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02 noviembre 2024

Diez cosas que me salva(ro)n la vida + un bonus track

La verdad es que todos los valencianos y los que vivimos en la terreta solo tenemos una cosa en la cabeza... Sin embargo, como ya tenía esto escrito por mi cumplevida, le doy al botón de publicar.


No he resuelto mi duda lacerante. Puede que nunca lo haga… Así que para mi decimotercer cumplevida se me ha ocurrido compartir, por si sirviera a mis hermanos en la sombra, aquellas cosas que a mí me salva(ro)n la vida hace 13 años, el día que no morí.

La primera es muy obvia: la terapia farmacológica y la psicoterapia (en concreto, la reestructuración cognitiva). Aquí es un momento perfecto para dar las gracias, una vez más, a mis increíbles psiquiatra y psicóloga que, como escribí en los agradecimientos de mi tesis eterna, están siempre disponibles y no permiten que pierda el rumbo ¡incluso en un doctorado!


Bueno, la segunda también es muy obvia: las relaciones tanto familiares como de amistad. Y, sé que esto no es para todo el mundo, pero al final estoy hablando de mi propia experiencia y en mi historia también la relación con lo trascendente (o El Trascendente) ha sido cimiento ante el colapso total de mi existencia: forma parte de mi identidad y negarlo es no aceptarme ni quererme.


La tercera, el blog. ESTE blog. En el que llegaba a publicar varias entradas al día: ¡cuatro el día que acabé en Urgencias e ingresando en Psiquiatría! Pasé 26 días en planta en los que publiqué un total de ¡28 entradas!: (a)poesía, reflexiones, divulgación científica… Creo que se puede decir que me sostuvo en una de las peores épocas de mi vida.


La cuarta, la poesía. Volví a leer poesía, algo que había dejado de hacer en la adolescencia. También comencé a vomitar mis sentimientos en formato verso (mis apoesías). ¡Y, por supuesto, la literatura en general! Qué le voy a hacer, soy un ratón de biblioteca desde que aprendí a leer, y leo y leo sin parar.


La quinta, Twitter, como mi red social por excelencia. La de buenos ratos y amigos que me brindó la era pre-Musk.


La sexta, la divulgación. Por fin me lancé a contar por qué me gustaba la ciencia y qué tenía de tan apasionante y bella. Este blog, Twitter, los eventos presenciales me han regalado tanta VIDA que no sé cómo condensarla en palabras.


La séptima, dejar (un poco) de lado mis temores y atreverme con pequeños retos (grandes para mí, para que vamos a engañarnos…). Desde el carnet de conducir, a pesar de que no haya vuelto a conducir después del examen (queda aún mucho trauma). Hasta dar charlas cada vez delante de un público más numeroso. También cosas más prosaicas como hacer nuevas amistades y aprender a cambiar mi punto de vista sobre el mundo.


La octava, dedicar tiempo a averiguar qué cosas me gustaban. Por ejemplo, la música: nunca me había planteado qué música me gustaba de verdad. Y llegó el indie a mi vida: Love of Lesbian, Supersubmarina, Vetusta Morla, Manel,... con los primeros conciertos a los que asistí. Fue la temporada en la que me enganché a una serie de TV por primera vez (gracias NCIS por tanto jajaja).


La novena, empezar a quererme. Abrazar a la friki que llevo dentro y dejarle sacar todo su potencial (para, entre otras cosas, explicar los fluidos comprimidos con Superman, o Supercrítico para los amigos). ¡Oh!, y dejar sacar toda la tontería a mi niña interior (preguntadle a Carmen por mis locuras diarias). Más importante aún: experimentar la gratuidad de que me quieran por quién soy, sombras incluidas.


La décima, empoderarme de mi enfermedad o trastorno para que no me defina en negativo. Soy una superhéroe, como una de cada cuatro personas. He tocado fondo varias veces, he luchado contra toda esperanza (queriendo creer sin ser capaz de hacerlo que para mí también habría un “y vivieron felices”), me he levantado y me he vuelto a caer, he dado vueltas en la misma rueda y sigo aprendiendo todos los días a vivir conmigo de una forma más sana.


Incluyo la última cosa como bonus track porque no formó parte de la recuperación de mi primer episodio depresivo. Sin embargo, me acompañó en el descenso a las profundidades de una recaída y también en la lenta escalada a la normalidad. Postcrossing y amigos postcrossers, no sé qué habría hecho sin vosotros.

02 noviembre 2023

12 cumplevidas y una duda lacerante :(:

Dedicado in memoriam a Ion

Aún no tengo claro si quiero o no publicar esto que he escrito. No he resuelto mi dilema, así que en parte lo publico para que tú, querido lector y/o lectora, me ayudes a desentrañarme.

El año pasado, apenas un mes después de mi undécimo cumplevida, me llegó la noticia de una muerte por suicidio de una persona. Había perdido el contacto hacía muchos años y nunca habíamos sido realmente cercanos. Pero sí lo suficiente como para tener su contacto y puede que esta persona también conservara el mío. Por eso, recordé todo el bombo que le había dado el 2 de noviembre anterior a celebrar mi cumplevida y me pregunté si esta persona lo vio y cómo le pudo afectar. Esa es la duda lacerante que me acompaña desde diciembre del año pasado: compartir mi alegría y mi agradecimiento, ¿ayuda o hace daño a la gente pasando por una situación complicada? Siempre pensé que salir del armario de la salud mental era positivo para las que me escucharan, al menos siempre he hablado de lo que a mí me hubiera gustado saber aquel 2 de noviembre y en otros momentos de "abismo". Ya no lo tengo tan claro...

Perdonadme, vosotros, hermanos en la sombra, a los que es posible que haya hecho daño. Y, por favor, necesito vuestra opinión.🙏

En esta fecha me gusta siempre decir que si hoy estoy aquí es porque tres de cada cuatro personas me convirtieron en superhéroe. Esa es la fuente de mi agradecimiento. Pero, a la vez, también quiero que sea fuente de reivindicación "profética". Hace poco leí Pageboy del actor Elliot Page y apunté la siguiente cita:

No debería tener que humillarme con esa gratitud. ¿Estoy agradecido? ¡Pues claro! Pero todo el mundo debería tener acceso a una atención médica vital (...)

Pues eso: atención médica vital YA para todos.

Identidad visual de SALUD MENTAL ESPAÑA para el Día Mundial de la Salud Mental 2023 (vía)


 


23 julio 2018

Cansancio de ser

Intentando hacer una crónica de mi día a día, me encuentro volviendo a pensar más o menos lo mismo que en 2011-2012, y releo lo que escribí entonces en clave de poesía. 
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Últimamente, levantarse se hace muy cuesta arriba, no tanto por cansancio sino por querer huir de la vida real y sus obligaciones. Aun así estoy consiguiendo llegar todos los días a una hora decente al trabajo, a costa de correr como una loca de aquí para allá o dejar de prepararme comida. Suena el despertador y se me hace un mundo lo que ayer era un firme propósito. Y voy retrasando el reloj para retrasar lo más posible el momento de empezar a luchar...

Una vez de pie todo es más fácil, pero ¡ay como cuesta ese simple movimiento! Siento que estoy haciéndome un pulso a mí misma tal como plasmé hace unos años en la Lucha del yo.  

20 julio 2018

El grito mudo

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Yo no te he llamado, ente viscoso y resbaladizo, ¿por qué te has instalado de nuevo en mi pecho? Pesas, pesas mucho. No me dejas respirar con normalidad. Y cuando intento atraparte, te deslizas entre mis dedos y te escapas sin dejar de pesarme como una piedra en los pulmones. No te capturo porque aunque te note en la garganta o cerca del corazón, en realidad, sé que estás metiendo bulla en mi cabeza. Mis pensamientos negativos, puede que mi agotamiento, te han dejado paso y ahora no sé cómo echarte. Solo cuando logro distraerme desapareces momentáneamente. Sales espantada de mi vida mientras la vivo con intensidad. Pero luego..., pesas tanto..., que deformas mi cara en una mueca triste que cuesta disimular. Quiero arrancarte de mi pecho, tomar antibióticos de profilaxis para evitar que vuelvas en un futuro. No es fácil vivir contigo, te aprovechas de mí y me chupas la sangre como un parásito cualquiera. ¡Ay de ti como te pille!, ¡vas a desear no haberte metido nunca conmigo! 

19 julio 2018

Dar una charla con depresión

Echando un vistazo atrás..., no hay charla que no haya dado hasta arriba de medicación. Desde el día de 2012 en el que se me ocurrió apuntarme a Tesis en 3 minutos para presentar mi trabajo fin de máster a la próxima charla que daré si todo va bien en Naukas Bilbao 2018, me ha acompañado la paroxetina, y en la mayoría la mirtazapina y el clonazepam. Eso sí, me estreno con lamotrigina. Pastillas rules

Sin haber pasado por mi episodio depresivo grave de 2011 no se me hubiera ocurrido nunca  (remarcado y con negrita) presentarme voluntaria para hablar en público. Podía soñar (¡y lo hacía!) con atreverme un día pero no me lanzaba a intentarlo o a poner los medios para conseguirlo. 

De hecho, las dos primeras veces que di charla lo pasé fatal y no sé cómo me comí el coco a mí misma para participar en Naukas 2013... Sé que me preparé a conciencia y que sufrí bastante, pero una vez en el escenario me dio un subidón de los buenos buenos, me sentí de repente arropada por el cariño de los naukers y del público. ¡Eso sí que fue una absoluta pasada! Pero lo mejor es que no fue un hito aislado sino que desde entonces con sus más y sus menos he disfrutado TODAS y cada una de las charlas que he ido dando, de ciencia y no tanto y con públicos de lo más variado. Quiero destacar los dos Ignite en los que he participado, porque ensayar con gente que domina la oratoria y con compañeros oradores es de lo más apasionante y agradecido cuando por fin te subes al escenario y lo das todo. Además de que me han permitido dar mi charla más personal de todas

La charla que más he sufrido fue en el Naukas Passion for Knowledge, en el Teatro Victoria Eugenia de Donostia. Ese verano habíamos dado por finiquitado mi episodio de 2011 y habíamos ido retirando poco a poco la medicación. Pero llegó la vuelta al cole y la presión por irme de estancia a Marburg... y empecé a caer en picado, con el resultado de que fue preciso ponerme nuevamente pastillitas. Solo que los antidepresivos requieren un tiempo de semanas o meses para que se note su efecto, así que no estaba para nada protegida cuando me tocó hablar. Fue durillo, el público no se reía de mis ocurrencias ni de las payasadas de mi hermana, al principio no era capaz de controlar el mando de las diapositivas..., y un largo etcétera. Eso sí, había sido una gran idea plantearse una charla a dúo con alguien tan de confianza como Carmen, que me apoyó en los ensayos y en la realización final, en la que yo sentí que ella se hacía cargo de las miradas de ese público tan serio, mientras yo pasaba desapercibida a su lado. 

Creo que podemos resumir todas estas ideas de manera que me ayuden en las siguientes charlas en Bilbao, BCNspiracy y Escèptics al pub: ¿cómo dar una charla con depresión?

1. Echarle huevos.
2. Prepararse mucho. No está de más asistir a cursos de hablar en público o al menos pedir ayuda a un profesional.
3. Ensayar y si es posible con público.
4 (y quizá más importante). Rodearse de gente querida que te apoye desde y fuera del escenario.


18 julio 2018

Si termino la tesis...

- Estás muy segura de que no la vas a acabar...

Sí, a día de hoy estoy muy segura. Es mi Himalaya particular: no es que sea imposible de escalar pero cuando vas sin entrenar no es aconsejable. 

- Lo vas a conseguir, ¡tú puedes con todo!
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No me comprometo a tanto. Mi respuesta suele ser "No lo sé. A ver..." Aunque mi psicóloga me dice que sería más correcto decir "Lo estoy intentando".

Pero tengo que ir pasito a pasito suave suavecito (xDDD lo siento, mi mente funciona así y tenía que decirlo xD). No puedo mirar la cumbre porque me ahogo, solo puedo pensar en el día a día. ¿Y en qué pienso? Pues en que realizo un trabajo que me permite cobrar a fin de mes, un trabajo que consiste en recopilar y ordenar datos, así que es un trabajo útil que puede servir a la gente acabe o no yo la tesis. Eso me sirve, más o menos y no siempre, para continuar poniendo un pie delante de otro, aunque no sepa muy bien en qué dirección voy... Tendré que fiarme de los guías :)

El futuro me cortocicuita, haya o no haya tesis. ¿Qué haré después? ¿Estaré preparada para ello? No me dejan pensar en estas preguntas. No es el momento me dicen. Y probablemente tengan razón.

Lo bueno es que de momento no hay prisas. Tengo mucho tiempo por delante. Puedo ir a este ritmo exigente pero sin correr hasta agotarme. Ya no sé si estoy intentando llegar a la cumbre o simplemente llegar a algún lado o por lo menos no quedarme en donde estoy. Cada día entiendo más a mi hermana, a la que preguntas "¿Cómo estás?" y responde "Viva". Seguimos vivos y eso implica seguir moviéndose, hacia adelante, hacia atrás, hacia donde sea, cuesta arriba, cuesta abajo.




17 julio 2018

El subidón

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Llega después de una época mala... Igual que esta, llega sin avisar. De repente me siento llena de vida. Las dificultades insalvables se convierten en anécdotas. Paso a estar en la cresta de la ola. Cuanto más bajo he caído más alto subo. Tengo ganas de comerme el mundo y sé que, al menos por hoy, no pillaré una indigestión. Duermo bien, como bien, me relaciono más o menos bien. Y tengo unas ganas inmensas de vivir, de disfrutar sacando el máximo jugo posible. Es temporada alta de planes que se habían quedado estancados pero también de planes nuevos que pueblan mi cabeza y me aceleran tanto que, a veces, me cuesta serenarme y relajarme. Ha llegado, para quedarse un tiempo, la radiactividad: desprendo energía a mi alrededor. Prendo fuego a todo lo que toco. 

Es la hora de aprovechar el subidón para escribir, para organizar BCNspiracy, para quedar con amigos a los que tenía más abandonados, ¡para apuntarse a viajes incluso! Y para soñar que las nubes no volverán. 

Sé que no es un estado "normal", igual que percibo que estar de bajón tampoco lo es. Pero he estado tan mal que se agradece este huracán de ideas y fuerzas, esta pausa de hiperactividad absoluta. Hago acopio de ánimos para cuando falten. A veces me acelero tanto que mi familia no me aguanta más y mi psiquiatra se asusta: si me paso de vueltas podría ser un episodio de manía y entonces mi diagnóstico cambiaría a trastorno bipolar. De momento no me ha pasado.

Quizá es que como Ícaro me acerco demasiado al Sol en esta etapa, hasta que se me queman las alas y caigo al abismo, un abismo que parece más profundo cuanto más he subido en esta montaña rusa que es mi vida. 


16 julio 2018

Tú socializas, yo DEPENDE

Vayan por delante mis disculpas a los que, alguna o varias veces, no he respondido ya sea por e-mail o por teléfono o en la vida 1.0 misma. 
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Y es que hay momentos (puede que temporadas) en que las fuerzas se me van en sobrevivir y no me quedan para socializar. ¿Aunque sea un simple whatsapp? Aunque sea un simple whatsapp. Tened en cuenta que cuando estás hecho una mierda, la pregunta qué tal puede ser agobiante. A nadie, creo que ni al más victimista, le agrada tener que repetir en mil ocasiones que se encuentra mal. O bien mentir diciendo que se encuentra bien. Todo tiene un límite. Y no, no exagero al hablar de mil veces: ya solo una puede significar un esfuerzo insoportable. Además, en este mundo globalizado probablemente será más de una porque ¡adivina qué!, desconectarse es muy difícil. Y hay gente que se mosquea si te ve conectada en redes sociales y no le respondes. Pues, puede que nunca te conteste si nunca encuentro esas ganas y fuerzas que me hacen falta. O puede que tarde unos días. Bueno, ya te he pedido perdón, no insistas porque es peor... Puedes hacerme llorar o encerrarme en mí misma mucho más. No creo que sea tu intención pero (me) pasa.

En estas épocas suelo rehuir fiestas y reuniones. Me siento más a gusto en grupos reducidos, con personas conocidas que no me van a suponer ningún reto extra o al menos este esfuerzo no será insoportablemente insoportable. Siento si te doy plantón a última hora. Puede que haya intentado engañarme hasta el final y luego quedarme hecha polvo por no haber conseguido ir. Puede que vaya y acabe desesperada, hasta llorando, porque también me siento mal cuando veo lo fácil que sale socializar a los demás y a mí me cuesta la vida. 

Sí, me viene bien salir de mí misma, salir a la calle, encontrarme con gente... Pero no siempre soy capaz. Respeta mis tiempos. Créeme que lo estoy intentando. Puede que cuando menos te lo esperes contacte contigo para pedirte un paseo, un helado o un café. Bueno, café no tomo, será más bien una Coca-Cola o una birra si las pastillas están más o menos bajo control y me lo permiten.

Para ser yo misma y hacerte reír, necesito mi espacio, sentirme cómoda y sobre todo segura. No siempre puedes asegurarme estas condiciones. Puede que me veas cacharreando con el móvil. Es mi pantalla para protegerme del mundo.

Gracias. Por estar ahí, por apoyarme, por tratar de entenderme. De corazón.




13 julio 2018

Las vías del tren

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- ¿Por qué estoy obsesionada con las vías del tren si hay otras maneras... Da igual
- No, no, di, di.
- Da igual.
- Podemos hablar de este tema, ¿eh?
Y qué bien sienta hablar sin tabúes del suicidio... Cuando quise suicidarme en 2011 pensé que me había condenado, al menos algo similar había estudiado en clase de religión. Fue gracias a una enfermera durante mi ingreso hospitalario que me enteré que era un síntoma "normal" dentro de un episodio depresivo. Tengo el recuerdo (ya lo conté en esta charla) de un día esperando a cruzar por un paso de peatones, que se me vino a la mente la idea de cruzar en rojo y debí dar algún paso no del todo consciente. Mi cague fue supremo... Ahora me ocurre con las vías del tren. Quien dice tren, dice metro. 

Me alegro de que el otro día mi psicóloga me animara a hablar del tema. La pregunta o tema que me daba vergüenza exponer es que hay otras maneras más indoloras de suicidarse (como empastillarse, por ejemplo), así que ¿por qué estoy obsesionada con las vías del tren? Pues precisamente por eso: porque es una obsesión. No hay peligro de suicidio porque no tengo un plan para hacerlo, en el que probablemente elegiría otra forma. Me dijo que podría ser que simplemente me diera vértigo mirar hacia la vía o estar a cierta altura, y eso, junto al recuerdo del paso de peatones (aún lo visualizo en este momento) me produce ese impulso, esa sensación de que si me descuido, podría saltar. Que, por prudencia y para evitar mi torpeza, me mantenga alejada del borde del andén pero que no es preocupante.

Ah, porque aún no os he contado que si noto un empeoramiento en mis síntomas que afecte directamente a mi vida (como dejar de dormir, dejar de comer o tener ganas de matarme, o empezar a gastar locamente, acostarme con todo el que pille y otras conductas de riesgo) debería ir a urgencias al hospital más próximo. Cosas que tiene mi vida.

Lo dicho. Hablar del suicidio sin tabúes a mí me ayuda. (Aunque puede tener como efectos colaterales pesadillas de accidentes ferroviarios en los que mucha gente se cae a las vías con resultados catastróficos. No hay sistema totalmente ideal, me temo).

