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02 noviembre 2024

Diez cosas que me salva(ro)n la vida + un bonus track

La verdad es que todos los valencianos y los que vivimos en la terreta solo tenemos una cosa en la cabeza... Sin embargo, como ya tenía esto escrito por mi cumplevida, le doy al botón de publicar.


No he resuelto mi duda lacerante. Puede que nunca lo haga… Así que para mi decimotercer cumplevida se me ha ocurrido compartir, por si sirviera a mis hermanos en la sombra, aquellas cosas que a mí me salva(ro)n la vida hace 13 años, el día que no morí.

La primera es muy obvia: la terapia farmacológica y la psicoterapia (en concreto, la reestructuración cognitiva). Aquí es un momento perfecto para dar las gracias, una vez más, a mis increíbles psiquiatra y psicóloga que, como escribí en los agradecimientos de mi tesis eterna, están siempre disponibles y no permiten que pierda el rumbo ¡incluso en un doctorado!


Bueno, la segunda también es muy obvia: las relaciones tanto familiares como de amistad. Y, sé que esto no es para todo el mundo, pero al final estoy hablando de mi propia experiencia y en mi historia también la relación con lo trascendente (o El Trascendente) ha sido cimiento ante el colapso total de mi existencia: forma parte de mi identidad y negarlo es no aceptarme ni quererme.


La tercera, el blog. ESTE blog. En el que llegaba a publicar varias entradas al día: ¡cuatro el día que acabé en Urgencias e ingresando en Psiquiatría! Pasé 26 días en planta en los que publiqué un total de ¡28 entradas!: (a)poesía, reflexiones, divulgación científica… Creo que se puede decir que me sostuvo en una de las peores épocas de mi vida.


La cuarta, la poesía. Volví a leer poesía, algo que había dejado de hacer en la adolescencia. También comencé a vomitar mis sentimientos en formato verso (mis apoesías). ¡Y, por supuesto, la literatura en general! Qué le voy a hacer, soy un ratón de biblioteca desde que aprendí a leer, y leo y leo sin parar.


La quinta, Twitter, como mi red social por excelencia. La de buenos ratos y amigos que me brindó la era pre-Musk.


La sexta, la divulgación. Por fin me lancé a contar por qué me gustaba la ciencia y qué tenía de tan apasionante y bella. Este blog, Twitter, los eventos presenciales me han regalado tanta VIDA que no sé cómo condensarla en palabras.


La séptima, dejar (un poco) de lado mis temores y atreverme con pequeños retos (grandes para mí, para que vamos a engañarnos…). Desde el carnet de conducir, a pesar de que no haya vuelto a conducir después del examen (queda aún mucho trauma). Hasta dar charlas cada vez delante de un público más numeroso. También cosas más prosaicas como hacer nuevas amistades y aprender a cambiar mi punto de vista sobre el mundo.


La octava, dedicar tiempo a averiguar qué cosas me gustaban. Por ejemplo, la música: nunca me había planteado qué música me gustaba de verdad. Y llegó el indie a mi vida: Love of Lesbian, Supersubmarina, Vetusta Morla, Manel,... con los primeros conciertos a los que asistí. Fue la temporada en la que me enganché a una serie de TV por primera vez (gracias NCIS por tanto jajaja).


La novena, empezar a quererme. Abrazar a la friki que llevo dentro y dejarle sacar todo su potencial (para, entre otras cosas, explicar los fluidos comprimidos con Superman, o Supercrítico para los amigos). ¡Oh!, y dejar sacar toda la tontería a mi niña interior (preguntadle a Carmen por mis locuras diarias). Más importante aún: experimentar la gratuidad de que me quieran por quién soy, sombras incluidas.


La décima, empoderarme de mi enfermedad o trastorno para que no me defina en negativo. Soy una superhéroe, como una de cada cuatro personas. He tocado fondo varias veces, he luchado contra toda esperanza (queriendo creer sin ser capaz de hacerlo que para mí también habría un “y vivieron felices”), me he levantado y me he vuelto a caer, he dado vueltas en la misma rueda y sigo aprendiendo todos los días a vivir conmigo de una forma más sana.


Incluyo la última cosa como bonus track porque no formó parte de la recuperación de mi primer episodio depresivo. Sin embargo, me acompañó en el descenso a las profundidades de una recaída y también en la lenta escalada a la normalidad. Postcrossing y amigos postcrossers, no sé qué habría hecho sin vosotros.

02 noviembre 2023

12 cumplevidas y una duda lacerante :(:

Dedicado in memoriam a Ion

Aún no tengo claro si quiero o no publicar esto que he escrito. No he resuelto mi dilema, así que en parte lo publico para que tú, querido lector y/o lectora, me ayudes a desentrañarme.

El año pasado, apenas un mes después de mi undécimo cumplevida, me llegó la noticia de una muerte por suicidio de una persona. Había perdido el contacto hacía muchos años y nunca habíamos sido realmente cercanos. Pero sí lo suficiente como para tener su contacto y puede que esta persona también conservara el mío. Por eso, recordé todo el bombo que le había dado el 2 de noviembre anterior a celebrar mi cumplevida y me pregunté si esta persona lo vio y cómo le pudo afectar. Esa es la duda lacerante que me acompaña desde diciembre del año pasado: compartir mi alegría y mi agradecimiento, ¿ayuda o hace daño a la gente pasando por una situación complicada? Siempre pensé que salir del armario de la salud mental era positivo para las que me escucharan, al menos siempre he hablado de lo que a mí me hubiera gustado saber aquel 2 de noviembre y en otros momentos de "abismo". Ya no lo tengo tan claro...

Perdonadme, vosotros, hermanos en la sombra, a los que es posible que haya hecho daño. Y, por favor, necesito vuestra opinión.🙏

En esta fecha me gusta siempre decir que si hoy estoy aquí es porque tres de cada cuatro personas me convirtieron en superhéroe. Esa es la fuente de mi agradecimiento. Pero, a la vez, también quiero que sea fuente de reivindicación "profética". Hace poco leí Pageboy del actor Elliot Page y apunté la siguiente cita:

No debería tener que humillarme con esa gratitud. ¿Estoy agradecido? ¡Pues claro! Pero todo el mundo debería tener acceso a una atención médica vital (...)

Pues eso: atención médica vital YA para todos.

Identidad visual de SALUD MENTAL ESPAÑA para el Día Mundial de la Salud Mental 2023 (vía)


 


02 noviembre 2022

11 cumplevidas

 Quizá el año pasado era mejor momento de ponerse moñas que este, que al fin y al cabo no es un número tan redondo. Pero si algo voy aprendiendo es que la vida y una misma tienen otros tiempos a los marcados por números y redondeces. Total, que me apetecía celebrar por aquí que hace 11 años que no morí. 

