martes, 13 de noviembre de 2012

De Barcelona a Pamplona, lo más corto es Madrid

(Vía)
Tengo una capacidad innata para perderme. Me desoriento con facilidad: nunca sé decir qué se orienta al Norte, y más si subo escaleras o tengo que señalar el exterior de un edificio por la ventana. Hasta ahora, al no conducir (y aún aprendiendo a hacerlo) no he tenido que fijarme excesivamente en el camino que sigo, y esto me ocasiona bastantes problemas. Así que, cuando voy a un sitio por vez primera y he de sacarme las castañas del fuego, intento fijarme en detalles que me hagan llegar a buen puerto y sobre todo regresar a dónde he salido.

Yo que quiero viajar mucho, conocer todos los países, y sobre todo en estos momentos: salir de España y no volver en un tiempo; me cuestiono si sería capaz a la vista de mis despistes. Nunca había estado en Barcelona, y si consideramos que solo estuve en la estación de Renfe, en taxi, y en el campus de la Universidad Autónoma en Bellaterra, se puede decir que, en realidad no he estado. El hecho de estar en un lugar completamente nuevo, más la tendencia de todo buen catalán a no usar el castellano como primera lengua (así que aunque se parezca a este, los carteles me desorientaban bastante), y el estar acostumbrada a universidades pequeñitas, me descolocó mucho mi visita a la UAB. En realidad, yo iba a una entrevista a un centro de investigación, pero me perdí absurdamente (¡y menos mal que existe Google Maps, y la gente maja que me orientó!). Una vez encontrado el centro, hecha la entrevista-visita, e incluso conseguido volver al hotel donde pasé una noche, me fui para la estación de Barcelona-Sants. 

Cuando viajo me pongo muy nerviosa, y hago cosas raras (como no bajarme en mi estación por despiste...), así que prefiero llegar con bastante tiempo de antelación. ¡Para lo que me sirvió esta vez! Resulta que mi billete de vuelta lo había comprado para un mes más tarde, así que, lógicamente no me dejaron subir al tren, y me mandaron a ventanilla a cambiarlo: Tranquila tienes media hora. Hombre, si hubiera estado en Pamplona que tiene dos vías de tren, pero en Barcelona-Sants, donde tienen más de 20 ventanillas según la hora/día en que quieras sacar el billete... Mi tren iba lleno, y no había ninguno más ese día: tenía que pasar una noche más en Barcelona, y perderme la clase doble de conducir. De repente me sentí incapaz de volver a pasar por el proceso de registrarme en un hotel nuevo (a parte de no contar con gastar más de mi sangrante economía pecuniaria), de despertarme temprano para coger un nuevo tren, y llegar a Pamplona sintiéndome tan ridículamente estúpida por no fijarme en qué narices compro por Internet... A todo esto se suma que no había dormido apenas la noche anterior con los nervios.

Y la única luz que se hizo en mi cerebro es que tenía que ir a Madrid. Porque seguro que sí que había más trenes de Barcelona-Madrid, porque Madrid aunque grande es terreno conocido (desde que perdí miedo al Metro, pero eso es otra historia...), porque justo estaba ese finde un familiar, y porque... luego pensándolo con más calma, tengo bastante familia por Madrid y bastantes amigos.

No llegué a clase de conducir, pasé una noche más en hotel,..., pero estuvo bien. He subido al AVE por primera vez, dormí como un tronco, y acabé en Pamplona a tiempo para ver Navy. Como resumen ha sido un duro golpe para mi ego viajero, pero no dudéis que, aunque agonizante, se recupere pronto.

4 comentarios:

  1. Eres una crack!!! Me apunto a tu club del viajero. Parece mejor que Viajes Marshans o El Corte Inglés. Se ve que hay un componente sorpresa en tus viajes como lo que nos cuentas o el aparecer sin avisar por Orihuela. ¿Dónde hay que apuntarse para entrar en el club?

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    1. jeje, me temo que eres incompatible: a ti nunca te pasan estas cosas! ;)

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  2. Pues la próxima vez q pases por Madrid avisas y seguro que llegas a tiempo de tomar unas cañas!

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