El proceso vital conlleva de por sí limitaciones, y aunque no podamos evitar del todo alguna que otra limitación, sí podremos atajarla y contrarrestarla ampliando al máximo nuestra esfera de intereses.
(Elias Canetti)
Quiero forzarme a no olvidar. Hace hoy cuarenta y seis semanas que la DANA se llevó por delante tantas, demasiadas vidas. Quiero no olvidar que las supervivientes siguen bregando por volver a una nueva "normalidad". Y me lo voy a recordar cada semana los martes de la mejor forma que se me ocurra.
No es la primera vez que menciono en este blog la canción Hogar de IZAL. Ya solo el título lleva a todas las personas que perdieron su hogar la noche del 29 de octubre de 2024. Cuántas personas que acabaron en una nueva casa en la que intentarían obligarse a no pensar y a dejar atrás los viejos malos sueños del trauma. Ojalá también con la esperanza de si me vuelvo a quedar desnudo y muerto en la calle y si me vuelve a atrapar la vida entre sus fauces regresar al día en que también fueron salvados y hubo personas, quizá desconocidas, que se hicieron hogar y estaban en todas partes. Ojalá, sobre todo, haber sido y ser hogar así en la vida de otros.
Quiero forzarme a no olvidar. Hace hoy cuarenta y cuatro semanas que la DANA se llevó por delante tantas, demasiadas vidas. Quiero no olvidar que las supervivientes siguen bregando por volver a una nueva "normalidad". Y me lo voy a recordar cada semana los martes de la mejor forma que se me ocurra.
Estaba pensando en otros artistas que escucho para no repetirme en esta serie de Desde el barro (Vetusta Morla, WOS). Una que disfruto mucho últimamente es Valeria Castro. Su El cuerpo después de todo es un canto de la experiencia de ser mujer que, en parte, me lleva a pensar en la dana del 29 de octubre de 2024 porque ¿cómo queda el cuerpo después de todo lo vivido entonces y desde entonces?
El 29 de octubre dejó los sentimientos y sufrimientos de tantos a flor de piel y ojalá mirar esa piel desnuda de los demás con ternura, por si las otras personas encuentran difícil hacerlo consigo mismas...
Quiero forzarme a no olvidar. Hace hoy cuarenta y dos semanas que la DANA se llevó por delante tantas, demasiadas vidas. Quiero no olvidar que las supervivientes siguen bregando por volver a una nueva "normalidad". Y me lo voy a recordar cada semana los martes de la mejor forma que se me ocurra.
Cuando sientas que el olvido ya colmó tus venas es un verso de la canción Melancolía de WOS. La melodía es muy alegre, pero la letra me transporta al ambiente que respirábamos en Valencia a partir de la noche del 29 de octubre de 2024: esta ciudad 'tá gris; la muerte en cada esquina;atados a este caos que no entiende nadie más.
Además, efectivamente no hubo bueno ni malo cuando cae la noche (solo voluntarios que volvían cansados y llenos de barro y las víctimas que quedaban cómo podían sin luz y sin servicios básicos). También la cobardía,antagonía de mi gente (que se empeñó en sobrevivir y en ayudarse). Incluso me resulta acertadísimo ese los barrios hacinados, pá, no cabe un alfiler, hace tiempo nuestros sueños tienen precio de alquiler porque no es solo nuestra realidad en la ciudad desde antes de la DANA, sino que sirve para denunciar la especulación inmobiliaria que edifica en zonas inundables y la situación insostenible de tantas familias que quedaron sin casa ese 29 de octubre.
En fin, sobre todo, quiero quedarme con el consejo del artista en Melancolía:
Cuando sientas que el olvido ya colmó tus venas
y la vida marche gris, amarga o desabrida
recordá esa mano amiga que sirve de abrigo
alejándote del frío al que invita la pena
Con la serenidad del todo pasa
y bajo la luz veraniega de una luna sepulcral
te encontrarás con aquello que, ya al verlos, son tu casa
Quiero forzarme a no olvidar. Hace hoy treinta y siete semanas que la DANA se llevó por delante tantas, demasiadas vidas. Quiero no olvidar que las supervivientes siguen bregando por volver a una nueva "normalidad". Y me lo voy a recordar cada semana los martes de la mejor forma que se me ocurra.
