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11 septiembre 2017

Memorias de verano (2017)

Vía
Volver al pasado pisando las huellas
que quedaron. Todo es igual pero todo ha
cambiado. Los lugares son más pequeños
o es que hemos crecido demasiado para
caber allí. Sobre todo, falta gente
que solía acompañarnos, y queda un vacío
gélido que rompe una parte del alma.

¿Dónde está Agustín? Nadie espera junto a la
puerta, no hay más paseos por las playas o los
acantilados. ¿Quién captura las pulgas
de mar para usarlas en la pesca? Siguen
haciendo agujeros fugaces sobre la
arena; saltarines incansables de
la orilla. ¿Y los perros que nos asustaban?

¿Dónde está Angelín? Ya no hay cerdo ni vacas
tampoco gallinas, aunque está la fuente
de piedra con renacuajos como los de antes,
que Angelín cazaba para hacer reír
a los niños que fuimos, y arrojárselos
a las gallinas (que no se los comieron).
Tampoco usamos el camino de moras.

La casa donde nació el abuelo ya no
tiene las ventanas color verde, y aquellos
árboles frutales donde recogíamos
manzanas y peras, ahora están enfermos.
Nadie recoge la fruta que se pudre
en el suelo, dejando olor fermentado.
Ese mismo que ha quedado en mis recuerdos.

24 septiembre 2014

Camino de Santiago (en haikus) y demás cosas del verano

Quería haber hecho un mapa con mis recorridos aprovechando las tres semanas de vacaciones que tuve en agosto..., pero pienso que ya no tiene mucho sentido acabando septiembre ahora jejeje. El caso es que empecé viajando Barcelona-Pamplona (suicidándome homeopáticamente por el camino). Luego me trasladé a Roncesvalles, desde donde empecé el Camino, haciendo como el verano pasado 5 etapas:
  • Roncesvalles-Zubiri
  • Zubiri-Pamplona
  • Pamplona-Puente la Reina
  • Puente la Reina-Estella
  • Estella-Los Arcos
Así que si el verano que viene quiero continuar, acabo el recorrido navarro y llego a Logroño en la primera etapa ;) Como novedad de este año, ha habido dos etapas que he hecho "on my own", y es una gran experiencia hacerlo a tu aire, con tus tiempos de silencio y de caminar. Con lo cual me he enganchado, todavía más si cabe, a la experiencia de hacer el Camino. Físicamente, al menos con mi resistencia, llegas hecho una mierda (perdón por la expresión, pero es que es lo que mejor lo expresa); para mí los zapatos son un instrumento de tortura que me machacan los pies cada día, y las tiritas Compeed que a casi todo el mundo le van bien, a mí me duran solo unas horas, y aquello es una carnicería. Este año la mochila ya era parte inseparable de mí: cuentas con ella para colocar el cuerpo al subir las cuestas y de alguna manera sirve de contrapeso. Pero de tanto sudar, se me llenó la espalda de espinillas, y picaba... Pero durante el tiempo en que duran todas las incomodidades y sufrimientos aprendes a valorar más cosas tan sencillas como una ducha, beber agua, comer, y la cama sea como sea. Conoces y haces amigos del Camino, personas con las que coincides esos días caminando, en los albergues, por los pueblos. Y ves todos esos días amanecer :) Aunque suene espiritualista (pseudocientífico, exagerado, irreal, imaginario), parece que tengas una comunión especial con el Universo... y es en ese contexto de donde vienen estos dos haikus (de uno tengo foto, del otro no)

Nube apoyada
cual nieve de febrero
en la montaña.


La escarcha viste
los pétalos bermejos
de la amápola.

Con el último tengo dudas... Quedaría más castizo (y poco japonés) si pongo que los pétalos son "encarnaos" o "coloraos"...

Pero mis vacaciones no acabaron en Los Arcos... Volví a Pamplona y en cuanto pude vover a andar (24 horas después) me fui en visita relámpago a Madrid a despedir a mi amiga Galleta y nos dio tiempo a ir al museo de Sorolla (@cuantosycuerdas y @acc_science me riñeron por no avisarles de este viaje..., será la última vez, I promise). Nada más volver de Madrid, hice una escapada a Asturias, patria querida, pasando por Suances y Santander (quien lea, entienda xDDD) y pudimos visitar Covadonga, un lugar muy especial para esta asturiana apátrida que escribe en este blog. Después ya me quedé tranquilita en Pamplona unos días hasta que tocó volver a tierras catalanas.



27 octubre 2012

Para el fin de semana: sidrina

Como estamos ya a sábado, vamos a aprovechar otra bebida alcohólica para hablar de ciencia y de química, procurando demostrar por qué la sidra asturiana (sin ánimo de ofender) es mejor que la vasca.

La única condición para obtener bebidas alcohólicas fermentadas es que haya azúcares que se transformen en alcohol por medio de levaduras Saccharomyces. La manzana tiene como componente mayoritario el agua, y después los azúcares, sobre todo fructosa pero también glucosa y sacarosa. 
(Vía)

Se empieza recogiendo la cosecha de manzanas de la pomarada, y luego seleccionando y lavando las manzanas, que se trituran para obtener el mosto o zumo. Para conseguir un mayor rendimiento (entre el 50 y 75%, según la variedad de manzana) se procede a prensar las manzanas. Se traslada el mosto (a veces se realizan procesos de decantación para separar lo que no interesa del prensado) a los recipientes de fermentación, que pueden ser de madera, poliéster o acero inoxidable.

(Fuente)




La fermentación alcohólica (Azúcares del mosto +levaduras → Alcohol+ CO2 ) dura unas dos semanas, hasta alcanzar un grado alcohólico aproximado de 6-6,5% hasta sequedad (es decir, hasta que no haya azúcares presentes en el mosto, susceptibles de ser fermentadas). Cuando está finalizando la fermentación alcohólica, empieza la maloláctica. Se lleva a cabo por las bacterias del ácido láctico que convierten el ácido málico en ácido láctico, disminuyendo la acidez de la sidra. Para disminuir el número de sólidos, se trasiega: se cambia la sidra de un depósito a otro, a baja temperatura para evitar la pérdida de carbónico.
Fermentación maloláctica vía     
(Vía)
   La diferencia entre la sidra navarro-guipuzcoana (la vasca) y la asturiana consiste en que en Guipúzcoa y Navarra se deja reposar varias horas la “patxa” (pasta de manzana prensada) y se vuelve a prensar hasta 5 veces. La acción de prensar la manzana se llama “mayar” en asturiano, “mazar” o “jamar” en montañés y “zanpada” en euskera. Otra de las diferencias principales es que en Asturias la sidra se “trasiega” proceso por el cual se mejora cualitativamente la calidad de la misma, mientras que en Euskadi no. La sidra vasca es más ácida que la asturiana, probablemente porque la fermentación maloláctica no suaviza la acidez, y al no separar las partes de la manzana mediante el trasiego, se obtendrá una mayor cantidad de sustancias con sabor astringente (sobre todo polifenoles).

      Y, además como todo buen asturiano sabe, la sidra se "escancia": así conseguimos  que el oxígeno del aire se mezcle con el ácido carbónico (el dióxido de carbono que se forma en la fermentación, al disolverse en un entorno ligeramente ácido produce el H2CO3) presente en la sidra, y una mayor calidad organoléptica (de sabor y olor). 

 
¡Mirad qué arte! vía




     Para los menos hábiles, que no han de ser los no asturianos, existen todo tipo de artilugios, a cual más sofisticado para lograr el escanciado perfecto.

     Esta entrada participa en la XVIII Edición del Carnaval de Química, alojado por XdCiencia y en el II Carnaval de Nutrición en alimmenta

03 octubre 2012

Navarra, tierra de diversidad

(Fuente)
Mi abuela se queja de Pamplona y de su gente. Dice que tienen un carácter poco comunicativo, que te hace dudar de si cometes un error o un acierto, de que en Asturias las personas son más acogedoras, etc. Yo llevo más tiempo que ella en esta ciudad, y conozco a más navarros que ella (que además está condicionada por otros factores: edad, situación, y enfermedad), y me permito llevarle la contraria con mucho cariño (eso sí).

Es verdad que aquí llueve mucho (¿en Asturias no?), que hay menos verde y los días pueden resultar más grises, que esto se hace pequeño (también Oviedo). Uno se encariña con casi cualquier cosa, y lo cierto es que uno se encariña con Navarra y sus gentes, también, y acaba derribando los tópicos de "son cerrados, son ariscos".

¡Menudo rollo para contaros lo que me pasó una vez (de tantas) que fui a Correos! Tenía que enviar a Madrid la pre-matrícula en un doctorado con Mención de calidad (antes del 10 de septiembre, cuando a día de hoy todavía no ha salido la lista definitiva de "seleccionados en la primera fase"). Ya soy asidua de estos servicios, así que sale solo el pedir al funcionario de Correos que te selle el documento oficial antes de cerrar el sobre (para que tenga validez la fecha en que lo envías). Me tocó una señora más bien seca, que parecía quejarse de mis peticiones y que al hablar parecía pegarte: "¿Tienes el original?"

- Claro.

Se pone a trabajar con su ordenador. Me mira:

- ¿Dónde?
- Eh... -me quedo muy pillada- No lo tengo aquí.
- Lo digo para sellártelo también, y que así tengas tú como un registro. 
- Ah...
- Puedes traerlo más tarde, y si no estoy yo, le explicas a mis compañeros tu situación.

(Se derrumba el topicazo de la gente de Navarra).

No necesitaba que me sellara el original, pero me conmovió el detalle y mucho.

