lunes, 7 de enero de 2013

Otro gol de Chesterton

(Vía)
Conecto más con el estilo de Lewis, porque me parece más claro, entendible y engancha más rápido. A Chesterton le "gusta" usar juegos de palabras de manera que aunque parece que va a decir una cosa, al final de la frase ha dicho algo totalmente inesperado (o no, cuando uno ha empezado a acostumbrarse a su ironía). La verdad es que después de Cautivado por la alegría de Lewis, tenía ganas de otra autobiografía, y apostar por un converso suele ser buena elección, seguro que hay aventuras aseguradas. 

Suele pasar que los libros no coinciden con lo que esperamos antes de leerlos. Chesterton no hace una Autobiografía común (¿y por qué iba a hacerla?). El detalle de empezar por su primer recuerdo de la infancia, para enganchar con el mundo de las hadas y la creatividad de su padre es espectacular. Reconozco que después me empecé a aburrir, prefiero el ateísmo materialista a la espiritualidad ocultista, así que no me sentía para nada identificada, y menos porque Chesterton se declara acientífico (a veces rozando el anti-). Para él la ciencia es desproporcionada, y uno puede sacar enseñanzas sobre el mundo a partir de la sabiduría en los cuentos. Así que estaba discrepando de todas sus afirmaciones y leyendo por leer.

Pero, siempre me ocurre lo mismo, hacia la mitad del libro (si no antes), Chesterton me sorprende y cambia mi punto de vista acerca de lo que había pensado antes de él. Esta vez ha sido su amistad. Cuando leí El hombre eterno, pensaba que era un enemigo acérrimo de H. G. Wells, y su Autobiografía no hacía más que confirmarme mis suposiciones..., y de repente descubro que eran muy amigos: tenían ideas totalmente contrarias, pero se respetaban y apreciaban mucho. Ahora pienso que todas las alusiones que interpreté como dejes despectivos, no debían de ser más que guiños bromistas en medio de discusiones acaloradas entre amigos muy distintos: me descubro ante Chesterton, me ha vuelto a ganar. Espero aprender de este tipo de amistad. 

El mejor amigo de Chesterton, era Belloc, con el que comparte muchas de sus originales ideas. Por el método de las cerezas, ahora me toca descubrir a Belloc, que realmente me ha picado la curiosidad (¿ir de viaje y acabarse el dinero y tener que volver a pie como un mendigo? Tiene muy buena pinta). Y también tengo ganas de conocer al padre Brown, simplemente porque ahora me sé la historia de quién lo inspiró y de las implicaciones personales en la vida de Chesterton. Si sus novelas parecen oscuras, recomiendo la lectura de su Autobiografía, quizá no sea clara, pero sí hace pensar, que nunca viene mal. 

(Vía)
Por cierto, resulta gracioso leer acerca de sus viajes a España, y la simpatía que le merecen las aspiraciones catalanas.

La conclusión es que Chesterton me gana por varios goles (8-0), así que supongo que habrá más historias en otra ocasión.

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