viernes, 20 de julio de 2018

El grito mudo

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Yo no te he llamado, ente viscoso y resbaladizo, ¿por qué te has instalado de nuevo en mi pecho? Pesas, pesas mucho. No me dejas respirar con normalidad. Y cuando intento atraparte, te deslizas entre mis dedos y te escapas sin dejar de pesarme como una piedra en los pulmones. No te capturo porque aunque te note en la garganta o cerca del corazón, en realidad, sé que estás metiendo bulla en mi cabeza. Mis pensamientos negativos, puede que mi agotamiento, te han dejado paso y ahora no sé cómo echarte. Solo cuando logro distraerme desapareces momentáneamente. Sales espantada de mi vida mientras la vivo con intensidad. Pero luego..., pesas tanto..., que deformas mi cara en una mueca triste que cuesta disimular. Quiero arrancarte de mi pecho, tomar antibióticos de profilaxis para evitar que vuelvas en un futuro. No es fácil vivir contigo, te aprovechas de mí y me chupas la sangre como un parásito cualquiera. ¡Ay de ti como te pille!, ¡vas a desear no haberte metido nunca conmigo! 

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