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16 julio 2015

Plutón y sus extraterrestres

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Hace tiempo, la profesora de lengua nos encargó escribir un cuento. Entonces, tenía una imaginación más vívida… y no podían haberme mandado una tarea mejor. La única restricción es que el protagonista habías de ser tú mismo. Y a mí no me gustaba escribir de mí misma. Recuerdo dar un vistazo rápido al rincón de la clase donde estaba sentada, y allí encontrarme con la pieza que faltaba para que todo encajara en mi (loco) cuento. Plutonestre (en un alarde de inventiva antroponímica) era un simpático extraterrestre con forma de ordenador que venía del lejanísimo Plutón, para poner mi vida (y la de mis amigas y familia) patas arriba. La historia no tenía mucho más: había que conseguir que Plutonestre volviera a su planeta antes de que le descubrieran aquí, y la solución era tan sencilla como que se lavara los dientes de una manera peculiar. No me preguntéis como un ordenador extraterrestre de Plutón se lavaba los dientes, y como era esa manera tan peculiar que lo teletransportaba desde su planeta al mío. A mi clase de 5º de Primaria les gustó el relato; y el caso es que la historia me dio mucho de sí, porque llegué a escribir varias más al puro estilo de Teo: Plutonestre en el zoo,... Confieso que no me acuerdo de más títulos, pero sí de que en una de las entregas visitábamos su planeta. Cada “capítulo” venía ilustrado por mí misma pero creo que ya no existen evidencias físicas, ya que debí destruirlas todas en mi etapa máxima-vergonzosa. Sí que compuse una serie de monumentos plutónicos al más puro estilo terrestre pero con ordenadores (la Estatua de la Libertad, la torre Eiffel,...).

¿Por qué elegí Plutón como mundo de origen de mi Plutonestre? Es una suposición, pero creo que eran los confines de mi universo en 5º de Primaria, cuando todavía Plutón era el planeta más lejano del Sistema Solar. Estaba tan lejos.... que uno se podía inventar que allí vivieran extraños seres. (Lo de que fueran ordenadores, es culpa sola y exclusivamente de quién me sentó en ese sitio de la clase, leñe, no todo procede de mi loca cabecita). Pero Plutón ha dejado de estar lejos y de ser el mundo más lejano de mi universo en expansión, sobre todo desde que la New Horizons ha llegado hasta allí y trae noticias alucinantes de un planeta (ahora planeta enano) tan querido: sus montañas de hielo, su historia geológica... Y de paso aprender nuevos palabros como flyby. Así que, niños de Primaria, seguid soñando: ahora vuestros extraterrestres deberían venir de más lejos, de algún exoplaneta muy, muy lejano…, y ojalá que 15 años después os pase como a mí y se haya convertido en un lugar alcanzable.
Imagen de Plutón a 766000 kilómetros de distancia tomada por la New Horizons 16 horas antes del encuentro (NASA/APL-JHU/SwRI). Vía
De @lauramorron

Para conocer más de la historia de Plutón: Plutón, el increíble planeta menguante

Y estáte atento a @nchazarra y @eurekablog que seguirán actualizando sus blogs/Twitter,...

17 julio 2013

Fermat, matemáticas, historia y literatura

Los problemas de probabilidad son a veces controvertidos porque su solución matemática, la verdadera, resulta a menudo opuesta a la que sugeriría la intuición. Este fracaso de la intuición resulta quizá sorprendente porque “la supervivencia del mejor adaptado” debiera proporcionar ventaja evolutiva en favor de un cerebro que por naturaleza fuera capaz de analizar cuestiones de probabilidad. (...) La capacidad de analizar la probabilidad tiene que formar parte de nuestra naturaleza genética, y a pesar de ello la intuición nos engaña a menudo.
Desde que descubrí la historia de la ciencia, estoy tratando de saldar todos estos años de desconocimiento. Hay veces que mis pruebas no salen bien, pero otras veces sí, como ha sido el caso con el libro El enigma de Fermat de Simon Singh (reseñado por un compañero de Hablando de Ciencia). El enigma planteado por Fermat y la ambición (sueño) infantil del matemático Andrew Wiles será el hilo conductor que nos llevará por las distintas áreas de las matemáticas a través de los personajes que más han aportado a lo largo de su historia: Pitágoras, Gödel, Galois, Euler, Turing, Taniyama, Shimura,...

El autor, Simon Singh, no es matemático pero con un lenguaje sencillo plagado de anécdotas curiosas de la historia de las matemáticas, consigue contagiar la emoción de Wiles:

El anhelo por una solución para cualquier problema matemático viene provocado en gran medida por la curiosidad, y el premio consiste en la satisfacción simple pero enorme que se deriva de resolver un enigma.
“(...) Esta bien trabajar en cualquier problema, incluso si no se llega a resolver al cabo del día, siempre y cuando ello genere matemáticas interesantes por el camino. La importancia de un problema matemático yace más en las matemáticas que genera que en el problema en sí”. Wiles
“Existe un sentimiento de nostalgia. Hemos perdido algo que ha estado con nosotros durante mucho tiempo, algo que nos ha guiado a muchos hacia las matemáticas. Tal vez esto siempre sea así en matemáticas. Tenemos que encontrar nuevos problemas que capten  nuestra atención” Wiles

Y así aparece la relación entre matemáticas, armonía y arte:

“Las construcciones de los matemáticos, como las de los pintores o los poetas, deben ser bellas; las ideas, como los colores o las palabras, deben encajar con armonía. La belleza es el primer requisito: no hay un lugar permanente en el mundo para las matemáticas feas”. G.H. Hardy
Las relaciones entre temas aparentemente diferentes son tan importantes para la creatividad en matemáticas como en cualquier otra disciplina. La relación es una pista sobre una verdad oculta que enriquece ambos temas.
Otro tema interesante son la utilidad de las matemáticas:
Cuando G.H. Hardy declaró en 1940 que las mejores matemáticas son en buena medida inútiles, se apresuró a añadir que eso no tenía por qué ser negativo: “Las verdaderas matemáticas no repercuten en la guerra. Nadie ha descubierto aún ninguna aplicación bélica de la teoría de números”. Pronto se demostraría que Hardy estaba equivocado.
Y es que en la Segunda Guerra Mundial, los matemáticos y la criptografía jugaron un importante papel.

