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02 noviembre 2024

Diez cosas que me salva(ro)n la vida + un bonus track

La verdad es que todos los valencianos y los que vivimos en la terreta solo tenemos una cosa en la cabeza... Sin embargo, como ya tenía esto escrito por mi cumplevida, le doy al botón de publicar.


No he resuelto mi duda lacerante. Puede que nunca lo haga… Así que para mi decimotercer cumplevida se me ha ocurrido compartir, por si sirviera a mis hermanos en la sombra, aquellas cosas que a mí me salva(ro)n la vida hace 13 años, el día que no morí.

La primera es muy obvia: la terapia farmacológica y la psicoterapia (en concreto, la reestructuración cognitiva). Aquí es un momento perfecto para dar las gracias, una vez más, a mis increíbles psiquiatra y psicóloga que, como escribí en los agradecimientos de mi tesis eterna, están siempre disponibles y no permiten que pierda el rumbo ¡incluso en un doctorado!


Bueno, la segunda también es muy obvia: las relaciones tanto familiares como de amistad. Y, sé que esto no es para todo el mundo, pero al final estoy hablando de mi propia experiencia y en mi historia también la relación con lo trascendente (o El Trascendente) ha sido cimiento ante el colapso total de mi existencia: forma parte de mi identidad y negarlo es no aceptarme ni quererme.


La tercera, el blog. ESTE blog. En el que llegaba a publicar varias entradas al día: ¡cuatro el día que acabé en Urgencias e ingresando en Psiquiatría! Pasé 26 días en planta en los que publiqué un total de ¡28 entradas!: (a)poesía, reflexiones, divulgación científica… Creo que se puede decir que me sostuvo en una de las peores épocas de mi vida.


La cuarta, la poesía. Volví a leer poesía, algo que había dejado de hacer en la adolescencia. También comencé a vomitar mis sentimientos en formato verso (mis apoesías). ¡Y, por supuesto, la literatura en general! Qué le voy a hacer, soy un ratón de biblioteca desde que aprendí a leer, y leo y leo sin parar.


La quinta, Twitter, como mi red social por excelencia. La de buenos ratos y amigos que me brindó la era pre-Musk.


La sexta, la divulgación. Por fin me lancé a contar por qué me gustaba la ciencia y qué tenía de tan apasionante y bella. Este blog, Twitter, los eventos presenciales me han regalado tanta VIDA que no sé cómo condensarla en palabras.


La séptima, dejar (un poco) de lado mis temores y atreverme con pequeños retos (grandes para mí, para que vamos a engañarnos…). Desde el carnet de conducir, a pesar de que no haya vuelto a conducir después del examen (queda aún mucho trauma). Hasta dar charlas cada vez delante de un público más numeroso. También cosas más prosaicas como hacer nuevas amistades y aprender a cambiar mi punto de vista sobre el mundo.


La octava, dedicar tiempo a averiguar qué cosas me gustaban. Por ejemplo, la música: nunca me había planteado qué música me gustaba de verdad. Y llegó el indie a mi vida: Love of Lesbian, Supersubmarina, Vetusta Morla, Manel,... con los primeros conciertos a los que asistí. Fue la temporada en la que me enganché a una serie de TV por primera vez (gracias NCIS por tanto jajaja).


La novena, empezar a quererme. Abrazar a la friki que llevo dentro y dejarle sacar todo su potencial (para, entre otras cosas, explicar los fluidos comprimidos con Superman, o Supercrítico para los amigos). ¡Oh!, y dejar sacar toda la tontería a mi niña interior (preguntadle a Carmen por mis locuras diarias). Más importante aún: experimentar la gratuidad de que me quieran por quién soy, sombras incluidas.


La décima, empoderarme de mi enfermedad o trastorno para que no me defina en negativo. Soy una superhéroe, como una de cada cuatro personas. He tocado fondo varias veces, he luchado contra toda esperanza (queriendo creer sin ser capaz de hacerlo que para mí también habría un “y vivieron felices”), me he levantado y me he vuelto a caer, he dado vueltas en la misma rueda y sigo aprendiendo todos los días a vivir conmigo de una forma más sana.


Incluyo la última cosa como bonus track porque no formó parte de la recuperación de mi primer episodio depresivo. Sin embargo, me acompañó en el descenso a las profundidades de una recaída y también en la lenta escalada a la normalidad. Postcrossing y amigos postcrossers, no sé qué habría hecho sin vosotros.

02 noviembre 2023

12 cumplevidas y una duda lacerante :(:

Dedicado in memoriam a Ion

Aún no tengo claro si quiero o no publicar esto que he escrito. No he resuelto mi dilema, así que en parte lo publico para que tú, querido lector y/o lectora, me ayudes a desentrañarme.

El año pasado, apenas un mes después de mi undécimo cumplevida, me llegó la noticia de una muerte por suicidio de una persona. Había perdido el contacto hacía muchos años y nunca habíamos sido realmente cercanos. Pero sí lo suficiente como para tener su contacto y puede que esta persona también conservara el mío. Por eso, recordé todo el bombo que le había dado el 2 de noviembre anterior a celebrar mi cumplevida y me pregunté si esta persona lo vio y cómo le pudo afectar. Esa es la duda lacerante que me acompaña desde diciembre del año pasado: compartir mi alegría y mi agradecimiento, ¿ayuda o hace daño a la gente pasando por una situación complicada? Siempre pensé que salir del armario de la salud mental era positivo para las que me escucharan, al menos siempre he hablado de lo que a mí me hubiera gustado saber aquel 2 de noviembre y en otros momentos de "abismo". Ya no lo tengo tan claro...

Perdonadme, vosotros, hermanos en la sombra, a los que es posible que haya hecho daño. Y, por favor, necesito vuestra opinión.🙏

En esta fecha me gusta siempre decir que si hoy estoy aquí es porque tres de cada cuatro personas me convirtieron en superhéroe. Esa es la fuente de mi agradecimiento. Pero, a la vez, también quiero que sea fuente de reivindicación "profética". Hace poco leí Pageboy del actor Elliot Page y apunté la siguiente cita:

No debería tener que humillarme con esa gratitud. ¿Estoy agradecido? ¡Pues claro! Pero todo el mundo debería tener acceso a una atención médica vital (...)

Pues eso: atención médica vital YA para todos.

Identidad visual de SALUD MENTAL ESPAÑA para el Día Mundial de la Salud Mental 2023 (vía)


 


02 noviembre 2022

11 cumplevidas

 Quizá el año pasado era mejor momento de ponerse moñas que este, que al fin y al cabo no es un número tan redondo. Pero si algo voy aprendiendo es que la vida y una misma tienen otros tiempos a los marcados por números y redondeces. Total, que me apetecía celebrar por aquí que hace 11 años que no morí

En Twitter he convertido en una tradición celebrar la vida cada 2 de noviembre recordando el poema de John Donne. Este año lo incluyo también por aquí para explayarme mejor porque estos 11 años han sido alucinantes*.

Ese alucinantes lleva asterisco, porque sí, ha habido momentos y momentos y más momentos (y más y más y más y prometo que ya paro...). Sin embargo, en general estoy muy feliz del camino recorrido: de la curva de aprendizaje y autoconocimiento, del desarrollo de herramientas, de todas las personas que estáis en mi vida, de los logros y las limitaciones, de tanto y tanto cariño. Puedo decir que, aunque no lo sabía ni podía imaginar entonces, hace 11 años, empecé a vivir. Y estoy inmensamente agradecida.

Pero hoy, además de expresar este agradecimiento, quiero denunciar (otra vez) el estigma que rodea a las enfermedades mentales y al suicidio. Porque recientemente he tenido que aguantar escuchar que, frente al sufrimiento de la vida, el suicidio es la vía fácil. Y por ahí no paso. Ni. De. Coña.

