sábado, 6 de abril de 2013

Paréntesis

Ya habrá tiempo de hablar despacio del género de ciencia-ficción, al que estoy muy enganchada, y que sin embargo, creo que voy a dejar de consumir por razones para otra historia (que debe ser contada en otra ocasión). De momento, basta decir que coincidiendo con la Semana Santa decidí dejar mi libro de Asimov a medias, y leer "Don Juan Tenorio" de Zorrilla. De acuerdo con que es más propio de noviembre y los difuntos, pero no negarán que entre procesión y entierro de Cristo, también pega su lectura escatológica.
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No deja de ser curioso que conociendo el argumento (tantas veces estudiado en clase de Lengua y Literatura de la ESO), lo haya disfrutado como si no conociera la historia. En cierto sentido, sí que era nueva: el comienzo de la obra es apoteósico, y me tenía enganchada desde que un 2 de noviembre empecé a ver un vídeo en blanco y negro de Don Juan. "¡Preso yo! Soñando estoy". Leer teatro en verso me traslada a El Caballero de Olmedo y todo lo que leí en la adolescencia del Siglo de Oro español. Se coge con ganas, se disfruta de la musicalidad de la rima que no es artificiosa, y apetece leer en voz alta para paladear el ritmo.

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Uno de los versos taladrantes que a temporadas llevo en la cabeza es el de "¿No es cierto ángel de amor que en esta apartada orilla más pura la luna brilla y se respira mejor?", que en mi imaginación romántica 100% representaba a un Don Juan seduciendo a Inés al lado de un río, probablemente el montado en una barca, y ella tras las paredes del convento, o quizá en los jardines escuchando a Tenorio. Y nada más lejos: sucede en casa de Don Juan, cuando Inés se despierta tras desvanecerse del susto de ver a Don Juan en el interior del convento. Puede ser el punto culminante de la obra, porque no sabemos si Don Juan miente al tratar de seducir, o es cierto que ya está empezando a ser redimido por el amor de Inés. Hasta entonces es solo un vividor depravado, y a partir de ahora, quedará la duda, incluso en el mismo personaje de si es posible su conversión. El resto del acto es pura "fuerza del sino", los hados que fuerzan los homicidios y la huida y que Don Juan permanezca siendo el burlador de Sevilla. Si la obra acabara así, con la muerte de don Juan, tendríamos un Don Álvaro o la fuerza del sino o en moderno, Crónica de una muerte anunciada. Pero el sentenciado a condenación eterna se salva, al igual que lo hace el Fausto de Goethe, pero con un toque más español.

Me gustó leer lo que el propio autor opina de su obra: cómo achaca el éxito y que se represente cada año a principios de noviembre a que Inés es cristiana. Según el autor, aquí radica la diferencia con el resto de leyendas en torno a Don Juan. Imagino que se refiere a una espiritualidad más que al hecho de pertenecer a una religión: no hay que olvidar que en Don Álvaro o la fuerza del sino los protagonistas deciden sublimar su amor cuando se torna imposible y se entregan al Dios cristiano como monje y eremita. Y sin embargo, esto no les salva del trágico final. Detrás de esa obra, hay un Dios cruel, que es más el destino frío y ciego de los hados, más que lo que nos muestra Zorrilla. "(...) La salvación de Don Juan cancela definitivamente la visión trágica de las grandes creaciones románticas españolas. El suicida, el ímpio recalcitrante, el ejecutado, el pobre sin oportunidades, la mujer infeliz y sin libertad, ceden el puesto a un porvenir de concordia y esperanza, presidido por las almas triunfantes de Inés y don Juan. Fueron aquellos las víctimas de la represión y la tiranía, el fruto de una sociedad cerrada (...)." [1]

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Zorrilla carga las tintas con el personaje de Tenorio, llamándole la atención cariñosamente por su forma de ser: señala los errores del guión que demuestran que no da pie con bola, y está convencido de que su personalidad está tan artificiosa que no parece un hombre real. La crítica discrepa, e incluso aporta datos de que no se trata de una obra 'hecha sin apenas pensar', sino que sigue una trayectoria de interés en la figura del burlador y Don Juan Tenorio por parte del autor.

Me ha gustado especialmente el estudio preliminar (que siempre leo al final) de Ricardo Navas Ruiz, y acabo con algún fragmento:

"Don Juan, después de todo, no dejaba de ser un rebelde y una víctima, en este caso, de sus propias pasiones, una marginado social rechazado por el orden establecido, condenado a un fin trágico. Con todas las diferencias que se quieran, la analogía con Don Álvaro, el Trovador, Marsilla, es innegable. Se ofrecía, pues como un buen punto de arranque. Bastaba darle la vuelta al signo, cambiar los mecanismos conductores para que el personaje pasara de maldito a bueno, de marginal a insertado, de víctima a héroe."

"Resulta un tanto paradójico que Zorrilla, considerado el escritor más conservador de su tiempo, haya sido quien plasmara la metáfora más acertada del poder libertador de la ideología liberal . Su Don Juan responde a las víctimas del odio, la represión y la venganza con un mensaje a la vez político y ético (...)"

"Don Juan responde también a las víctimas de una religión fanática y obtusa, la del Antiguo Régimen por supuesto (...)."

Este post participa en la IV Edición del Carnaval de Humanidades  alojado por Kurt Friedrich Gödel en su blog Literatura es aprehender la realidad

2 comentarios:

  1. El final de esa obra no tiene ni pies ni cabeza, aunque se le haya buscado incluso justificación teológica, y hay algunos versos malísimos. Sin embargo, es el desarrollo de un mito hispánico y es cierto que tiene muchas cosas interesantes y la historia es "chula". Pero la verdad es que podría haber sido mucho mejor. ¿Qué edición has leído?

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    1. Gracias por comentar! La edición es la de la biblioteca: Barcelona : Crítica, cop. 1993, edición, prólogo y notas de Luis Fernández Cifuentes ; con un estudio preliminar de Ricardo Navas Ruiz

      Hmmm... ¿Me permites discrepar desde mi posición de aficionada a la lectura? Corrígeme con total libertad, pero ¿el final de la obra no es el mito hispánico que parece en otras obras? Personalmente, me parece más increíble 'la fuerza del sino' de don Álvaro (con tantas casualidades desastrosas) que la imaginación que le echa Zorrilla. Y aunque en el estudio preliminar descartaban la influencia de, lo cierto es que me recuerda al 'Fausto' de Goethe. No digo que sea la obra clásica que más me ha gustado ni que mi gusto sea el acertado, pero lo cierto es que me sabía mal no haberla leído, así que me puse a ello (y al lado de las obras de Asimov que estoy leyendo, no me mates, please) ¡es una joya! ;)

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¿Cómo terminar una historia?