También sale a relucir la diferencia entre las matemáticas con respecto a otras ciencias más experimentales:
“Por supuesto, hay muchas materias para aprender, pero las matemáticas eran las más sencillas porque podía limitarme a leer libros de texto de matemáticas. Aprendí cálculo leyendo libros. Si hubiera querido aprender química o física habría necesitado instrumental científico y yo no tenía acceso a tales cosas” G. Shimura
Este post participa en la VI Edición del Carnaval de Humanidades, acogido en el blog Cajón Desastre

15 julio 2013

CSIC: pasado, presente y... ¿futuro?

En 1876 un grupo de catedráticos que compartían ideas de origen krausista(Giner de los Ríos, Gumersindo de Azcárate y Nicolás Salmerón entre otros) fundaron la Institución de Libre Enseñanza, para defender la libertad de cátedra al margen de ideologías políticas y dogmas oficiales en política, religión y moral. En su comienzo se trata de un establecimiento privado, al margen de la Universidad. Los hermanos Machado asistieron a la Institución de Libre Enseñanza, probablemente gracias a su abuelo que mantenía relación con los círculos institucionistas.
Una idea tan extraordinariamente buena no podía quedarse solo en un pequeño grupo de intelectuales ni en una institución privada: el 11 de enero de 1907 se crea la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE). La nueva institución heredaba los principios de la Institución Libre de Enseñanza, y sumar conectándolo a la cultura general y científica de Europa, y así acabar con el aislamiento y atraso españoles. Sus objetivos eran altísimos, nada menos que formar al personal que llevaría a cabo las reformas necesarias en ciencia, cultura y educación de España. Todos los esfuerzos de reforma y regeneración del país se convertieron en una ‘empresa nacional’ pública que quedaba al margen de los políticos en el gobierno:  los intelectuales y científicos del JAE tenían distintas ideologías, pero estarían unidos por una meta común: el JAE, precursor del CSIC.
Si te interesa, sigue leyendo en Hablando de Ciencia

19 abril 2013

Propuesta fiestera

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El género Agave, que significa “noble” en griego, fue descrito por primera vez por Linneo en 1753. Las plantas de agave, que se confunden generalmente con los cactus, pertenecen a la familia de Agavaceae; algunas tienen troncos definidos, pero la mayoría carecen de tronco. La distribución extendida de cerca de 300 especies, combinado con el hecho de que las plantas requieren aproximadamente de 8 a 12 años para madurar e hibridar fácilmente, hacen el estudio taxonómico y filogenético del género Agave extremadamente complicado. Y es que la familia de Agavaceae incluye 20 géneros y cerca de 300 especies, de las cuales cerca de 200 se encuentran en México. De entre todas ellas, el agave azul es el único entre cientos de especies de Agavaceae apropiado para producir tequila debido a su alta concentración en inulina y bajo contenido en fibra, y también por los compuestos químicos presentes en la planta, que contribuyen al sabor y aroma finales del tequila, dando a la bebida sus características particulares. Se ha intentado usar otras especies de agave para producir tequila en otros estados del país, sin éxito. 
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Por eso, y siguiendo con la serie comenzada de Para el fin de semana: un poco de ron; y sidrina, vamos a seguir con la mala costumbre de explicar cómo se hacen las bebidas alcohólicas; y hoy le ha tocado el turno al tequila mexicano, que se obtiene por destilación del zumo fermentado a partir de la planta agave (Agave tequilanu Weber var. azul). La fermentación se produce por cepas de Saccharomyces cerevisiae. Por encima del 49% (en peso) de los azúcares provienen de una fuente distinta al agave, normalmente la caña de azúcar.

Se piensa que la palabra tequila proviene de la tribu de los ticuilas que tiempo atrás habitaban en la ladera de un volcán situado cerca de la ciudad de Tequila y que llevaría el mismo nombre. Otro posible origen es la palabra ‘nahuatl’ tequitl que significa trabajo o empleo, y la palabra rlan, que significa lugar, de manera que tequila vendría a ser ‘lugar en el que este trabajo o labor se hace’. La información más antigua que revela la existencia del agave y sus diferentes usos es anterior a los españoles, y aparece en muchos códices preservados hasta la época actual. 

El primer proceso de producción de tequila con intención comercial tiene lugar en la ciudad de Tequila alrededor de finales del siglo XVIII. Los principales consumidores eran los habitantes de las zonas de minería localizadas en el estado de Jalisco. Los españoles trataron de suprimir el consumo de tequila a través de un decreto firmado por Carlos III en el que se prohibía la venta y producción de tequila (ya que competía con el brandy y otras bebidas importadas de España), bajo el pretexto de que provocaba enfermedades. El gobierno de la región promulgó más tarde un decreto que imponía una tasa al tequila y por tanto, se permitía su venta en toda la Nueva España.

