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19 abril 2013

Propuesta fiestera

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El género Agave, que significa “noble” en griego, fue descrito por primera vez por Linneo en 1753. Las plantas de agave, que se confunden generalmente con los cactus, pertenecen a la familia de Agavaceae; algunas tienen troncos definidos, pero la mayoría carecen de tronco. La distribución extendida de cerca de 300 especies, combinado con el hecho de que las plantas requieren aproximadamente de 8 a 12 años para madurar e hibridar fácilmente, hacen el estudio taxonómico y filogenético del género Agave extremadamente complicado. Y es que la familia de Agavaceae incluye 20 géneros y cerca de 300 especies, de las cuales cerca de 200 se encuentran en México. De entre todas ellas, el agave azul es el único entre cientos de especies de Agavaceae apropiado para producir tequila debido a su alta concentración en inulina y bajo contenido en fibra, y también por los compuestos químicos presentes en la planta, que contribuyen al sabor y aroma finales del tequila, dando a la bebida sus características particulares. Se ha intentado usar otras especies de agave para producir tequila en otros estados del país, sin éxito. 
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Por eso, y siguiendo con la serie comenzada de Para el fin de semana: un poco de ron; y sidrina, vamos a seguir con la mala costumbre de explicar cómo se hacen las bebidas alcohólicas; y hoy le ha tocado el turno al tequila mexicano, que se obtiene por destilación del zumo fermentado a partir de la planta agave (Agave tequilanu Weber var. azul). La fermentación se produce por cepas de Saccharomyces cerevisiae. Por encima del 49% (en peso) de los azúcares provienen de una fuente distinta al agave, normalmente la caña de azúcar.

Se piensa que la palabra tequila proviene de la tribu de los ticuilas que tiempo atrás habitaban en la ladera de un volcán situado cerca de la ciudad de Tequila y que llevaría el mismo nombre. Otro posible origen es la palabra ‘nahuatl’ tequitl que significa trabajo o empleo, y la palabra rlan, que significa lugar, de manera que tequila vendría a ser ‘lugar en el que este trabajo o labor se hace’. La información más antigua que revela la existencia del agave y sus diferentes usos es anterior a los españoles, y aparece en muchos códices preservados hasta la época actual. 

El primer proceso de producción de tequila con intención comercial tiene lugar en la ciudad de Tequila alrededor de finales del siglo XVIII. Los principales consumidores eran los habitantes de las zonas de minería localizadas en el estado de Jalisco. Los españoles trataron de suprimir el consumo de tequila a través de un decreto firmado por Carlos III en el que se prohibía la venta y producción de tequila (ya que competía con el brandy y otras bebidas importadas de España), bajo el pretexto de que provocaba enfermedades. El gobierno de la región promulgó más tarde un decreto que imponía una tasa al tequila y por tanto, se permitía su venta en toda la Nueva España.

El agave azul se cultiva en el estado de Jalisco en dos regiones con el clima y la composición del suelo adecuadas para su crecimiento. Los cultivos celulares de agave son una nueva biotecnología, aún en etapa experimental, que no se emplea comercialmente por la baja disponibilidad de técnicos preparados y de instalaciones de laboratorio para pequeños productores. Aunque ya hay resultados positivos de estos cultivos, desafortunadamente, estas nuevas plantas requerirán más tiempo antes de que puedan usarse en el campo.

Las hojas del agave se cortan por la base y se dejan en el campo para reciclar nutrientes. Las plantas recolectadas, libres de hojas, se transportan a la destilería. Solo las mejores plantas, principalmente, aquellas de buen tamaño y alta concentración en inulina (medida como azúcares reductores) se recolectan. La composición del agave varía estacionalmente, pero la media podría ser como sigue (base húmeda): azúcares reductores 27% (v/v), pH 5,2, y mosto 0,572 mL/g. Cualquier proceso de producción tiene las siguientes etapas, en las que está siempre presente la química: (1) cocción, (2) molienda, (3) fermentación, y (4) destilación. 