12 julio 2018

Un dia(rio) de M

Me aconsejan escribir como terapia. Y la verdad, es que muchas ganas no tengo... 

- ¿De qué escribo?
- De tu situación. Leerte nos ayudará.

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Bullshit. No me lo trago. Si escribo de mi situación lo único que saldrá es un diario de mierda. Puedo escribir de que basta una serie de pequeñas frustraciones para tumbarme y ponerme blandita y llorar por nada. Porque ya no puedo más. Porque no me creo que pueda ser feliz en un futuro. Y lo sé, sé que no tengo razón, sé que estos pensamientos destructivos son la causa (o al menos parte de la causa) de mi hundimiento..., pero no puedo dejar de sentirlos como reales, más reales que la vida misma. Y a ver quién es el guapo que aguanta una realidad así sin ponerse a llorar. Desde luego, tiene mi máxima admiración y yo de mayor quiero ser como él o ella. 

Ahí está otro de mis problemas: no me gusta ser yo. Soy una pesada, quejica y llorica, y me aburro de mí misma. Me gustaría dejarme aparcada, apretar el botón de off un ratito para no escucharme continuamente diciendo o haciendo chorradas. 

Yo quería cambiar el mundo, ¿vale? Y no soy capaz de cambiarme a mí misma. Y esto me desespera. Porque yo quiero hacer grandes cosas y entre esos grandes planes no entra luchar contra una depresión todos los días de mi vida. Claro que uno no elige estas circunstancias y tiende siempre a idealizar la vida y proezas de los demás y no las propias. Aun así, me quejo de que no me mola la vida que me ha tocado. Y punto.

Puedo escribir también de cómo cuando estoy vencida, una noche sin dormir es un infierno de desesperación: las pastillas se convierten solo en caramelos mientras mi cerebro se vuelve loco calculando lo poco que he dormido, lo poco que voy a dormir, y que algo anda mal en mí para estar despierta a esas horas (esto último lo explica fenomenalmente bien James Rhodes en su libro Instrumental). Al día siguiente soy un guiñapo incapaz de hacer nada, no duermo, no trabajo, soy un espectro que deambula en pijama (si estoy en casa), en chándal (si se me ocurre salir a la calle).

Y luego llegan los efectos secundarios de tanta ansiedad contenida. Me viene una diarrea monstruosa y me creo que he pillado algún virus. No, cariño, no, aparte de tu hipocondría, solo es tu cuerpo rebelándose contra ti (y el mundo).

Si me esfuerzo por hacer vida normal, y no lo consigo, lloro. Si alguien, sin querer, me echa en cara no conseguirlo, lloro más y me enfado con el mundo. Si hablo, lloro. Si callo, lloro. Si pienso, lloro. Si hago algo mecánico que me deja espacio para pensar, lloro. Y lloro locamente, con lagrimones que no se pueden contener y me caen por los brazos. Todo mientras intento disimular y que los ojos no se me hinchen demasiado.

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Pero por mucho que me guste recrearme en mi miseria, lo cierto es que, después de tanta tormenta, empieza a salir un poco el sol. Y entre llantos o pensamientos negativos, soy capaz de sonreír y hasta de reírme. Por cosas absurdas. Como leer un cartel que pone "Traslado a Provença" como "Traslado por pereza". No sé, las cosas que me pasan. Y miro a mi alrededor y ahora sí soy capaz de ver que no estoy sola, que más allá de mis narices, tengo amigos con infinita paciencia que me escuchan, me dejan llorar, me abrazan, se acuerdan de mí, me escriben, me aguantan.

Y solo me queda confiar en que mi psicóloga tenga razón: que estos episodios se reduzcan en número, duración e intensidad. Ojalá que sí. Hoy que hace sol dentro de mí, ojalá que dure. Aunque luego el batacazo sea más gordo porque la esperanza es muy traicionera y me hace desear cosas que nunca serán. Pero dejadme disfrutar del sol un poquitín más...