Sé, porque recuerdo como era yo antes de decidir suicidarme, que es muy difícil comprender que lleva a una persona a tomar ese camino. Que, por regla general, nos consideramos incapaces de llevar a cabo esa acción. ¡Y es cierto! Ni siquiera sé si yo hubiera sido capaz de hacerlo aquel aciago 2 de noviembre porque antes de intentarlo ingresé en el hospital. No tiene sentido darle vueltas a si, finalmente, lo hubiera hecho o no, porque lo cierto es que no pasó. Pero, la diferencia es que yo sé que, con la presencia de ciertos ingredientes, sí podría encontrarme de nuevo en una situación en la que fuera capaz de intentarlo y conseguirlo.

En esa conversación argumenté que no era una decisión libre. Había quien no lo entendía porque al final eres tú quien realiza la acción final. Me contestaron que, precisamente, por la ausencia de libertad era la decisión fácil. Yo mantengo que no hay libertad en uno o en su opuesto: es decir, no hay libertad para decidir si sí o si no.

¿Puede un enfermo de cáncer decidir si la quimio le hace efecto o no? ¿Puede un diabético autorregular sus niveles de glucosa en sangre por pura decisión libre? ¿Puede un esquizofrénico dejar de oír las voces en su cabeza en pleno brote psicótico porque lo decida? No. Lo que sí pueden hacer es tomar la medicación. Ya si funciona o no, escapa de sus posibilidades.

Pues yo mantengo que las personas depresivas tampoco eligen oír esa voz interior que les incita a acabar con su vida. Tolstoi lo describe fenomenal: 

Me venía la idea del suicidio de modo tan natural como antes los pensamientos para mejorar la vida. La idea era tan seductora que tuve que usar argucias contra mí mismo para no realizarla con demasiada precipitación.

Ojalá vosotros, queridos lectores, nunca hayáis tenido ese pánico de encontrarte un día en tu cabeza con esa idea de matarte que a duras penas puedes controlar. Porque yo recuerdo el día que quise cruzar el semáforo en rojo, una idea de la que apenas fui consciente hasta estar moviendo mis pies en dirección a la carretera (recordaré siempre el lugar en que ocurrió). Y también recuerdo cómo le di a la directora de mi Colegio Mayor las pastillas antidepresivas porque no sabía si se me iba a "ir la olla" y tomármelas porque sí. Y, por supuesto, recuerdo esa compulsión tan fuerte que casi puede conmigo de saltar por la ventana o hacer cualquier cosa que acabara con mi vida y de ese esfuerzo por distraerme leyendo de la torrefacción de la biomasa, una y otra vez las mismas líneas.

Me gustaría transmitir y remarcar que, antes de pasar mínimamente a mi consciencia, fue algo que se me ocurrió así, de golpe, sin haberlo buscado ni pensado antes (que yo recuerde), y que se me representó con tanta fuerza que me sentí llamada a hacerlo aun antes de ser consciente de que ese pensamiento estaba en mi cabeza sugiriéndome acciones "automáticas".

No. No creo que se pueda elegir apagar esa voz en tu cabeza que te dice que eres la causa no solo de tus propios sufrimientos inenarrables, sino de los que provocas en las personas que te quieren. No se puede elegir no escuchar que sobras en este mundo, que estaría mucho mejor sin ti, que sin ti se acaba el sufrimiento de tus seres queridos. No puedes elegir no estar convencida de que eres un error de Dios (si eres creyente).

Así que tengo clarísimo que a una persona en esas circunstancias no le puedes hablar de libertad y de decisiones fáciles. Es verdad que cada persona es un mundo, y mi experiencia es única e intransferible, pero ¿sabéis qué fue lo más consolador que me dijeron en los 26 días que estuve ingresada? Simplemente que las ideas de muerte y suicidio eran un síntoma grave de la enfermedad que tenía.

Yo no era un bicho raro, una chica con pocas luces, estaba totalmente tarada o era una pecadora irredimible. Yo me encontraba inmersa en una enfermedad terrible. Y punto. No sé si os podéis imaginar qué sensación de alivio me inundó. Y eso fue a lo que me agarré cuando me puse a leer sobre la torrefacción de la biomasa para no saltar por la ventana.

Yo no me “salvé” por ser fuerte, por tomar una decisión “libre” que me alejara de la vía “fácil”. No. Yo estoy hoy aquí, publicando este texto, porque tuve en 2011 (y en los años de después) una red de apoyo familiar y de amigos y porque pude tener acceso a sanidad privada. Punto. No puedo juzgar a las personas que no han tenido mi “suerte” (joder, NO es suerte, debería ser un derecho contar con atención sanitaria universal de calidad). No puedo y no lo haré.

