domingo, 28 de octubre de 2012

La edad de la inocencia (Edith Warton)

(Vía)
Hay libros que me asaltan de repente... Ya sabéis que tengo una lista de lectura interminable (como mi blog, sí), e intento seguirla. Pamplona es una ciudad con bibliotecas muy buenas, con muchos de los libros que quiero leer. Hay que respetar que el máximo son tres por biblioteca, y siete en total: hago equilibrios para lograr la combinación perfecta, no solo para sacar el máximo rendimiento sino para alternar ciencia, poesía, filosofía y literatura. Nunca sigo la lista a rajatabla (los científicos no tenemos por qué ser cuadriculados) y en cualquier caso es imposible porque los libros son mi perdición. Aunque vaya a piñón fijo, buscando la signatura correspondiente, no puedo evitar leer los tomos y anotar nuevas sugerencias... Así cuando solo iba a coger uno, vuelvo con tres, y es porque otros dos han saltado de las estanterías a mis manos, y uno de ellos fue La edad de la inocencia

Al principio me resultaba difícil avanzar por la selva de adjetivos y demás descripciones tan exageradamente recargadas de las costumbres sociales de Nueva York en 1870. Y, sin embargo, ¡qué rápido te atrapa ese mundillo reflejado y sus dos personajes principales! El ritmo de la novela se vuelve trepidante (o quizá era yo la que trepidaba...). Me llama la atención qué razón tenía Galleta cuando me decía que los grandes autores de la literatura no necesitan describirte el sexo para hacerte disfrutar, y es que aunque no quito mérito, es maravilloso el arte de la insinuación: los gestos, las miradas, los arrebatos y escapadas: uno se para a pensar que la vida real tiene mucho más que ver con esto que con lo narrado en otros sitios (por otra parte y recalcando la originalidad del lugar del relato, es llamativo como todas las escenas eróticas peliculeras o escritas... ¡son iguales!). Otro rasgo llamativo y de disfrute es el humor ácido que va destilando por sus páginas.
(Vía)

Volviendo a La edad de la inocencia se merece un 5/5. Quizá puede parecer un final un tanto sobrio, pero si uno se mete en la historia y en sus personajes, no desentona nada. Os paso la reflexión de Archer Newland sobre su hijo Dallas que no tiene desperdicio: "la diferencia es que estos jovencitos dan por sentado que van a conseguir cuanto se proponen, mientras que nosotros casi siempre dábamos por sentado que no debíamos conseguirlo. Aunque me pregunto si algo que uno está seguro de conseguir le haría latir tan locamente el corazón." 

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