A raíz de esta respuesta y de estas otras, he estado pensando en el tema del título de este post... Considero que la separación religión-Estado es un presupuesto necesario para el desarrollo de las dos entidades..., pero también pienso que no lo hemos conseguido aún en pleno siglo XXI y que no lo hemos hecho de la manera correcta. Es decir: queda mucho por hacer y, sobre todo, mucho por mejorar. Como cada vez que me meto a comentar estos temas, digo desde ya que esta es solo mi opinión y no la de la Iglesia o la de algún otro ente... Simplemente es lo que he pensado acerca de esto.
El fin de la Iglesia es puramente espiritual, y lo único que persigue es la salvación de las almas. Para ello, requiere un mínimo de propiedades en las que ejercer libremente sus actividades, igual que toda organización sin ánimo lucrativo necesita de locales.
Ahora bien, la Iglesia es consciente de que no es la única religión que existe en el mundo sino que convive con otras. La separación Iglesia-Estado permite que el Estado Moderno se defina por la pluralidad y la libertad religiosa, permitiendo la convivencia ordenada y tolerante entre ciudadanos de distintas creencias. El problema para algunos reside en que la Iglesia no "está contenta" con esto y "pretende inmiscuirse" en temas de legislación. A este respecto, cabe preguntarse si el Estado no se beneficia de la Iglesia: como organización para fines educativos (colegios de religiosos) y asistenciales (Cáritas y Manos Unidas), y en cambio, desprecia valores de la ética cristiana. ¿Quién tiene razón, el Estado o la Iglesia? La doctrina católica trae consigo una ética propiamente cristiana, en muchos de cuyos puntos estamos de acuerdo creyentes, ateos y agnósticos: no matar, no robar y en general: trata a los demás como quieres que te traten a ti. ¿Por qué en algunos términos estamos de acuerdo y en otros no? La Iglesia establece unas definiciones que ya no son aceptables para la sociedad actual: las palabras "persona", "ley natural" y "dignidad" se han desvalorizado según las creencias personales de cada uno. En ese sentido, se tacha a la Iglesia católica de homófoba, retrógrada, etc.
Pero me parece necesario distinguir ciertos términos: la Iglesia no impone un determinado método político o económico, sí denuncia aquellos que considera dañinos para el hombre y la sociedad como el marxismo o el capitalismo sin ética. Si la legislación de un país coincide con la ética cristiana no se debe a la Iglesia-institución sino a que los legisladores comparten la ética cristiana. La Iglesia indica los patrones de conducta y cada cual hace lo que puede para vivirlos. Detrás de la modificación de la ley del aborto en el supuesto de malformación no está la Iglesia Católica, están personas (católicas o no) que piensan que el aborto no es ético. Y hay que separar los motivos religiosos (que toda vida humana sea sagrada desde la concepción) de los motivos puramente científicos: desde la ciencia, la bioética explica que en la fecundación del óvulo se genera un individuo perteneciente a la especie humana, hecho corroborado por las investigaciones en Técnicas de Reproducción Asistida: al final los métodos naturales se muestran con diferencia los mejores en el inicio de la vida. Si privamos a la Iglesia de voz pública, nos quedamos con una Declaración de Derechos Humanos, fácilmente manipulables en función de los intereses económicos y políticos. Quizá al Estado le sea necesario una organización ética que defienda las cosas por lo que son. Además, curiosamente, los avances científicos están corroborando lo que defiende la Iglesia.
Otros son acérrimos partidarios de que la Iglesia-institución no reciba ningún dinero del Estado: ¿por qué el Estado ha de pagar los sueldos de los curas y de los Obispos? También aquí estoy de acuerdo: la Iglesia debería asumir el mantenimiento de su personal. Ahora bien, muchas personas de la Iglesia prestan sus servicios a la sociedad ya sea en forma educativa o asistencial, así que habría que evaluar hasta qué punto son, por así decirlo, "personal del Estado", y hasta qué punto el Estado debería pagarles un salario.
Se ha comentado en mi blog que lo que no es de recibo es que el Estado pague a los profesores de Religión. Una vez más, hay que establecer los matices... