jueves, 11 de abril de 2019

Justo detrás de esa luz difusa

Casi de Rodrigo Manzuco es uno de los poemarios que más he disfrutado, tanto cuando lo leí en 2013 como ahora que lo he releído. Y mi máxima pena es que es su único libro por el momento...

Si de Átomos y galaxias me quedaba con los pájaros, de Casi rescato sobre todo la luz.


Vía


Milagro de luz


Una luz
ligera y tímida,
como un dios incorpóreo,
te da los buenos días.
Toca tu hombro blanco
con su mano de espuma,
susurra un hálito de voz
al tibio tímpano del sueño tuyo:
"Muchacho, a ti te digo:
levántate

                  y anda.

(Esta luz me pone los pelos de punta...)


Dirección

1.

¿Ves esa luz?, pues a la izquierda,
y tras dos decepciones y un asombro
sigue adelante hasta el final.
Lo encontrarás de frente.

2.

Si vas andando tardarás un poco,
pero no tiene pérdida.
Callejea lo que quieras
siempre que vayas dirección al Sur,
y encontrarás lo que andas buscando.

3.

Justo detrás de aquella luz difusa,
allí.

viernes, 5 de abril de 2019

Avecedario

En realidad el poemario de 2013 de Miguel D'Ors se se llama Átomos y galaxias. Que, como científica, no me puede gustar más. En el libro, los poemas están ordenados alfabéticamente según sus títulos, cosa bastante curiosa también. Son poemas poblados de pájaros, así que titular uno de ellos como Avecedario me parece brillante. Aquí, tal como prometía hace dos días, dejo algunos poemas avecedarios (enteros o fragmentos) que más me han gustado. 

Abubilla
Vía

¿A dónde irás, con esa cresta punki
y vuelo desgarbado,
a través del violeta pensativo
de esta tarde que muere, ¿en qué horizonte
se esconderá la cálida querencia
a la que ahora regresas en busca de reposo?
(...)

Arrendajo

Centinela del bosque, el arrendajo
advierte a toda la Naturaleza
tu llegada.
               Ese grito,
Vía
que desgarra como una cuchillada
herrumbrosa el silencio, significa
que un intruso está entrando en este espacio
puro.
       Tú que no eres
puro, tú que no eres hermano de los robles,
de las piedras musgosas,
de las aves que pían en ramas ignoradas,
del agua que, secreta, halaga las raíces,
no mereces vivir en este mundo;
tú no tienes derecho a entrar a la armonía
mientras no haya armonía dentro de ti. Detente;
vuelve a tu vida; deja en ella todo
lo que crees saber; busca de nuevo
la infancia, aquella luz
del corazón.
                  Con ella, acaso un día
puedas volver al bosque
sin que se sobresalte el arrendajo.

Perdón

Perdón pido a la vida por aquel
disparo con el que una mañana de verano,
allá en mil novecientos quizá cuarenta y nueve,
le arrebaté de golpe una oropéndola.

Cayó precipitadamente entre las hojas
Vía
ásperar y las gruesas ramas grises,
con algo de elefante, de la higuera
del Portal, donde, orondas de dulzura,
relucían al sol, tentadoras, las brevas.

Y quedó en la mañana
un extraño silencio que olía a pólvora.

Al cabo de los años, todavía
a veces veo en mi mano
aquella alhaja voladora, el velo
con que la muerte iba empañando sus ojos,
aquel rubí brotándole del pecho.

Perdón pido a la vida ahora que el tiempo
va expulsándome de ella,
ahora que sé el valor de cada vuelo,
de cada canto y de cada nuevo día.

Ojalá que estos versos tuvieran el poder
de alzar en esta página unas ramas de higuera
con sol y grandes brevas, y en ellas devolverle
al mundo una oropéndola.


miércoles, 3 de abril de 2019

Cada noche...



Suelo olvidarme:
necesito la poesía
si quiero soñar.

Nunca me había creído del todo que durante la escritura de la tesis te apetece de todo menos coger un libro. Y, sin embargo, hay días que salgo del trabajo con la cabeza como un bombo y no soy capaz de leer nada en el tren de vuelta. Otras veces me cuesta seriamente concentrarme en lo que leo, tanto que me planteo si he perdido mi concentración lectora y ahora solo sé leer en diagonal...

Así que cada noche intento leer un poco de poesía. De algo nuevo (Àlex Susanna y Miguel de Unamuno) o de algo viejo (Enrique y Jaime García Máiquez, Miguel d'Ors, Rodrigo Manzuco). Como siempre hay poemas que me llegan más que otros. Y como compartir es vivir, los iré trayendo por estos lares. Espero que los disfrutéis tanto como yo.


