Adoro las bibliotecas y las tiendas de libros. Lo que pasa es que no debe ser bueno para mi salud así que intento restringir mis visitas para favorecer la economía monetaria y el equilibrio de mis estanterías. Porque sé que si entro en uno de esos magnos mausoleos del conocimiento humano, siempre encontraré algún huérfano que reclama insistentemente ayuda..., y todo sea por la caridad.
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Como se puede apreciar, es real el caso del equilibrio estanteril |
En la calle de arriba de mi casa hay una pequeña librería que acabó por llamarme la atención y un día me decidí a investigar: es verdad que está en una zona muy turística pero tenía algo de genuina, con las estanterías repletas de libros ¡hasta el techo! (creo que lo que más me gustaba de niña de La Bella y la Bestia eran justamente esas estanterías...), agrupados por secciones pero desordenados. Ejemplares de segunda mano (bueno, yo diría que de la quinta hacia arriba por antigüedad) desordenados, colocados caóticamente unos sobre otros. Buscaba algo en concreto (el Señor de los Anillos en inglés) pero eso no me impedía detenerme en ciencia ficción, ciencia, poesía, teatro, clásicos, literatura catalana,... Entre ellos encontré Contacto de Carl Sagan, y como valía 4€ caí en la tentación. ¡Ay, ya he dicho que soy lectora compulsiva y deberían detenerme y prohibirme la entrada a semejantes antros de perdición!
El caso es que Contacto aguardó unas semanas (¿o han sido meses?) a que le tocara el turno entre mi lista de lectura. Lo empecé varias veces cuando no tenía nada más a mano, pero me costó encontrarle la emoción. Eso sí, me acabé enganchando cual droga de abuso, y así no he parado de devorarlo en los trayectos en metro/ferrocarril y también en la cama por las noches. Y justo hoy que me quedaban unas 20 páginas (puede que menos) para el final, es decir que estaba todo muy trepidante, lo he perdido. Sí, sí, como lo leen... Venía leyendo en el ferrocarril; me he bajado en mi parada; he llegado a mi destino y como llegaba con antelación me he acercado a un banco a acabarlo ¡pero no tenía el libro! He mirado y re-mirado... He pensado en volver a la estación: seguramente me lo dejé apoyado mientras colocaba mi mochila. Pero no me daba tiempo antes de mi cita. Tenía otros libros para por si acaso me acaba ese, pero es que ahora solo quería leer ese... Podía intentar buscar cuando estuviera en casa, una versión online para leer el final, pero es que quería leerlo AHORA.
En ese estado de descontento y de rabia, me he tropezado con un kiosco en la esquina de la calle, que venden libros. Y me he acercado y allí a primera vista estaba un libro de Contacto. ¿Casualidad o causalidad? No lo sé, sobre la marcha me lo he comprado por 2€. Los tenderos se han puesto a decirme que había hecho buenísima elección, que es un gran libro, y que el autor tenía una serie de televisión que es sensacional, y que él mismo introducía mejoras según avanzaban los descubrimientos científicos, que él la acababa de volver a ver y que le sigue pareciendo sublime.
Yo, más feliz que una perdiz, he terminado Contacto de Sagan. Espero hacer pronto una reseña en condiciones. La moraleja de esta historia es: ten cuidado cuando entres en las bibliotecas, librerías,... Y también la sorpresa que me produce que en dos puntos separados por 1,9 km tuvieran el libro ¡cuando yo esta tarde estaba desesperada por recuperarlo! Porque parecerá una tontería lo que he hecho, pero en mi defensa diré que fue Sagan el culpable.