miércoles, 25 de julio de 2012

Raíces cristianas de Europa

Está bastante extendido por Internet, en círculos ateos-agnósticos-científicos de nivel echarle la culpa de todos nuestros males a esa temible superchería que es la doctrina de la Iglesia Católica. Los medios de comunicación se encargan de transmitir con sensacionalismo cualquier escándalo que se dé en el Vaticano (que no significa que no sea cierto, pero quizá sí que esté un poco agrandado). La Iglesia Católica (o la ICAR como la llaman) es una bestia que odia a muerte a los homosexuales, una retrógrada en contra de los avances científicos, menos mal que no tiene el poder para quemar en la hoguera como tenía antiguamente, etc., etc.

A todas las personas que se creen con toda su buena fe los argumentos expuestos, está dedicado mi post de hoy. Con él quiero argumentar por qué el mundo que conocemos es en buena medida lo bueno que es, debido a la gran influencia del cristianismo sobre el mundo y en concreto sobre Europa.

Empezando por el origen de las lenguas europeas, Viereck afirma que “en el proceso de desarrollo cultural de Europa encontramos, por consiguiente, modelos estructurales recurrentes: la misma realidad se nombraba al principio con nombres de parentesco y zoomórficos, para más tarde darle nombres antropomórficos, y finalmente nombres cristianos e islámicos.” [1]

Para aquellos que piensan que la extensión del cristianismo fue “coser y cantar” porque el Imperio Romano era muy partidario de aprovechar las culturas de los territorios que conquistaba, cabe señalar que “hasta principios del siglo IV d. C. era la temprana iglesia cristiana una iglesia en la clandestinidad, y duró muchos siglos hasta que la creencia cristiana se estableció por todas partes de Europa.” [2] Para los que defienden que el emperador Constantino fue el promotor de la religión cristiana, esta cita: “Peterson dice de él (del emperador Constantino) que intentó politizar la idea de la monarquía de Dios una vez que Tertuliano  había intentado juridizarla.

La fiestas navideñas, comunes aún hoy a muchos países, provienen de la inculturación cristiana sobre la cultura pagano-romana ya existente porque “la Navidad pertenece a los fenómenos naturales, ya que la fiesta cristiana se basa en el solsticio de invierno, al que acompañan la mayoría de las respuestas encontradas.” [3]

En la “oscura” Edad Media, los monasterios fueron lugares de cultura y los monjes los únicos capaces de leer y escribir (se cuenta que Carlomagno sabía leer pero no escribir), así que no es raro que las primeras universidades crecieran cerca de estos monasterios y bajo su amparo. Entre los primeros maestros tenemos a monjes mendicantes como San Alberto Magno, que a pesar de ser un alquimista aristotélico nunca fue quemado en la hoguera sino que es santo y patrón de los científicos, y entre los alumnos destaca Santo Tomás de Aquino, que supuso un antes y un después en la filosofía cristiana. Por cierto, que las primeras universidades surgieron precisamente durante el oscurantismo medieval. No hay que olvidar que cada época no solo es reacción en contra de la anterior sino también su consecuencia, así que el Renacimiento fue producto de la inquietud intelectual que nació ya en la Edad Media, y de la vuelta a los clásicos que empezó con el platonismo de San Agustín y el aristotelismo de Santo Tomás. [4]

Santo Tomás condenó la práctica de la usura, y a iniciativa de los franciscanos aparecieron los primeros montes de piedad, el calificativo de Piedad venía de que cumplían fines benéficos y caritativos. La función de estas instituciones era atender a las demandas de las clases más necesitadas a través de préstamos sin interés. Los fondos de los Montes de Piedad venían de las limosnas, de cesiones de la corona y celebraciones religiosas. Más tarde, serán los futuros bancos o la figura ya extinta de las Cajas de Ahorro. [5]
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Los modernos hospitales nacieron de órdenes religiosas dedicadas a la beneficencia. Por ejemplo, en 1633 San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac fundaron la Compañía de las Hijas de la Caridad, en palabras de Vicente: “Vosotras vais a buscar al enfermo a su casa y asistir a todos los que morirán sin vuestra ayuda, porque no se atreven a pedirla.” (Conf. S.V. 2 febrero 1653). Lo que empezó siendo una pequeña orden para jóvenes pobres, fue pronto reclamada para ayudar en Hospitales y Parroquias de Francia y de otros países. Se piensa que su labor tuvo mucho que ver con la institucionalización y profesionalización del trabajo de enfermera. [6] Tanto es así, que en ruso la palabra que designa a la enfermera viene de “hermana” en alusión a que esta tarea la desempeñaban las monjas, y cuando se instalaron gobiernos seculares (en España llevaron a cabo la desamortización de bienes pertenecientes a la Iglesia) no pudieron prescindir de esta Orden para atender los hospitales y se les confía en pocos años los Centros de Beneficencia estatal.