En Twitter he convertido en una tradición celebrar la vida cada 2 de noviembre recordando el poema de John Donne. Este año lo incluyo también por aquí para explayarme mejor porque estos 11 años han sido alucinantes*.

Ese alucinantes lleva asterisco, porque sí, ha habido momentos y momentos y más momentos (y más y más y más y prometo que ya paro...). Sin embargo, en general estoy muy feliz del camino recorrido: de la curva de aprendizaje y autoconocimiento, del desarrollo de herramientas, de todas las personas que estáis en mi vida, de los logros y las limitaciones, de tanto y tanto cariño. Puedo decir que, aunque no lo sabía ni podía imaginar entonces, hace 11 años, empecé a vivir. Y estoy inmensamente agradecida.

Pero hoy, además de expresar este agradecimiento, quiero denunciar (otra vez) el estigma que rodea a las enfermedades mentales y al suicidio. Porque recientemente he tenido que aguantar escuchar que, frente al sufrimiento de la vida, el suicidio es la vía fácil. Y por ahí no paso. Ni. De. Coña.

Sé, porque recuerdo como era yo antes de decidir suicidarme, que es muy difícil comprender que lleva a una persona a tomar ese camino. Que, por regla general, nos consideramos incapaces de llevar a cabo esa acción. ¡Y es cierto! Ni siquiera sé si yo hubiera sido capaz de hacerlo aquel aciago 2 de noviembre porque antes de intentarlo ingresé en el hospital. No tiene sentido darle vueltas a si, finalmente, lo hubiera hecho o no, porque lo cierto es que no pasó. Pero, la diferencia es que yo sé que, con la presencia de ciertos ingredientes, sí podría encontrarme de nuevo en una situación en la que fuera capaz de intentarlo y conseguirlo.

En esa conversación argumenté que no era una decisión libre. Había quien no lo entendía porque al final eres tú quien realiza la acción final. Me contestaron que, precisamente, por la ausencia de libertad era la decisión fácil. Yo mantengo que no hay libertad en uno o en su opuesto: es decir, no hay libertad para decidir si sí o si no.

¿Puede un enfermo de cáncer decidir si la quimio le hace efecto o no? ¿Puede un diabético autorregular sus niveles de glucosa en sangre por pura decisión libre? ¿Puede un esquizofrénico dejar de oír las voces en su cabeza en pleno brote psicótico porque lo decida? No. Lo que sí pueden hacer es tomar la medicación. Ya si funciona o no, escapa de sus posibilidades.

Pues yo mantengo que las personas depresivas tampoco eligen oír esa voz interior que les incita a acabar con su vida. Tolstoi lo describe fenomenal: 

Me venía la idea del suicidio de modo tan natural como antes los pensamientos para mejorar la vida. La idea era tan seductora que tuve que usar argucias contra mí mismo para no realizarla con demasiada precipitación.

Ojalá vosotros, queridos lectores, nunca hayáis tenido ese pánico de encontrarte un día en tu cabeza con esa idea de matarte que a duras penas puedes controlar. Porque yo recuerdo el día que quise cruzar el semáforo en rojo, una idea de la que apenas fui consciente hasta estar moviendo mis pies en dirección a la carretera (recordaré siempre el lugar en que ocurrió). Y también recuerdo cómo le di a la directora de mi Colegio Mayor las pastillas antidepresivas porque no sabía si se me iba a "ir la olla" y tomármelas porque sí. Y, por supuesto, recuerdo esa compulsión tan fuerte que casi puede conmigo de saltar por la ventana o hacer cualquier cosa que acabara con mi vida y de ese esfuerzo por distraerme leyendo de la torrefacción de la biomasa, una y otra vez las mismas líneas.

Me gustaría transmitir y remarcar que, antes de pasar mínimamente a mi consciencia, fue algo que se me ocurrió así, de golpe, sin haberlo buscado ni pensado antes (que yo recuerde), y que se me representó con tanta fuerza que me sentí llamada a hacerlo aun antes de ser consciente de que ese pensamiento estaba en mi cabeza sugiriéndome acciones "automáticas".

No. No creo que se pueda elegir apagar esa voz en tu cabeza que te dice que eres la causa no solo de tus propios sufrimientos inenarrables, sino de los que provocas en las personas que te quieren. No se puede elegir no escuchar que sobras en este mundo, que estaría mucho mejor sin ti, que sin ti se acaba el sufrimiento de tus seres queridos. No puedes elegir no estar convencida de que eres un error de Dios (si eres creyente).

Así que tengo clarísimo que a una persona en esas circunstancias no le puedes hablar de libertad y de decisiones fáciles. Es verdad que cada persona es un mundo, y mi experiencia es única e intransferible, pero ¿sabéis qué fue lo más consolador que me dijeron en los 26 días que estuve ingresada? Simplemente que las ideas de muerte y suicidio eran un síntoma grave de la enfermedad que tenía.

Yo no era un bicho raro, una chica con pocas luces, estaba totalmente tarada o era una pecadora irredimible. Yo me encontraba inmersa en una enfermedad terrible. Y punto. No sé si os podéis imaginar qué sensación de alivio me inundó. Y eso fue a lo que me agarré cuando me puse a leer sobre la torrefacción de la biomasa para no saltar por la ventana.

Yo no me “salvé” por ser fuerte, por tomar una decisión “libre” que me alejara de la vía “fácil”. No. Yo estoy hoy aquí, publicando este texto, porque tuve en 2011 (y en los años de después) una red de apoyo familiar y de amigos y porque pude tener acceso a sanidad privada. Punto. No puedo juzgar a las personas que no han tenido mi “suerte” (joder, NO es suerte, debería ser un derecho contar con atención sanitaria universal de calidad). No puedo y no lo haré.

Tampoco quiero que esto parezca como que yo era una santa, víctima de prejuicios de la sociedad o de mi propia historia. Lo cierto es que yo era insoportable en esta época. Mi hermana Carmen, que entonces tenía 13 años, me tenía miedo hasta para darme un recado como “la comida está lista”. Yo pasaba de la ira descontrolada al arrepentimiento más feroz por haber actuado de forma tan irracional causando daño en la gente. Tenía las emociones a flor de piel, de manera que podía contradecirme de minuto a minuto según me dictara la emoción predominante en mí en ese momento. Era una persona super absorbente, que exigía atención, comprensión y cariño casi continuo. También quería que me dieran la razón porque ¡yo la tenía (en mi cabeza)! Era el resto del mundo quien se equivocaba. Y, por supuesto, en mi decisión de suicidarme hubo también rabia y rencor, aunque lo que sobresale más en mi recuerdo es el hecho de no poder más, no ser capaz ya de seguir afrontando pequeñas cosas que me resultaban tareas titánicas lejos del alcance de las fuerzas que yo ya no tenía.