Tampoco quiero que esto parezca como que yo era una santa, víctima de prejuicios de la sociedad o de mi propia historia. Lo cierto es que yo era insoportable en esta época. Mi hermana Carmen, que entonces tenía 13 años, me tenía miedo hasta para darme un recado como “la comida está lista”. Yo pasaba de la ira descontrolada al arrepentimiento más feroz por haber actuado de forma tan irracional causando daño en la gente. Tenía las emociones a flor de piel, de manera que podía contradecirme de minuto a minuto según me dictara la emoción predominante en mí en ese momento. Era una persona super absorbente, que exigía atención, comprensión y cariño casi continuo. También quería que me dieran la razón porque ¡yo la tenía (en mi cabeza)! Era el resto del mundo quien se equivocaba. Y, por supuesto, en mi decisión de suicidarme hubo también rabia y rencor, aunque lo que sobresale más en mi recuerdo es el hecho de no poder más, no ser capaz ya de seguir afrontando pequeñas cosas que me resultaban tareas titánicas lejos del alcance de las fuerzas que yo ya no tenía.

Por eso, vuelvo al origen de lo que pretendía ser este texto: expresar mi agradecimiento a las personas que permanecieron a mi lado. A las que siguen, a las que se tuvieron que alejar para no verse arrastradas en mi montaña rusa, a las que yo aparté por motivos totalmente ilógicos, a las que he conocido después y que me han acompañado posteriormente en otros momentos críticos (ver los enlaces de arriba, del asterisco de los alucinantes 11 años).

Así que ¡basta de hablar de mí! Este undécimo cumplevida quiero poner el acento en vosotros. En los que me acompañáis cada día en este periplo. En los que me habéis convertido en superhéroe. Porque os puedo decir con IZAL que 

si me vuelvo a quedar desnuda y muerta en la calle y si me vuelve a atrapar la vida entre sus fauces, regresaré a aquel lugar, el día en que me salvasteis cuando os hicisteis hogar y estabais en todas partes.

Y es que si creo tener algo claro es saber qué personas forman parte de mi hogar y a quiénes puedo realmente acudir cuando todo se tuerce y, peor aún, cuando soy yo la que me tuerzo. 

Aunque más que la canción de IZAL, hoy prefiero dedicaros esta otra canción: GRACIAS POR TANTO.


Nos seguimos viendo en la vida y espero que en muchos cumplevidas más. Un abrazo inmenso. GRACIAS POR SER PARTE DE MÍ.

P.D.: El otro día leí esto sobre el suicidio que os puede interesar :) Repensando la prevención del suicidio

23 julio 2018

Cansancio de ser

Intentando hacer una crónica de mi día a día, me encuentro volviendo a pensar más o menos lo mismo que en 2011-2012, y releo lo que escribí entonces en clave de poesía. 
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Últimamente, levantarse se hace muy cuesta arriba, no tanto por cansancio sino por querer huir de la vida real y sus obligaciones. Aun así estoy consiguiendo llegar todos los días a una hora decente al trabajo, a costa de correr como una loca de aquí para allá o dejar de prepararme comida. Suena el despertador y se me hace un mundo lo que ayer era un firme propósito. Y voy retrasando el reloj para retrasar lo más posible el momento de empezar a luchar...

Una vez de pie todo es más fácil, pero ¡ay como cuesta ese simple movimiento! Siento que estoy haciéndome un pulso a mí misma tal como plasmé hace unos años en la Lucha del yo.  

