jueves, 24 de octubre de 2013

El Día del Fin del Mundo

Predicando justicia y amor a los pueblos todos
pero en casa y en el trabajo dando culebras
y pedradas en lugar de pan.
Con una fina capa de cal,
lapidariamente hipócrita,
parece trigo limpio, buena gente.

Corroe el ácido concentrado de tanta palabra
que se dijo o no se dijo, porque nunca queda
rastro de la mano que lanzó la primera piedra.
Todos somos humanos, y cometemos errores,
pero ¿por qué no es proporcional al número registrado
de veces que pedimos perdón, que lo reconocemos,
que luchamos por evitar que vuelva a pasar?

¿Qué harás, qué haré, al encontrarme
frente a frente ante el tribunal de despojados,
de desacreditados, de sufrientes…?
Allí los silencios serán gritos, las tinieblas
serán visibles: todo quedará al descubierto.
Lo que dijimos al oído, se gritará desde el terrado.
Veremos los cadáveres de los muertos de hambre,
nos veremos como asesinos, ¿y qué diremos?,
ante la corte de todos los que torturamos
hasta la locura, hasta la enfermedad, hasta
destrozar sus vidas… Seremos “ecce homo”,
mirad al hombre que nos hizo las sombras
que somos.

Quiero taparme los oídos
con cera milenaria y no escuchar el gemido
que taladrará cualquier tímpano del multiverso,

salido de mi propia garganta.

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