domingo, 2 de septiembre de 2012

Sesión poética (en honor de @escuderosirlanc)

Estos poemas los escogí pensando en el humilde escudero de Sir Lancelot:


CASTOR Y POLUX (Víctor Botas)


¿Habráse visto jeta semejante,
peor educación: venir así, sin previo
aviso, sin ni siquiera el clásico ¿podríamos
pasar? Nada
de nada: cogen,
se te plantan en casa, en plena
noche (a pares
para mayor escarnio), y ya está: se acabó
la paz.
Berrean, mil veces
se te cagan, rompen
las porcelanas, te
adjudican un mote (valiente
urbanidad la de estos mamarrachos
repelentes monstruos): papi, papín, papilla,
papitita, papaco.
Y tú
enfebrecido, muerto
de sueño, con dolores
de espalda, demacrado,
terminas
-¡oh eterno masoquista!-
tan jodido
y feliz
como furcia de hotel en noche de congreso.

LA DESPEDIDA DEL FANTASMA (Juan Lamillar)


Ya no vendré más a molestaros.
Ya no más en la noche los extraños ruidos,
las luces que se encienden a solas, inseguras.
Adiós al tintineo de la cerámica
y a la risa sorpresa de los cuadros.
Adiós a los cuidados y amorosos desvelos
con que cerrabais puertas y ventanas
y mirabais los muebles con lenta incertidumbre.
Ya no veréis mis huellas imprevistas
-leves huellas, de acuerdo-sobre el sillón,
a un lado la ginebra y el suplemento semanal.
Amé vuestras costumbres, que siempre interrumpía.
Gocé las desnudeces que a veces me obsequiabais,
cuando al salir del baño os quedabais atentos,
escuchando mi risa apenas perceptible.
Yo corregía poemas olvidados
y añadía precisión a los artículos
interrumpidos en la noche.
Deslicé alguna vez fechas falsas,
algún dato espectral e inexacto:
ni siquiera cobraba mis disfraces.
Jamás tuve la idea de aparecerme
en sábana interior: casto y sencillo
vagaba en ese limbo que son las casas cultas:
drama en la biblioteca
al no encontrar el Libro de los Muertos
(me entretuve leyendo Pedro Páramo).
Para no despertaros, me puse auriculares
cuando quise escuchar la colección de Requiems
(la versión de Mozart, excesiva y romántica).
No tengo tiempo ya de ordenaros el álbum
de las fotografías: amigos y viajes.
Dejo ya de inquietaros:
conozco demasiado de vosotros,
y ahora que acaba junio debo vagar por playas
y otros sitios propicios a las apariciones.
Adiós, adiós, amantes,
para los que fui invisible:
espero saludaros en cualquier otra vida.

UN CUENTO DE TERROR (Carlos Marzal)

Ante su ofrecimiento, me acerqué cauteloso,
después de aventurar un comentario
acerca de la vida futura:
Nadie puede saber lo que le aguarda, dije.
(Cuando queremos ser corteses,
solemos resultar irresponsables).
El día estaba en calma y su luz era un bálsamo.

Aproximé mi oído un poco más,
y cuando quise darme cuenta
era ya demasiado tarde, nuevamente,
para enmendar un acto de este mundo.
Dejó de ser el día. La luz dejó de ser.
Escuché el pesaroso transcurrir del tiempo,
su arrastrar de cadenas sobre el fango.
Escuché gritos en medio de la lucha
y el torpe resonar de cuerpos derribados.
Oí el fluir del mal, y también de la sangre,
y el de la enfermedad, que es el mal sin sentido.
Reconocí palabras de un amor no usado
junto a las siempre usadas palabras de amor.
Oí las voces de los hombres,
y entre las de los hombres, la voz mía.
Y el reptar del olvido,
y el terco proceder del infortunio,
y otra vez el amor, y el olvido de nuevo.
Escuché mucho más, y todo intolerable.
Aparté mi cabeza. Sentí vértigo.
No podía concebir que aquello fuese
el latido elemental de un cuerpo.

Ya nunca acercaré el oído
al vientre de una mujer encinta.

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¿Acierto si digo que la de en medio más? ;)


2 comentarios:

  1. No sé si aciertas: es la que me hace más gracia, pero la que menos me hace pensar. Quizá por eso me ha gustado también la última, y su final inesperado (al menos para mí).

    ¡Gracias por este regalo!

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    1. Hmmm..., es interesante que recalques las dos vertientes que produce la poesía: el divertimento y el hacer pensar. Concuerdo con la última, de hecho, fue la que escogí para un recital de poesía, aunque la del fantasma me resulta muy tierna...
      Un saludo!!!

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