El agave azul se cultiva en el estado de Jalisco en dos regiones con el clima y la composición del suelo adecuadas para su crecimiento. Los cultivos celulares de agave son una nueva biotecnología, aún en etapa experimental, que no se emplea comercialmente por la baja disponibilidad de técnicos preparados y de instalaciones de laboratorio para pequeños productores. Aunque ya hay resultados positivos de estos cultivos, desafortunadamente, estas nuevas plantas requerirán más tiempo antes de que puedan usarse en el campo.

Las hojas del agave se cortan por la base y se dejan en el campo para reciclar nutrientes. Las plantas recolectadas, libres de hojas, se transportan a la destilería. Solo las mejores plantas, principalmente, aquellas de buen tamaño y alta concentración en inulina (medida como azúcares reductores) se recolectan. La composición del agave varía estacionalmente, pero la media podría ser como sigue (base húmeda): azúcares reductores 27% (v/v), pH 5,2, y mosto 0,572 mL/g. Cualquier proceso de producción tiene las siguientes etapas, en las que está siempre presente la química: (1) cocción, (2) molienda, (3) fermentación, y (4) destilación. 

La cocción del agave sirve para producir la  hidrólisis de la inulina y otros compuestos de la planta para liberar azúcares, principalmente fructosa, gracias al bajo pH (4,5) y las altas temperaturas. En segundo lugar, algunos de estos azúcares se caramelizan y se producen otros compuestos que contribuyen significativamente al aroma y sabor del tequila. Finalmente lo que se obtiene de la cocción del agave tiene una consistencia que facilita la operación de molienda.

En la etapa de molienda, el agave cocido pasa a través de una cuchilla (excepto en las fábricas que hacen esta operación antes de la cocción), y mediante una combinación de molienda y extracción de agua, se extraen los azúcares. El zumo de la molienda se mezcla con el jarabe obtenido de la etapa de cocción y con la solución de azúcares (si el tequila que se obtiene no es 100% agave), y finalmente se bombea dentro del fermentador.

La etapa de molienda genera un subproducto llamado bagazo, que representa alrededor del 40% del peso total del agave molido (en base húmeda). Este bagazo está compuesto por celulosa, hemicelulosa, lignina, pectinas, azúcares residuales, y otros compuestos. Si se mezcla con arcilla, puede usarse para hacer ladrillos. Además, se ha intentado recuperar sus componentes (celulosa, hemicelulosa, y pectinas) usando reactores de alta eficiencia termoquímicos, o incluso obtener furfural, o enzimas (celulasa y pectinasa).

Para la fermentación, hay compañías que no inoculan una cepa específica de levadura S. cerevisiae y permiten que el proceso se lleve a cabo por fermentación natural. Otras inoculan el mosto con levadura de panadería o bien con extractos comerciales de levadura, para conseguir poblaciones iniciales de 20 a 50 células por mililitro. Los extractos se preparan originalmente para la producción de vino, cerveza, whisky, o pan y a veces la calidad del tequila obtenido con ellas no es satisfactorio. Para alcanzar altos rendimientos y mantener constante la calidad del tequila, algunas empresas usan cepas de levaduras aisladas de la fermentación natural del zumo de agave cocido con algunos nutrientes añadidos y usando condiciones especiales como alta concentración de azúcar y temperatura. Estas cepas aisladas y seleccionadas de levaduras se guardan en colecciones de cultivo microbiano nacionales.

Una vez que el mosto tiene los nutrientes requeridos y su temperatura está alrededor de 30ºC, se inocula con un  5-10% en volumen de cultivo de S. cerevisiae. Si no se inocula, la fermentación puede alargarse hasta 7 días, pero con el inóculo la fermentación estará en un intervalo de 20 h la más rápida a 3 días la más lenta.

La producción de alcohol etílico por levaduras está asociada también con la producción de muchos compuestos de fermentación que contribuyen al sabor final del tequila, ya sean compuestos organolépticos o sus precursores. La producción de etanol puede detectarse prácticamente desde el comienzo por una caída de pH de 4,5 a 3,9. El contenido en alcohol al final de la fermentación queda entre 4 y 9% v/v. Las pérdidas de alcohol pueden ser significativas porque los tanques de fermentación están abiertos, y permiten la evaporación de alcohol. La temperatura de fermentación puede exceder los 40ºC, provocando que se acabe la fermentación y haciendo etanol y compuestos que afectan a la calidad del tequila. 

No solo hay levaduras en los tanques de fermentación... El tamaño de la flora bacteriana depende de varios factores: crecimiento bacteriano durante la propagación de levaduras, abundancia de bacterias en la materia prima, y los estándares de higiene de la destilería. No hay duda de que la actividad de estas bacterias contribuye a las características organolépticas del tequila. De vez en cuando, el tamaño de la población bacteriana en el mosto de fermentación puede ser superior, en cuyo caso las bacterias consumen azúcares, reduciendo el rendimiento de etanol y a veces excretando compuestos indeseables.