20 julio 2018

El grito mudo

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Yo no te he llamado, ente viscoso y resbaladizo, ¿por qué te has instalado de nuevo en mi pecho? Pesas, pesas mucho. No me dejas respirar con normalidad. Y cuando intento atraparte, te deslizas entre mis dedos y te escapas sin dejar de pesarme como una piedra en los pulmones. No te capturo porque aunque te note en la garganta o cerca del corazón, en realidad, sé que estás metiendo bulla en mi cabeza. Mis pensamientos negativos, puede que mi agotamiento, te han dejado paso y ahora no sé cómo echarte. Solo cuando logro distraerme desapareces momentáneamente. Sales espantada de mi vida mientras la vivo con intensidad. Pero luego..., pesas tanto..., que deformas mi cara en una mueca triste que cuesta disimular. Quiero arrancarte de mi pecho, tomar antibióticos de profilaxis para evitar que vuelvas en un futuro. No es fácil vivir contigo, te aprovechas de mí y me chupas la sangre como un parásito cualquiera. ¡Ay de ti como te pille!, ¡vas a desear no haberte metido nunca conmigo! 

19 julio 2018

Dar una charla con depresión

Echando un vistazo atrás..., no hay charla que no haya dado hasta arriba de medicación. Desde el día de 2012 en el que se me ocurrió apuntarme a Tesis en 3 minutos para presentar mi trabajo fin de máster a la próxima charla que daré si todo va bien en Naukas Bilbao 2018, me ha acompañado la paroxetina, y en la mayoría la mirtazapina y el clonazepam. Eso sí, me estreno con lamotrigina. Pastillas rules

Sin haber pasado por mi episodio depresivo grave de 2011 no se me hubiera ocurrido nunca  (remarcado y con negrita) presentarme voluntaria para hablar en público. Podía soñar (¡y lo hacía!) con atreverme un día pero no me lanzaba a intentarlo o a poner los medios para conseguirlo. 

De hecho, las dos primeras veces que di charla lo pasé fatal y no sé cómo me comí el coco a mí misma para participar en Naukas 2013... Sé que me preparé a conciencia y que sufrí bastante, pero una vez en el escenario me dio un subidón de los buenos buenos, me sentí de repente arropada por el cariño de los naukers y del público. ¡Eso sí que fue una absoluta pasada! Pero lo mejor es que no fue un hito aislado sino que desde entonces con sus más y sus menos he disfrutado TODAS y cada una de las charlas que he ido dando, de ciencia y no tanto y con públicos de lo más variado. Quiero destacar los dos Ignite en los que he participado, porque ensayar con gente que domina la oratoria y con compañeros oradores es de lo más apasionante y agradecido cuando por fin te subes al escenario y lo das todo. Además de que me han permitido dar mi charla más personal de todas

La charla que más he sufrido fue en el Naukas Passion for Knowledge, en el Teatro Victoria Eugenia de Donostia. Ese verano habíamos dado por finiquitado mi episodio de 2011 y habíamos ido retirando poco a poco la medicación. Pero llegó la vuelta al cole y la presión por irme de estancia a Marburg... y empecé a caer en picado, con el resultado de que fue preciso ponerme nuevamente pastillitas. Solo que los antidepresivos requieren un tiempo de semanas o meses para que se note su efecto, así que no estaba para nada protegida cuando me tocó hablar. Fue durillo, el público no se reía de mis ocurrencias ni de las payasadas de mi hermana, al principio no era capaz de controlar el mando de las diapositivas..., y un largo etcétera. Eso sí, había sido una gran idea plantearse una charla a dúo con alguien tan de confianza como Carmen, que me apoyó en los ensayos y en la realización final, en la que yo sentí que ella se hacía cargo de las miradas de ese público tan serio, mientras yo pasaba desapercibida a su lado. 

Creo que podemos resumir todas estas ideas de manera que me ayuden en las siguientes charlas en Bilbao, BCNspiracy y Escèptics al pub: ¿cómo dar una charla con depresión?

1. Echarle huevos.
2. Prepararse mucho. No está de más asistir a cursos de hablar en público o al menos pedir ayuda a un profesional.
3. Ensayar y si es posible con público.
4 (y quizá más importante). Rodearse de gente querida que te apoye desde y fuera del escenario.


18 julio 2018

Si termino la tesis...

- Estás muy segura de que no la vas a acabar...

Sí, a día de hoy estoy muy segura. Es mi Himalaya particular: no es que sea imposible de escalar pero cuando vas sin entrenar no es aconsejable. 