La cocción del agave sirve para producir la  hidrólisis de la inulina y otros compuestos de la planta para liberar azúcares, principalmente fructosa, gracias al bajo pH (4,5) y las altas temperaturas. En segundo lugar, algunos de estos azúcares se caramelizan y se producen otros compuestos que contribuyen significativamente al aroma y sabor del tequila. Finalmente lo que se obtiene de la cocción del agave tiene una consistencia que facilita la operación de molienda.

En la etapa de molienda, el agave cocido pasa a través de una cuchilla (excepto en las fábricas que hacen esta operación antes de la cocción), y mediante una combinación de molienda y extracción de agua, se extraen los azúcares. El zumo de la molienda se mezcla con el jarabe obtenido de la etapa de cocción y con la solución de azúcares (si el tequila que se obtiene no es 100% agave), y finalmente se bombea dentro del fermentador.

La etapa de molienda genera un subproducto llamado bagazo, que representa alrededor del 40% del peso total del agave molido (en base húmeda). Este bagazo está compuesto por celulosa, hemicelulosa, lignina, pectinas, azúcares residuales, y otros compuestos. Si se mezcla con arcilla, puede usarse para hacer ladrillos. Además, se ha intentado recuperar sus componentes (celulosa, hemicelulosa, y pectinas) usando reactores de alta eficiencia termoquímicos, o incluso obtener furfural, o enzimas (celulasa y pectinasa).

Para la fermentación, hay compañías que no inoculan una cepa específica de levadura S. cerevisiae y permiten que el proceso se lleve a cabo por fermentación natural. Otras inoculan el mosto con levadura de panadería o bien con extractos comerciales de levadura, para conseguir poblaciones iniciales de 20 a 50 células por mililitro. Los extractos se preparan originalmente para la producción de vino, cerveza, whisky, o pan y a veces la calidad del tequila obtenido con ellas no es satisfactorio. Para alcanzar altos rendimientos y mantener constante la calidad del tequila, algunas empresas usan cepas de levaduras aisladas de la fermentación natural del zumo de agave cocido con algunos nutrientes añadidos y usando condiciones especiales como alta concentración de azúcar y temperatura. Estas cepas aisladas y seleccionadas de levaduras se guardan en colecciones de cultivo microbiano nacionales.

Una vez que el mosto tiene los nutrientes requeridos y su temperatura está alrededor de 30ºC, se inocula con un  5-10% en volumen de cultivo de S. cerevisiae. Si no se inocula, la fermentación puede alargarse hasta 7 días, pero con el inóculo la fermentación estará en un intervalo de 20 h la más rápida a 3 días la más lenta.

La producción de alcohol etílico por levaduras está asociada también con la producción de muchos compuestos de fermentación que contribuyen al sabor final del tequila, ya sean compuestos organolépticos o sus precursores. La producción de etanol puede detectarse prácticamente desde el comienzo por una caída de pH de 4,5 a 3,9. El contenido en alcohol al final de la fermentación queda entre 4 y 9% v/v. Las pérdidas de alcohol pueden ser significativas porque los tanques de fermentación están abiertos, y permiten la evaporación de alcohol. La temperatura de fermentación puede exceder los 40ºC, provocando que se acabe la fermentación y haciendo etanol y compuestos que afectan a la calidad del tequila. 

No solo hay levaduras en los tanques de fermentación... El tamaño de la flora bacteriana depende de varios factores: crecimiento bacteriano durante la propagación de levaduras, abundancia de bacterias en la materia prima, y los estándares de higiene de la destilería. No hay duda de que la actividad de estas bacterias contribuye a las características organolépticas del tequila. De vez en cuando, el tamaño de la población bacteriana en el mosto de fermentación puede ser superior, en cuyo caso las bacterias consumen azúcares, reduciendo el rendimiento de etanol y a veces excretando compuestos indeseables.

