viernes, 28 de marzo de 2014

A mi maestro, Luis Moreno

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Luis siempre habla de Bernardo Herradón como su maestro, y yo estoy de acuerdo en que Bernardo es todo un referente de la divulgación química en España. Pero yo conocí antes a Luis Moreno, que a Bernardo; así que espero que me perdone que le aplique a él mismo esta palabra. Me enseñaron que es de bien nacido, ser agradecido...

Con la que se montó (y con razón) cuando Sergio L. Palacios cerró Física en la Ciencia Ficción Plus, yo quiero liarla a mi manera en la despedida de Luis. Así que reconozco que la XV Edición del Carnaval de Química resultó ser un punto de inflexión en mi trayectoria bloguera, y si no me lo hubiera tropezado de casualidad, ustedes (la mayoría de ustedes) no estarían leyendo estas líneas. En esa distopía, yo sería una bloguera anodina, con mucha curiosidad (eso sí) pero que usa un blog para desahogar lo que lleva dentro: que abarcaba (y sigue abarcando) desde la química, a la ciencia, los libros que leo,..., y ya está. Podría aparecer fugazmente en el buscador de Google, según qué temas tratase; pero ahí se habría quedado la historia.

En cambio, llegué a El Cuaderno de Calpurnia Tate el último día del Carnaval, participé de prisa y corriendo publicando uno de mis trabajos del máster, y me puse a investigar el Carnaval y los participantes (todos acabaron en mi blogroll). Empecé a leer las entradas del blog de Luis y me dejé contagiar por la ilusión que transmitían sus posts, por su estilo divulgativo, por esa mirada de químico tan especial que tiene. A base de intercambiar comentarios, me fui haciendo una idea de la calidad de persona que tiene, porque aunque él tenga sus opiniones y sus experiencias vitales, nunca trata de imponer su punto de vista, sino que tiene un respeto inmenso hacia todos. Bueno, salvo la honrosa excepción de los quimifóbicos, jeje. Pero estoy segura de que si un quimifóbico comentara en el blog de Luis con alguna afirmación carente de sentido, nunca se encontraría con una burla ni con un insulto, sino con una explicación razonada y respetuosa. Porque incluso cuando yo comentaba en sus posts más puristas (¡el NaCl no es una molécula! XD) diciendo que me parecía excesivo el rigor, Luis contra-argumentaba con cariño y respeto.

Durante estos casi dos años, me he ido nutriendo a base de su blog y de sus tuits: las personas a quién él seguía tenían muchos votos para que yo empezara a estar pendiente de sus cuentas (y por su buen criterio he conocido a @profedeciencia, @ikutram, y tantos y tantos que no cabrían por aquí). Impresionada de encontrar a un químico interesado por el teatro, por la historia,..., le confié el embrión de proyecto que era por aquel entonces el Carnaval de Humanidades, Luis sacó tiempo de dónde no lo había para participar en las dos primeras ediciones, y se encargó de organizar la III. Me gusta pensar que el Carnaval despegó en buena parte gracias a la emoción contagiosa de Luis Moreno, y yo casi me vuelvo loca para difundir las más de 50 entradas que se me iban acumulando por leer en esa prolífica edición...

He seguido de cerca (o al menos se ha intentado) todos los proyectos que ha emprendido, ya fueran nuevas secciones de su blog, programas de radio, Anales de la Química, porque a estas alturas yo ya tenía claro que pegada a su estela (huy, esto queda un poco cursi XD) se aprendía bien y rápido.

Por eso, y por todo lo que ahora quizá no se me ocurre, moles y moles de gracias como le gustan a él. Estoy convencida de que triunfará en aquello que se proponga, y que eso será bueno también para la sociedad, así que mucho ánimo, campeón. Y ya que quieres quedarte con lo mejor; quédate con que, en este breve tiempo, has impulsado a que una elementa explotara su radiactividad en favor de la divulgación de la química.