Por último, la destilación sirve para separar y concentrar el alcohol a partir del mosto fermentado. El sistema de destilación más empleado en la industria del tequila siguen siendo los alambiques y columnas de rectificación. El diseño más simple consiste en un hervidor con el mosto fermentado, un serpentín de vapor, y un condensador o plato intercambiador de calor. Los hervidores están hechos frecuentemente de cobre que “fija”, los compuestos que contienen azufre y que suelen ser volátiles y malolientes. La destilación usando hervidores se lleva a cabo en dos etapas. En primer lugar, el mosto fermentado se destila para incrementar la concentración de alcohol de 20 a 30% en volumen, separando la primera fracción de cabeza y la última de cola. En general las cabezas son ricas en compuestos de bajo punto de ebullición como acetaldehído, acetato de etilo, metanol, 1-propanol, 2-propanol, 1-butanol y 2-metilpropanol que dan un sabor y gusto agradable al tequila. Las colas contienen compuestos de alto punto de ebullición como alcohol isoamílico, alcohol amílico, 2-furaldehído, ácido acético y lactato de etilo, dando un sabor y tacto fuerte al tequila, y cuando la concentración está por encima de 0,5 mg/mL el producto final es desagradable. En la segunda etapa, el líquido obtenido de la primera se destila otra vez, para obtener un producto final.

Las principales áreas de mejoramiento del tequila actual son 1) el desarrollo de nuevas variedades de agave resistente a las plagas o a ambientes extremadamente secos, con mayor contenido en inulina y bajo contenido en cera; 2) mecanización del cultivo y cosecha del agave (que actualmente se hace a mano); 3) optimización de las etapas de cocción y fermentación para mejorar rendimientos y reducir la cantidad de residuo; 4) la selección de cepa de levaduras y mejoramiento de los mostos fermentados; y 5) alternativas de bajo coste para el tratamiento de residuos, principalmente del bagazo. Y como podéis ver la ciencia, en concreto la química, bioquímica, microbiología, y nutrición tienen que decir bastante al respecto. ¡Buen fin de semana! Cuando bebas, brinda a la salud del científico de a pie ;)

1) Este post participa en el  XXIV Carnaval de la Química alojado en el blog el zombi de Schrödinger,

2) También, si le parece que encaja al organizador, en la III Edición del Carnaval de la Nutrición alojado por Casa Scientia
3) Este post participa en el Carnaval de Biología edición especial micro-BioCarnaval, en la sección SEM, categoría estudiante de doctorado, que hospeda @Raven_neo  en su blog Micro Gaia

Referencias bibliográficas

Cedeño, M. (1995). Tequila Production Critical Reviews in Biotechnology, 15 (1), 1-11 DOI: 10.3109/07388559509150529

ACTUALIZACIÓN 16-07-2013: Dolores Bueno (@Ununcuadio)ganó en la categoría C al ser la única participante.


18 marzo 2013

Reflexiones al margen del simposio

Este sábado tuve la enorme de asistir al VIII Simposio de Enseñanza e Historia de las Ciencias y de las Técnicas organizado por la SEHCYT, y aunque con semejante denominación no dudaba del nivel, superó con mucho mis expectativas. Para abrir boca dejo el programa (¡lástima haberme perdido el primer día de ponencias!).

¿Cómo acabé en este Simposio? ¡Preguntadle a Alberto Magno! Buscando bibliografía y referencias fiables para no inventar demasiado..., me puse en contacto con el autor de fantásticos artículos, que justo es el presidente de la Sociedad y que venía a Barcelona para el simposio.

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La primera ponencia que escuché justo la impartía el propio Manuel Castillo y que con semejante título ya había atraído mi atención (Año 1860: Congreso de Karlsruhe, espectroscopía de Bunsen y Kirchhof y mechero Bunsen). Comenzó con una frase apabullante dicha en el siglo XIX: hay menos descubrimientos hechos de los que quedan por hacer, esa es la base para el progreso de la Química Moderna [no es textual sino de mi mala memoria].

El congreso de Karlsruhe es uno de los más nombrados en Historia de la Química, organizado por Kekulé. La carta que se envió a los químicos eminentes del mundo decía entre otras cosas que era necesario que "se reúnan para unificaciones (...), hacen falta definiciones precisas de los conceptos átomos, moléculas, (...) y establecer una nomenclatura racional". Asistieron 157 químicos.

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Otro hito de 1860 fue el desarrollo del primer espectroscopio por Kirchoff y Bunsen, que permitió que se descubrieran nuevos elementos nuevos de la tabla periódica como el cesio, rubidio, talio, indio (entonces recibieron su nombre por el color que presentaban a la llama y no por un determinado científico), helio, galio, escandio y argón por citar unos cuantos. Bunsen perdió la visión de un ojo cuando intentaba determinar la cantidad de arsénico en el primer compuesto organometálico sintetizado en el laboratorio.

Por último, los científicos y cualquiera que haya estado en un laboratorio, conocerá de sobra el mechero Bunsen, aunque en mi caso no conocía la interesantísima historia de que Bunsen necesitaba calentar las sales metálicas para observar el color que emitían en la llama a través de un prisma que separaba las diferentes longitudes de onda del color (el espectroscopio). En su laboratorio de Heidelberg tenía gas pero los mecheros disponibles daban demasiada luz para poder ver los colores, así que junto a su ayudante inventó su propio mechero que funcionaba con una mezcla de aire y gas (hidrocarburos) en el tubo que lo forma.

La propuesta del profesor Castillo Martos es aprovechar estos instrumentos de uso cotidiano en las prácticas de un científico para introducir al alumno de Grado en la Historia de la Ciencia. Fue como si me abrieran un mundo entero de posibilidades, porque ya sabéis que llevo tiempo dando vueltas a esa asquerosa separación de "Ciencias" y "Letras". La Historia de la Ciencia podría ser perfectamente el comienzo de la "tercera cultura" de C.P. Snow, como me dijo ayer el profesor Castillo: "solo un científico puede hacer Historia de la Ciencia, porque ¿cómo iba a saber un filósofo que el aparato de la botica de El Escorial equivale a la destilación fraccionada actual solo por las instrucciones descritas?", mientras me ponía de ejemplo a Kuhn, físico teórico y filósofo de la ciencia.