Dándole vueltas a mis canciones favoritas sobre memoria y recuerdos, se me ha venido esta otra a la cabeza que no necesita la temática recurrente de Desde el barro para que la conecte inmediatamente con la DANA.
La dana dejó 1.100 kilómetros de la red local de carreteras afectadas, 154 puentes y 218 pontones con diferente grado de afectación.
Y, sin embargo, la dana también nos dejó el 'Puente de la solidaridad' porque, como canta Vetusta Morla: los puentes que nos unen no están hechos de madera, nunca arden, no colapsan, no los hundirán con piedras.
Sí, los puentes que nos unen nos nacen de las manos: las que fueron a limpiar y a reconstruir desde el primer día.
Esos puentes son abrazos que llevaban mucho ahí cuando llegamos.
Porque los puentes son un verso de este salmo desde el barro y cada uno de ellos seguirá aquí tras nuestra partida.
Aprovecho para avisar de que las próximas dos semanas no habrá entrega de esta serie. Podría dejarlas programadas (como de hecho ya las tenía...), pero, ya que me voy a desconectar de las redes ese tiempo, desconecto también el blog estos días. Ojo, la memoria de las víctimas y de lo sucedido el pasado 29 de octubre no la desconecto... Solo que estas dos semanas la vivo en silencio.
Quiero forzarme a no olvidar. Hace hoy treinta y seis semanas que la DANA se llevó por delante tantas, demasiadas vidas. Quiero no olvidar que las supervivientes siguen bregando por volver a una nueva "normalidad". Y me lo voy a recordar cada semana los martes de la mejor forma que se me ocurra.
Casi me alegro de que mi abu ya no se haya enterado de la dana de octubre de 2024: hubiera sufrido tantísimo... Aún sabiendo que sus nietas "valencianas" estábamos bien. ¡Si estuvo preocupada por el huracán Katrina a más de 1500 kilómetros de su hijo viviendo en Estados Unidos!
Mi abu era de rezar el rosario todos los días y siempre decía, un poco presumiendo, que un misterio era por sus nietos. Yo solía tomarle el pelo con que no nos llegaba ni un Avemaría por cabeza... Estoy bastante segura de que estos meses hubiéramos sido en su corazón las "protagonistas" de ese misterio de su rosario diario.
Bajo el nombre Alzhéimer escribí una de mis experiencias más traumáticas de 2024 con mi abu y que es la que comparto este martes. También bajo el nombre Alzheimer canta Pedro Guerra su preciosa canción. Por eso, los uno hoy aquí.
Quiero forzarme a no olvidar. Hace hoy treinta y cuatro semanas que la DANA se llevó por delante tantas, demasiadas vidas. Quiero no olvidar que las supervivientes siguen bregando por volver a una nueva "normalidad". Y me lo voy a recordar cada semana los martes de la mejor forma que se me ocurra.
La memoria y el perdón me parece un temazo. Suelo decir que, si tengo alzhéimer (y en la familia vamos por la tercera generación de mujeres: mi tatarabuela con demencia senil, mi bisabuela y mi abuela con alzhéimer), lo primero que quiero olvidar es el mal que me hayan hecho. Porque no quiero que lo que me quede dentro sea rencor. Prefiero recordar todo lo bueno, ya que, además, sobrepasa con creces lo malo.
Es verdad que dudo de si es oportuno hablar del perdón, y desde luego cuesta, cuando no ha habido justicia (y sigue sin haberla) para las víctimas de la DANA. Además, últimamente leo bastante rechazo a perdonar como "valor" impuesto por el cristianismo del que uno se quiere desvincular. De todas formas, esta entrada no es para convencer a nadie de nada. Simplemente me gusta la versión de perdón de la canción Reina de Miss Caffeina, entendido como una liberación del pasado:
Voy a liberarme, voy a dejar de odiarte, voy a pensar que la culpa no fue tuya y perdonarte. Voy a prender fuego a todos los recuerdos, voy a matar los demonios que se enredan en mi pelo.
A mí es una actitud que me ha ayudado mucho y sigo en mi tarea personal de matar los demonios que se enredan en mi pelo.