Por eso, vuelvo al origen de lo que pretendía ser este texto: expresar mi agradecimiento a las personas que permanecieron a mi lado. A las que siguen, a las que se tuvieron que alejar para no verse arrastradas en mi montaña rusa, a las que yo aparté por motivos totalmente ilógicos, a las que he conocido después y que me han acompañado posteriormente en otros momentos críticos (ver los enlaces de arriba, del asterisco de los alucinantes 11 años).

Así que ¡basta de hablar de mí! Este undécimo cumplevida quiero poner el acento en vosotros. En los que me acompañáis cada día en este periplo. En los que me habéis convertido en superhéroe. Porque os puedo decir con IZAL que 

si me vuelvo a quedar desnuda y muerta en la calle y si me vuelve a atrapar la vida entre sus fauces, regresaré a aquel lugar, el día en que me salvasteis cuando os hicisteis hogar y estabais en todas partes.

Y es que si creo tener algo claro es saber qué personas forman parte de mi hogar y a quiénes puedo realmente acudir cuando todo se tuerce y, peor aún, cuando soy yo la que me tuerzo. 

Aunque más que la canción de IZAL, hoy prefiero dedicaros esta otra canción: GRACIAS POR TANTO.


Nos seguimos viendo en la vida y espero que en muchos cumplevidas más. Un abrazo inmenso. GRACIAS POR SER PARTE DE MÍ.

P.D.: El otro día leí esto sobre el suicidio que os puede interesar :) Repensando la prevención del suicidio

22 octubre 2018

Séptimo cumpleblog: otra vuelta al Sol, ¡y van siete!

Estamos con la cuenta atrás de la segunda edición de BCNspiracy... y justo ahora este blog cumple 7 añazos: 7 años de Blogger, 7 años de Ununcuadio en las redes, 7 años de las mejores cosas que me han pasado en esta vida... Así que sí, es toda una fiesta a celebrar :)

Y además me viene bien pasar revista a los últimos 365 días para ser objetiva y darme cuenta de que no todo ha sido tan oscuro como me parece. Ha habido muchos días de M, es verdad, y qué bien me ha venido desahogar todos esos pensamientos destructivos que me asaltan con las amistades, con la tesis, cuando doy charlas, cuando estoy cansada, cuando me come la angustia, cuando me muero de miedo a la recaída o a las vías del tren.

Pero también ha sido un año repleto de libros sensacionales como Los relojes tienen un horario que cumplir, The Coming Plague, El nacimiento de una especie, Primates, La vida heroica de Marie Curie, Abrir en caso de Apocalipsis, Las guerras del uranio, Los días iguales, Tierra, ¿Nos estamos volviendo locos?.

Ha sido un año de escribir ciencia en historias apasionantes como los heliostatos de Rjukan, aventuras con el agua pesada en la Segunda Guerra Mundial, el virus y los murciélagos de Marburg, el arte de la ingeniería de las Strandbeests, cacharrear para hacer un refresco de uva a lo Breaking Bad, temas más relacionados con mi tesis como la joya de la corona (proteica) o Juego de tronos de... microscopios, pasando por contestar a la pregunta Naukas 2018 o participar en el #retoNaukas11F con una de mis científicas favoritas. Y mandarle otra carta a mi abuela sobre las distintas demencias.

Ha habido experiencias alucinantes como los meetup de Barcelona Fun Science, o el de Postcrossing. Por no hablar del honor de haber sido invitada al instituto Manuel Vázquez Montalbán con motivo del Día de la Mujer y la Niña en Ciencia y jugar con sus alumnos a aprender más de la vida de Hipatia de Alejandría, Hedy Lamarr, Dorothy Crowfoot Hodgkin y Josefina Castellví. ¡Y participar en #Naukas18 después de dos años sin ir! Precisamente el título de "Muerte no seas creída" viene de atreverme a darle una tercera mano al soneto sacro X de John Donne.

Y es que también ha sido un año repleto de poesía con Gloria Fuertes en defensa del taco, con José Luis Tejada, y con consejos para (futuros) poetas de Fernando Ortiz y Stefan Zweig y un par de haikus a destiempo (Camino del ferro y Primavera).

Nos hemos atrevido a contar cuentos breves (La mujer del paraguas verde, Sole y Fru, El cartón de leche) y a hacer el payaso por Navidad (¡Feliz Navidad! y Una escalofriante historia (II)). 

En Twitter lo hemos dado todo con #unacitadiaria, citas como las de Domingo de Gloria Fuertes.

Y como faltan 4 días para BCNspiracy, dejadme que os dé la brasa un poquito... Ha sido un año en el que, por una temporada, me desvinculé del proyecto, pero ¡he vuelto! Y me "estrené" de nuevo presentando las charlas que participaron en el Festival de la Ciència de Barcelona y haciendo de jurado en el pre-evento de Vil·la Urania porque BCNspiracy es siempre un no parar. Así, este año hemos lanzado por primera vez un crowdfunding para poder redondear un programa de lujo. Es un gustazo poder organizar un evento tan chulo con gente tan involucrada en el día a día. Ahora ya con los nervios previos para que todo salga bien e incluso superemos nuestras expectativas más optimistas. Con muchas ganas de darlo todo y de disfrutar. Con la ilusión de que mi hermanísima dará su primera charla de divulgación científica. Y yo también hablaré de la Guerra Fría en la tabla periódica. Y oye, después de haber tenido el lujo de ensayar con algunos de los ponentes de esta edición os lo digo de corazón: vais a flipar :D Stay tuned.

Moles de gracias por estar ahí, haciendo mi mundo un poquitín más luminoso, moláis mucho.

Vía





19 julio 2018

Dar una charla con depresión

Echando un vistazo atrás..., no hay charla que no haya dado hasta arriba de medicación. Desde el día de 2012 en el que se me ocurrió apuntarme a Tesis en 3 minutos para presentar mi trabajo fin de máster a la próxima charla que daré si todo va bien en Naukas Bilbao 2018, me ha acompañado la paroxetina, y en la mayoría la mirtazapina y el clonazepam. Eso sí, me estreno con lamotrigina. Pastillas rules. 

Sin haber pasado por mi episodio depresivo grave de 2011 no se me hubiera ocurrido nunca  (remarcado y con negrita) presentarme voluntaria para hablar en público. Podía soñar (¡y lo hacía!) con atreverme un día pero no me lanzaba a intentarlo o a poner los medios para conseguirlo. 