jueves, 21 de marzo de 2019

Química en la literatura: Primo Levi


Que la nobleza del Hombre, adquirida tras cien siglos de tentativas y errores, consistía en hacerse dueño de la materia, y que yo me había matriculado en Química porque me quería mantener fiel a esta nobleza. Que dominar la materia es comprenderla, y comprender la materia es preciso para conocer el Universo y conocernos a nosotros mismos, y que, por lo tanto, el Sistema Periódico de Mendeleev, que precisamente por aquellas semanas estábamos aprendiendo a desentrañar, era un poema, más elevado y solemne que todos los poemas que nos hacían tragar en clase; pensándolo bien hasta rima tenía. Que si buscaba el puente, el eslabón que faltaba, entre el mundo de los papeles y el mundo de las cosas, no tenía necesidad de ir muy lejos a buscarlo: estaba allí, en el Autenrieth, en aquellos laboratorios nuestros llenos de humo, y en nuestro futuro oficio.
Así explica Primo Levi en El sistema periódico cómo se decantó por estudiar la Química. En el prólogo a la edición que leí de su Trilogía de Auschwitz por Antonio Muñoz Molina (El testigo sin descanso) habla de lo difícil que es clasificar a Primo Levi... Era judío de nacimiento pero no religioso ni particularmente sionista. Había escrito libros pero él mismo aclara que nunca se hubiera convertido en escritor de no ser por Auschwitz. Y también y ante todo, era químico. Porque para él no era solo una manera de ganarse la vida sino que formaba parte de su identidad:
La Química era para Levi una vocación que implicaba una ética y también una estética: la ética del trabajo bien hecho, en el que se ponen los cinco sentidos, al que se dedican las fuerzas mejores de la inteligencia; la estética de la claridad y la precisión, antídoto contra las retóricas embusteras y las palabrerías infecciosas del fascismo, y contra las vaguedades y las indulgencias de la literatura.
Químico de día, escritor de noche: muchas veces Primo Levi dijo de sí mismo que se veía como un centauro, una criatura que es dos cosas a la vez y no acaba de ser del todo la una ni la otra.
Precisamente la química le salvó la vida en Auschwitz, ya que fue seleccionado para trabajar en un laboratorio y eso le permitió estar a resguardo del crudo invierno. Así lo cuenta en el primer libro de la Trilogía, Si esto es un hombre:

- Me he doctorado en Turín el 1941, summa cum laude- y, mientras lo digo, tengo la exacta sensación de no ser creído, a decir verdad no, lo creo yo mismo, basta mirar mis manos sucias y llagadas, mis pantalones de forzado con costras de fango. Y sin embargo soy yo mismo, el doctor de Turín, es más, particularmente en este momento es imposible dudar de mi identidad con él, puesto que el depósito de recuerdos de química orgánica, incluso después de la larga inercia, responde a mis instancias con inesperada docilidad; y, también, esta ebriedad lúcida, esta exaltación que siento cálida por mis venas, cómo la reconozco, es la fiebre de los exámenes, mi fiebre de mis exámenes, aquella espontánea movilización de todas las facultades lógicas que tanto me envidiaban mis compañeros de facultad.
He disfrutado mucho sus libros, sobre todo Si esto es un hombre y El sistema periódico. Más que recomendados. 

domingo, 24 de febrero de 2019

Capítulo 6: El discípulo amado

Bueeeeeeeeeeno, pues ha llegado la hora de continuar esta serie mayormente imaginada alrededor de la figura medieval de Alberto Magno. Este capítulo estaba destinado a ver la luz el 28 de enero pero la vida es compleja y mi autoestima fluctúa. Helo aquí como sexta entrega de esta saga, ya dejo de darle vueltas a si lo escrito es bueno o malo y lo dejo a juicio del lector.


(...) de Santo Tomás sólo se podría hacer un plano, como el plano de una ciudad laberíntica.
Chesterton