Quiero forzarme a no olvidar. Hace hoy veintinueve semanas que la DANA se llevó por delante tantas, demasiadas vidas. Quiero no olvidar que las supervivientes siguen bregando por volver a una nueva "normalidad". Y me lo voy a recordar cada semana los martes de la mejor forma que se me ocurra.
En varias de las entregas de Desde el barro más recientes aparece el echar de menos. Canta Supersubmarina en su De las dudas infinitas que como te echo de menos no hay en el mundo un castigo.
Aunque, en realidad, esta semana me fijaba en más versos de su canción: todoel tiempo que ya llevamos perdido es solo un punto pequeño en el cielo del olvido. Veintiocho semanas son solo un punto pequeño en el cielo del olvido.
Pero veintiocho semanas deberían ser más que suficientes para que todo el daño que tengo y lo que ya hemos sufrido tiene que servir de algo para que hayas aprendido. Y no sé, seré pequeña (desde luego, mido entre 1.55 y 1.56 metros, así que muy grande no soy) y de las dudas infinitas porque no acabo de ver que el daño y sufrimiento de las víctimas de la DANA haya servido y hayamos aprendido... La semana pasada lo comentábamos entre varias personas: queda demasiado por hacer, el dinero prometido por las administraciones no llega...
La canción de Supersubmarina acaba con que la luna no se apaga, que su luz siempre nos guarda. Me recuerda al poemaLes claus de Àlex Susanna que, a su vez, me recuerda a mi abu. Con lo cual, cierro estos apuntes de hoy tal como empecé: echando de menos.
Quiero forzarme a no olvidar. Hace hoy veintiuna semanas que la DANA se llevó por delante tantas, demasiadas vidas. Quiero no olvidar que las supervivientes siguen bregando por volver a una nueva "normalidad". Y me lo voy a recordar cada semana los martes de la mejor forma que se me ocurra.
Me gusta mucho la canción Gigantes de Shinova. No sé si es muy bueno preguntarse qué hubiera pasado si...
si se hubiera sabido interpretar correctamente los avisos de la AEMET (como sí hizo la Universitat de València) y se hubiera mandado a la gente a casa...
Si hubiéramos tenido más preparación y sabido que no era una "gota fría normal" y no se hubiera bajado a los garajes a sacar los coches para aparcarlos más alto.
Si la alerta en nuestros móviles hubiera sonado antes.
Si...
Pero bueno, tengo claro que, en cierta manera, viajamos en una noria que perdió el control: este planeta que no estamos cuidando, cuya temperatura no deja de subir con una mayor probabilidad de eventos meteorológicos extremos, en que no se le da importancia a la especulación inmobiliaria y a construir en zonas inundables y un largo etcétera. Ojalá un mundo de Gigantes a lo Shinova: ser tan héroes como eternos. Y añado: y dejar el mundo un poquito mejor de cómo lo encontramos
Quiero forzarme a no olvidar. Hace hoy diecisiete semanas que la DANA se llevó por delante tantas, demasiadas vidas. Quiero no olvidar que las supervivientes siguen bregando por volver a una nueva "normalidad". Y me lo voy a recordar cada semana los martes de la mejor forma que se me ocurra.
No debe ser demasiada sorpresa para los que me conozcan un poco que mi obsesión con la memoria tiene casi todo que ver con el alzhéimer de mi abu. Por eso, me llamó en su día la atención esta canción de Andrés Suárez dedicada a sus abuelos. En el vídeo que inserto en la entrada de hoy explica la génesis de su canción "Rosa y Manuel". Yo me quedo con la parte que me resulta más impactante: esa nota encontrada con el "Recuerda tú que puedes". Me lo aplico para seguir recordando... por los que ya no tienen la capacidad de recordar.
Quiero forzarme a no olvidar. Hace hoy doce semanas que la DANA se llevó por delante tantas, demasiadas vidas. Quiero no olvidar que las supervivientes siguen bregando por volver a una nueva "normalidad". Y me lo voy a recordar cada semana los martes de la mejor forma que se me ocurra.