Por último, la destilación sirve para separar y concentrar el alcohol a partir del mosto fermentado. El sistema de destilación más empleado en la industria del tequila siguen siendo los alambiques y columnas de rectificación. El diseño más simple consiste en un hervidor con el mosto fermentado, un serpentín de vapor, y un condensador o plato intercambiador de calor. Los hervidores están hechos frecuentemente de cobre que “fija”, los compuestos que contienen azufre y que suelen ser volátiles y malolientes. La destilación usando hervidores se lleva a cabo en dos etapas. En primer lugar, el mosto fermentado se destila para incrementar la concentración de alcohol de 20 a 30% en volumen, separando la primera fracción de cabeza y la última de cola. En general las cabezas son ricas en compuestos de bajo punto de ebullición como acetaldehído, acetato de etilo, metanol, 1-propanol, 2-propanol, 1-butanol y 2-metilpropanol que dan un sabor y gusto agradable al tequila. Las colas contienen compuestos de alto punto de ebullición como alcohol isoamílico, alcohol amílico, 2-furaldehído, ácido acético y lactato de etilo, dando un sabor y tacto fuerte al tequila, y cuando la concentración está por encima de 0,5 mg/mL el producto final es desagradable. En la segunda etapa, el líquido obtenido de la primera se destila otra vez, para obtener un producto final.

Las principales áreas de mejoramiento del tequila actual son 1) el desarrollo de nuevas variedades de agave resistente a las plagas o a ambientes extremadamente secos, con mayor contenido en inulina y bajo contenido en cera; 2) mecanización del cultivo y cosecha del agave (que actualmente se hace a mano); 3) optimización de las etapas de cocción y fermentación para mejorar rendimientos y reducir la cantidad de residuo; 4) la selección de cepa de levaduras y mejoramiento de los mostos fermentados; y 5) alternativas de bajo coste para el tratamiento de residuos, principalmente del bagazo. Y como podéis ver la ciencia, en concreto la química, bioquímica, microbiología, y nutrición tienen que decir bastante al respecto. ¡Buen fin de semana! Cuando bebas, brinda a la salud del científico de a pie ;)

1) Este post participa en el  XXIV Carnaval de la Química alojado en el blog el zombi de Schrödinger,

2) También, si le parece que encaja al organizador, en la III Edición del Carnaval de la Nutrición alojado por Casa Scientia
3) Este post participa en el Carnaval de Biología edición especial micro-BioCarnaval, en la sección SEM, categoría estudiante de doctorado, que hospeda @Raven_neo  en su blog Micro Gaia

Referencias bibliográficas

Cedeño, M. (1995). Tequila Production Critical Reviews in Biotechnology, 15 (1), 1-11 DOI: 10.3109/07388559509150529

ACTUALIZACIÓN 16-07-2013: Dolores Bueno (@Ununcuadio)ganó en la categoría C al ser la única participante.


07 marzo 2013

Y dale con el vino

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Nuestra manera de elaborar el vino no ha cambiado sustancialmente de la del antiguo Egipto o la antigua Grecia. Es verdad que desde Pasteur conocemos cómo es el proceso, y un mayor conocimiento nos otorga un mayor control, especialmente en las etapas críticas. El objetivo final es obtener un vino que cumpla con las características deseadas (que dependerán del tipo de vino) y evitar el picado. Todo ello requiere controlar los microorganismos presentes en el mosto y el vino, a saber levaduras y bacterias, responsables de transformar los azúcares en alcohol (fermentación alcohólica), reducir la acidez del vino (fermentación maloláctica), y producir compuestos que contribuyan positivamente al aroma y sabor del vino. En realidad, la propia naturaleza ya ejerce de conservante: los nutrientes presentes en la uva no son suficientes para toda la microbiota presente, de manera que hay una fuerte selección hacia cepas de levadura y de bacteria más resistentes. Pero como más resistentes no equivale a más convenientes, necesitamos algo más. Las bacterias del ácido láctico, especialmente Oenococcus oeni, contribuyen positivamente a los caracteres sensoriales del vino, pero otras especies como Lactobacillus sp. y Pediococcus sp pueden producir compuestos volátiles indeseados. Las consecuencias del picado bacteriano del vino incluyen una mayor acidez volátil, texturas aceitosas y viscosas, amargura, etc.