Retomando el anterior tema propuesto por Luis para la III Edición del Carnaval de Humanidades, la Ciencia es Cultura, como tal está presente desde el desarrollo de la especie Homo sapiens, y de la Historia. Puede que la Historia de la Ciencia haga a los científicos más humanistas y permita el acercamiento entre dos constructos (como diría José Luis) entre los que no debería existir separación. Aquí me gustaría mencionar tres blogueros que hacen uso frecuente de la historia de la ciencia, para agradecerles lo que enseñan cada uno a su manera, Bernardo Herradón, César Tomé, y los retosEPAP de Dani Torregrosa.

Tal como copié en otra ponencia: "El reto cultural del tratamiento de patrimonio industrial es el de ayudar a superar la disyunción entre cultura de las humanidades y la cultura científica", de Magda Fernández, Departamento de Didáctica de Ciencias Sociales de la UB, 2004. Otro horizonte abierto: cómo formar por medio de los museos de todo tipo, por medio de actividades interactivas y el aprovechamiento de cualquier cosa: los casos presentados fueron desde un museo de Telecomunicaciones de la Politécnica de Madrid con aparatos del comienzo del telégrafo, teléfono, televisión, etc.; de instrumentos de las primeras escuelas de lo que hoy sería Formación Profesional, en su momento formación del operario de la fábrica por medio de aparatos "reciclados" y adaptados o construidos ex profeso para la enseñanza; una colección de medicamentos desde 1950 que se usa en asignatura de Farmacia de la Universidad de Alcalá de Henares; hasta una interesante iniciativa en la región de Murcia de aprovechar las patentes de inventores de la zona para investigar y formar a estudiantes de ESO y Bachillerato. También me resultó interesante conocer la historia de la Real Academia Mathematica, absorbida luego por el Colegio Imperial de los jesuitas, que surgió para formar buenos pilotos tras el descubrimiento de América.

También se habló de la asignatura desaparecida con la LOMCE, CMC, de cómo implementar la enseñanza de la Historia de la Ciencia, de manera que no se tratara de meras "gotas de ciencia" o anécdotas encajadas en un libro de texto, o de cómo usar obras de arte para esta función, e impartir desde la Ciencia clase de historia y de arte, ¿porque acaso el conocimiento no es transversal y por tanto interdisciplinar?; o usar la iconografía de científicos de manera que se pueda estudiar cómo eran vistos por sus contemporáneos.

Quiero destacar la ilusión de los ponentes, como formadores en museos, profesores universitarios o de instituto que compartieron sus proyectos a medio hacer aún en sus respectivos centros, y que contagiaban fácilmente al resto de la sala (y en concreto a mí). Aunque JoF me lo había demostrado previamente, cada vez estoy convencida que buena parte de la comunidad científica tiene ese espíritu renacentista al más puro estilo Da Vinci.

Este post participa en la XXIII Carnaval de la Química alojado en el blog molesybits y también en en la IV Edición del Carnaval de Humanidades  alojado por Kurt Friedrich Gödel en su blog Literatura es aprehender la realidad

26 enero 2013

4. El teólogo alquimista

(Continuación de 1. La noche oscura del alma2. Fray Ilustrísimo y 3. En busca de manuscritos)
Fausto y Mefistófeles vía

Sabía que tenía fama de loco, cuando no de pecador. Su MagisterTheologiae le salvaba de que lo acusaran de pacto con el diablo, al menos de momento. Es cierto que en la zona que ocupaba del convento, en ocasiones había un tufillo intenso a azufre, aunque procuraba disimularlo calentando muchas más cosas de olores aromáticos... Alberto había descartado que el diablo se hallara detrás de sus pruebas, ya que nunca oyó voces ni se le apareció en medio de llamas. Así que dedujo que los cambios que detectaba en sus pócimas se debían al efecto de la llama o alguna otra explicación más terrenal que el fuego del Infierno. Pero era difícil conseguir hacerse entender por el colectivo que formaban sus hermanos frailes, muy buenos y santos, pero poco predispuestos a indagar acerca de la materia que formaba el mundo en el que cultivaban, cocinaban y vivían. Cierto que “materia” era un concepto tomado de Aristóteles..., y los hermanos que estudiaban teología en la universidad de París, con suerte habían leído traducciones de Platón, el cual no se preocupaba de tales asuntos ya que no pertenecían a su mundo de las Ideas.. Alberto mismo no conocía apenas el griego y había de servirse de traducciones de Maimónides y Avicena, siempre a escondidas para evitar sospechas malintencionadas. Varias veces habían intentado acusarle de prácticas diabólicas, pero nunca pasaban a mayores. ¿Cómo es que Alberto había vendido su alma al diablo, y por eso destacaba en la solidez de su doctrina católica tanto desde el púlpito como en la cátedra? ¿Alberto que pasaba horas en la capilla, y que todos sabían que tenía las rodillas despellejadas y encallecidas de arrodillarse? ¿Alberto que celebraba cada día la Misa con sumo cuidado y devoción? Difícilmente podría alguien creerse en serio dichas acusaciones.
Maimónides vía

Gracias sean dadas al Dios que le concedía la libertad de llevar a cabo sus experimentos y observaciones. Ya habían pasado los tiempos difíciles cuando solo era un fraile más que estudiaba teología, y que tenía que esconderse. Muchas de sus ideas (“¿y si hiciera tal cosa?”) habían tenido que aguardar años en su memoria antes de poder ensayarlas. Ahora siempre que tuviera cuidado y discreción conseguía un mínimo de intimidad y de espacio y tiempo para dedicar a sus estudios naturalistas.


