo que no soy científica también pienso que no es una cuestión de la que dudar, pero sin embargo, también veo que el hombre es más que un ser evolucionado. Es decir que no se puede entender meramente con una explicación biológica o física o interdisciplinarmente científica.

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    1. Lo cierto es que tomé apuntes, sobre los que he re-pensado y de ahí que aproveche lo que he leído después de Kalon...

      Ahora, estoy leyendo a Chesterton. Y quizá, un poco más adelante, aclare por qué me preocupa tanto el tema de la evolución, aún considerando que el hombre es diferente al resto de la naturaleza. De momento, necesito más lectura y darle al coco...

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