"Recuérdame y viviré para siempre". Leí esta frase en los créditos finales de la película Coco de Disney cuando fui con la familia a verla al cine. Me la guardé entonces y aquí la dejo esta semana para recordar todo lo que se llevó (y dejó) la DANA.
Quiero forzarme a no olvidar. Hace hoy nueve semanas que la DANA se llevó por delante tantas, demasiadas vidas. Quiero no olvidar que las supervivientes siguen bregando por volver a una nueva "normalidad". Y me lo voy a recordar cada semana los martes de la mejor forma que se me ocurra.
Una de mis obsesiones pasiones es Los Miserables. Me quedé enganchada a la novela allá por 2012 y luego vi la película musical y asistí al musical (en español y en catalán). No me quiero enrollar demasiado así que dejo para otro momento mi fascinación por la pareja Valjean-Javert. Hoy solo quería recordar con tristeza que estas fiestas están viendo muchas sillas vacías y me parte el corazón pensar en los que los echan de menos con nombres y apellidos.
Por ellos y para ellos esta canción de Empty chairs at empty tables: por un mundo con justicia climática, donde lo primero sean la vida de las personas y la salud del planeta. Porque no haya más muertes evitables.
Quiero forzarme a no olvidar. Hace hoy seis semanas que la DANA se llevó por delante tantas, demasiadas vidas. Quiero no olvidar que las supervivientes siguen bregando por volver a una nueva "normalidad". Y me lo voy a recordar cada semana los martes de la mejor forma que se me ocurra.
No todo van a ser (a)poemas míos... Esta canción de Morgan que de vez en cuando suena en mi Spotify por influencia de mi hermana se me ha venido repetidas veces a la cabeza esta última temporada. Sobre todo ese "sálvalos a ellos", aunque pienso que el resto de la letra de esta canción también es muy acertada para la situación que atravesamos...
La verdad es que todos los valencianos y los que vivimos en la terreta solo tenemos una cosa en la cabeza... Sin embargo, como ya tenía esto escrito por mi cumplevida, le doy al botón de publicar.
No he resuelto mi duda lacerante. Puede que nunca lo haga… Así que para mi decimotercer cumplevida se me ha ocurrido compartir, por si sirviera a mis hermanos en la sombra, aquellas cosas que a mí me salva(ro)n la vida hace 13 años, el día que no morí.
La primera es muy obvia: la terapia farmacológica y la psicoterapia (en concreto, la reestructuración cognitiva). Aquí es un momento perfecto para dar las gracias, una vez más, a mis increíbles psiquiatra y psicóloga que, como escribí en los agradecimientos de mi tesis eterna, están siempre disponibles y no permiten que pierda el rumbo ¡incluso en un doctorado!
Bueno, la segunda también es muy obvia: las relaciones tanto familiares como de amistad. Y, sé que esto no es para todo el mundo, pero al final estoy hablando de mi propia experiencia y en mi historia también la relación con lo trascendente (o El Trascendente) ha sido cimiento ante el colapso total de mi existencia: forma parte de mi identidad y negarlo es no aceptarme ni quererme.
La tercera, el blog. ESTE blog. En el que llegaba a publicar varias entradas al día: ¡cuatro el día que acabé en Urgencias e ingresando en Psiquiatría! Pasé 26 días en planta en los que publiqué un total de ¡28 entradas!: (a)poesía, reflexiones, divulgación científica… Creo que se puede decir que me sostuvo en una de las peores épocas de mi vida.
La cuarta, la poesía. Volví a leer poesía, algo que había dejado de hacer en la adolescencia. También comencé a vomitar mis sentimientos en formato verso (mis apoesías). ¡Y, por supuesto, la literatura en general! Qué le voy a hacer, soy un ratón de biblioteca desde que aprendí a leer, y leo y leo sin parar.
La quinta, Twitter, como mi red social por excelencia. La de buenos ratos y amigos que me brindó la era pre-Musk.
La sexta, la divulgación. Por fin me lancé a contar por qué me gustaba la ciencia y qué tenía de tan apasionante y bella. Este blog, Twitter, los eventos presenciales me han regalado tanta VIDA que no sé cómo condensarla en palabras.