De hecho, las dos primeras veces que di charla lo pasé fatal y no sé cómo me comí el coco a mí misma para participar en Naukas 2013... Sé que me preparé a conciencia y que sufrí bastante, pero una vez en el escenario me dio un subidón de los buenos buenos, me sentí de repente arropada por el cariño de los naukers y del público. ¡Eso sí que fue una absoluta pasada! Pero lo mejor es que no fue un hito aislado sino que desde entonces con sus más y sus menos he disfrutado TODAS y cada una de las charlas que he ido dando, de ciencia y no tanto y con públicos de lo más variado. Quiero destacar los dos Ignite en los que he participado, porque ensayar con gente que domina la oratoria y con compañeros oradores es de lo más apasionante y agradecido cuando por fin te subes al escenario y lo das todo. Además de que me han permitido dar mi charla más personal de todas. 

La charla que más he sufrido fue en el Naukas Passion for Knowledge, en el Teatro Victoria Eugenia de Donostia. Ese verano habíamos dado por finiquitado mi episodio de 2011 y habíamos ido retirando poco a poco la medicación. Pero llegó la vuelta al cole y la presión por irme de estancia a Marburg... y empecé a caer en picado, con el resultado de que fue preciso ponerme nuevamente pastillitas. Solo que los antidepresivos requieren un tiempo de semanas o meses para que se note su efecto, así que no estaba para nada protegida cuando me tocó hablar. Fue durillo, el público no se reía de mis ocurrencias ni de las payasadas de mi hermana, al principio no era capaz de controlar el mando de las diapositivas..., y un largo etcétera. Eso sí, había sido una gran idea plantearse una charla a dúo con alguien tan de confianza como Carmen, que me apoyó en los ensayos y en la realización final, en la que yo sentí que ella se hacía cargo de las miradas de ese público tan serio, mientras yo pasaba desapercibida a su lado. 

Creo que podemos resumir todas estas ideas de manera que me ayuden en las siguientes charlas en Bilbao, BCNspiracy y Escèptics al pub: ¿cómo dar una charla con depresión?

1. Echarle huevos.
2. Prepararse mucho. No está de más asistir a cursos de hablar en público o al menos pedir ayuda a un profesional.
3. Ensayar y si es posible con público.
4 (y quizá más importante). Rodearse de gente querida que te apoye desde y fuera del escenario.


07 abril 2017

El día que no morí

Dios sabe cuántas veces me voy a la cama con el deseo, incluso con la esperanza, de no volver a despertar, y por las mañanas abro los ojos, vuelvo a ver el sol y me siento miserable. (Las penas del joven Werther, Goethe)
Son muchas las causas de un suicidio, y, de una manera general, las más aparentes no han sido las más eficaces. La gente se suicida rara vez… por reflexión. Lo que desencadena la crisis es siempre incontrolable. Los diarios hablan con frecuencia de “penas íntimas”, de “enfermedad incurable”. Son explicaciones valederas. Pero habría que saber si ese mismo día un amigo del desesperado no le habló en tono indiferente. Ese sería el culpable, pues tal cosa puede bastar para precipitar todos los rencores y todos los cansancios todavía en suspenso… (Camus, en el prólogo de Carlos Seco Serrano a Vuelva usted mañana)
Para una persona que padece una enfermedad mental no hay nada más aterrador que un sentimiento. Positivo o negativo, eso da igual; sigue teniendo la capacidad de volvernos la cabeza completamente del revés sin dar la menor pista de cómo enfrentarnos a él de forma racional o razonable. (James Rhodes, Instrumental)
Vía
Era un día como otro cualquiera en la larga sucesión que me conducía lenta e inexorablemente al infierno de Dante (Lasciate ogni speranza...). Yo estaba irritable, insoportable para mí misma, y alguien pensando en animarme me dio una noticia que me sobrepasó. Me sentí incapaz de afrontar un nuevo reto en mi vida, y ya que mis oraciones no habían sido escuchadas, nada ni nadie parecía capaz de ayudarme, y yo sencilla y llanamente no podía más..., tome la decisión de suicidarme.
Dio la impresión de que yo aceptaba que nada iba a funcionar y que, por tanto, había tomado la decisión de suicidarme, y esa aceptación me procuró la sensación de libertad más increíble.
Lo mejor de querer suicidarte es la energía que sientes después de decidirlo: como si te hubieran dado alas después de haber avanzado penosamente por arenas movedizas durante varios años. (James Rhodes, Instrumental)
León Tolstoi. Vía