Sobredosis de agua (en Naukas)

Traigan un par de baldes y un embudo. El embudo era el que utilizaba el cantinero para echar vino en las botas, una pieza maciza con una embocadura lo bastante ancha para llenar por completo la boca del indio.
- ¿Quieres confesar?- preguntó por última vez Brien-. Te evitarás una tortura inútil, que no serás capaz de resistir.
(Los tigres de Malasia de Emilio Salgari)
Sí estos tiernos libros, y los demás de Salgari son los que devoraba en mi infancia… El pasaje que acabo de citar se me quedó grabado a fuego, digo… a agua: cómo ataban al prisionero y mediante el embudo le hacían beber litros de agua hasta que se le hinchaba el estómago y confesaba.
Esta tortura no mata si se suspende a tiempo; ese hombre estará mañana tan bien como usted y como yo. Que lo lleven a su camarote y lo dejen dormir.
Sigue leyendo en Naukas
Referencias
Milroy, C., Clark, J., & Forrest, A. (1996). Pathology of deaths associated with "ecstasy" and "eve" misuse. Journal of Clinical Pathology, 49 (2), 149-153 DOI: 10.1136/jcp.49.2.149

Cook TM (1996). Cerebral oedema after MDMA ("ecstasy") and unrestricted water intake. Values for plasma osmolality may have been wrong. BMJ (Clinical research ed.), 313 (7058) PMID: 8811775

martes, 25 de marzo de 2014

Hemos apoyado crowfundings por encima de nuestras posibilidades: ¿Vicio o pasión? ¡Crónica congelada de Desgranando Ciencia!

A lo largo de estos meses, he leído gran cantidad de crónicas de lo que fue Desgranando Ciencia, y aunque de primeras parezca extraño, el sentimiento que predomina en mí es de vergüenza. Seguro que ya habéis leído en varios sitios, la panzada de trabajar que supuso para el sector granadino y divulgador, y para el personal de Hablando de Ciencia implicado. En cambio, aquí la señorita Ununcuadio, hizo poco más que apuntarse al menú. Así que: vaya por delante que estoy inmensamente agradecida a todos los que se dejaron la piel y su tiempo libre (y no tan libre) por hacer realidad el eventazo de Desgranando Ciencia.

Ya digo, en mi caso, me enteré a través de la lista de correo de Hablando de Ciencia. Se quedó esperando a que sacara un rato para enterarme de los detalles y curiosear por la plataforma de Lánzanos. ¡Y aquello tenía una pinta extraordinaria! De repente, deseaba que Granada no estuviera en la otra punta del mapa español…, y me fui a mi Google Calendar a consultar las fechas: ¡fin de semana! Así que sobre la marcha, lo hice todo: participé en el crowfunding, hice propaganda tuitera, y me busqué medio de transporte para ir a Granada en diciembre. Era tan, tan apetecible, que era un proyecto que tenía que salir sí o sí. Y salió. No por lo que yo hiciera o dejara de hacer, realmente me quito el sombrero ante Luis Fontana, Carmen Robles y demás gente que no pararon de insistir día tras día.

Luego, a través de la misma lista de Hablando de Ciencia, pidieron voluntarios para los talleres; y yo dije que estaba a su disposición para el que hiciera más falta, siempre que me facilitaran material porque hay temas que tengo más oxidados que otros. Por ejemplo, la genética. Me tocó el taller “De tal palo, tal astilla” y del dossier que mandó Óscar Huertas, tuve que buscar dos de cada tres palabras en Google. Así que lo primero que hizo Desgranando Ciencia por mí, fue ampliar mi vocabulario, y un repaso de las leyes mendelianas.

Engañé a mi hermana (Ununpentium, para los amigos), y sobre todo engañé a mi madre para que dejara venir a mi hermana. Uup llegó a Barcelona el viernes 13 a las 18:40. Estuvimos en Sants hasta las 22:00 que salía el tren hotel. Después de encontrar el “camarote de los hermanos Marx” y aposentarnos en nuestras camas, yo caí en un profundo sueño hasta que amanecí en las cercanías de Granada. Ningún beso de príncipe azul, ni mucho menos la llegada a las tantas de una compi de camarote un poquito alegre ni los esfuerzos de mi hermana y la chica china que también dormía allí por abrirle el cerrojo y la puerta, hubieran conseguido despertarme.

