martes, 26 de noviembre de 2013

Hace mucho, mucho tiempo...

Fui adorador secreto de la Dama Oscura.
Me encontraba con Ella noche y día,
en cada esquina sin preaviso.
No era inquietante, no, su imagen
bellísima y nunca alcanzaba a ver
de frente su rostro… La amaba
ciegamente y con locura:
tanto que la vida me sabía a poco,
y transitaba sonámbulo y a trompicones,
resbalando y cayendo siempre.
Ella era la única respuesta irracionalmente
posible, solución inalcanzable de
todos mis anhelos, espejismo
inasible del abismo de mis sueños.
Sacerdote consagrado de su rito negro,
en la persecución eterna de mi laberinto diario,
perdía el miedo al vacío y al olvido y al dolor,
con tal de fijar la mirada en sus rasgos,
de diluirme en la inmensidad de los siglos infinitos.
Ella era más rauda, y no seguí sus huellas...,
hace ya tanto tiempo que toda mi historia

me parece una leyenda.

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