París tenía las ventajas de una gran urbe: uno podía encontrar todo aquello que necesitara: manuscritos sobre alquimia y la naturaleza, tratados teológicos y filosóficos griegos y judíos, y se podía adquirir minerales y piedras raras. Se decía de Alberto que tenía amigos debajo de las piedras, y así conocía a un soplador de vidrio que le ayudó a construirse un alambique (que en cierta ocasión vio en casa de un afamado alquimista), había estado varias veces en la forja de espadas observando con minuciosidad el proceso. Allí siempre había fuegos más grandes y potentes que en casa del alfarero, y uno podía ver cómo los sólidos y los metales nobles usados para las armas de caballería se convertían en líquidos brillantes y viscosos que tomaban la forma del recipiente en los que eran vertidos. Alberto siempre llevaba encima un trozo de pergamino para apuntar todo aquello que le pareciera de interés, y que quisiera pensar con más detalle. A veces se llevaba pequeños trozos sobrantes de los metales de la forja, y los trataba con los ácidos obtenidos en su alambique.

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“Obtenemos un fluido de destilar el nitro y el vitriolo (ácido nítrico), que ha de manejarse con extremo cuidado, pues una gota es capaz de destruir la madera, el pergamino, o la túnica, y no sería la primera vez que alguna persona presente quemaduras por tocarlo. Intentando conocer la naturaleza de esta nueva sustancia encontrada por el hombre, he probado a ponerla en contacto con agua, jabón, vino, pan y queso. Pero su comportamiento es totalmente distinto al aproximarlo al acero o a hierro puro: es como si  tuviera una extraña ‘afinidad’ por los metales.

Fuente
“Muchos años de experiencia, observando e incluso probando yo mismo como si fuera un aprendiz más en la forja, me llevan a negar que sea posible obtener oro de otro metal. Mediante el fuego podemos transformarlos en líquidos, y también con bastante cantidad de destilado. Las ocasiones en las que alguno dice haber conseguido la transmutación en oro, revelan finalmente ser engaños, y es que como mucho, se puede recubrir con oro o bien con algún mineral que se asemeje al color del oro, pero eso no cambia la sustancia del metal.”

Alberto por principio no descartaba nada, pero siempre trataba de comprobarlo y experimentarlo en primera persona. Iba guardando los pergaminos en los que escribía: partiendo de la descripción de Aristóteles acerca de la composición del mundo, intentaba comprobar la veracidad de sus argumentos con los medios que tenía a su alcance. Al contrario de los secretos y falsas recetas que uno podía encontrar en los manuscritos de alquimistas, Alberto apuntaba cuánta cantidad utilizaba, cuánto tiempo tardaba en producirse algún cambio, el color de todo aquello que aparecía o desaparecía. Cuando tuvo el privilegio de descuartizar la vaca para alimentar a los pobres durante la hambruna, se fijó que en cuatro partes distintas había hierba, lo que le llevó a fijarse en la manera de comer de la ternera que aún quedaba en el convento. Si le tocaba ayudar en la cocina se interesaba por la manera de hacer queso a partir de la leche y también en cómo se elaboraba el pan. Los hermanos dominicos estaban acostumbrados a encontrarse a Alberto en los lugares más insospechados, mirando y apuntando los asuntos más insospechados. Como aquella vez que apareció en la capilla con las cejas chamuscadas y eufórico. Al parecer había destilado vino, y lo que había obtenido se le derramó en el fuego y salió una llamarada sin que le diera tiempo a apartarse. Ninguno entendía que podía tener de interesante, pero Alberto estuvo un tiempo decidiendo donde era más seguro almacenar el vino por si había un incendio en París.

Una vez un novicio le preguntó por qué lo escribía todo. Alberto le miró sorprendido:

- Otros aprenderán de mis errores, y así como el conocimiento de nuestros antepasados ha quedado escrito en los códices, todo lo que haya experimentado sea accesible al que le interese. Supongo que esa es la mejor manera de crecer en sabiduría.

El novicio no pareció muy convencido. Alberto sabía por experiencia que no había muchas personas como él, pero algo dentro de él le animaba en su empeño de preservar sus experimentos, porque si bien no confiaba en encontrar a alguien que continuara su legado, sí esperaba que hubiera épocas mejores.





Esta entrada participa en XXI Edición del Carnaval de la Química en este blog (Pero eso es otra historia y debe ser contada en otra ocasión), también en la III Edición del carnaval de Humanidades que se encuentra en El cuaderno de Calpurnia Tate


Los siguientes capítulos de esta serie los puedes leer en los siguientes enlaces:

20 enero 2013

La Guerra Fría en la Tabla Periódica

LEET MI Explain optó por el archidesconocido Wallace, Luis Moreno se ha aliado nada menos que con Calpurnia Tate, y ¡Jindetrés, sal! no para de hacer viajes en el tiempo para traernos de vuelta a ¡Darwiiinnn! Incluso el poeta EGM tiene un blogg por Frances Blogg, esposa del escritor Chesterton. Si conoces un poco este, pobablemente ya sepas que Alberto de Suabia se convirtió desde muy pronto en patrón y jefe de su redacción. Pero, así como Fosfatín tiene su terrible Némesis en Arsenín, Uuq la tiene en ¡Flerov!