    El conservante universalmente empleado, al menos desde el siglo XVIII, es el dióxido de azufre, debido a sus propiedades antisépticas y antioxidantes, además de que es importante para minimizar la tasa de polimerización fenólica y la pérdida de color durante el envejecimiento del vino. Sin embargo, las alergias causadas por los compuestos derivados del SO2, principalmente los sulfitos, se están volviendo frecuentes provocando síntomas que van desde los dolores de cabeza, náuseas, irritación gástrica, hasta dificultades respiratorias en pacientes con asma. En consecuencia, la concentración máxima que permite la legislación está siendo gradualmente reducida. Y es que la mayoría de individuos sensibles a los sulfitos reaccionan ante cantidades del orden de 20 a 50 mg, experimentando dermatitis, urticaria, angioedema, dolor abdominal, diarrea, broncocontrstricción y anafilaxis. Es verdad que este tipo de reacciones adversas a los sulfitos son extremadamente raras en personas no asmáticas. Por el contrario, en la población asmática, la sensibilidad a los sulfitos puede ser grave.

Debido a estos inconvenientes para la salud, la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV, por sus siglas en inglés) ha reducido progresivamente la concentración máxima de SO2 autorizada en vinos: 150 mg/L para vinos tintos y 200 mg/L para vinos blancos (Regulation (EC) No 607/2009). Seguro que a todos nos suena el etiquetado de “contiene sulfitos” en las botellas de vino.

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Por si esto no fuera suficiente, además el exceso de SO2 podría estar detrás de alteraciones en el vino, la neutralización del aroma o incluso producir defectos en el aroma. Por ejemplo, el SO2 inhibe la aldehído deshidrogenasa (ADH) de manera que  el acetaldehído no se convierte en etanol, o bien puede unirse directamente con acetaldehído reduciendo, por tanto, la cantidad de acetaldehído que puede ser transformado a etanol. Así que según Frivik y Ebeler (2003), dependiendo de la imagen sensorial deseada para los vinos producidos, uno podría añadir diferentes cantidades de SO2 y así obtener distintos niveles de aldehído en el vino, aunque se necesitarían más estudios para evaluar completamente las propiedades sensoriales de los vinos con distintas concentraciones de SO2.

El uso de SO2 en la elaboración de vino es un asunto tremendamente complejo. A día de hoy no se ha encontrado un solo compuesto que pueda sustituir el amplio intervalo de funciones del SO2 en vinos. Eso no quita que haya que seguir buscando, y probando distintas combinaciones de aditivos químicos (como el dimetildicarbonato, y los ‘productos naturales’ producidos por bacterias como la lisozima o las bacteriocinas) con tecnologías físicas como la irradiación ultravioleta, los ultrasonidos, los pulsos eléctricos de alto voltaje, o la alta presión. Pero seguro que a nadie se le escapa que usando dos donde antes se usaba uno, no debe ser más barato y sostenible...

Fuente
Por otra parte, mantener una concentración de SO2 baja para evitar reacciones alérgicas podría no cumplir la función de preservar el vino. Además, resulta complicado evaluar cuál es la dosis correcta porque el SO2 no se está quietecito y tiene muchos equilibrios complejos con los componentes del mosto/vino, de manera que acaba habiendo muchos compuestos combinados con él, y no es sencillo conseguir un nivel seguro de SO2 libre (o sin combinar) que estaría en torno a los 10-20 mg/L.

¡Ojo!, los vinos ecológicos pueden contener también sulfitos, como nos explica el gran Mulet. Así que si oyes hablar bondades, ten en cuenta que sí, que la elaboración del vino es mejorable..., pero para ser mejorable se necesita de la química y de la biología, más que de etiquetas ecológicas.

