El proceso vital conlleva de por sí limitaciones, y aunque no podamos evitar del todo alguna que otra limitación, sí podremos atajarla y contrarrestarla ampliando al máximo nuestra esfera de intereses.
(Elias Canetti)
Quiero forzarme a no olvidar. Hace hoy cuarenta y una semanas que la DANA se llevó por delante tantas, demasiadas vidas. Quiero no olvidar que las supervivientes siguen bregando por volver a una nueva "normalidad". Y me lo voy a recordar cada semana los martes de la mejor forma que se me ocurra.
A finales de esta semana (D.m.) podré al fin coger a Pablo en brazos. Y, cómo no se me nota nada la emoción que siento [seguro...], comparto otro (a)poema, escrito poco antes del 11 de julio. Ojalá todos tuviéramos cerca "un Pablo", y no me refiero necesariamente a un bebé de apenas un mes, sino a aquellas personas que solo mirarlas nos llenan de esperanza de que las cosas irán a mejor, ¡tienen que ir! Porque en un mundo post-DANA pienso que es lo que necesitamos (a quienes necesitamos).
Para expresar esta idea y, conectándolo con los latidos del (a)poema de la semana pasada, me parecía muy adecuada la ilustración Tatuatge de mi amiga Lourdes Ferreras. Se puede adquirir como regalo solidario en formato digital en la web de CorAvant AACIC, donde también encontrarás las palabras con las que la artista explica esta imagen.
Y llegaste, Pablo. Solo un obrero de los setenta y dos, cordero entre lobos disputándose a dentelladas un palmo más de tierra y de recursos: caiga quien caiga, sean hombres, mujeres, niñas, niños,... bebés.
Y llegaste, Pablo. Sin portar bolsa, alforja ni sandalias -desnudito, desnudito-, la pura imagen de la impotencia humana.
Y llegaste, Pablo. Con tus lloros hambrientos anunciaste "paz a esta casa", aunque habites ahora un mundo desquiciado y explotado.
Y llegaste, Pablo, vendando corazones desgarrados, recordándonos que el reino de Dios se presenta también hoy-aquí-contigo.
La verdad es que todos los valencianos y los que vivimos en la terreta solo tenemos una cosa en la cabeza... Sin embargo, como ya tenía esto escrito por mi cumplevida, le doy al botón de publicar.
No he resuelto mi duda lacerante. Puede que nunca lo haga… Así que para mi decimotercer cumplevida se me ha ocurrido compartir, por si sirviera a mis hermanos en la sombra, aquellas cosas que a mí me salva(ro)n la vida hace 13 años, el día que no morí.
La primera es muy obvia: la terapia farmacológica y la psicoterapia (en concreto, la reestructuración cognitiva). Aquí es un momento perfecto para dar las gracias, una vez más, a mis increíbles psiquiatra y psicóloga que, como escribí en los agradecimientos de mi tesis eterna, están siempre disponibles y no permiten que pierda el rumbo ¡incluso en un doctorado!
Bueno, la segunda también es muy obvia: las relaciones tanto familiares como de amistad. Y, sé que esto no es para todo el mundo, pero al final estoy hablando de mi propia experiencia y en mi historia también la relación con lo trascendente (o El Trascendente) ha sido cimiento ante el colapso total de mi existencia: forma parte de mi identidad y negarlo es no aceptarme ni quererme.
La tercera, el blog. ESTE blog. En el que llegaba a publicar varias entradas al día: ¡cuatro el día que acabé en Urgencias e ingresando en Psiquiatría! Pasé 26 días en planta en los que publiqué un total de ¡28 entradas!: (a)poesía, reflexiones, divulgación científica… Creo que se puede decir que me sostuvo en una de las peores épocas de mi vida.
La cuarta, la poesía. Volví a leer poesía, algo que había dejado de hacer en la adolescencia. También comencé a vomitar mis sentimientos en formato verso (mis apoesías). ¡Y, por supuesto, la literatura en general! Qué le voy a hacer, soy un ratón de biblioteca desde que aprendí a leer, y leo y leo sin parar.
La quinta, Twitter, como mi red social por excelencia. La de buenos ratos y amigos que me brindó la era pre-Musk.
La sexta, la divulgación. Por fin me lancé a contar por qué me gustaba la ciencia y qué tenía de tan apasionante y bella. Este blog, Twitter, los eventos presenciales me han regalado tanta VIDA que no sé cómo condensarla en palabras.
La séptima, dejar (un poco) de lado mis temores y atreverme con pequeños retos (grandes para mí, para que vamos a engañarnos…). Desde el carnet de conducir, a pesar de que no haya vuelto a conducir después del examen (queda aún mucho trauma). Hasta dar charlas cada vez delante de un público más numeroso. También cosas más prosaicas como hacer nuevas amistades y aprender a cambiar mi punto de vista sobre el mundo.
La octava, dedicar tiempo a averiguar qué cosas me gustaban. Por ejemplo, la música: nunca me había planteado qué música me gustaba de verdad. Y llegó el indie a mi vida: Love of Lesbian, Supersubmarina, Vetusta Morla, Manel,... con los primeros conciertos a los que asistí. Fue la temporada en la que me enganché a una serie de TV por primera vez (gracias NCIS por tanto jajaja).
La novena, empezar a quererme. Abrazar a la friki que llevo dentro y dejarle sacar todo su potencial (para, entre otras cosas, explicar los fluidos comprimidos con Superman, o Supercrítico para los amigos). ¡Oh!, y dejar sacar toda la tontería a mi niña interior (preguntadle a Carmen por mis locuras diarias). Más importante aún: experimentar la gratuidad de que me quieran por quién soy, sombras incluidas.
La décima, empoderarme de mi enfermedad o trastorno para que no me defina en negativo. Soy una superhéroe, como una de cada cuatro personas. He tocado fondo varias veces, he luchado contra toda esperanza (queriendo creer sin ser capaz de hacerlo que para mí también habría un “y vivieron felices”), me he levantado y me he vuelto a caer, he dado vueltas en la misma rueda y sigo aprendiendo todos los días a vivir conmigo de una forma más sana.
Incluyo la última cosa como bonus track porque no formó parte de la recuperación de mi primer episodio depresivo. Sin embargo, me acompañó en el descenso a las profundidades de una recaída y también en la lenta escalada a la normalidad. Postcrossing y amigos postcrossers, no sé qué habría hecho sin vosotros.
Quizá el año pasado era mejor momento de ponerse moñas que este, que al fin y al cabo no es un número tan redondo. Pero si algo voy aprendiendo es que la vida y una misma tienen otros tiempos a los marcados por números y redondeces. Total, que me apetecía celebrar por aquí que hace 11 años que no morí.
En Twitter he convertido en una tradición celebrar la vida cada 2 de noviembre recordando el poema de John Donne. Este año lo incluyo también por aquí para explayarme mejor porque estos 11 años han sido alucinantes*.
Ese alucinantes lleva asterisco, porque sí, ha habido momentos y momentos y más momentos (y más y más y más y prometo que ya paro...). Sin embargo, en general estoy muy feliz del camino recorrido: de la curva de aprendizaje y autoconocimiento, del desarrollo de herramientas, de todas las personas que estáis en mi vida, de los logros y las limitaciones, de tanto y tanto cariño. Puedo decir que, aunque no lo sabía ni podía imaginar entonces, hace 11 años, empecé a vivir. Y estoy inmensamente agradecida.
Pero hoy, además de expresar este agradecimiento, quiero denunciar (otra vez) el estigma que rodea a las enfermedades mentales y al suicidio. Porque recientemente he tenido que aguantar escuchar que, frente al sufrimiento de la vida, el suicidio es la vía fácil. Y por ahí no paso. Ni. De. Coña.
Sé, porque recuerdo como era yo antes de decidir suicidarme, que es muy difícil comprender que lleva a una persona a tomar ese camino. Que, por regla general, nos consideramos incapaces de llevar a cabo esa acción. ¡Y es cierto! Ni siquiera sé si yo hubiera sido capaz de hacerlo aquel aciago 2 de noviembre porque antes de intentarlo ingresé en el hospital. No tiene sentido darle vueltas a si, finalmente, lo hubiera hecho o no, porque lo cierto es que no pasó. Pero, la diferencia es que yo sé que, con la presencia de ciertos ingredientes, sí podría encontrarme de nuevo en una situación en la que fuera capaz de intentarlo y conseguirlo.
En esa conversación argumenté que no era una decisión libre. Había quien no lo entendía porque al final eres tú quien realiza la acción final. Me contestaron que, precisamente, por la ausencia de libertad era la decisión fácil. Yo mantengo que no hay libertad en uno o en su opuesto: es decir, no hay libertad para decidir si sí o si no.
¿Puede un enfermo de cáncer decidir si la quimio le hace efecto o no? ¿Puede un diabético autorregular sus niveles de glucosa en sangre por pura decisión libre? ¿Puede un esquizofrénico dejar de oír las voces en su cabeza en pleno brote psicótico porque lo decida? No. Lo que sí pueden hacer es tomar la medicación. Ya si funciona o no, escapa de sus posibilidades.
Pues yo mantengo que las personas depresivas tampoco eligen oír esa voz interior que les incita a acabar con su vida. Tolstoi lo describe fenomenal:
Me venía la idea del suicidio de modo tan natural como antes los pensamientos para mejorar la vida. La idea era tan seductora que tuve que usar argucias contra mí mismo para no realizarla con demasiada precipitación.
Ojalá vosotros, queridos lectores, nunca hayáis tenido ese pánico de encontrarte un día en tu cabeza con esa idea de matarte que a duras penas puedes controlar. Porque yo recuerdo el día que quise cruzar el semáforo en rojo, una idea de la que apenas fui consciente hasta estar moviendo mis pies en dirección a la carretera (recordaré siempre el lugar en que ocurrió). Y también recuerdo cómo le di a la directora de mi Colegio Mayor las pastillas antidepresivas porque no sabía si se me iba a "ir la olla" y tomármelas porque sí. Y, por supuesto, recuerdo esa compulsión tan fuerte que casi puede conmigo de saltar por la ventana o hacer cualquier cosa que acabara con mi vida y de ese esfuerzo por distraerme leyendo de la torrefacción de la biomasa, una y otra vez las mismas líneas.
Me gustaría transmitir y remarcar que, antes de pasar mínimamente a mi consciencia, fue algo que se me ocurrió así, de golpe, sin haberlo buscado ni pensado antes (que yo recuerde), y que se me representó con tanta fuerza que me sentí llamada a hacerlo aun antes de ser consciente de que ese pensamiento estaba en mi cabeza sugiriéndome acciones "automáticas".
No. No creo que se pueda elegir apagar esa voz en tu cabeza que te dice que eres la causa no solo de tus propios sufrimientos inenarrables, sino de los que provocas en las personas que te quieren. No se puede elegir no escuchar que sobras en este mundo, que estaría mucho mejor sin ti, que sin ti se acaba el sufrimiento de tus seres queridos. No puedes elegir no estar convencida de que eres un error de Dios (si eres creyente).
Así que tengo clarísimo que a una persona en esas circunstancias no le puedes hablar de libertad y de decisiones fáciles. Es verdad que cada persona es un mundo, y mi experiencia es única e intransferible, pero ¿sabéis qué fue lo más consolador que me dijeron en los 26 días que estuve ingresada? Simplemente que las ideas de muerte y suicidio eran un síntoma grave de la enfermedad que tenía.
Yo no era un bicho raro, una chica con pocas luces, estaba totalmente tarada o era una pecadora irredimible. Yo me encontraba inmersa en una enfermedad terrible. Y punto. No sé si os podéis imaginar qué sensación de alivio me inundó. Y eso fue a lo que me agarré cuando me puse a leer sobre la torrefacción de la biomasa para no saltar por la ventana.
Yo no me “salvé” por ser fuerte, por tomar una decisión “libre” que me alejara de la vía “fácil”. No. Yo estoy hoy aquí, publicando este texto, porque tuve en 2011 (y en los años de después) una red de apoyo familiar y de amigos y porque pude tener acceso a sanidad privada. Punto. No puedo juzgar a las personas que no han tenido mi “suerte” (joder, NO es suerte, debería ser un derecho contar con atención sanitaria universal de calidad). No puedo y no lo haré.
Tampoco quiero que esto parezca como que yo era una santa, víctima de prejuicios de la sociedad o de mi propia historia. Lo cierto es que yo era insoportable en esta época. Mi hermana Carmen, que entonces tenía 13 años, me tenía miedo hasta para darme un recado como “la comida está lista”. Yo pasaba de la ira descontrolada al arrepentimiento más feroz por haber actuado de forma tan irracional causando daño en la gente. Tenía las emociones a flor de piel, de manera que podía contradecirme de minuto a minuto según me dictara la emoción predominante en mí en ese momento. Era una persona super absorbente, que exigía atención, comprensión y cariño casi continuo. También quería que me dieran la razón porque ¡yo la tenía (en mi cabeza)! Era el resto del mundo quien se equivocaba. Y, por supuesto, en mi decisión de suicidarme hubo también rabia y rencor, aunque lo que sobresale más en mi recuerdo es el hecho de no poder más, no ser capaz ya de seguir afrontando pequeñas cosas que me resultaban tareas titánicas lejos del alcance de las fuerzas que yo ya no tenía.
Por eso, vuelvo al origen de lo que pretendía ser este texto: expresar mi agradecimiento a las personas que permanecieron a mi lado. A las que siguen, a las que se tuvieron que alejar para no verse arrastradas en mi montaña rusa, a las que yo aparté por motivos totalmente ilógicos, a las que he conocido después y que me han acompañado posteriormente en otros momentos críticos (ver los enlaces de arriba, del asterisco de los alucinantes 11 años).
Así que ¡basta de hablar de mí! Este undécimo cumplevida quiero poner el acento en vosotros. En los que me acompañáis cada día en este periplo. En los que me habéis convertido en superhéroe. Porque os puedo decir con IZAL que
si me vuelvo a quedar desnuda y muerta en la calle y si me vuelve a atrapar la vida entre sus fauces, regresaré a aquel lugar, el día en que me salvasteis cuando os hicisteis hogar y estabais en todas partes.
Y es que si creo tener algo claro es saber qué personas forman parte de mi hogar y a quiénes puedo realmente acudir cuando todo se tuerce y, peor aún, cuando soy yo la que me tuerzo.
Aunque más que la canción de IZAL, hoy prefiero dedicaros esta otra canción: GRACIAS POR TANTO.
Nos seguimos viendo en la vida y espero que en muchos cumplevidas más. Un abrazo inmenso. GRACIAS POR SER PARTE DE MÍ.
Dice Chesterton que dar la vuelta al mundo es el camino más corto para llegar adonde ya se está. Y yo me siento un poco así: ha sido un largo viaje para llegar hasta donde estoy ahora mismo. Un viaje con un ritmo de montaña rusa, subiendo lentamente grandes cuestas y lanzándome luego en picado cabeza abajo… La verdad es que no ha sido un camino fácil. Como una vez dijo mi médico: Lo hicimos porque no sabíamos que era imposible.
Según la OMS, una de cada cuatro personas tendrá un problema de salud mental a lo largo de su vida. Yo prefiero decir que una de cada cuatro personas somos un superhéroe oculto, pero son esas otras tres personas quienes marcan la diferencia y sacan a la luz lo mejor de nosotros. Esta historia más que de mí, va de cómo muchas de esas tres personas consiguieron que yo cumpliera mi sueño de hacer un doctorado en el CSIC. Por eso, estoy convencida de que estos agradecimientos son la parte más importante de la tesis (de hecho, serán las únicas páginas que se lean algunos), unas páginas que tendrían sentido, aunque finalmente no hubiera habido tesis como en tantos momentos ha estado a punto de pasar. Mi vuelta al mundo chestertoniana empezó en enero de 2013 y en el momento de escribir estas líneas estamos en enero de 2020. Son un puñado de años y de personas que los han llenado. Disculpadme si me dejo a alguien: no están todos los que son, pero sí son todos los que están.
Esta gran aventura dio comienzo gracias al Prof. Jaume Veciana y a la Prof. Concepció Rovira que me dieron la oportunidad de formar parte de su grupo de investigación y además hicieron que me sintiera parte de él desde la primera entrevista. Como guías de viaje he contado con la Dra. Nora Ventosa y la Dr. Elisabet González. Nora Ventosa a lo largo de todo este tiempo ha sido mucho más que una directora de tesis excelente: no solo he contado con su supervisión y orientación profesionales durante todo el camino sino, más importante, con su calidad humana, comprensión y ánimos que han hecho que todo este esfuerzo haya desembocado en una tesis. De ella es el mérito de que yo retomara el trabajo tras un año de baja, y que, poco a poco, siguiera este “entrenamiento” hasta el final. Muchas gracias por creer en mí cuando yo no era capaz de hacerlo. La Dr. Elisabet González se incorporó después como codirectora, aportando una visión enriquecedora y también mucho soporte, ánimos y amistad.
Agradezco al ya extinto Ministerio de Economía y Competitividad la beca predoctoral que me concedieron, así como la ayuda económica para la realización de dos meses de estancia en el grupo del Prof. Wolfgang Parak del AG Biophotonik, en la Philipps-Universität de Marburg. Finalmente, el trabajo de esos meses no se ha incluido en esta memoria de tesis. But I want to thank him for the opportunity to learn more things of cell culture, confocal microscopy and flow cytometry. Gracias a la Dr. Neus Feliu que me orientó en todo el diseño de experimentos y la realización de los mismos. Gracias al equipo de españoles (Uri, Dani, Isa) que me hizo sentir como en casa nada más llegar. Thank you to all my friends and partners from the group, I really learned a lot from your professionality. We also enjoyed our spare time.
Gracias a la Dr. Pilar Rivera por las primeras nociones en el cultivo celular y en la microscopía confocal. Gracias también a Ruixue Xu por sus imágenes de confocal del capítulo 5. Gracias al Dr. Andreu Cabot por proporcionarnos las nanopartículas metálicas para funcionalizar mis liposomas. Gracias a Paula Zamora por su simpatía y su buen hacer. Tampoco se ha recogido en esta tesis todo el trabajo de sincrotrón, pero no por ello dejo de estar agradecida a la Dr. Eva Pereiro que corrigió, sugirió y orientó desde el primer momento y a la Dr. Ana J. Pérez por toda su paciencia y formación.
En el proyecto NanoFabry, continuado por Lipocell y Terarmet, he conocido y colaborado con muchos grandes profesionales a los que me gustaría dar especialmente las gracias. Gracias a la Dr. Miriam Royo por acogerme en su grupo para enseñarme las bases del HPLC de la mano del siempre dispuesto Dr. Daniel Pulido. ¡Todavía os debo un pastel! Gracias al Dr. Pepe Corchero por su proteína GLA y sus Western-blot. Gracias a la Dr. Ibane Abasolo y Natalia García Aranda por toda la parte in vitro e in vivo de esta tesis. Gracias a la Dr. Johanna Scheper por su gestión. Gracias a todos vosotros por las conversaciones científicas y no tan científicas en las largas reuniones de proyecto.
A lo largo de estos años he contado con el apoyo técnico de muchas personas a las que también estoy muy agradecida. Gracias al Dr. Pablo Castro y a Martí de Cabo por las sesiones de cryo-TEM. Gracias Dr. Lidia Ferrer y Dr. Evelyn Moreno por las noches de sincrotrón. I would like to expand my gratitude to Prof. Jan Skov Pedersen, from Aarhus University in Denmark, for the conducted analysis of the SAXS data of liposomes, and Prof. Dganit Danino from CryoEM Laboratory of Soft Matter, Technion, in Israel for the cryo-TEM images. Gracias a la Dr. Judit Morlà por la ayuda con el ultravioleta y el DiD. Gracias a la Dr. Alba Eustaquio por su valioso conocimiento de HPLC y su ayuda en el desarrollo del método para analizar liposomas. Gracias a Ramón González por todas las medidas de HPLC, repeticiones, cambios de agenda, y por sus pacientes explicaciones. Gracias al Dr. Jordi Faraudo por las simulaciones teóricas. Gracias a todo el personal del ICMAB, incluido el administrativo dentro del cual me gustaría dar las gracias especialmente a Carme Gimeno y Pietat Sierra.