(Vía)
Que ¿por qué? ¡Porque Ununcuadio (aunque mi madre lo pronuncie en una especie de latinizado ununcuandium o más comúnmente unun¿qué?) suena infinitamente mejor que Flerovium, o "Flerovia" (que también me lo han llamado...)! Así que hoy sacaremos en exclusiva todos, todos los trapos sucios de Georgy Flyorov. Y para que no me acuséis de parcial, os digo desde ya que todo lo que diga se puede encontrar en Internet, en los libros La cuchara menguante de Sam Kean y Antes de Hiroshima. De Marie Curie a la bomba atómica de Diana Preston.

Ya desvelamos hace un tiempo que Flyorov fue responsable de que los soviéticos empezaran a desarrollar la bomba atómica. Durante el mandato de Stalin no era fácil dedicarse a la ciencia, si esta no concordaba con el ideario comunista. Cuenta Sam Kean que Lysenko fue el prototipo de científico afín al régimen y favorito, por ello de Stalin: negó la existencia de los genes, afirmando que lo único que importaba era el ambiente, y en este aspecto se demostraría que el comunismo era superior al capitalismo de Occidente.

"Pero el caso de Flyorov es ambiguo. Había visto cómo se desperdiciaba la vida de muchos colegas, incluidos 650 científicos arrestados durante una imborrable purga de la selecta Academia de las Ciencias, muchos de los cuales fueron ejecutados por ser traidores que se 'oponían al progreso'. En 1942, Flyorov, con veinticinco años de edad, albergaba profundas ambiciones científicas y poseía el talento para alcanzarlas. Atrapado como estaba en su país, supo que su única posibilidad de progresar estaba en la política. Y la carta de Flyorov funcionó. Stalin y sus sucesores quedaron tan satisfechos cuando la Unión Soviética hizo estallar su primera bomba atómica, en 1949, que ocho años más tarde el camarada Flyorov fue puesto al cargo de su propio laboratorio de investigación. Se trataba de un edificio aislado a ciento treinta kilómetros de la ciudad de Dubna, donde podía trabajar libre de interferencias del Estado." [1]

Aunque Flerov estuviera entusiasmado con la fisión nuclear, se dedicó a la investigación en fines más bien pacíficos: rayos cósmicos y la aplicación de la física nuclear a la prospección de petróleo. "En Dubna, Flyorov tuvo el acierto de centrarse en la 'ciencia de pizarra', en temas prestigiosos pero esotéricos, demasiado difíciles de explicar a los legos y que, por tanto, era poco probable que pudieran contrariar a una ideología intolerante."[2]

Después de 1945, comienza la llamada Guerra Fría, que se caracterizó por un continuo enfrentamiento ideológico, económico y tecnológico entre la URSS y USA, que si bien no llegaron a una Tercera Guerra Mundial poco les faltó en numerosas ocasiones. Ambos bandos pretendían demostrar la superioridad de sus planteamientos, lo que influyó de forma decisiva en los descubrimientos científicos de la época, ya fuera en la carrera espacial, o en el caso de Flerov para la tabla periódica.
(Vía)
En California, en la universidad de Berkeley, tras el descubrimiento del neptunio, se halló que este se descomponía dando lugar a un nuevo elemento: el plutonio. En el Proyecto Manhattan se investigó tanto el uranio como el plutonio de cara a las dos bombas que se lanzaron en Hiroshima y Nagasaki.

Pero los investigadores Seaborg y Ghiorso emplearon el plutonio para tratar de descubrir nuevos elementos: los transuránidos, a los que tenían derecho por ser descubridores a elegir el nombre (y se tienen los elementos californio, berkelio y seaborg). Para ello, bombardeaban el plutonio con partículas alfa (formadas por dos neutrones y dos protones), en vez de bombardear con neutrones. Como las partículas alfa tienen carga, resultan más fácilmente acelerables que los neutrones en un ciclotrón. Un ciclotrón consta de dos placas semicirculares que se colocan con los bordes diametrales adyacentes aplicando vacío y con un campo magnético uniforme en perpendicular a la dirección de las placas. Se aplica también altas frecuencias de oscilación en los electrodos de las placas produciendo un campo eléctrico oscilante sobre la región diametral entre ambas (placas). [3]
Si ya el plutonio no era estable, se puede suponer que cuánto más pesados fueran los elementos, más difícil se ponía el asunto: "Obtener una cantidad de einstenio (el elemento 99) suficiente para siquiera considerar la posibilidad de saltar desde él hasta el elemento 101 requería bombardear plutonio durante tres años." [4] El einstenio obtenido de esta manera, se disponía en una lámina de oro que se bombardeaba con las partículas alfa. Luego se procedía a disolver el oro, para conseguir los átomos que hubieran quedado incrustados en la lámina. Una vez tenían el nuevo átomo de "X" se metía en un tubo de ensayo para caracterizarlo: con qué reacciona, qué valencias tiene, etc. Pero...no había suficiente cantidad, había que cambiar los métodos de análisis: esperar a que se desintegrara y analizar los fragmentos. En Berkeley tenían además otro inconveniente y era que el bombardeo se hacía en un laboratorio y la detección en otro a varios kilómetros de distancia. Así que "Ghiorso esperaba afuera en su Volkswagen, con el motor en marcha, para llevar la muestra a toda prisa hasta el otro edificio. El equipo hacía todo esto por la noche, porque en caso de atasco, la muestra podía tornarse radiactiva sobre las piernas de Ghiorsi y todo el esfuerzo se echaba a perder." [5]

Pues bien, resulta que "Flyorov y sus colaboradores estudiaron a fondo y copiaron las técnicas del laboratorio de Berkeley. Y en gran parte gracias a él, hacia finales de la década de 1950 la Unión Soviética se había sacudido de encima su reputación de retrasada en la ciencia física." [6] Esta era la investigación esotérica a prueba de las sospechas comunistas, porque el descubrimiento de nuevos elementos consistía en  registrarlos con detectores de radiación conectados a computadoras (es decir, que ver ver, no se veía al nuevo elemento). Tampoco valía utilizar el elemento más pesado recién descubierto y bombardearlo con partículas alfa, porque ya hemos visto la dificultad de obtener una cantidad suficiente de einstenio. Los físicos intentaban la fisión de otros elementos de la tabla periódica, después de hacer cálculos para intentar predecir si lo conseguirían.