Si quieres hartarte de leer de vinos, aquí todo lo que he escrito:

Tesis en 3 minutos (en este blog)

Enología  (JoF en las aulas, Journal of Feelsynapsis, 7)

El mejor amigo del hombre (en Hablando de Ciencia)

¡Cuidado con las aminas! (también en Hablando de Ciencia),

así que me considero redimida en cuanto a divulgación de mi trabajo fin de máster ;) 




Este post participa en la XXII edición del Carnaval de Biología, que hospeda @CEAmbiental en su blog Consultoría y Educación Ambiental  y en el XXIII Carnaval de la Química alojado en el blog molesybits




Referencias  
 
ResearchBlogging.orgBartowsky EJ (2009). Bacterial spoilage of wine and approaches to minimize it. Letters in applied microbiology, 48 (2), 149-56 PMID: 19141041

Siss K. Frivik and Susan E. Ebeler* (2003). Influence of Sulfur Dioxide on the Formation of Aldehydes in White Wine Am. J. Enol. Vitic., 54 (1) DOI: http://apps.webofknowledge.com/full_record.do?product=WOS&search_mode=GeneralSearch&qid=6&SID=W1odDOgodam3lHjbbhj&page=1&doc=1
 
Santos, M., Nunes, C., Saraiva, J., & Coimbra, M. (2011). Chemical and physical methodologies for the replacement/reduction of sulfur dioxide use during winemaking: review of their potentialities and limitations European Food Research and Technology, 234 (1), 1-12 DOI: 10.1007/s00217-011-1614-6

12 noviembre 2012

Instrucciones para hacer un buen vino

Este era el título escogido para Tesis en 3 minutos, y el que he elegido para mi primera participación en Hablando de la Ciencia en Pamplona, esperemos que allí me vaya mejor ;)

(del estupendo y recomendable blog científico-lúdico del DrLitos and company)
Les invito a que conozcan en persona a quien se esconde tras el elemento 114 (Ununcuadio o Flerovium) si están por Pamplona: nos vemos el viernes en la Casa de la Juventud. También, y como introducción a mi charla pueden leer el artículo que he escrito para JoF en las aulas, otra estupenda iniciativa de comunicación de la ciencia [aquí enlace a todos los números y al último para descargar en pdf]

(Hablando de Ciencia)
P.D.: como pienso seguir "haciendo carrera" de divulgadora y me siento cómoda siendo un elemento radiactivo, voy a pedir a los Reyes una camiseta especial para eventos de este tipo :) De momento, solo tengo crisis y recortes en las FPU (mañana sabré...)

06 noviembre 2012

Tesis en 3 minutos


Como ya he comentado vía Twitter, lo mío no es hablar en público así que no me ha ido muy bien en el concurso pero aprovechando que me he tenido que preparar brevemente mi trabajo fin de máster, os dejo mi resumen. En este enlace podéis consultar lo cracks que son los participantes en la versión orginal.

"¡Hola!, vengo a hablarles de un tema de máxima actualidad: el alcohol. En concreto, qué se necesita para elaborar un buen vino, al menos desde el punto de vista de la química. Lo primero es tener mosto: necesitamos vendimiar, recolectar, despalillar y estrujar la uva para obtener el zumo de uva o mosto. En él se encuentra de manera natural, las levaduras que son capaces de transformar los azúcares presentes en el mosto a dióxido de carbono y alcohol.
Tras esta fermentación,  tiene lugar un proceso de acabado llevado a cabo por las bacterias del ácido láctico. Pero… para que suceda esto y no otra cosa, necesitamos usar conservantes. Desde antiguo se ha usado el dióxido de azufre (o SO2) porque actúa sobre las levaduras y bacterias inhibiendo aquellas cepas que producen fermentaciones indeseadas. Lo que ocurre es que también tiene inconvenientes: puede formar compuestos desagradables para el aroma o sabor del vino, y también tiene contraindicaciones para la salud de personas alérgicas a los sulfitos. Así que la legislación actual busca eliminar o al menos reducir la cantidad de SO2 en vinos, usando alternativas como la adición de DMDC o de lisozima.
Pero necesitamos una manera de comprobar si son mejores o peores conservantes que el SO2, y para ello medimos las aminas biógenas y los compuestos volátiles. Las aminas son producidas por las levaduras a partir de los compuestos nitrogenados de la uva, y algunas son tóxicas o tienen un sabor/olor desagradable, por lo que interesa reducir su concentración. Los compuestos volátiles dan complejidad al aroma/sabor del vino, están en pequeñas cantidades y se liberan en la boca. Algunas dan olores frutales.
 Los resultados no fueron muy animantes: el mejor conservante para mantener bajas las aminas, fue el SO2, y los vinos con lisozima tenían más compuestos volátiles, pero sería interesante seguir investigando estos compuestos."