En esta vuelta al mundo no he estado nunca sola: gracias muy especiales a todos los integrantes del grupo Nanomol. Cuando llegué aquí reinaban las supercríticas, que en seguida me acogieron en sus filas (gracias Ingrid, Eve, Elena, María, Eva, Elisa, Lidia, Antonio). Cuando me reincorporé al grupo después de mi baja habían llegado para quedarse los supernanoninos: gracias por hacer del grupo una pequeña familia con su punto de locura y alegría sin fin. En especial quiero dar las gracias a mi despacho 2.18: siempre ruidoso, pero también rebosante de compañerismo y ánimos a los que estábamos en la recta final. Gracias especiales también a Judit, Ramón, Guillem, Carles y David. Gracias Solène por contarme que para escribir la tesis solo tenía que superar la energía de activación, ¡tenías razón! Gracias también a Nathaly y Natascia por sus consejos, su ejemplo y por cuidarme tanto. Muchas gracias a mis primeras amigas en Barcelona, Dayana, Estela, Lourdes y después también Alex y Manel. Hicisteis que empezar de cero en una nueva ciudad fuera una aventura alucinante.
En mi vida tiene mucha importancia la divulgación científica, y durante este viaje de tesis me ha mantenido a flote muchas veces (en todos los sentidos). Por eso, quiero dar las gracias a todos mis compañeros de NAUKAS: vuestras palabras de cariño, de comprensión y de ánimo cada vez que las necesitaba me han empujado a seguir en la brecha. Quiero agradecer especialmente a los jefes de NAUKAS el haber confiado en que yo era capaz de subirme a un escenario. Gracias a todos los socios de Hablando de Ciencia por mis añitos de presidencia que me han hecho aprender mucho. Desgranando Ciencia fue mi primer evento de divulgación científica: gracias por hacer sentirse valorada y querida a mi alter ego Ununcuadio. Gracias a Ignite con Julia a la cabeza por permitirme y empujarme a dar la charla más personal y de la que más orgullosa estoy. Gracias al equipo organizador de BCNspiracy por proponerme tantos retos, por el apoyo incondicional y por tantas alegrías y amistades.
Muchas gracias a mi familia catalana de Carlos y Maricarmen Arregui por acogerme desde el principio, aunque nos hayamos visto poco, pero la orientación profesional que Carlos siempre me ha dado la agradezco de todo corazón.
Muchas gracias a mi psiquiatra, el Dr. Adrián Cano, y a mi psicóloga Susanna García por estar disponibles siempre, y no permitir que perdiera el rumbo. Muchas gracias a Mn Bruno por aguantarme durante tantas horas y a todos los de la Delejovebcn por el worship, la amistad y tantas risas, sobre todo de mis queridos Calçotets (ahora Calçotiets). Gracias también a todos los amigos del Monjibus y a mi sisterhood de Marta, Isabel y Marta. Gracias a Ian y a todos mis grandes referentes del Reading Club: I want to be like you when I’ll grow wiser! Gracias a Araceli: tenías razón, después de tantos “nunca acabaré la tesis”, finalmente aquí está. Thank you Postcrossing and especially my postcrosser friends (Uly, Charlene, Kapila, Mawanda Robert, Irina). Gracias a todos los que de una manera u otra me habéis acompañado y animado durante todo este tiempo (ahora mismo se me vienen a la cabeza Rosafu, Dario, Juanjo y Víctor, pero han sido muchos y muchos más).
No me gustaría acabar sin dar las gracias a mi familia por estar siempre al pie del cañón conmigo: gracias Jose, Oqueber, Miguel, Euge, Cris y Carmen. Y aquí llega el punto más difícil de todos: ¿cómo te doy las gracias, mamá? Esta tesis nunca hubiera sido posible sin tu trabajo, la formación que me has transmitido, tus ánimos, tu confianza ciega en mí, tu amor incondicional, tu… todo. Tú me has enseñado lo más importante de mi vida, cómo quién se rompe no es por ser débil sino por amar mucho, y que uno siempre saca fuerzas para levantarse de nuevo, aunque sea a rastras y apoyado en ti. ¡Gracias madre por acompañarme hasta el final de este viaje!
Y por último, aunque ocupa el lugar más importante de esta aventura: muchas gracias Jefe, menuda vuelta al mundo que nos hemos marcado juntos. Per moltes més!