La vida se me había hecho insufrible. Una fuerza inexpresable me empujaba a liberarme de ella de algún modo. No puedo decir que deseara matarme. La fuerza que me alejaba de la vida era más fuerte, más plena, que cualquier otro deseo. Se parecía a mi antigua aspiración por vivir, sólo que iba en dirección totalmente contraria. Con todas mis fuerzas ansiaba abandonar la vida. Me venía la idea del suicidio de modo tan natural como antes los pensamientos para mejorar la vida. La idea era tan seductora que tuve que usar argucias contra mí mismo para no realizarla con demasiada precipitación. No quería apresurarme porque antes haría todos los esfuerzos posibles para desembrollarme. Si no lo consigo, siempre estaré a tiempo, me decía. Y así yo, un hombre feliz, retiré la cuerda de mi habitación donde cada día me quedaba solo al desvestirme para no colgarme del travesaño que había entre los armarios, y dejé de ir de caza con rifle para no caer en la tentación de liberarme tan fácilmente de la vida. Ni yo mismo sabía lo que quería: tenía miedo de la vida, intentaba huir de ella y, al mismo tiempo, esperaba algo de ella. (León Tolstoi, Confesión)
Ahora me hace gracia y me parecen hasta tiernos mi inocencia y candor. Como ya me habían asaltado ideas de muerte que me dejaban extenuada de miedo, no tenía en mi poder el cóctel de ansiolíticos y antidepresivos que estaba tomando. Solo contaba con una caja de Ibuprofeno y decidí usarla esa noche. ¡Alma cándida! En caso de que no funcionara, me escaparía a medianoche de mi Colegio Mayor y buscaría un edificio bien alto para tirarme. Ahora bien, la logística de la escapada y qué edificio del campus de la Universidad de Navarra o de Pamplona sería adecuado para una buena caída y accesible de madrugada, ni se me ocurrió pensarlo. Simplemente decidí matarme, y elegí el medio, y elaboré un plan B por si no me funcionaba.
Aquí hay un narcisismo y una lástima por mí mismo de manual. Ahora lo percibo. Sin embargo, cuando estás metido en ello, cuando sientes que te ahogas en esa mierda y todo parece de lo más real, no ves las cosas con perspectiva. En la depresión, el trauma, el estrés postraumático, como queráis llamarlo, no queda espacio para la realidad. Mi mundo se había desmoronado y solo cabíamos yo, mis delirios y mi ego. No me quedaba otra opción que irme de este mundo. Uno de los malentendidos más peligrosos sobre el suicidio es que nadie sabe que, para aquellos que lo están contemplando, casi siempre constituye una elección absolutamente válida. Se parece un poco a estar muerto de hambre, tras no haber comido durante días, y llegar de pronto a un restaurante en el que lo único que sirven es algo que odias hasta decir basta y que antes no te habrías comido ni loco, pero no tienes otra opción. Lo pides, te lo comes, te lo metes en la boca con las manos lo más deprisa posible y no paras hasta que estás a punto de desmayarte. La realidad de mi situación tal como yo la veía, y mi febril cabeza, habían empezado a agitar los cimientos de mi autosuficiencia, hasta el punto de que el poder y el lujo de tomar decisiones se me habían hurtado. (James Rhodes, Instrumental)
James Rhodes es uno de mis grandes héroes, y Laura una de mis grandes amigas
This girl I know at school had anorexia three years ago, when she was fifteen. Her dream was of wasting away to nothing- like a dried leaf in the wind, was what she said, just fading gently into death and everyone pitying her and blaming themselves afterwards for not understanding her. (The Children Act, Ian McEwan)
(...) trying to explain the paradoxical logic that becomes the norm when you are depressed is very difficult. (Marc Zeller, The Humanology Project)
Así que, ya más tranquila y serena, mandé un mensaje de SMS que venía a decir algo similar a "ya no puedo más. Esta noche me suicido". Sí, así de surrealista. Después me puse a leer o a hacer otra cosa parecida hasta que llegara la hora de poner en práctica mi decisión. Que nunca llegó, porque la receptora de mi SMS se plantó en mi habitación tremendamente agobiada e intentando convencerme para que acudiéramos a un médico. De mi NO inicial, pasamos a un "solo hablaré con mi médico de cabecera", le llamamos por teléfono pero no estaba disponible. Recuerdo que la enfermera o persona que me cogió me preguntó que si estaba bien y necesitaba algo, porque yo lloraba cual Magdalena mientras le hablaba. De ahí, aún no sé cómo, me convenció para ir a Urgencias, siempre con mi condición de no hablaré con nadie que no sea mi médico de cabecera. Le tocó a ella explicarle a las enfermeras que me traía porque me quería suicidar, e incluso cuando llamaron a la psiquiatra de guardia y me pasaron a consulta, ella tuvo que contar mis problemas porque yo no iba a hablar porque no era mi médico de cabecera. La psiquiatra la hizo salir para hablar conmigo, yo hablé poco, me negué a contarle mis planes de suicidio, pero me reafirmé en mi decisión. Y entonces me ofreció una alternativa: puedes irte y hacer lo que tienes pensado, o quedarte, ingresar voluntariamente y que te ayudemos. Vale, ahora sé, que si hubiera continuado en mis trece, hubieran llamado a un juez para ingresarme a la fuerza. Pero entonces no lo sabía. Fui capaz de razonar que, dar otra oportunidad a la vida no estaba tan mal... Sabía que iba a ser un camino duro, que la opción más directa era el suicidio, pero supongo que pudo mi instinto de supervivencia. Acepté ingresar.
Quitarle la posibilidad de elección es una de las cosas más aterradoras que le puedes hacer a alguien. (James Rhodes, Instrumental)
Mi informe médico habla de mi ingreso por "episodio depresivo grave con ideación autolítica estructurada" (aunque esa ideación fuera tan débil como una caja de Ibuprofeno y un edificio no identificado). Eso significaba una habitación con cámara para que desde el control de enfermería vigilaran que no intentara acabar con mi vida. El único sitio no vigilado era el cuarto de baño pero estaba cerrado con llave y tenía que pedir que me lo abrieran para usarlo (y luego lo cerraban). Aparte de eso, la política de la planta era hacerte una revisión de maleta para guardar en el control cualquier cosa electrónica (móvil, ordenador), cuchillas para depilarse, cargadores y demás cables, etc. Jolín, nunca se me hubieran ocurrido a mí sola tantas formas de matarme. Yo ingresaba tarde (para los horarios de hospital), me dieron la cena en mi cuarto y... no querían hacer la revisión de mi equipaje (que me habían preparado y llevado del Colegio Mayor) hasta el día siguiente. Me ofrecieron un camisón pero yo quise que me dieran un pijama de los míos. Era la primera vez que me ingresaban, estaba sola, vigilada, sin posibilidad de comunicarme con el mundo exterior, sin nada mío en mi poder más que la ropa que llevaba puesta. Al menos quería dormir usando mi propio pijama.

Recuerdo cuando me dijeron que se acababan los "privilegios" y que tenía que ir a comer al comedor de la planta con el resto de pacientes y hacer las terapias de grupo, etc. ¿Yo, con los locos? Perdonad la expresión pero estaba ACOJONADA en ese mundo nuevo para mí... Pronto me daría cuenta de que los locos no existen, los que sí existían eran personas normales y corrientes con enormes sufrimientos que conmocionaron mi vida para siempre.
El grupo de individuos más raro y variopinto que se pueda imaginar, pero todos ellos eran absolutamente adorables. (James Rhodes, Instrumental)
En cada turno de enfermeras, me asignaban una, y me preguntaban por mis ideas de muerte y de suicidio. Y yo no entendía nada, y no me sentía entendida: ¿acaso no había tomado la decisión de ingresar voluntariamente en vez de cumplir mis planes de suicidio? ¿Por qué me venían rallando con ideas de muerte? En fin, me pasé esos 25 días convenciendo al equipo médico de que ya estaba bien y de que me tenían que dar el alta y punto, o en palabras de James Rhodes: "Asumió las riendas una persona completamente nueva cuya única misión era salir de ese puto sitio."
Jaime Gil de Biedma. Vía
Jaime Gil de Biedma: - Yo tenía miedo a encontrarme suicidado antes de poder reaccionar. Entonces, lo que ideé… Cuando uno ha llegado a un cierto nivel de crisis de depresión obsesiva, en que la conciencia racional se desintegra, lo primero que ocurre es que no sabe muy bien lo que quiere y lo que no quiere; y cuando uno ya establece diferencias claras entre lo que quiere y lo que no quiere, está muy cerca de perder el sentido de lo que ha pasado y de lo que no ha pasado. Entonces, lo que hice fue autoinducirme una idea, inocularme una idea que me hiciera reaccionar histéricamente: crearme la idea de que yo ya me había suicidado.
Federico Campbell: - Lo cual era falso
Jaime Gil de Biedma: - Lo cual era falso, pero me la inoculé, y reaccioné a la idea de suicidio, o a la idea de que había intentado suicidarme, como si fuese un hecho cierto. Ese poema está escrito precisamente para no suicidarme, para conjurar el miedo que tenía a suicidarme, para darme por suicidado ya, como se ve en la última parte, donde hay una alusión bastante clara. Cuando escribí esa alusión al suicidio, tuve un ataque de pánico que me duró tres días. (entrevista Jaime Gil de Biedma o el paso del tiempo, el poema al que se refiere es Después de la muerte de Jaime Gil de Biedma)
Evidentemente, el alta no era la solución. Seguía teniendo ideas de matarme tan fuertes como para pensar que se me podía ir la olla sin darme cuenta. Mi método fue... ponerme a estudiar como una loca. Toda una tarde leyendo sobre la torrefacción de la biomasa. No fue mi mejor trabajo en el máster, pero esa tarde de la que no recuerdo la fecha exacta, me salvó la vida de alguna manera.