Esta entrada participa en la XVIII edición del Carnaval de Biología, organizado por Ameba Curiosa




26 julio 2012

Odisea en la Upna

Llevo unos días desanimadilla. Y es que por más que lo intento, mis cromatogramas de aminas no hay por dónde cogerlos, y parecen un enigma más difícil que el de las esfinges griegas. Después de varios intentos de ordenar el rompecabezas, me he dado por vencida y he acudido a mi jefa, persona más experimentada como es lógico. Hoy me ha tocado ir al Servicio de Apoyo de Investigación columna en mano (que está en la otra punta del campus), dándome un paseito he re-descubierto que no soy nada campestre ni bucólica en la práctica. Porque por muy bonita que me parezca la hierba verde, lo cierto es que siempre me parece que pincha cuando me siento. Y además odio los bichos (perdón, Leti, los insectos y arácnidos), y no me gusta nada cuando acorto por la hierba, que esté mojada e ir calándome los bajos de los pantalones intentando hacer equilibrios para pisar lo menos posible el charco oculto... Así he llegado a El Sario, y he aparecido donde me esperaban. Lo que yo no me esperaba era ese recibimiento. Me han saludado echándome la bronca: - Porque antes funcionaba a la perfección, ¿qué has hecho?
http://www.scielo.org.ar/img/revistas/abcl/v40n3/3a10f27.gif

Y yo sintiéndome un vil gusano he intentado explicarme. Pero no había manera. Todo estaba mal hecho: no tenía ni pies ni cabeza. ¿A quién se le ocurre hacer esto de esta manera?, porque te lo pueden preguntar en el Tribunal de máster... (Yo pensaba: si ya lo sé...) Es que lo que tienes que hacer es una prueba. Ahí es cuando me he sublevado: hemos desmontado para llevarle la columna y me dice que la vuelva a montar y repita mis experimentos, y me he puesto a llevarle la contraria. Porque, además, yo estaba allí porque me habían mandado (no por gusto, precisamente). Ya ha llegado el punto (que yo con mi pesimismo me venía esperando): -Esos cromatogramas no sirven para nada, hasta que no sepas que va mal. 

Todo el trabajo de junio tirado a la basura en apenas un segundo. Casi me echo a llorar en su cara. Y se ha dado cuenta (que es lo peor) y me ha mandado coger una pastita. Hasta ha tenido la gracia de decirme que aunque me llame Dolores, que me olvide de mi nombre y cambie la cara. (¡Lástima no tener un revólver: primero una bala a él y luego yo!). 

Hoy he vuelto a empezar. No sé si sacaré algo en claro de todo esto. Si finalmente habrá algo que defender de mi trabajo de máster. Bueno, siempre me quedará estudiar para agrónomo... ¿Llegarán las vacaciones o se las llevó San Fermín?

27 marzo 2012

Mi trabajo fin de máster

He decidido explicar cómo he hecho las fermentaciones para mi trabajo de fin de máster. En la foto podéis ver los matraces, sobre agitadores magnéticos, y lo que Leti llama matraces retorcidos en realidad no lo son. El matraz es la parte de abajo de vidrio: allí introduje 350 mL de mosto de las bodegas de Sarria, y lo que llamamos mosca, que no es más que un imán blanco. En contacto con el agitador magnético se puede conseguir agitar homogéneamente la reacción. La parte de arriba de vidrio ("los matraces retorcidos") se encaja en el cuello del matraz, y se añade agua destilada en las dos bolas, para evitar que entre oxígeno. Porque la fermentación del mosto, en la que los azúcares del mosto se transforman en azúcares del vino, se lleva a cabo en condiciones anaerobias. Además, las he mantenido a 22ºC en una estufa, porque es la temperatura óptima para que trabajen las levaduras, que ya expliqué en otra entrada que son hongos microscópicos que producen la fermentación.

