jueves, 2 de noviembre de 2017

Tercera mano

El día de difuntos es un día doblemente paradójico para mí, desde que en 2011 tomé la decisión de suicidarme pero después en Urgencias, tomé la decisión de dejarme ayudar en la depresión. (Lo cuento aquí). Es decir, sería una especie de "cumpleaños", de "aniversario macabro pero brillante a la vez" porque realmente considero que hace 6 años que empecé a vivir de verdad.

Y para celebrar esta paradoja he decidido recurrir a John Donne y su Soneto Sacro X. Allá por 2010 escogí una asignatura llamada Cuestiones acerca de la muerte (de esas que solo se pueden hacer en la Universidad de Navarra). Era una asignatura de la carrera de Enfermería y lo poco que recuerdo es la proyección de la película Wit (2001), que en aquel momento no me gustó pero que fue mi primer contacto con John Donne y ese poema que me fascina y obsesiona a partes iguales.

Ahora esa peli me parece brillante en muchos aspectos. Evidentemente es perfecta no solo para el tema de aquella asignatura, sino para la carrera de enfermería, ya que los médicos-investigadores al revés que la enfermera son los que no empatizan con el sufrimiento del personaje de Emma Thompson. Pero yo he venido a hablar del Soneto y helo aquí:

Death be not proud though some have called thee
Mighty and dreadful, for, thou art not so,
For those, whom thou think’st thou dos overthrow,
Die not, poor death, nor yet canst thou kill me;
From rest and sleep, which but thy pictures be,
Much pleasure, them from thee, much more must flow,
And soonest our best men with thee do go,
Best of their bones, and soul’s delivery.
Thou art slave to fate, chance, kings, and desperate men,
And dost with poison, war, and sickness dwell,
And poppy, or charms can make us sleep as well,
And better than thy stroke; why swell’st thou then?
One short sleep past, we wake eternally,
And death shall be no more, Death thou shalt die.


Que, según la traducción de Carlos Pujol (versión bilingüe que me recomendó Enrique García Máiquez), vendría a ser:

Muerte, no te envanezcas, aunque te hayan llamado
poderosa y terrible, porque no eres así,
pues los que tú supones que has vencido no mueren,
pobre muerte, ni puedes a mí mismo matarme.

Del reposo y del sueño, dos imágenes tuyas,
surge un goce mayor, y los que te has llevado
y son nuestro tesoro, obtendrán sin tardanza
la paz para sus huesos, libertad para el alma.

Del destino, el azar, de los reyes y la ira
siempre esclava, convives con el mal, el veneno
y las guerras, ¿acaso los hechizos y filtros

no adormecen también? ¿De qué, pues te envaneces?
Tras un sueño muy breve hay la eterna vigilia,
Y no habrá ya más muerte: ¡muerte, tú morirás!




Y que Víctor Botas quiso traducir a su manera, en Segunda mano:

Ten más modestia, Muerte, aunque se te haya
erróneamente dicho poderosa
y temible; pues esos que has borrado
no mueren, pobre Muerte, incapaz hasta
de aniquilarme a mí. Si el reposo
y el sueño son tan gratos, cuánto más
no debes serlo tú: así se explica
que los mejores antes den contigo
libertad a sus almas y a sus huesos
descanso. Azar, reyes y suicidas,
son tus amos, habitantes de pócimas,
enfermedad y guerras. Y más diestros
que tú son los hechizos. Menos humos,
que veremos tu fin; tu muerte, Muerte. 



Y ahora soy yo la que quiere darle una tercera mano, así que os dejo mi versión de traducción libre y personal (que viene a ser una mezcla de las anteriores):

Muerte, no seas creída, aunque te hayan llamado
pavorosa y fuerte, sin siquiera serlo:
aquellos que piensas haber derrocado
no mueren, ni tú, pobre, puedes matarme aún.

Si el reposo y el sueño son tus imágenes
siempre gratas, ¡cuánto más placer traerás tú!
Por eso, los mejores te encuentran antes
dando paz y libertad a su alma y cuerpo.

Sierva del destino, azar, poder, suicidas;
vives del veneno, guerra y enfermedad.
Si pastillas y somníferos nos duermen

mucho mejor que tú; ¿de qué te envaneces?
Tras un breve sueño, el despertar eterno 
sin más muerte jamás, Muerte tú morirás.*

(*Referencia a san Pablo, I Cor. XV, 55: ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?)











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