Como podéis imaginar a los americanos no les hizo nada de gracia que los rusos les estuvieran adelantando, y esto dio lugar a una especie de competición no amistosa  (una Guerra fría a nivel de tabla periódica) entre Dubna y Berkeley, que volvió locos a los editores de tablas periódicas... Porque cada facción ponía sus propios nombres a los elementos que descubría. Al final, la IUPAC hizo de árbitro, pero los de Berkeley no estuvieron conformes con el veredicto y montaron una rueda de prensa y escribieron muchos artículos científicos defendiendo al seaborgio. En 1996 se publicó la lista definitiva que incluía el seaborgio para el 106 (y también el dubnio (104), descubierto por el grupo de Flyorov en Dubnia, en realidad el dubnio es el 105 como señala Gödel en los comentarios, es una errata del libro de Sam Kean).

Con la jubilación de los dos pioneros, Seaborg (que murió poco después de que se incluyera "su elemento") y Al Ghiorsi, la retractación de la universidad por los errores del científico Ninov, Berkeley perdió su prestigio y financiación. "Peor quizá es que los americanos se vieron reducidos a viajar a Dubna si querían trabajar con elementos pesados. Allí, en 2006, un equipo internacional anunció que tras hacer colisionar diez trillones de calcio contra una diana de californio, habían producido tres átomos del elemento 118. (...) Los rusos tienen las de ganar, pues el hallazgo se produjo en su laboratorio, y al parecer son partidarios de llamarlo 'flyorio'." [7] A posteriori queda por señalar que el 8 de diciembre de 2011 se puso el nombre de Flerovio al elemento 114 (y no al 118).

Referencias

[1], [2], [4], [5], [6], [7] La cuchara menguante, Sam Kean, 1ª edición Editorial Planeta

[3] E. Rutherford y M. Livingstone, The production of high speed light ions without the use of high voltages, Physical Review April 1, 1932, Volume 40.

Esta entrada participa en XXI Edición del Carnaval de la Química en este blog (Pero eso es otra historia y debe ser contada en otra ocasión), también en la III Edición del carnaval de Humanidades que se encuentra en El cuaderno de Calpurnia Tate y en la XXXVIII del Carnaval de Física que organiza Eureka

(Fuente)


20 octubre 2012

Apunte histórico sobre Georgii Flerov

(Vía)
He decidido dedicar un post a mi descubridor: por el que se supone que me han cambiado el nombre de Uuq a Fl (Flerovium, por su apellido). Y es que he tenido la sorpresa de encontrármelo en plena Segunda Guerra Mundial: "a principios de 1942 un joven muy observador, el físico de 28 años Georgii Flerov, se fijó en que los nombres de todos los científicos conocidos, que meses atrás supuestamente habían trbajado en la fisión atómica, habían desaparecido de las revistas académicas internacionales. Íntimamente convencido de la viabilidad de construir un arma nuclear, y receloso de los "perros que no ladraban". Flerov escribió a Stalin instándolo a ordenar que la Unión Soviética contruyera cuanto antes una bomba de uranio.

El entusiasmo mesiánico de Flerov concordaba con los informes que habían empezado a llegar a Moscú algunas semanas antes enviados por un agente soviético en Londres, Anatolii Gorskii, cuyo nombre en clave era Vadim. Estos informes detallaban los debates británicos de alto nivel referidos al Informe Maud [programa atómico británico]. Revelaron a los rusos que Gran Bretaña había decidido construir una bomba atómica, que sería probable que fabricarla llevara entre dos y cinco años, y que algunas de las plantas necesarias para la fabricación se construirían en Estados Unidos" [1].

Desde 1937 trabajaba en el equipo de Igor Kurchatov al que Stalin "designó (...) para el cargo de director científico. El trabajo comenzó en marzo de 1943, sólo alrededor de un mes después de que las tropas alemanas se rindieran en Stalingrado tras una contraofensiva soviética bautizada con el nombre en clave de "Uran"- que significaba "Urano" o "uranio"- lo que tal vez no fuera una coincidencia. [2]"

Estudió la fisión nuclear y los rayos cósmicos, y también a las colisiones entre núcleos y a la síntesis de nuevos elementos, usando un ciclotrón de 150 centímetros para acelerar iones nitrógeno. Creó el Instituto para la Investigación Nuclear en Dubna, donde se construyeron nuevos ciclotrones hasta de 310 centímetros, donde se sintetizaron los elementos del 102-107, estudiando sus propiedades y radiactividad [3].
(Fuente)

En Rusia existe un premio con su nombre que se otorga a científicos que sobresalen en la física nuclear, y en 2011 se otorgó su nombre al "famoso" elemento 114.

Como podéis observar, sin buscarlo, parece que todos los caminos me llevan a Rusia ;)
(Vía)
Referencias:

[1] Preston, D., Antes de Hiroshima. De Marie Curie a la bomba atómica, 1ª Edición, p. 243

[2] Ídem, p. 244

[3] Wikipedia