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Mi trabajo todos estos meses ha sido controlar cada día cómo evolucionaba la fermentación. Cogía un poco de muestra, y medía su indice de refracción, por medio de tablas lo podía relacionar con la concentración de azúcares y con el grado alcohólico. A mitad de fermentación, cogía muestra, y al final (cuando la concentración es menor del 2,5%). Con la muestra mediré los aminoácidos y las aminas, que se producen en el metabolismo nitrogenado de las levaduras. También mido los compuestos volátiles: para ello, centrifugo la muestra para eliminar los sólidos, y paso el vino por unos cartuchos que retienen los compuestos volátiles, y que se recogen para medir en el cromatógrafo. No hay más misterio. Parece fácil, ¿verdad? :P

06 marzo 2012

Cromatografía



Hay un experimento químico muy sencillo pero interesante, porque buena parte de los métodos de análisis se basan en el principio del experimento...

Para hacer el experimento necesitas tizas cuadradas, un recipiente con un poco de agua (medio dedo...), y unos rotuladores. Es mejor que las tizas sean cuadradas para que se sostengan sobre su base, además: así tienes cuatro lados para tu experimento. Cerca del extremo, se pinta un punto gordo con un rotulador (lo puedes hacer en cada cara de la tiza de todas las tizas que tengas), y se coloca en el recipiente con agua con la parte pintada hacia abajo. El agua empezará a subir por la tiza (este fenómeno se llama capilaridad) e irá separando los distintos componentes de la tinta del rotulador. Por ejemplo, si has pintado con el rotulador verde, se separará en azul y amarillo (y puede que algún color más). Puedes observar la cantidad de componentes que tiene el rotulador negro..., a no ser que uses un permanente (solo verás que se corre el negro a lo largo de la tiza).

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¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué se separan los distintos colores en la tiza? En química lo llamamos cromatografía: la tiza es la fase estacionaria y el agua que sube por ella la fase móvil. Los componentes de la tinta del rotulador según sus características, tendrán mayor afinidad (estarán más a gusto) en la fase móvil (el agua) o en la fase estacionaria (la tiza). Los que estén más cómodos en la tiza se desplazarán poco, y se quedarán cerca de donde pintaste el punto, pero lo que tengan mayor afinidad por el agua se moverán más puede que hasta el extremo de arriba.

Fue un botánico ruso el que lo descubrió, consiguiendo separar pigmentos vegetales, y el que le puso el nombre: conseguía separar distintos “colores”. Desde entonces, la técnica se ha perfeccionado y existen aparatos y detectores, que no solo separan los componentes sino que los cuantifican. Así, yo estoy utilizando la técnica para ver los compuestos volátiles que tiene mi vino en un aparato que se llama gases-masas: pincho mi muestra, y dentro del aparato sube la temperatura para que los compuestos volátiles pasen a fase gaseosa (gases) y el detector “mide” sus masas, y así puedo identificar los compuestos que tiene mi vino y cuánta cantidad. Luego, usaré cromatografía líquida para medir aminas: en ese aparato el detector es de fluorescencia, yo lo que haré será añadir una sustancia que al unirse a las aminas las vuelve fluorescentes y así podré detectarlas y cuantificarlas.
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También existe lo que se llama cromatografía en capa fina, que la utilizan más los orgánicos de manera cualitativa, es decir, no para medir. Con un papel recubierto comercial, pinchan un poco de muestra al principio, a mitad y al final de una reacción, y así pueden ver si la reacción efectivamente ha ido bien o no.