Al día siguiente vuelvo a Correos a enviar otros papeles (los programas de las asignaturas que quiero convalidar si curso Ingeniería), y me toca la misma señora. Le pregunto si llega a los dos días por correo certificado urgente, y me dice que no porque el camión ya se ha ido, que si hubiera llegado un cuarto de hora antes... Le digo que no dependía de mí... Y me dice: Vale, espera...

Me explica que por el precio de mandarlo, me compensa otro servicio (Postal Express) que la diferencia de dinero no es tanta, y que ese sí me asegura la entrega en un plazo de 24-48 horas...

¡Quién se atreve a meterse con los navarros!, ¿eh?, ¿Quién? Que se las verá conmigo...

12 mayo 2012

Aurelio González Ovies

http://canellada.com/imaxe/aurelio.jpg
Por el día del libro, recibí de mi tío un fantástico regalo de Sant Jordi: un poema de Aurelio González Ovies, que me encantó. Y me hizo ilusión descubrir a un paisano mío, quizá porque últimamente había leído a José Luis Tejada, a Enrique García-Máiquez y a Federico García Lorca, todos andaluces, así que el primer libro que saqué de la biblioteca fue Vengo del Norte, que ganó el accésit del Premio Adonais. Me gustó, aunque reconozco que me pareció mucho mejor (a mi humilde entender) La hora de las gaviotas: ¡cómo huele a Asturias! ¡Qué gusto ver retratado en poesía mi patria, sus pueblos, sus costumbres, sus familias! También he leído algún que otro artículo que el autor publica en el periódico asturiano de La Nueva España. Quizá lo que más me cuesta es la falta de transcendencia del poeta. Después de leer a Tejada, me deja un vacío grande. Pero, es un gran poeta, y aquí os dejo el poema que me "regaló" mi tío, porque puestos a escoger, este describe muy bien al poeta y a Asturias, incluso a mi familia y, aún más, a la familia de mi abuelo:

USTED seguro que ha sentido vergüenza alguna vez
al decir que en su cuarto caía una gotera
o que su pobre madre le hacía el bocadillo
siempre de natas con azúcar
-son cosas de la vida-.
Confieso que en mi casa el olor a humedad
era casi entrañable
y todos los domingos se comían garbanzos,
salvo en alguna fecha señalada.
Que lloré muchas veces por no querer llevar
los jerseys con coderas
o no tener un lápiz con enanito arriba.
Confieso que la ropa nos la daban los primos
que ahora son albañiles
y que nuestra familia se rompió por la herencia
de unos metros cuadrados de baldosas con taras
-son cosas de la vida-.
Que, a escondidas de todos y hasta los siete años,
tuve el chupete debajo de la almohada.
Confieso que los míos son personas sencillas:
usted sospecha que hablo de un padre que no sabe
lavarse bien los dientes,
de una mujer que escribe con mala ortografía,
de unos hermanos fieles como la misma sangre
y una casa que huele, cada vez que entro en ella,
a las húmedas manos de la melancolía.
Confieso que he nacido donde hubiera elegido
por encima de todo
cada vez que naciera.

23 abril 2012

Orígenes


Soy una chica urbana
nacida sobre el asfalto,
habituada a ruidos electrónicos
y música de claxones.

Pero aunque me envolvía
el olor neutro y aséptico
del hospital, yo respiraba
otros aires que venían solo
de un poco más lejos.

Olía a vaca y a estiércol,
al marrano de San Mateo
y al caballo Rubio,
y veía (sin ver) la casa
de persianas verdes
donde se crió mi abuelo.
En la primera bocanada
no llené mis pulmones
de médicos y paredes
blancas, sino de tierra
mojada y verde asturiana.
Quizá ya soñaba con la
mina de oro del bisabuelo
de Arizona, o con Pelayo
y las montañas de la
muy querida Covadonga.

Kilómetros de ida,
kilómetros de vuelta,
para recorrer la tierra
de mis antepasados.
Para escuchar el mar
en los acantilados,
para subir montañas,
para cantar el Asturias
de mis amores.

Para destaponarse los
oídos y curarse las otitis,
y aprender los túneles
de antes y después del
Negrón. Para ver la
no-necesidad de ese paraíso
todo verde, todo lluvia
de Asturias, que es mi patria
aunque en ella no viva.

Con la leche materna
heredé las expresiones
arcaicas de bable de aldea
y me prestó probar la sidra
escanciada en una finca
y procurar no mancarme
cuando aprendí a patinar.

¿Y qué si no viví allí?
Mi madre y mi abuela
me hicieron asturiana
a base de canciones.
En mi sangre siento
latir la revolución
de la Reconquista
y oigo los tronares
de las piedras de la
batalla del 722.

Y es que Asturias
es mi patria, y Oviedo
mi capital. Y quien
me lo niegue no
es asturiano,
¡y es pura envidia
que le da!