- Lo vas a conseguir, ¡tú puedes con todo!
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No me comprometo a tanto. Mi respuesta suele ser "No lo sé. A ver..." Aunque mi psicóloga me dice que sería más correcto decir "Lo estoy intentando".

Pero tengo que ir pasito a pasito suave suavecito (xDDD lo siento, mi mente funciona así y tenía que decirlo xD). No puedo mirar la cumbre porque me ahogo, solo puedo pensar en el día a día. ¿Y en qué pienso? Pues en que realizo un trabajo que me permite cobrar a fin de mes, un trabajo que consiste en recopilar y ordenar datos, así que es un trabajo útil que puede servir a la gente acabe o no yo la tesis. Eso me sirve, más o menos y no siempre, para continuar poniendo un pie delante de otro, aunque no sepa muy bien en qué dirección voy... Tendré que fiarme de los guías :)

El futuro me cortocicuita, haya o no haya tesis. ¿Qué haré después? ¿Estaré preparada para ello? No me dejan pensar en estas preguntas. No es el momento me dicen. Y probablemente tengan razón.

Lo bueno es que de momento no hay prisas. Tengo mucho tiempo por delante. Puedo ir a este ritmo exigente pero sin correr hasta agotarme. Ya no sé si estoy intentando llegar a la cumbre o simplemente llegar a algún lado o por lo menos no quedarme en donde estoy. Cada día entiendo más a mi hermana, a la que preguntas "¿Cómo estás?" y responde "Viva". Seguimos vivos y eso implica seguir moviéndose, hacia adelante, hacia atrás, hacia donde sea, cuesta arriba, cuesta abajo.




17 julio 2018

El subidón

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Llega después de una época mala... Igual que esta, llega sin avisar. De repente me siento llena de vida. Las dificultades insalvables se convierten en anécdotas. Paso a estar en la cresta de la ola. Cuanto más bajo he caído más alto subo. Tengo ganas de comerme el mundo y sé que, al menos por hoy, no pillaré una indigestión. Duermo bien, como bien, me relaciono más o menos bien. Y tengo unas ganas inmensas de vivir, de disfrutar sacando el máximo jugo posible. Es temporada alta de planes que se habían quedado estancados pero también de planes nuevos que pueblan mi cabeza y me aceleran tanto que, a veces, me cuesta serenarme y relajarme. Ha llegado, para quedarse un tiempo, la radiactividad: desprendo energía a mi alrededor. Prendo fuego a todo lo que toco. 

Es la hora de aprovechar el subidón para escribir, para organizar BCNspiracy, para quedar con amigos a los que tenía más abandonados, ¡para apuntarse a viajes incluso! Y para soñar que las nubes no volverán. 

Sé que no es un estado "normal", igual que percibo que estar de bajón tampoco lo es. Pero he estado tan mal que se agradece este huracán de ideas y fuerzas, esta pausa de hiperactividad absoluta. Hago acopio de ánimos para cuando falten. A veces me acelero tanto que mi familia no me aguanta más y mi psiquiatra se asusta: si me paso de vueltas podría ser un episodio de manía y entonces mi diagnóstico cambiaría a trastorno bipolar. De momento no me ha pasado.

Quizá es que como Ícaro me acerco demasiado al Sol en esta etapa, hasta que se me queman las alas y caigo al abismo, un abismo que parece más profundo cuanto más he subido en esta montaña rusa que es mi vida. 


16 julio 2018

Tú socializas, yo DEPENDE

Vayan por delante mis disculpas a los que, alguna o varias veces, no he respondido ya sea por e-mail o por teléfono o en la vida 1.0 misma. 
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Y es que hay momentos (puede que temporadas) en que las fuerzas se me van en sobrevivir y no me quedan para socializar. ¿Aunque sea un simple whatsapp? Aunque sea un simple whatsapp. Tened en cuenta que cuando estás hecho una mierda, la pregunta qué tal puede ser agobiante. A nadie, creo que ni al más victimista, le agrada tener que repetir en mil ocasiones que se encuentra mal. O bien mentir diciendo que se encuentra bien. Todo tiene un límite. Y no, no exagero al hablar de mil veces: ya solo una puede significar un esfuerzo insoportable. Además, en este mundo globalizado probablemente será más de una porque ¡adivina qué!, desconectarse es muy difícil. Y hay gente que se mosquea si te ve conectada en redes sociales y no le respondes. Pues, puede que nunca te conteste si nunca encuentro esas ganas y fuerzas que me hacen falta. O puede que tarde unos días. Bueno, ya te he pedido perdón, no insistas porque es peor... Puedes hacerme llorar o encerrarme en mí misma mucho más. No creo que sea tu intención pero (me) pasa.