Estamos con la cuenta atrás de la segunda edición de BCNspiracy... y justo ahora este blog cumple 7 añazos: 7 años de Blogger, 7 años de Ununcuadio en las redes, 7 años de las mejores cosas que me han pasado en esta vida... Así que sí, es toda una fiesta a celebrar :)
Y como faltan 4 días para BCNspiracy, dejadme que os dé la brasa un poquito... Ha sido un año en el que, por una temporada, me desvinculé del proyecto, pero ¡he vuelto! Y me "estrené" de nuevo presentando las charlas que participaron en el Festival de la Ciència de Barcelona y haciendo de jurado en el pre-evento de Vil·la Urania porque BCNspiracy es siempre un no parar. Así, este año hemos lanzado por primera vez un crowdfunding para poder redondear un programa de lujo. Es un gustazo poder organizar un evento tan chulo con gente tan involucrada en el día a día. Ahora ya con los nervios previos para que todo salga bien e incluso superemos nuestras expectativas más optimistas. Con muchas ganas de darlo todo y de disfrutar. Con la ilusión de que mi hermanísima dará su primera charla de divulgación científica. Y yo también hablaré de la Guerra Fría en la tabla periódica. Y oye, después de haber tenido el lujo de ensayar con algunos de los ponentes de esta edición os lo digo de corazón: vais a flipar :D Stay tuned.
Moles de gracias por estar ahí, haciendo mi mundo un poquitín más luminoso, moláis mucho.
Echando un vistazo atrás..., no hay charla que no haya dado hasta arriba de medicación. Desde el día de 2012 en el que se me ocurrió apuntarme a Tesis en 3 minutos para presentar mi trabajo fin de máster a la próxima charla que daré si todo va bien en Naukas Bilbao 2018, me ha acompañado la paroxetina, y en la mayoría la mirtazapina y el clonazepam. Eso sí, me estreno con lamotrigina. Pastillas rules.
Sin haber pasado por mi episodio depresivo grave de 2011 no se me hubiera ocurrido nunca (remarcado y con negrita) presentarme voluntaria para hablar en público. Podía soñar (¡y lo hacía!) con atreverme un día pero no me lanzaba a intentarlo o a poner los medios para conseguirlo.
De hecho, las dos primeras veces que di charla lo pasé fatal y no sé cómo me comí el coco a mí misma para participar en Naukas 2013... Sé que me preparé a conciencia y que sufrí bastante, pero una vez en el escenario me dio un subidón de los buenos buenos, me sentí de repente arropada por el cariño de los naukers y del público. ¡Eso sí que fue una absoluta pasada! Pero lo mejor es que no fue un hito aislado sino que desde entonces con sus más y sus menos he disfrutado TODAS y cada una de las charlas que he ido dando, de ciencia y no tanto y con públicos de lo más variado. Quiero destacar los dos Ignite en los que he participado, porque ensayar con gente que domina la oratoria y con compañeros oradores es de lo más apasionante y agradecido cuando por fin te subes al escenario y lo das todo. Además de que me han permitido dar mi charla más personal de todas.
La charla que más he sufrido fue en el Naukas Passion for Knowledge, en el Teatro Victoria Eugenia de Donostia. Ese verano habíamos dado por finiquitado mi episodio de 2011 y habíamos ido retirando poco a poco la medicación. Pero llegó la vuelta al cole y la presión por irme de estancia a Marburg... y empecé a caer en picado, con el resultado de que fue preciso ponerme nuevamente pastillitas. Solo que los antidepresivos requieren un tiempo de semanas o meses para que se note su efecto, así que no estaba para nada protegida cuando me tocó hablar. Fue durillo, el público no se reía de mis ocurrencias ni de las payasadas de mi hermana, al principio no era capaz de controlar el mando de las diapositivas..., y un largo etcétera. Eso sí, había sido una gran idea plantearse una charla a dúo con alguien tan de confianza como Carmen, que me apoyó en los ensayos y en la realización final, en la que yo sentí que ella se hacía cargo de las miradas de ese público tan serio, mientras yo pasaba desapercibida a su lado.
Creo que podemos resumir todas estas ideas de manera que me ayuden en las siguientes charlas en Bilbao, BCNspiracy y Escèptics al pub: ¿cómo dar una charla con depresión?