¡Granada! Y mi hermana se asoma a la ventana y me dice: “Hace buen tiempo, porque ahí va uno en chanclas”. Nos cogemos un taxi al Parque de las Ciencias, yo estoy cada vez más nerviosa de la emoción. Mi hermana tiene pinta de cansada, creo que no ha descansado tan profundamente como yo. Aparecemos ahí, y Víctor Pascual del Olmo nos recibe cordialmente. De repente he entrado en una especie de universo paralelo en el que si me presento como Dolores nadie sabe quién soy, pero si digo que soy Ununcuadio la gente me saluda cariñosamente. Desvirtualizo a Leti que es mi jefa de talleres; a Rosa; a Carmen Robles; a Sergio (“Ununcuadio, tú tuitea todo lo que puedas, ¿vale?”); a Rubén (que es más alto de lo que se ve en los documentales); a Santi; a Mulet; a Víctor Tagua; a José Luis (a quien no era capaz de adivinar cuál era su blog y su nick), a Aníbal. Mi hermana se convirtió en voluntaria y consiguió su propia camiseta de Tesla (estaba orgullosísima).
@KarmaROVA nos sacó esta foto a Leti y a mí. ¿Se me nota que no me gustan las fotos? xDDD

Empezó el evento. Estuve en la charla de Mulet y en la de Rosa, pero luego nos tuvimos que salir, porque empezaban los talleres; y ya había hordas de niños con sus padres esperando la apertura. Como coordinadora de talleres estuve paseándome, y es que era una delicia ver a los alumnos de Jorge enseñando ciencia; a los niños haciendo cola para extraerse su ADN de la saliva, para mirar por un microscopio… Mención aparte merece el taller de dibujo que esa mañana gestionaron @biogeocarlos y Germán Tortosa: niños sentados en el suelo, apoyados en bancos, y dibujando sin parar, atentos a todo lo que les iban explicando. Mi taller tenía menos quórum pero es que estaba difícil competir con “fabrica tu propio fósil”, pero de vez en cuando les explicábamos de qué progenitor habían heredado el mentón o las orejas.
Foto de Manuel Caballero Cid
Pude escaparme a ver el estreno del documental de “Granada, mil años de ciencia”, documental que si aún no has visto, ESTE es el momento para que lo hagas:



 y de paso pude desvirtualizar al zombi de Schrödinger que tuiteaba discretamente. Cuando cerramos los talleres, todavía pude asistir a alguna charla, la de Rubén, la de Miguel Botella, y la de Víctor Tagua. Después del breve parón de la comida, y de perdernos con José Luis por el interior del Parque de las Ciencias, volvimos de nuevo a los talleres. Ya había niños ansiosos de recoger los fósiles que habían hecho por la mañana, y en general, esperando para entrar al recinto de los talleres. A la vez seguía el programa de conferencias breves y de espectáculos. Yo solo llegué a la que me pareció la mejor charla de divulgación en la que he estado nunca: porque José Manuel Vidal habló con tanta pasión sobre las hormigas que consiguió que yo, que odio los “bichitos” y que las hormigas me importan menos…que ellas mismas, vibrara y me apasionara con lo que me estaba contando. Impresionante: necesito hacer un análisis de esta genial emboscada científica. También estuve en la charla de Cristina González; y asistimos impresionadas al excelente espectáculo rompe- y dobla-cucharas de Juan Soler. Mi hermana volvió a casa de mi madre diciendo: “¿me dejas una cuchara para practicar a romperla?” Mi madre debió de darle un hipogrito huracanado y acordarse de todos mis antepasados…
Juan Soler no solo rompía cucharas: también se apagaba cigarrillos en la mano para explicar el "truco" de caminar por las brasas o el fuego
Nos fuimos a cenar a un bar, y a pesar de que nos empleamos a fondo con las Coca-Cola (si no me creéis, tenéis el testimonio videográfico de @pakozoic), el cansancio acumulado empezaba a hacernos mella y la información del exterior tardaba en penetrar a nuestros cansados y científicos cerebritos. No en vano nos habíamos marcado más de 800 km de viaje. Por cierto, que estuve sentada en la misma mesa con @darksapiens, pero no fui consciente hasta algunas horas después; gajes del oficio, y de tener varias identidades xDD Así que Rubén, Leti, el chico de las chanclas (sí, venía desde Valencia en nuestro mismo tren calzado con unas chanclas en pleno diciembre granadino y fue la primera persona que vio mi hermana al llegar a Granada y asomarse a la ventana. ¿Casualidad o causalidad? xDD) se estuvieron riendo de la expresión de mi cara, y llegó un punto en que Rubén preguntó: “Solo una cosa… ¿Os compensa el viaje que os habéis pegado para venir a esto?” (¡ey!, que conste que Rubén era uno de los activos organizadores del evento). “¡Pues claro que me compensa!” ¿Cómo no me van a compensar todos estos momentos impagables pasados con gente de la que no conozco apenas su nombre real, pero con la que tengo más en común que con mis amigos de Barcelona, mis compañeros de trabajo o mi familia? ¿Dónde más podríamos comparar quién lleva una camiseta más friki, reírnos del pollosaurio, o cuando mi hermana dijo que entraba en modo zombi (por el agotamiento) y Jorge le contestó: prueba a ver, ¿me darías un mordisco en la mano?? No, está claro, que fueron dos días agotadoramente satisfactorios y que no los cambiaría por todo el oro del mundo. Puedo asegurar que fue el crowfunding más disfrutado de la historia; y debería existir una mención oficial que lo atestigüe. Me gustó mi visita a ese universo paralelo en el que la gente me conocía por comentar asiduamente en sus blogs, o porque he bombardeado la sección de Pregunta a HdC con las preguntas más absurdas y rebuscadas. Es divertido entrar a ver cómo la gente te ha percibido durante ese tiempo virtual xDD
Cuando estuve en la misma mesa que @darksapiens y no lo sabía :P
Algunos tenían marcha para seguir de juerga; pero muchos nos retiramos ya, que al día siguiente tocaba madrugar y vuelta a empezar el lío. Aunque yo estaba de capo de los talleres, he de reconocer que la tentación de estar tan pegada al auditorio fue demasiado fuerte, y me escapé a las charlas de @biogeocarlos (imborrable ver a Spiderman como un arácnido de verdad), el doctor Litos, Gerardo. La charla de Óscar fue el cierre más bonito para las jornadas. Nos dio una conferencia de difícil clasificación en la que supo mostrar el lado más humano de la ciencia y la educación. Todavía me estremezco si recuerdo su charla, y cómo nos pusimos de pie y aplaudimos a rabiar, y mi hermana diciéndome: “¡Qué bien habla!”

Recogimos los bártulos de los talleres y carteles, y nos fuimos a comer a un Wok. Muchas risas en aquella hilera inmensa de mesas llenas de buena gente. Después del café, la gente empezó a irse, pero nos quedamos con un grupito de granadinos que se empeñó en que visitáramos al menos algo de Granada (más allá del Parque de las Ciencias), y nos llevaron de paseo hasta la hora del tren. A todos: ¡infinitas gracias! Por la acogida, por el cariño, por el esfuerzo, por todo.
Última comida de Desgranando Ciencia :( en el Wok 
A nosotras todavía nos quedaba otro viaje de 12 horas aproximadamente (yo dormí como un bebé), y a Uup cuatro horas más hasta Pamplona. Para terminar mi experiencia paranormal y surrealista de fin de semana, yo me fui directamente de Sants al trabajo, que tenía unos experimentos importantes planeados (la ciencia es una amante muy exigente xDD). Lo dicho: Rubén y todos: SÍ merece la pena. Como se dijo en algún momento, si del evento salía una única persona que se planteara estudiar ciencias o al menos interesarse más por ella, valdría la pena semejante despliegue de medios y de mano obrera voluntaria. Pues bien, además de eso, para mí son un montón de recuerdos: mi primera experiencia de desvirtualización a lo bestia, conocer a personas interesantes (@elprofedefisica, @hijodelprofe, @EugenioManuel,…, no sé si me dejo alguno), debatir de temas interesantes, no sé pasárselo bien de una manera brutal. Eso fue para mí Desgranando Ciencia, aunque Víctor Tagua no explotara sandías con nitrógeno líquido xDD

jueves, 20 de marzo de 2014

Mi encuentro con Marina

La Hermana me ha nombrado el encargado de bajar a por el carro de comida a la cocina. Siempre que aparezco por la planta, está implícita en su mirada que a la hora prevista, no se lo pedirá a ningún otro, y bajaré yo a buscarlo. Además, ya tengo pillado el truco, no solo para mover el mamotreto ese de carro, sino de los horarios de ascensor. Porque más o menos, la comida es en todas las plantas a la vez, así que hay overbooking y puedes estar esperando al ascensor tranquilamente 10 minutos largos… Otras veces cuando se abre en tu planta viene con otro carro y no cabes, vaya, que hay que saber elegir bien bien el momento.

Yo no he estado en la planta de niños. Y tampoco quiero estar. Bastante duro me parece ya ver a mis enfermos de mi planta…, como para añadir que en vez de adultos sean niños. Se me encoge el estómago, el corazón y todas las vísceras. Sheila sí que ha estado, y me invita a que me pase aunque sea solo a echar un vistazo, pero yo me niego: hay cosas que son superiores a mis fuerzas.
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Pero me pasó que yendo a por la comida, llegó el ascensor y dentro ya había dos personas. Una empleada con el uniforme blanco, y una niña guapísima: morena, pequeñita, de ojos muy grandes. Yo di los buenos días, y me apoyé en la pared, con esa postura que Sheila dice que es tan típica de mí. El caso es que la niña que me miraba fijamente, se puso a mi lado e hizo lo mismo que yo. Y me hizo gracia, le sonreí. Ella no sonreía, me seguía mirando. Llegamos a la planta de la cocina, y la empleada la llamó:

-        -   Marina, ¡ven!

Pero Marina en vez de ir con ella, se me agarró de la mano. Fue cuando fui consciente de que Marina era una niña enferma: por la forma de caminar (siempre se les nota por la forma de caminar). Vale, no hay que ser una lumbrera para darse cuenta de que tenía que ser alguien enfermo, pero hasta ese momento no me di cuenta. No sé, fue una mezcla de sentimientos: de compasión infinita, de orgullo igual de infinito porque hubiera elegido mi mano, de que se me atragantara el por qué hay enfermedades así en el mundo, de rabia e impotencia de no poder hacer nada más que darle la mano.

Al llegar a la cocina, Marina se deshizo de mí literalmente. Parecía que yo la retenía contra su voluntad y que tuviera que revolverse para que yo le soltara la mano. Dejé de existir para ella que se fue con la empleada y su carro. No volvió a mirarme.

Me las encontré por última vez cuando metían el carro en el ascensor. Le dije:

-        -  ¡Adiós Marina!

La empleada dijo:

-          - Marina, di adiós…


Marina no dijo nada, ni hizo nada mientras se cerraba la puerta del ascensor.

(Este relato forma parte de la serie de Cuitas de un desdichado voluntario)

lunes, 17 de marzo de 2014

Death thou shalt dye

Death thou shalt dye (John Donne)

¿Qué máquina contendrá
toda mi rabia, y la convertirá
en energía mansa
(y sostenible)?

¿En qué inmensidad abismal
cabrán todos los cadáveres
de injusticias desde
la sangre de Abel
hasta la sangre de Zacarías?

¿Quién pondrá el punto
final de tantas historias
interminables? ¿Quién
será el crítico literario
que dé su valoración moral?

No es venganza lo que busco,
sino respuestas. Sino justicia.
Si lo vivido fue una mentira,
quiero una justificación,
un motivo que nos salve
a todos… Porque tú,
Muerte, morirás.

jueves, 13 de marzo de 2014

Fragmentos de la carta que Alguien escribió a su Vida Pasada (encontrados haciendo arqueología)

Lo primero es pedir que no haya respuesta a esta carta. Sé que no había mala intención pero la anterior me hizo daño. Además, he cortado todo contacto y resultó complicado hacerme llegar la carta, porque yo no respondía al teléfono ni al e-mail. Finalmente llegó por otras vías. No negaré los efectos buenos de la carta: fue mi primera pista de que realmente estaba equivocada.

Paradójicamente (o no tanto), al alejarme de cualquier estructura que hubiera vivido anteriormente, estoy mejor y he encontrado más lo que buscaba. Sigo en búsqueda continua pero sin la norma y dirección acostumbrados. Eso hace que dé muchos palos de ciego, pero no sé, me siento más libre y mejor. En este tiempo he ido dando tumbos, por los cambios en mi vida, por el proceso de la vida,… Me pierdo mucho por el camino. Y, sin embargo, no estoy sola ni olvidada (…)

Ha pasado un año. Ahora soy consciente de la razón que tenían cuando no pude hacer lo que deseaba y cuando me dijeron que no podía serlo. Fui yo la cabezota que no quería ver cuánta razón tenían. Voy aprendiendo a  perdonar, intentar dejar atrás mi rencor, a mirar hacia atrás a lo que pasó con serenidad y paz. Confío en que un día amaré lo que me hizo sufrir, y que en caso de cruzarme por casualidad con mi pasado podría ser amable y hasta agradecida. Uso el condicional pero cada día estoy más convencida de que será realidad.