¿Qué decir de la terrible Inquisición? Pues, nos cuenta el entonces Cardenal Ratzinger que el sótano del Vaticano está lleno de esos juicios, la mayoría tratan de temas únicamente civiles, pero los acusados aducían algún motivo religioso porque preferían ser juzgados por la Iglesia que por el Estado. [7]

Y así podríamos seguir… Carl Schmitt señala que “todos los conceptos de la moderna teoría del Estado son conceptos teológicos secularizados. Lo cual es cierto no solo por razón de su evolución histórica, en cuanto fueron transferidos de la teología a la teoría del Estado, convirtiéndose, por ejemplo, el Dios omnipotente en el legislador todopoderoso, sino también por razón de su estructura sistemática, cuyo conocimiento es imprescindible para la consideración sociológica de estos conceptos.” Señala además, que teólogos protestantes como H. Forsthoff y F. Gogarten, dicen que sin el concepto de secularización no se entiende la política actual ni la de siglos pasados, e incluso llega a señalar de la filosofía marxista que  “Hacia los años veinte del siglo XIX se había extendido ampliamente por todo el Occidente europeo, especialmente en Francia, el dogma de que los cambio religiosos, artísticos y literarios tienen íntima conexión con la alteración de las condiciones políticas y sociales. La filosofía marxista de la historia radicó este nexo en el plano económico y lo fundamentó sistemáticamente hasta el punto de buscar la clave de los cambios políticos y sociales en un centro de imputación, que no es otro que el económico.”, y que “a Marx y a Engels no pasó inadvertido que este ideal de humanidad cada vez más consciente de sí misma tenía fatalmente que terminar en la libertad anárquica. Es de máxima importancia a este respecto, por su intuición juvenil, una frase del joven Engels, allá por los años 1842-1844: “La esencia del Estado, como la de la religión, es el miedo a la humanidad a sí misma”. [8]

En realidad, la secularización venía ya anunciada desde el tratado de San Agustín de las dos ciudades, si bien la Iglesia ostentó un poder terrenal especialmente en la Edad Media, pero fueron justamente los mismos cargos desempeñados por la jerarquía eclesiástica los que fueron asumidos con la formación del Estado moderno.

Carl Schmitt señala que el sistema económico imperante en el mundo viene de la clase social burguesa que liberal quiere un Dios, pero un Dios que no sea activo; quiere un monarca, pero impotente; reclama la libertad y la igualdad, pero al mismo tiempo, la restricción del sufragio a las clases poseedoras para asegurar la necesaria influencia de la cultura y de la propiedad en la legislación, como si la propiedad y la educación fuesen títulos legítimos para oprimir a los pobres e incultos; suprime la aristocracia de sangre y de la familia, pero mantiene la desvergonzada aristocracia del dinero (...)”. Llega a decir que el liberalismo “consiste en negociar, en las medias tintas, con la esperanza de que el encuentro definitivo, la cruenta y decisiva batalla pueda quizá transformarse en un debate parlamentario y suspenderse eternamente gracias a una discusión eterna.” [9]

El marxismo y sus teorías económicas han hecho que el Estado se considere a sí mismo como una empresa, según dice Weber. Hay teólogos, como Donoso Cortés, que prefieren una dictadura frente a esto. La realidad es que con la liquidación de la familia monógama con autoridad patriarcal se impide la moralidad, la teología y el pensamiento político. Al final como señala el Cardenal Newmann: “No hay término medio entre el catolicismo y el ateísmo.”

Carl Schmitt plantea la cuestión de si es factible una teología política una vez alcanzada la separación Iglesia-Estado, y llega a la conclusión de que no: la Iglesia reconoce el Estado como algo fáctico y no como teología. [10] Es decir, así como para el pueblo de Israel, la monarquía es símbolo de su monoteísmo, para la cristiandad no hay un modelo político que propugne la Iglesia. Esta ha señalado que el más acorde con los tiempos o “el menos malo” es la democracia, pero eso no significa que todos los Estados hayan de serlo, ni que a la vuelta de los siglos se haya demostrado que conviene otro modelo.

Bibliografía

[1], [2], [3] W. Viereck, La historia cultural de Europa: Algunas observaciones en el Atlas Linguarum Europae, Revista Española de lingística, 30, 2,  p.487-500
[4] G. Chesterton, Santo Tomás de Aquino
[5] Wikipedia
[6] F. Hernández Martín, Las Hijas de la Caridad en la profesionalización de la Enfermería, Cultura de los cuidados, 2006, 20
[7] J. Ratzinger, La sal de la tierra
[8], [9] y [10]Teología política II de Carl Schmitt

2 comentarios:

¿Cómo terminar una historia?