miércoles, 1 de agosto de 2012

Púrpura imperial

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Lo elegí por la autora, Gillian Bradshaw, porque me gustó mucho El faro de Alejandría, aunque incomparablemente más El contador de arena, pero este me ha decepcionado. Así como en los dos anteriores, la autora hace que la medicina y la física sean disciplinas atrayentes, algo así como realizar un arte  de manera que los personajes quedan realzados por sus pasiones científico-profesionales, en este me da la sensación de que quería acabar el libro rápido... Y no se ha molestado en meterse en la piel de la tejedora lo suficiente como para comunicar al lector su amor y lo que le gusta tejer. Además, así como en los otros libros, el amor no pasa de ser una mera intuición revelándose en expresiones sensuales más o menos explícitas, en este usa un lenguaje más basto y rudo y venga de palabras malsonantes, que quizá hayan hecho que no me metiera en la historia. También es como si con los personajes hubiera tenido prisa: nos los deja mitad dibujados, mitad a la adivinanza, sin casi rasgos humanos para que podamos tomarles cierta dosis de cariño.

La historia finalmente es un novelón, ambientado en el antiguo Imperio Romano de Orieste, en Tiro donde los esclavos del Estado tejen tapices para el Imperio entero, y son los únicos que pescan múrice del que se obtiene el color púrpura, solo usado para los Emperadores y los de su rango, y na pequeña franja para los nobles. Toda una historia de intrigas de funcionarios del Estado y de pactos y guerra con los hunos de Atila, que queda reducida a la vida familiar de tres personas: Demetria, la mejor tejedora de Tiro, su marido Simeón que es pescador de púrpura y su hijo Melecio (Meli) que quiere ser pescador como su padre. No tengo muchos conocimientos de historia, así que se agradece una novela con el apelativo de "histórica" de esta época concreta. Y seguiré tras la pista de la autora, porque aunque el libro no haya sido todo lo que esperaba, no es tan malo como para borrar la maravillosa historia de El contador de arena.

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