¿Por qué después de todo esto me pongo a escribir? Creo que necesito cerrar bien mi etapa, me lo pide mi conciencia. Me fui quejándome y con respuestas destempladas, al menos reconocer que yo estaba equivocada, y dar las gracias por lo que recibí en esos años. Por mucho que haya tratado de buscar las diferencias, no puedo renegar de algo que formó parte importante de mi vida, y cada cosa que hago me trae recuerdos. Algunos escuecen (cada día son menos) pero hay otros entrañables.

Sin embargo, hay cosas que no entiendo…, que no me entran en la cabeza, y que me hacen daño porque afectan a personas cercanas y queridas mías. Una de las cosas que me rompieron por dentro y me torturaron durante los peores momentos fue la hipocresía. (…)Ya sé que las personas humanas fallan como el resto del mundo, pero tengo la sensación (probablemente equivocada) de que algo debe estar mal si algo que debería ser bueno hace tanto daño. Me gustaría mucho que las cosas hubieran ido de otra manera… Me parece triste no querer saber nada de mi pasado. Esto es lo que se me hace tan duro de aceptar de mi vida: que quiero estar lo más lejos posible, y que quiero que esté lejos de los “míos”. No sé si estas letras servirán para algo. (...) Ahora que ya no estoy tan rencorosa como hace un año, quería escribirlas y ver si así me quedo en paz. Me gustaría pedir disculpas a todos los que sufrieron tratando de ayudarme, y también agradecer sus esfuerzos, y doy permiso para hacer llegar estas palabras a quienquiera que puedan ayudar.

No quiero una respuesta a esta carta, por favor. Sigo sin querer saber nada de nadie. Pero aún tengo familia y amigos, la mejor respuesta sería “obras son amores, y no buenas razones”, y verles felices y contentos.

(Nunca se cumplió la petición. Fue el final apocalíptico de una aventura surrealista que nunca debió darse. Qué le vamos a hacer, la vida no es un cuento que acabe comiendo perdices).

miércoles, 12 de marzo de 2014

Censado

¡Ay, Barcelona!,
he llenado tus trenes
de versos, de filo-
sofía, de ciencia.

Gritando alto
mis sueños
de Vida Nueva
(que no me los
quitara el viento),
estoy ronca
de cantar
el martilleo
en mis oídos
por todos tus
rincones.

No me son extraños
tus andares, Gaudí,
tus noches, tu alcohol,
lo más noble y fastuoso
y lo más pobre y pequeño.

Pero tus calles
también me 
huelen a 
melancolía
y soledad 
en la urbe,
ceniza y humo.


Pelea cuerpo
a cuerpo,
sangre a
sangre, sudor
a sudor,
mi pasado y
mi presente
alumbran un
futuro Ares
rojo.


Ya sabéis de
dónde vengo.
Todas las imágenes de este post son cortesía de Miguel Bueno
Nadie sabe
a dónde voy.
Pero tengo
tu huella
de estos meses,
Barcelona.

martes, 11 de marzo de 2014

Hemos apoyado crowfundings por encima de nuestras posibilidades: La recaída

Lo confieso: soy una conservadora empedernida. Me aterra lo nuevo, así que habitualmente me encuentro en una zona de confort que puedo dominar. Por si no fuera suficiente, tengo un fuerte espíritu de contradicción: si me dices blanco, te diré negro, y mantendré mi postura cabezonamente. Así que por definición no me gustan los lugares famosos, y me mantengo en los poco frecuentados. Estas tres pinceladas, son las razones por las que nunca había entrado en el blog Fogonazos: no lo conocí en mis incursiones blogueras desde mi blogroll, luego resulta que era un blog famoso, y yo huía de esos como de la peste. En realidad no es del todo cierto: sí que debí visitarlo esporádicamente, pero las historias que estaban contadas no me atrajeron especialmente, y no estaba entre mis favoritos. Pero con motivo de los 10 años de Fogonazos y la cobertura mediática de blogueros a los que admiro por su criterio (entre otras cosas), me decidí a revisar mis principios y re-visitarlo con más calma.

