martes, 4 de septiembre de 2012

"La ciencia es el arte hecho carne" Jean Cocteau

(Vía)
Algunos le sacan correcciones, pero ciñéndonos a los hechos, puede resultar una definición bastante exacta. Me refiero a que los avances científicos colaboran en cierta medida en las distintas corrientes artísticas: ¿qué sería de las vanguardias sin la Revolución Industrial a la que parodiar, imitar o criticar? Los nuevos materiales no solo tienen aplicaciones prácticas, sino que pueden ser usados con fines artísticos: sin hierro forjado, no hay Chillida; y lo mismo ocurre con muchos escultores contemporáneos: estaríamos en el bloque de mármol de Miguel Ángel. Las técnicas científicas nos permiten datar las obras de arte, asi como determinar si era un lienzo reciclado o qué correcciones se introdujeron a lo largo de la época.

Otras veces sucede que son los artistas los que hacen avanzar la ciencia. Gaudí hacía sus maquetas boca abajo para conseguir que las torres quedaran rectas, luego con un sistema de objetos, empezaba la construcción del edificio. Cuando se retomó la contrucción de la Sagrada Familia, los arquitectos intentaron digitalizar los planos que había dejado Gaudí, pero no existía ningún programa informático capaz de simular las curvas, y la complejidad de la arquitectura de Gaudí. Hubo que diseñar una nueva aplicación. Gaudí era un genio que superaba a los de su época.
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Y es que ciencia y arte no siempre estuvieron reñidos (si es que ahora lo están): fijémonos en Leonardo Da Vinci, se le consideraba un genio por la variedad de actividades que desarrolló, algunas científicas y otras artísticas. Al final, arte y ciencia son dos formas de conocimiento, de acercamiento a la realidad: a favor de la ciencia está la objetividad y precisión pero Nietzsche ya nos avisó de que al hombre se le entiende mejor en lenguaje metafórico. Un artista nos transmite una visión muy personal del mundo a través de la belleza (generalmente) y muchas veces no es comprendido hasta pasados los años, decimos que era un visionario o alguien adelantado a su época. ¿Quién le diría a Julio Verne que el hombre contruiría submarinos y pisaría la Luna?

He encontrado por Internet un artículo muy interesante que compara la innovación tecnológica y de las ingenierías con la poesía: así como un poeta debe encontrar las palabras adecuadas, ajustarse a una estructura determinada y seguir un ritmo y a la vez, distanciarse del resto de poetas aportando algo “único”, así el emprendedor no ha de ser una persona que genera ideas, sino que acierta con la idea única que puede generar una aplicación comercial. Podríamos decir que artistas y científicos están relacionados mediante la creatividad. Aquí caben ejemplos de todo tipo: desde Steve Jobs que por acudir a una conferencia de tipografía incluyó los distintos tipos de letras en los ordenadores, hasta el ingeniero que asistió a una charla de ornitología y decidió diseñar el tren bala japonés con forma de pico del martín pescador. El autor-poeta del artículo es incluso más explícito: tu “invento” ha de ser tal que cambie la relación de las personas con el producto que quieres comercializar, destaca a Apple frente a Windows porque prefieren la “frescura” a la comodidad.

La reflexión final por Lena Szankay es que el arte si cumple una función social ha de ser la de la crítica. En el artículo que señalamos antes, habla de la crítica de poesía como etapa de pulido, de perfeccionamiento: llegar a expresar la esencia.

Este post participa en la I Edición del Carnaval de Humanidades

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