martes, 21 de noviembre de 2017

Sole y Fru

Vía

Mi vecina se ha comprado un perro. O se lo han regalado, no estoy segura. A través de la ventana abierta y de las paredes de papel, la oigo hablarle. Y me alegro por ella. Tenemos los horarios muy distintos y apenas coincidimos..., a no ser que me duerma y llegue tarde al trabajo: entonces compartimos ascensor y hasta tren de cercanías. Siempre me pregunta cosas acerca de mi trabajo o de mi vida, me hace sentir incómoda tanta curiosidad, pero la disculpo porque sé que vive sola y la soledad puede ser terrible. Si ahora está acompañada, seguro que está más feliz.

Curiosamente, apenas oigo al perro, a la que más oigo es a la vecina. "Fru, no muerdas". "Fru, no llores, ¿por qué lloras, vamos a ver". "No, no, no se ladra". Y así continuamente. Me hace reír porque además ¿qué clase de nombre es Fru?

En fin, el pasado domingo me la encontré. Yo iba a votar, y ella se enteró porque llevaba en la mano el papel del censo. Nos pusimos a hablar de lo mal que andaba la situación política, etc., etc. Y me preguntó que con todo eso a quién iba yo a votar para recomendarle a ella. Hay costumbres de curiosidad que no se curan con la compañía de un perro, por lo que parece. Obviamente mentí, y le dije que no sabía..., bastante me costó decidir como para "recomendarle" a ella. Además, ¿qué pasa si ella no comparte mi forma de pensar? No sé es muy arriesgado preguntar eso, pero cada uno es cada uno.

Ella sola cambió de tema: "¿Sabes que tengo una hija?", y yo al principio pensé que su hija había venido a visitarla de un país lejano..., aunque ahora viva sola y esté soltera, ¿quién sabe qué ocurrió en su pasado? Y de pronto se me ocurrió que podría estar hablando de su perro (o debería decir quizá su perra), ante esta revelación preferí manifestar sorpresa. "¿No la has oído?". Vaya por Dios, estaba en lo cierto, se refiere a la perra. Me contó que se la habían regalado y que era como un niño pequeño que la despertaba cada mañana y de la que tenía que estar tan pendiente como si fuera un bebé. Nos despedimos y me fui a votar un poco tocada. Una cosa es tener un animal de compañía y otra llamarlo hijo o hija. Aunque al final volví a la idea de que, al menos, ya no estaba tan sola.

El otro día, oí que iba a sacar a la perrita a pasear. Se oía el tintineo de cascabeles. Nunca entenderé que los dueños pongan cascabeles. Me pudo la curiosidad y me asomé a la mirilla para conocer a la famosa Fru. Enseguida vi a mi vecina de espaldas arrastrando una correa con cascabeles por el suelo, mientras le hablaba cariñosamente al vacío.

2 comentarios:

  1. Yo también vivo con Sole, pero aún no tengo ninguna Fru para pasear (y espero no llegar a ello). Un poco triste, no?

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  2. La realidad no es tan triste: mi ex-vecina no sé cómo se llamaba, su perrita no era Fru sino Lulú, y cuando me asomé a la mirilla las vi a las dos. Mi vecina la adora y viven las dos muy bien. Pero en ese momento en el que miré... me imaginé que no existía la perrita y de esa idea peregrina que me cruzó la mente nace este relato un poco absurdo

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