También con motivo de esos diez años, @aberron lanzó su primer libro por crowfunding en el que recogía artículos de su blog re-editados, y algunos inéditos, con un título atrayente en grado sumo: ¿Qué ven los astronautas cuando cierran los ojos? Aquella pregunta se me grabó a fuego, y más después de ver el tráilerdel libro, quería conocer YA su respuesta. Esta es la historia del segundo crowfunding en el que participé: la historia de cómo un título me enamoró y deseé conocer la respuesta.
Vía
El libro no me defraudó: los capítulos breves, interesantes, condensados, inspiradores. De hecho, el libro se lo he regalado a mi hermano para que saque guiones, porque hay historias que merecerían tener una película o una obra de teatro asociadas, o al menos, que sirvan para inventar locas historias. Como es de bien nacidos ser agradecidos, mi reseña en Hablando de Ciencia, y mi recomendación también desde este blog.

Por cierto, ahora el blog Fogonazos se ha convertido en mi adicción: belleza, ciencia, curiosidad, mirada asombrada, pasión, fascinación. Acción-reacción: directo a mi blogroll. 

jueves, 6 de marzo de 2014

Cruzar la línea roja

Con unas cuantas visitas, vas percibiendo más y más detalles. A mí lo que siempre me ha impresionado es ver como los enfermos que están mejor, y se pueden mover y esas cosas, dan de comer y ayudan a los que no pueden. Y es que por muy bien que estén, tienen… minusvalías que saltan a la vista: cojean de una manera muy marcada, o se ve que tienen algún retraso mental…, pero ahí están: como si fueran voluntarios, solo que ellos lo hacen mejor que cualquier voluntario. No sé cómo lo hacen, quizá tengan un feeling que yo no tengo por estar sano, pero los ves que dominan y que conocen de verdad, y que lo hacen de sobresaliente. En la planta a la que voy, hay gente que te llama la atención nada más llegar por su horrible aspecto o por su manera de hablar y de comportarse, quizá porque son cariñosos y extrovertidos, o simplemente porque te ha tocado darles de comer alguna vez y ya se vuelven especiales. Y hay otras personas que pasan desapercibidas, que casi casi no te das cuenta de que están también. Son encargados de poner la mesa, o de ponerles la bata a los enfermos para que no se manchen la ropa. No hablan, salvo para hacerte una indicación: “esa bata, no, le va pequeña, ¿lo ves?”, “esa bata es solo para los que están en silla de ruedas”, “eso no se hace así”, y luego se retiran a la sombra: se van a la mesa de los que están relativamente bien, y si no te fijas, no te das cuenta ni de que están. Los voluntarios normalmente se acercan a los que ya conocen: siempre hay una estrella en cada planta, de alguien que es más cariñoso. Siempre hay gente que requiere tu atención para que les ayudes, les abraces, o estés con ellos.

Pero un día, cuando ya llevas yendo un año o así, y te sabes los nombres de todos y saludas a todos, también a los “escondidos”…, ellos también te saludan: ¡saben tu nombre! Nunca olvidaré el día en que Óscar me saludó por mi nombre. Porque fue ese día en el que me di cuenta de que el Cottolengo ya era algo así como mi segunda casa. Ahora no quedaba nadie que me mirara o tratara como un extraño en MI planta. Yo conocía por fin a los que pasan desapercibidos, pero que también te están esperando, quizá más conscientemente que muchos de los que te abrazan efusivamente la primera vez que llegas. En la vida pasa lo mismo: hay gente que es una estrella, como mi novia, por ejemplo, o la gente que saca notazas, o que es jugador de fútbol famoso, o un médico que encuentra una cura para una enfermedad mortal. Y luego estamos los que no somos tan listos ni tan buenos, los que ayudamos en lo que podemos, los que pasamos desapercibidos si nadie se fija en nosotros. Este es mi homenaje para Óscar y los demás de su mesa, porque con ellos  descubrí que el mundo en un asilo es igual que en el mundo real, solo que mejor, y que yo también tenía mi hueco en su casa.
Vía

(Esta es la segunda parte de Cuitas de un desdichado voluntario. Si te gusta, te recomiendo que veas la serie Derek que me recomendó @darksapiens)