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18 diciembre 2011

Los científicos del caos


Si algo tienen en común los científicos del caos es que eran inconformistas, que tenían curiosidad (bueno, esto creo que cualquier científico), que eran creativos y alguno hasta romántico: les gustaban las obras de Goethe,... En general, no se parecen en nada: físicos, matemáticos, meteorólogos, biólogos teóricos, psiquiátras, psicólogos,... Si algo les caracteriza es que no estaban cómodos en una única disciplina. May era biólogo pero le gustaban las matemáticas, Mandelbrot se dedicó a la economía, la ingeniería y las matemáticas, el grupo de la universidad de Santa Cruz tardó en doctorarse porque, aunque eran físicos, aún no existía la disciplina que estudiaban: una mezcla de matemáticas y de experimentos como el juego de la ruleta o un grifo goteante.

Además, estaban en contra de una visión reduccionista de la ciencia, estaban a favor de la interdisciplinariedad. Es cierto que la ciencia para entender el mundo, debe descomponer lo complejo en sus partes más simples, y así utiliza modelos simplistas. Pero no hay que perder de vista el conjunto global. Esto es lo que defendían los científicos del caos. No hay que quedarse en las partes, hay que avanzar hacia una comprensión más global y más total, y más realista, por otra parte...

Quizá por eso me gusta la teoría del caos. Que haya orden y armonía dentro de un aparente desorden, y que todo no sea tan sencillo como para explicarlo con un par de ecuaciones matemáticas deterministas... Queda lugar para la unión de las ciencias, para la filosofía, e incluso para la poesía si uno está inspirado,...

No soy una científica del caos, probablemente sus matemáticas y su física me superen totalmente. Pero soy una química a la que le interesa la edafología, la agricultura, la fisiología vegetal y que ahora se dedica a la enología... Ahora mismo me pondría a estudiar Ingeniería de Agrónomos, y puede que también Filología. Y encuentro dificultades para encontrar un tema de tesis que case todos mis intereses... (Sin contar con la cuestión económica en estos tiempos de crisis).

¿Le pido demasiado a la vida?

15 noviembre 2011

Enología: mi proyecto fin de máster

Nunca se me había ocurrido plantearme cómo de la uva se obtiene el vino... No soy muy alcohólica, y nunca me hice esta pregunta... Hasta que como proyecto de fin de máster he decidido meterme en enología, porque sí (que suele ser la manera en que acabo yo metida en las cosas...)

Después de leer Enología práctica de Émile Peynaud aprendí que el proceso por el que un mosto pasa a ser un vino es nada más y nada menos que una reacción química:       Azúcares del mosto +levaduras → Alcohol+ CO2
Las levaduras son hongos unicelulares que se encuentran en la piel de las uvas. En condiciones adecuadas de nutrientes y de temperatura, llevan a cabo la fermentación del mosto. Es decir, en ausencia de oxígeno transforman el azúcar de la uva en alcohol. Se llama la fermentación alcohólica.

Después, se suele producir la fermentación maloláctica llevada a cabo por bacterias, y que disminuye la acidez de un vino, consiguiendo un mejor acabado.

Al tratar de vinos, todo es importante: la cepa de la uva, la manera de vendimiar y la época de vendimia, el desraponado, la maceración, el envejecimiento en barrica, el embotellamiento,... En cada una de estas etapas es necesario cuidar la calidad del vino y que no se estropee. Se suele emplear como conservante y antioxidante el compuesto químico del SO2, que por un lado elimina las levaduras y bacterias cuando ya han realizado su función y por otro lado previene la oxidación del vino.

Actualmente se busca sustituir o al menos disminuir el contenido de SO2 porque, en algunos casos, produce reacciones alérgicas. En mi proyecto de máster, vamos a estudiar dos compuestos distintos. Una vez hayamos obtenido el vino en el laboratorio analizaremos aminoácidos y aminas biógenas para poder deducir cómo ha sido el comportamiento de las levaduras durante la fermentación. Y así, determinar si alguno de estos compuestos podría sustituir al SO2.