En estas épocas suelo rehuir fiestas y reuniones. Me siento más a gusto en grupos reducidos, con personas conocidas que no me van a suponer ningún reto extra o al menos este esfuerzo no será insoportablemente insoportable. Siento si te doy plantón a última hora. Puede que haya intentado engañarme hasta el final y luego quedarme hecha polvo por no haber conseguido ir. Puede que vaya y acabe desesperada, hasta llorando, porque también me siento mal cuando veo lo fácil que sale socializar a los demás y a mí me cuesta la vida. 

Sí, me viene bien salir de mí misma, salir a la calle, encontrarme con gente... Pero no siempre soy capaz. Respeta mis tiempos. Créeme que lo estoy intentando. Puede que cuando menos te lo esperes contacte contigo para pedirte un paseo, un helado o un café. Bueno, café no tomo, será más bien una Coca-Cola o una birra si las pastillas están más o menos bajo control y me lo permiten.

Para ser yo misma y hacerte reír, necesito mi espacio, sentirme cómoda y sobre todo segura. No siempre puedes asegurarme estas condiciones. Puede que me veas cacharreando con el móvil. Es mi pantalla para protegerme del mundo.

Gracias. Por estar ahí, por apoyarme, por tratar de entenderme. De corazón.




13 julio 2018

Las vías del tren

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- ¿Por qué estoy obsesionada con las vías del tren si hay otras maneras... Da igual
- No, no, di, di.
- Da igual.
- Podemos hablar de este tema, ¿eh?
Y qué bien sienta hablar sin tabúes del suicidio... Cuando quise suicidarme en 2011 pensé que me había condenado, al menos algo similar había estudiado en clase de religión. Fue gracias a una enfermera durante mi ingreso hospitalario que me enteré que era un síntoma "normal" dentro de un episodio depresivo. Tengo el recuerdo (ya lo conté en esta charla) de un día esperando a cruzar por un paso de peatones, que se me vino a la mente la idea de cruzar en rojo y debí dar algún paso no del todo consciente. Mi cague fue supremo... Ahora me ocurre con las vías del tren. Quien dice tren, dice metro. 

Me alegro de que el otro día mi psicóloga me animara a hablar del tema. La pregunta o tema que me daba vergüenza exponer es que hay otras maneras más indoloras de suicidarse (como empastillarse, por ejemplo), así que ¿por qué estoy obsesionada con las vías del tren? Pues precisamente por eso: porque es una obsesión. No hay peligro de suicidio porque no tengo un plan para hacerlo, en el que probablemente elegiría otra forma. Me dijo que podría ser que simplemente me diera vértigo mirar hacia la vía o estar a cierta altura, y eso, junto al recuerdo del paso de peatones (aún lo visualizo en este momento) me produce ese impulso, esa sensación de que si me descuido, podría saltar. Que, por prudencia y para evitar mi torpeza, me mantenga alejada del borde del andén pero que no es preocupante.

Ah, porque aún no os he contado que si noto un empeoramiento en mis síntomas que afecte directamente a mi vida (como dejar de dormir, dejar de comer o tener ganas de matarme, o empezar a gastar locamente, acostarme con todo el que pille y otras conductas de riesgo) debería ir a urgencias al hospital más próximo. Cosas que tiene mi vida.

Lo dicho. Hablar del suicidio sin tabúes a mí me ayuda. (Aunque puede tener como efectos colaterales pesadillas de accidentes ferroviarios en los que mucha gente se cae a las vías con resultados catastróficos. No hay sistema totalmente ideal, me temo).