La séptima, dejar (un poco) de lado mis temores y atreverme con pequeños retos (grandes para mí, para que vamos a engañarnos…). Desde el carnet de conducir, a pesar de que no haya vuelto a conducir después del examen (queda aún mucho trauma). Hasta dar charlas cada vez delante de un público más numeroso. También cosas más prosaicas como hacer nuevas amistades y aprender a cambiar mi punto de vista sobre el mundo.
La octava, dedicar tiempo a averiguar qué cosas me gustaban. Por ejemplo, la música: nunca me había planteado qué música me gustaba de verdad. Y llegó el indie a mi vida: Love of Lesbian, Supersubmarina, Vetusta Morla, Manel,... con los primeros conciertos a los que asistí. Fue la temporada en la que me enganché a una serie de TV por primera vez (gracias NCIS por tanto jajaja).
La novena, empezar a quererme. Abrazar a la friki que llevo dentro y dejarle sacar todo su potencial (para, entre otras cosas, explicar los fluidos comprimidos con Superman, o Supercrítico para los amigos). ¡Oh!, y dejar sacar toda la tontería a mi niña interior (preguntadle a Carmen por mis locuras diarias). Más importante aún: experimentar la gratuidad de que me quieran por quién soy, sombras incluidas.
La décima, empoderarme de mi enfermedad o trastorno para que no me defina en negativo. Soy una superhéroe, como una de cada cuatro personas. He tocado fondo varias veces, he luchado contra toda esperanza (queriendo creer sin ser capaz de hacerlo que para mí también habría un “y vivieron felices”), me he levantado y me he vuelto a caer, he dado vueltas en la misma rueda y sigo aprendiendo todos los días a vivir conmigo de una forma más sana.
Incluyo la última cosa como bonus track porque no formó parte de la recuperación de mi primer episodio depresivo. Sin embargo, me acompañó en el descenso a las profundidades de una recaída y también en la lenta escalada a la normalidad. Postcrossing y amigos postcrossers, no sé qué habría hecho sin vosotros.
Cuando colgó el teléfono el fin del mundo ya había dado comienzo, de manera totalmente irreversible. Sentía ganas de asomarse a la terraza y gritar desde allí a las estrellas que se desplomaban: ¿es que no se veía venir? ¿Era yo el único en ver que el camino que seguíamos conducía al precipicio? ¿Quiénes han sido los ciegos que nos han llevado a este extremo? Pero el mero hecho de escuchar solo el eco de sus palabras en medio de la tormenta, le hizo cambiar de opinión. Trepó de la terraza al repecho de la ventana. Y decidió esperar a que la gravedad pudiera con su equilibrio, o a contemplar el fin de todo lo que amaba.
Nunca había leído nada de Stefan Zweig, y a pesar de mis reticencias al principio porque me parecía demasiado descriptivo: que rompía con el relato; al final me enganchó, ¡y mucho! Me gusta su manera de tratar a los personajes, me gusta la manera de considerar "un momento estelar de la humanidad" no la Revolución de octubre de Moscú, sino la llegada de Lenin a través de Alemania; no la Revolución Industrial de Londres, sino la composición de "El Mesías" de Haendel.
El libro consiste en 14 mini-historias de "momentos estelares" de la vida de un individuo cuyo nombre ha pasado a la Historia (o no...). Se acerca al personaje desde fuera, describiendo el contexto socio-histórico y geográfico en el que habita nuestro personaje. Luego se mete en la piel del protagonista, y nos relata sin pudor sus defectos, sus contradicciones que se ven solo desde fuera y en "perspectiva histórica", sus ambiciones, sus debilidades, sus preocupaciones y angustias... Un 4/5 que me va a servir para introduciros en mi verano cultural.
Sí, no solo me puse a buscar el poema de Goethe de "Elegía de Marienbad", sino que escuché "El Mesías" de Haendel, y antes estuve con mi amiga Raquel Zalba en un concierto de la capilla Girton (Cambridge) en la Catedral de Pamplona. Y, aunque últimamente, prefería el sueño a ver buen cine, el verano ha cambiado momentáneamente mi orden de preferencias, así que próxima entrada: Momentos estelares del cine de verano :)
En atención a mi hermano ;) Ya es un avance que decidiera buscarlo, si después del libro no lo quiso escuchar, jeje: