viernes, 15 de junio de 2012

Poetas

Los poetas clásicos (los de toda la vida), los que se estudian en el colegio o en el instituto agrupados en generaciones, en grupos, ..., me resultan difíciles de leer. A su lado Miguel d'Ors, Enrique y Jaime García-Máiquez, me atrapan muy rápido. Puede que un poema suyo me guste o no, pero se leen bien. Hay otros poetas con los que hay que tirar el tiempo por la ventanilla, y entonces, se los empieza a valorar: Tejada, Szymborska, y los siguientes entran dentro de esta categoría, no por nada en especial sino por la manera "en que me han hecho leerles"

Alberti
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Me resulta fácil imaginarme a un niño descalzo y moreno, que se escapa de clase para ir a la playa. Mirando la bahía de San Sebastián, en la playa de Ondarreta, pude comprender porque el mar puede ser caballos de espuma, dioses mitológicos, culmen del amor erótico,...

Me he quedado ("se lo he robado") el verso de Marinero en tierra, ¿por qué me desenterraste del mar? Sí, Alberti nació como tritón, enamorado de las sirenas y de todo lo que el mar podía ofrecerle. Y uno puede ponerse en la situación (al menos con la imaginación) de aquel a quien roban su hábitat natural, y que es incapaz de sustituirlo por otro. Incluso me conmueve su comparación del Cantábrico con su Mediterráneo. Aunque como asturiana, prefiero el Cantábrico de mis antepasados con la balsa del Mediterráneo (que asocio casi inconscientemente a la sopa primordial).

Que decir de sus poemas del exilio... No soy quien para analizar la Guerra Civil española. Carezco de los conocimientos, del espíritu crítico, del distanciamiento..., y por otra parte, no la viví. Pero leyendo a Miguel Hernández o a Rafael Alberti, da lástima que perdiéramos a tantos artistas exiliados (por no ponerme a hablar de los científicos). En fin, como guerra es terrible, y como civil es horrible, independientemente de la ideología que uno profese.

Me ha gustado leer lo que el poeta recoge en Arboleda perdida, sus recuerdos de las vacaciones que iba a pasar junto a María Teresa en Galicia, y que por un accidente de tren, acaban pasándolas en Ibiza. Una isla tranquila donde lo que menos se espera es un levantamiento de la guarnición contra la República. Y ellos escondiéndose, huyendo..., hasta que el Gobierno acude a acabar con los insurgentes. Parece increíble que esa sea la historia, el comienzo de ese largo exilio que continuará en Francia y luego, pasando por Cuba, en Argentina y Latinoamérica.

Andrés Trapiello

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Recomendado por el Duque de Camelot, he empezado por la antología de Oficio Parvo, y ha sido uno de los libros que he tenido que empezar por segunda vez. Hasta que he aprendido a recrearme en las imágenes, en las sinestesias, en la belleza inherente que el poeta contempla y retrata. Quizá, porque el poeta parece que deja hilos de su propia vida, me han gustado más los poemas que tratan de la muerte, especialmente:



MI PADRE SALE A BUSCAR LA MUERTE

Faltaban todavía doce días
para que se muriera,
pero ¿cómo saberlo o sospecharlo?
Murió entonces un viejo conocido
y a velarlo acudió, según costumbre.
Menudo temporal, iba pensando.
Pensó también que el muerto
más o menos sería de su quinta.
Y pensó en regresar rápido a casa
para evitar en lo posible
el buido relente de los páramos
y las nieblas insanas del Bernesga.
Pensó que a cierta edad ha de cuidarse
un hombre si es que quiere
trasponer el invierno.
Pensando en tantas cosas se distrajo,
no supo dónde estaba, tan extrañas
le parecieron casas, plazas, calles.
Nada reconoció de su ciudad,
y tuvo miedo. Acaso pensó que él era el muerto.
Todo duró un segundo, nos diría,
sin saber qué pasaba como un perro.
Encontró el tanatorio, el mismo que
doce días después le acogería,
deslizó su tarjeta en la bandeja
por bien labrados usos provincianos,
y deshizo el camino. "Me he perdido"
repetía asustado, y encontraba
insólito aquel hecho,
sin comprender que era la muerte la que 
empezaba a borrarle de los ojos,
sin duda por piedad, todo lo que los ojos
durante ochenta años bien cumplidos
por amor, como un pan, habían amasado.

Gerardo Diego

http://personales.mundivia.es/flipi/Cuadernos/Cuaderno_7
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Acabo de terminar Manual de espumas, así que ahora seguiré con la introducción, en la que creo que explican la conexión de este libro con las vanguardias, el ultraísmo,... Trapiello ya me había entrenado a disfrutar de las imágenes, así que lo re-comencé disfrutando de la espuma, del pastor de nubes, de tantas y tantas imágenes. Ignoré que faltaban los signos de puntuación, hice caso omiso de las formas de colocar los versos. El otro libro (Versos humanos) que viene es más clásico, y sí definitivamente soy clásica: ¡me encantan los sonetos! Yo que traía en la cabeza "enfrentarme" a Alberti y su Mediterráneo, y resulta que Gerardo Diego lo ha hecho caballerosamente y con tacto. Sí: su Cantábrico es mi Cantábrico, y yo soñé más con piratas a lo Diego que con sirenas y marineros a lo Alberti. Una persona me comentó una vez que es increíble que un libro sea capaz de hacerte reír, yo pienso que aún más increíble es reír (o llorar, según se tercie) leyendo poesía. Escojo mis pasajes favoritos, aunque como esto es una entrada, no voy a poner todos:

Fronteriza o elástica
la playa ¿es mar o es tierra?
Tú gustas de imprimir
en el borde tus huellas.
(...)
Desde que tú las miras
la ola mejor se peina,
más cernida es la espuma,
la playa más morena.
*
"Cantar de los cantares
            Todos los días
                      Cantar"
Está muy bien, poeta,
tu lírica receta.
                     Pero también
Vivir de los vivires
             Todos los días
                        Vivir
           Amar
Morir de los morires.
*
Una a una desmonté las piezas de tu alma.
Vi cómo era por dentro;
sus suaves coyunturas,
la resistencia esbelta de sus trazos.
Te aprendí palmo a palmo.
Pero perdí el secreto
de componerte.
Sé de tu alma menos que tú misma,
y el juguete difícil
es ya insoluble enigma.
*
Mira el mar, siempre el mar. Es el eterno,
infatigable obrero batihoja,
que va puliendo el agua hoja tras hoja
y legando a la playa su cuaderno.
(...)
*
(...)
Te fuiste tú y seguimos
torpemente vivientes.
Qué vergüenza vivir
cuando los buenos mueren.


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