Me pasé ese curso luchando contra todo y contra todos. Por sacarme las asignaturas, por hacer el trabajo fin de máster, por aprobar el carnet de conducir, por enterarme de cómo era el Alzheimer que tenía mi abuela, por cambiar el mundo peleándome y debatiendo por Internet, empezando un blog random en el que vomitar (literalmente) todo lo que pasaba por mi cabeza de ciencia, poesía, elucubraciones mentales y vitales... Nueve meses más tarde, volví a ingresar, solo una "semana de vacaciones" por mi bloqueo mental con los plazos del trabajo fin de máster. Y entonces di mi primera charla en público sobre poesía, hablando sobre Enrique García-Máiquez, Miguel d'Ors,... Y después me marqué un speech en el que les dije a los pacientes que eran mis héroes, que su lucha y superación del día a día me habían inspirado y que muchas gracias por todo. Era el germen de una charla que daría años después, en la que ver cómo les cambiaba la cara con mis palabras fue absolutamente precioso. Me gustaría dedicarles este post a esas personas y tantas más que no conozco, como un homenaje especial este 7 de abril, y disculparme públicamente si les hice daño sin querer por meterme en camisa de once varas con mi maldita rebeldía.

Aquí esta la famosa charla que me costó preparar y atreverme a darla 5 años

Fueron tiempos complicados. No soy la única persona del mundo que pensaba que los locos existen. Y te toca escuchar cosas tipo:
Ojalá estas viñetas no fueran necesarias...
- Ah, yo tuve una depresión cuando murió mi padre, pero... nunca llegué a estar ingresada. (Me alegro infinito por ti, pero creo que no estás entendiendo la gravedad ni las implicaciones de lo que te estoy contando).
- Bueno, va, ya está bien, ya has llorado bastante, para ya... (De verdad, que me encantaría poder controlar los síntomas de mi depresión pero si pudiera... quizá no tendría una depresión).
- ¿La depresión de Dolores es endógena o exógena? (Tal como explicó mi psiquiatra esa clasificación está un poco desfasada, y en cualquier caso: ¿qué importa? La ayuda la necesito igual).
- ¿Quién piensas que sufre más, tú o las personas de tu alrededor? (Ja, esa me la sé. Yo viví muy de cerca la depresión de alguien muy querido, y no es ni una gota de lo que estoy pasando ahora. Créeme, no se lo deseo ni a mi peor enemigo que no tengo... Ahora, tras haberla pasado, quizá añadiría una tercera categoría: haber pasado por una depresión y que alguien cercano a ti la pase y sepas bastante exactamente la mierda por la que está pasando y te sientes super impotente).
- Joder, ¿por qué la gente que se suicida no busca un lugar en el que no fastidie, en vez de tirarse a las vías del tren y provocarme un retraso de horas? (Quizá puedas pensar en la desesperación y soledad que siente una persona para vencer el instinto de supervivencia y quitarse la vida, y tratar de empatizar en que quizá, solo quizá, no sea capaz de pensar en tu pequeño retraso sino en acabar cuanto antes con un sufrimiento invivible).
- ¿Acaso quieres que te trate de manera diferente? (Eh... si te refieres a que soy peor por mi depresión, no estoy dispuesta a aceptarlo: tengo mis limitaciones como todo el mundo. Y quizá mis limitaciones te puedan hacer pensar en que todo el mundo SIN EXCEPCIÓN tenemos necesidades especiales que se manifiestan en distintos momentos de nuestra vida).

Mi vida después de la depresión. Llena de tesis, de Naukas, de Hablando de Ciencia, de Ignite, de nuevos amigos, de retos en forma de charlas o presentación del evento Desgranando de Ciencia. Pero siempre, siempre, acompañada de mi familia.
Pero no me puedo quejar. La mayoría de gente que me ha acompañado me ha empujado siempre hacia adelante. Gracias, Teresa, por llevarme a ingresar el 2 de noviembre de 2011. Gracias a mi familia por estar a mi lado en los momentos difíciles, cuando mi irritabilidad os daba miedo. Gracias, mamá, por sostenerme y abrazarme (aunque yo no me dejaba abrazar mucho) en esos momentos oscuros en que la desesperación me agarraba, y por no soltarme hasta que no me quedaban sollozos ni lágrimas por echar fuera. Gracias a los profesores de máster que me inspiraron, gracias a mis compañeros de máster, y en especial a Silvia, que siempre me animó y me ofreció ayuda cuando yo veía que no iba a ser capaz de acabar. Gracias a mi actual jefa que me contrató aún sabiendo la cantidad de medicación que tomaba, y a toda la gente que tras contarle mi historia me ha apoyado y me ha obligado a enfrentarme a mis miedos para sacar lo mejor de mí misma (¡supercríticas al poder!). Gracias a mi psiquiatra y a mi psicóloga. Gracias a todos los que me acompañaron de cerca y de lejos, y que me dieron la confianza de acabar contando mi historia en público. Gracias porque estoy aquí por vosotros.

Y hoy os quiero contar un pequeño secreto que me ha quedado claro tras mi ingreso y estos 5 años: tendré mis recaídas, mis movidas, ¡mis montañas rusas!, pero voy a cambiar el mundo, y va a ser un lugar mejor. Por eso, hoy, hablemos de depresión.

De mayor, yo quiero ser así. Y lo conseguiré :)

Esta entrada participa en la convocatoria de Next Door Publishers :)

22 octubre 2016

Quinto cumpleblog: strip-tease emocional

Querido blog:

Hacemos cinco años juntos, ¡qué barbaridad! Y lo celebramos desde Alemania, en nuestra primera estancia de doctorado en el extranjero. Este último año, hemos publicado un total de 12 entradas:

1- Un nuevo y loco fregao: #igniteBCN3. La charla de ¡Supercrítico al rescate! fue una gran experiencia, y la charla que más he disfrutado hasta entonces en mi corto historial: probablemente por los ensayos que coordinaba Julia Pardo, y por el buen rollo generado con el resto del equipo Ignite y de compañeros ponentes, ¡y los vínculos que se crearon! 