Le gustaba dar clases en el Estudio General de la Orden en París, le gustaba la interacción con los alumnos, revivir su época de estudiante y pasar de nuevo por todas las etapas de adquisición del conocimiento. Además, nunca desesperaba de encontrar a alguien con el que compartir su insaciable hambre de sabiduría. Porque hay que reconocerlo, la mayoría estaban allí para aprender lo básico, ninguno mostraba interés en ir más allá de Agustín de Hipona y de Platón. Es más, no era infrecuente que se escandalizaran del contenido de sus lecciones, si no se andaba con cuidado.
Y entonces, se fijó en un alumno del fondo de la sala. Aquel de imponente tamaño y de silencio aún más imponente. Nunca participaba en los debates ni hacía preguntas, pero muy mal profesor había que ser para no captar en sus ojos la atención y concentración de todo su ser. ¿Sería aquel…?
Empezó a encargarle pequeñas tareas que lo obligaran a salir de su mutismo. Como efecto secundario, sus compañeros se fijaron más en ese muchacho grande y desmañado que tenía una mirada especial. Su nombre era Tomás, aunque lo llamaban el Buey Mudo: se pensaban que tenía problemas de aprendizaje y que por eso el maestro Alberto le favorecía. Movido por la lástima, uno de los hermanos novicios se acercó a explicarle un día la lección. Cuando llegó al punto de mayor dificultad, con voz amable fue el propio Tomás el que le explicó a él resolviéndole todas sus dudas.
Otra vez quisieron burlarse de su candidez diciéndole que había un burro volando, y riéndose de Tomás que se giró a mirar. Pero la risa no les duró mucho… Tomás explicó apaciblemente que prefería creer que un burro volara a que un hermano dominico se riera de él.
Pero no aprendían… Y un día Alberto estalló: “Lo llamáis Buey Mudo, pero yo os digo que este buey mugirá tan fuerte que sus mugidos llenarán el mundo”. Sonó más profético de lo que quería haber sonado. La expresión de Tomás era indescriptible, se parecía un poco a la de un niño pillado por sorpresa, que no sabe muy bien cómo reaccionar para dejar de ser el centro de atención.
Desde entonces, Alberto lo tuvo claro. Era a él a quién estaba buscando. Fue el amigo y compañero que estaba esperando. Es verdad que Tomás nunca se interesó en disquisiciones de filosofía natural, pero con su inmensa capacidad era capaz de hacer fácil lo difícil, sin desanimarse en la descomunal tarea de cristianizar las teorías aristotélicas para el bien de la Iglesia.
Y su intuición resultó acertada como cuando debieron acudir a Roma a defender a las órdenes mendicantes. Tomás brilló en su exposición y refutación de las acusaciones que había presentado Guillermo de Saint-Amour. Non est discipulus super magistrumSufficit discipulo, ut sit sicut magister eius, pero en este caso y gracias al Dios Altísimo, vaya si Tomás había superado a su maestro humano, no dejaba de pensar Alberto. Aquel día Tomás salvó la existencia de los dominicos.
Por eso, le afectó mucho enterarse de su muerte. “Tantum elevatur viae meae a viis vestris”, es muy difícil entender qué se propone Dios Nuestro Señor cuando se lleva a semejante hombre tan pronto a su divino Reino.
Apenas tres años después de la muerte de Tomás, su querido Buey Mudo, ya estaban destrozando la obra que había llevado a cabo. Entonces fue Alberto el que se dirigió de Colonia a París para defender al discípulo amado, aquel que había crecido más que su maestro. Fue una manera de devolverle tantos favores y de darle las gracias por tanto como hizo en vida.
Fuentes
La luz apacible, Louis de Wohl
Santo Tomás de Aquino, Chesterton
Imagen vía

viernes, 22 de febrero de 2019

Un homenaje a un lector muy especial

Esta entrada lleva muchos años en el tintero de los borradores sin empezar. Y no sé por qué me cuesta arrancar a escribirle unas líneas a... un lector muy especial. Me lleva acompañando desde que tenía un año. Me cuentan que fue mi primer relaciones públicas en el parque: él establecía el primer contacto con los otros niños, y yo después me unía al juego. Hemos compartido horas incontables construyendo casas para los Kinder o inventando historias de bolas locas y de dinosaurios que conseguían a veces darme miedo. Hemos creado concursos y canciones de viaje aburridas (como la de los los mantecados y pastelillos Viuda de Astorga, ejem, ejem). Le copié su idea de pintar un hórreo, y no sé cuántos llegamos a dibujar. San Marcelo, el abuelito Gumer, las Nochebuenas encantadas... Siempre ha sido una persona muy especial. Jugando a palabras encadenadas jamás usaría en su turno "rata" o "ratón" ¡pudiendo decir "ratificar"!, ¡a dónde vamos a llegar! Hemos leído Harry Potter a la vez, y me refiero a los dos compartiendo el mismo libro, hombro a hombro, esperándonos a que el otro hubiera acabado de leer para pasar de página. Eso sí, yo no le acompañé en su periplo por Amadís de Gaula, o El conde de Montecristo en francés..., mucho menos por el Quijote de Avellaneda. Recuerdo cuando me adelantó en los estudios de física, y cuando leía Historia del Arte para formarse el gusto como arquitecto. Pero cambió de parecer y se fue a estudiar Ingeniería a Donostia. Desde allí seguía cuidándome, a su manera única e irrepetible. Hemos hecho juntos el Camino de Santiago. Hemos compartido música.

Y como siempre aparece poco y de refilón en este blog, camuflado en poemas como Estrella fugaz o Echando cuentas..., hoy que cumple años he decidido dedicarle esta entrada. Porque sí. Porque se lo merece. Porque desde los inicios del blog ha estado ahí, apoyando, muchas veces en silencio, otras aportando su granito de arena: animándome a escribir, "quejándose" del descenso (o directamente parada) de mi ritmo de publicación. Porque probablemente es mi lector más fiel, publique la tontería que sea. Aunque también ha habido momentos épicos como cuando ganó La Ardilla de Oro. Y es que es un crack, y una gran persona leal y humilde y con un corazón que no le cabe dentro. ¡Feliz cumpleaños Jose! Per molt anys!



martes, 1 de enero de 2019

¡Feliz Año Internacional de la Tabla Periódica!

Para celebrar 2019, una selección de mis tablas periódicas favoritas:


Mi primera tabla periódica, hace tiempo desaparecida por uso extensivo


La cortina de ducha que desea todo químico. Eso sí, que esté actualizada con los nuevos elementos superpesados

Esta tabla es puro amor <3

Pongámonos serios con la señora tabla periódica de la IUPAC

Y como bonus track mi charla en BCNspiracy sobre la Guerra Fría en la tabla periódica (minuto 53 en adelante):