jueves, 26 de julio de 2012

Odisea en la Upna

Llevo unos días desanimadilla. Y es que por más que lo intento, mis cromatogramas de aminas no hay por dónde cogerlos, y parecen un enigma más difícil que el de las esfinges griegas. Después de varios intentos de ordenar el rompecabezas, me he dado por vencida y he acudido a mi jefa, persona más experimentada como es lógico. Hoy me ha tocado ir al Servicio de Apoyo de Investigación columna en mano (que está en la otra punta del campus), dándome un paseito he re-descubierto que no soy nada campestre ni bucólica en la práctica. Porque por muy bonita que me parezca la hierba verde, lo cierto es que siempre me parece que pincha cuando me siento. Y además odio los bichos (perdón, Leti, los insectos y arácnidos), y no me gusta nada cuando acorto por la hierba, que esté mojada e ir calándome los bajos de los pantalones intentando hacer equilibrios para pisar lo menos posible el charco oculto... Así he llegado a El Sario, y he aparecido donde me esperaban. Lo que yo no me esperaba era ese recibimiento. Me han saludado echándome la bronca: - Porque antes funcionaba a la perfección, ¿qué has hecho?
http://www.scielo.org.ar/img/revistas/abcl/v40n3/3a10f27.gif

Y yo sintiéndome un vil gusano he intentado explicarme. Pero no había manera. Todo estaba mal hecho: no tenía ni pies ni cabeza. ¿A quién se le ocurre hacer esto de esta manera?, porque te lo pueden preguntar en el Tribunal de máster... (Yo pensaba: si ya lo sé...) Es que lo que tienes que hacer es una prueba. Ahí es cuando me he sublevado: hemos desmontado para llevarle la columna y me dice que la vuelva a montar y repita mis experimentos, y me he puesto a llevarle la contraria. Porque, además, yo estaba allí porque me habían mandado (no por gusto, precisamente). Ya ha llegado el punto (que yo con mi pesimismo me venía esperando): -Esos cromatogramas no sirven para nada, hasta que no sepas que va mal. 

Todo el trabajo de junio tirado a la basura en apenas un segundo. Casi me echo a llorar en su cara. Y se ha dado cuenta (que es lo peor) y me ha mandado coger una pastita. Hasta ha tenido la gracia de decirme que aunque me llame Dolores, que me olvide de mi nombre y cambie la cara. (¡Lástima no tener un revólver: primero una bala a él y luego yo!). 

Hoy he vuelto a empezar. No sé si sacaré algo en claro de todo esto. Si finalmente habrá algo que defender de mi trabajo de máster. Bueno, siempre me quedará estudiar para agrónomo... ¿Llegarán las vacaciones o se las llevó San Fermín?

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¿Cómo terminar una historia?