1. Echarle huevos.
2. Prepararse mucho. No está de más asistir a cursos de hablar en público o al menos pedir ayuda a un profesional.
3. Ensayar y si es posible con público.
4 (y quizá más importante). Rodearse de gente querida que te apoye desde y fuera del escenario.
Llega después de una época mala... Igual que esta, llega sin avisar. De repente me siento llena de vida. Las dificultades insalvables se convierten en anécdotas. Paso a estar en la cresta de la ola. Cuanto más bajo he caído más alto subo. Tengo ganas de comerme el mundo y sé que, al menos por hoy, no pillaré una indigestión. Duermo bien, como bien, me relaciono más o menos bien. Y tengo unas ganas inmensas de vivir, de disfrutar sacando el máximo jugo posible. Es temporada alta de planes que se habían quedado estancados pero también de planes nuevos que pueblan mi cabeza y me aceleran tanto que, a veces, me cuesta serenarme y relajarme. Ha llegado, para quedarse un tiempo, la radiactividad: desprendo energía a mi alrededor. Prendo fuego a todo lo que toco.
Es la hora de aprovechar el subidón para escribir, para organizar BCNspiracy, para quedar con amigos a los que tenía más abandonados, ¡para apuntarse a viajes incluso! Y para soñar que las nubes no volverán.
Sé que no es un estado "normal", igual que percibo que estar de bajón tampoco lo es. Pero he estado tan mal que se agradece este huracán de ideas y fuerzas, esta pausa de hiperactividad absoluta. Hago acopio de ánimos para cuando falten. A veces me acelero tanto que mi familia no me aguanta más y mi psiquiatra se asusta: si me paso de vueltas podría ser un episodio de manía y entonces mi diagnóstico cambiaría a trastorno bipolar. De momento no me ha pasado.
Quizá es que como Ícaro me acerco demasiado al Sol en esta etapa, hasta que se me queman las alas y caigo al abismo, un abismo que parece más profundo cuanto más he subido en esta montaña rusa que es mi vida.
Y es que hay momentos (puede que temporadas) en que las fuerzas se me van en sobrevivir y no me quedan para socializar. ¿Aunque sea un simple whatsapp? Aunque sea un simple whatsapp. Tened en cuenta que cuando estás hecho una mierda, la pregunta qué tal puede ser agobiante. A nadie, creo que ni al más victimista, le agrada tener que repetir en mil ocasiones que se encuentra mal. O bien mentir diciendo que se encuentra bien. Todo tiene un límite. Y no, no exagero al hablar de mil veces: ya solo una puede significar un esfuerzo insoportable. Además, en este mundo globalizado probablemente será más de una porque ¡adivina qué!, desconectarse es muy difícil. Y hay gente que se mosquea si te ve conectada en redes sociales y no le respondes. Pues, puede que nunca te conteste si nunca encuentro esas ganas y fuerzas que me hacen falta. O puede que tarde unos días. Bueno, ya te he pedido perdón, no insistas porque es peor... Puedes hacerme llorar o encerrarme en mí misma mucho más. No creo que sea tu intención pero (me) pasa.
En estas épocas suelo rehuir fiestas y reuniones. Me siento más a gusto en grupos reducidos, con personas conocidas que no me van a suponer ningún reto extra o al menos este esfuerzo no será insoportablemente insoportable. Siento si te doy plantón a última hora. Puede que haya intentado engañarme hasta el final y luego quedarme hecha polvo por no haber conseguido ir. Puede que vaya y acabe desesperada, hasta llorando, porque también me siento mal cuando veo lo fácil que sale socializar a los demás y a mí me cuesta la vida.
Sí, me viene bien salir de mí misma, salir a la calle, encontrarme con gente... Pero no siempre soy capaz. Respeta mis tiempos. Créeme que lo estoy intentando. Puede que cuando menos te lo esperes contacte contigo para pedirte un paseo, un helado o un café. Bueno, café no tomo, será más bien una Coca-Cola o una birra si las pastillas están más o menos bajo control y me lo permiten.
Para ser yo misma y hacerte reír, necesito mi espacio, sentirme cómoda y sobre todo segura. No siempre puedes asegurarme estas condiciones. Puede que me veas cacharreando con el móvil. Es mi pantalla para protegerme del mundo.
Gracias. Por estar ahí, por apoyarme, por tratar de entenderme. De corazón.