De hecho, de ahí nació la red de contactos de BCNspiracy. Es verdad que venía tocada de #Naukas15 donde Iñako había animado a expandir los eventos de divulgación de la ciencia por otros lugares, y en concreto mencionó Cataluña. Y que Óscar que había pasado por Barcelona para asistir al Campus Gutenberg también había hecho hincapié en los recursos de una ciudad como esta, y de que de menos salió Desgranando Ciencia. Así que, cuando se me acercó un igniter (de la primera edición) y me dijo que habría que montar un Ignite de ciencia…, ya fue la gota que colmó el vaso. También el hecho de conocer a PantomakaBCN a través de las desvirtualizaciones de Elena Saiz y Joan Carles Montero. Total, que empezamos un grupo de Facebook, y yo a contactar con catalanes divulgadores de mi TL, y convocamos una reunión informal, que no salió como esperábamos, pero fue nuestro punto de partida. Después de Navidad, retomamos el tema y así despacito, pero con buena letra, vamos intentando sacar este proyecto adelante. Entre toda la gente que está en el equipo y que ha sido un placer conocer, quiero destacar a mi equipillo de coordinación, especialmente Simón y Pablo porque son mucho más que un apoyo en todo (no solo en BCNspiracy), y a Mar y Agatha de Artistas en la ciencia. Esperamos dar mucho que hablar más adelante ;)

3- Pío Baroja para el #CarnavalTertuliasCiencia2016. Me alegro de haber propuesto al menos un libro, porque el toro me ha pillado tanto que no estoy participando en las ediciones, ni en Los engaños de la mente ni ahora en Orígenes. Desde aquí les mandamos un cariñoso saludo a todos los que están participando, sacándolo adelante y haciendo disfrutar tanto. ¡Volveremos, compañeros! (espero).

4- #WomeninStem: Maria Goeppert-Mayer, en la que nos uníamos a la iniciativa #WomeninSTEM, también desde Hablando de Ciencia con Josefina Castellví.



7- Para verte aquí en Granada un día más, y para variar Desgranando Ciencia, fue un pasote de experiencias, aunque con la espinita de no poder compartirlas en vivo y en directo con mi inseparable Ununpentio. También hay que contar que en enero me eligieron presidenta de mi querida Asociación Hablando de Ciencia y me tocó hablar en la inauguración (marrones que te caen...).

8- Ah, no hay que llorar que la vida es un carnaval, dando la bienvenida a la Edición Cerio del Carnaval de Química que volvimos a acoger por aquí durante junio.

9- Los quimicocineros de la Edición Cerio, ya que nuestro tema estrella era la química de la cocina.

10- Fin de la Edición Cerio: ¡pero la fiesta continúa! Y luego echamos una mano con la Edición Praseodimio acogida en Hablando de Ciencia. También participamos desde Next Door con una entrada de Química Verde.

11- Poema para #DiaMundialdelAlzheimer, porque septiembre lo dedicamos completamente al Alzheimer con poemas y cartas y fotos por Twitter y Facebook.


La producción de entradas no es para echar cohetes, lo reconozco. Hombre, he estado metida en otros proyectos... como Somos científicos, ¡sácanos de aquí! Pero aún así... Querido blog, ¿es que lo nuestro ha dejado de funcionar? Hoy que es nuestro aniversario no vamos a engañarnos: nuestra Arcadia fueron los años 2011 y 2012, siendo generosos, hasta 2013. Pero no va a regresar. Y no es cuestión de que tengamos más tiempo sino de las situaciones que vivimos. Porque no sé si teniendo el mismo tiempo que en esos años, realmente estaría llenando tu espacio de más y más entradas. Creo que siendo sinceros esa explosión tuvo que ver más con mi situación personal: llevaba tantos años callando, que a partir del 22 de octubre de 2011, empecé a vomitar todo lo que me reconcomía por dentro (ciencia, a-poesía, libros, paranoias varias, debates…). Eran unas fechas "especiales", y he pensado que aprovechando nuestro quinto cumpleblog ha llegado la hora de contar nuestra historia DE VERDAD, de acabar este strip-tease emocional que hemos ido haciendo durante este último año.

¿Cuándo empezó todo? Mmmm…, puede que fuera “culpa” de Laura Morrón. Porque otra noticia emocionante de este año es que he empezado a colaborar con Next Door Publishers. Y en mi primera entrada conté mi experiencia con hipotiroidismo autoinmune, y Laura Morrón (que es una crack) me propuso entrevistarme  a modo de podcast para que contara las anécdotas más personales. No sé si quedó registrado en la última versión que se publicó, pero Laura me preguntaba por qué al notar los síntomas de cansancio, tristeza, de no poder más…, no acudí a un médico. Me quedé un poco cortada porque no me lo esperaba, y salí por la tangente. Pero tenía la sensación de que había quedado a medias esa entrevista. Quizá no estaba preparada para contarlo entonces, pero la realidad es que no fui al médico porque ya estaba a tratamiento por depresión y para mí aquellos eran los síntomas habituales, que aunque hacía meses que no notaba, para rato se me iba a ocurrir que era la tiroides y no mis dichosos hábitos mentales. Bueno, esta inquietud de contarlo, de no quedarme más a medias, llevaba tiempo haciéndose grande en mi interior, a raíz de leer cosas como Un año de amor, o Robin Williams y el estigma (que, por cierto, el actor tenía una grave enfermedad, demencia de cuerpos de Lewy), o La crónica más introspectiva de Desgranando Ciencia 2014; y también por encontrarme en el metro carteles como este:
Poco a poco, a lo largo de los años, había ido cristalizando en mí la idea de plasmar mis experiencias con la enfermedad mental en una charla. Claro, que cuando lo pensaba, siempre era en un futuro lejano… Pero, un día conversando con Julia Pardo, le confesé que me gustaría hablar en un Ignite sobre qué es la depresión, cómo es vivirla y quitar un poco el estigma de padecer una enfermedad mental. Total, que Julia me ofreció la oportunidad de dar esa charla en el siguiente Ignite, el 31 de mayo, y yo me quedé paralizada de terror. Pero una de las cosas que he aprendido en estos años es que si quieres hacer algo en tu futuro, mejor que lo hagas ahora, en tu presente. De ese tipo de decisiones, nació nuestra relación, querido blog. Y me comprometí a hablar en el #IgniteBCN5.

Por fin, el 31 de mayo di mi Una charla de vida y muerte, en la que contaba mis síntomas iniciales de ansiedad y tristeza (en segunda persona para involucrar a mi público). Seguía con algo de estadística según la OMS: una de cada cuatro personas tendrá un trastorno de salud mental a lo largo de su vida. Lo que lo convierte en un problema muy real y cercano a todos: si no la padecemos nosotros, tendremos cerca a alguien pasando por ello. La mayor causa de atención psiquiátrica en el mundo es la depresión, y uno de los síntomas que marcan la gravedad de esta enfermedad son las ideas de muerte y de suicidio. A partir de ahí, escogí dos ejemplos literarios que me marcaron en su momento, Anna Karenina y el joven Werther; para seguir con las estadísticas: por cada persona que se suicida, hay veinte más que lo han intentado. También conté cómo tener una enfermedad mental cambió mi visión sobre los enfermos mentales: de “locos de manicomio” a superhéroes escondidos que cada día se enfrentan a sus peores pesadillas ¡y las vencen! Una de cada cuatro personas es un superhéroe oculto pero las otras tres pueden marcar la diferencia. O al menos la marcaron en mi caso.
El momento en el que mostré al mundo que también soy una superhéroe oculta. Foto de Freddy Davies
El 2 de noviembre de 2011 (apenas 11 días de haberte abierto, querido blog) yo ingresaba en la planta psiquiátrica por un Episodio Depresivo grave con ideación autolítica estructurada. Tú fuiste parte de mi ¿salvación?, de mi ¿terapia? Hay entradas escritas desde el hospital, entradas escritas en mis momentos más bajos, en mis momentos de lucha por… vivir, sacándome un máster con 60 mg de paroxetina, 30 mg de mirtazapina y 1,5 mg de clonazepam. ¡Y lo conseguimos! Y después también logramos un trabajo en Barcelona, con la posibilidad de hacer la tesis, que era mi sueño de por aquel entonces. Y durante esos años divulgamos sin parar, y entramos en Hablando de Ciencia, y en Naukas. Y finalmente acabamos dando charlas de divulgación, y el 31 de mayo de 2016 una de enfermedades mentales… De hecho, ahora que caigo en la cuenta, hemos dado tres charlas durante este último año ¡con la misma camiseta supercrítica! qué guarros que somos.  Pero esta charla del #IgniteBCN5 fue una auténtica pasada: primero por el apoyo de todos mis amigos que acudieron a verme, después porque conecté con el público de una manera increíble: ¡los metí en mi historia! Algunos lloraron, otros querían salir a abrazarme... ¡Casi no me dejan acabar la charla cuando dije que somos superhéroes! Y al acabar, recibí lo que según August Pullman (en Wonder):

Everyone in the world should get a standing ovation at least once in their life because we all overcometh the world

Hay algo que me entristece siempre, y es cuando anuncian por la megafonía del cercanías que hay un retraso por arrollamiento, y más todavía si la gente refunfuña y hace comentarios de "ya podía haber elegido otro sitio". Y es que estoy segura de que sin la persona que el 2 de noviembre de 2011 me llevó a Urgencias, yo podría haber sido una de ellas, y no os imagináis (salvo que lo hayáis vivido) la angustia, soledad y tristeza que te lleva a pensar en quitarte la vida. Por eso, sé que si he llegado tan lejos (y llegaré más aún, lo tengo claro), es por todas esas personas que me ayudan a ser un superhéroe. Si las empiezo a nombrar no acabo nunca... Familia, amigos, divulgadores del 2.0 que cada vez más pasan a mi 1.0: a todos vosotros GRACIAS. No hay moles en el mundo para pagaros lo que sois para mí.

Y por eso, aunque publique menos y nada por aquí, querido blog, sigues en pie (online), y sigo volviendo por aquí, buscando nuestra Arcadia, pero una que no implique el sufrimiento de 2011... Porque pienso que nuestra historia de amor es insuperable, con todas las evoluciones que hemos ido viviendo desde hace cinco años, y que nos han llevado a compartir nuestras "entradas" más personales: el hipotiroidismo, la depresión, y el Alzheimer de mi abuela. Querido blog, ¡feliz cumpleaños!, y que sean muchos más los dos juntos, en esta espiral de crecimiento y evolución (como Darwin manda).



25 octubre 2015

Un nuevo y loco fregao: #igniteBCN3

Todo empezó el 6 de julio de 2015, cuando Alfred López (aka @yelqtls, o Ya está el listo que todo lo sabe) dio una charla en el segundo evento Ignite de Barcelona titulada 'Lost in translation', que como en todas las charlas de Alfred estuvo repleta de curiosidades narradas con amenidad y sentido del humor. Estuve en el evento como asistente junto con Pablo Ortiz y Simón Perera y tras trollear un poco por Twitter y decidir que faltaba representación científica en el evento, hicimos un juramento de sangre en el metro, con nuestra Inedit, obsequio de la Antigua Fábrica de Cerveza Damm.

En realidad, si me remontó a la prehistoria de noviembre de 2012, desde la sección de Lo Mejor de la Semana de Hablando de Ciencia, llegué a disfrutar de la charla de José Vaqué en el Ignite de Valencia.

Pero volvamos a 2015, no quise dejar correr el tiempo y olvidarme de mi promesa así que el mismo 8 de julio enviaba mi propuesta de charla para un próximo Ignite. Y unos meses después me confirmaban que podía ser oradora del tercer Ignite Barcelona, ¡¡¡WIIIIIIIIII!!! Poco después desvirtualicé a las organizadoras, a antiguos oradores, y a algunos de mis nuevos compis oradores.

Cuando te apuntas a movidas varias, los deadlines siempre parecen lejanísimos, pero luego llega el monstruo del tiempo y empieza a devorar días, y acabas entregando tarde los guiones, los Power Point, perdiéndote ensayos o llegando tarde. En fin, este miércoles 28 de octubre a las 19:30 en la Antigua Fábrica de Cerveza Damm, tienes una cita con 9 oradores muy, muy curiosos e interesantes. Te lo digo yo que les he escuchado a casi todos en el ensayo y no te hago más spoiler... Conócenos en el Facebook del Ignite y en vivo y en directo este miércoles 28. Puedes adquirir tu entrada a través de Ticketea o en taquilla el día del evento: y no te olvides que podrás consumir toda la cerveza que quieras y puedas tragar gratis durante el evento.

Ahí estaremos Simón Perera y yo (Pablo que trabaja y no puede venir... ¡te echaremos de menos compañero de pacto!) hablando de ciencia, junto a otro monologuero neurocientífico finalista de Famelab, sí estoy refiriéndome a Barreche en Twitter. Pero se tocarán otros temas muy interesantes como videojuegos, creatividad, supervivencia, arquitectura, deportes, educación y enseñanza,... Yo, para variar, hablaré de fluidos supercríticos, pero mi discurso será muy diferente: ten en cuenta que tengo solo 5 minutos para hablar con 20 diapos que cambian automáticamente cada 15 segundos. Y sí, estoy muy nerviosa, y sí, me encantaría veros a todos este miércoles.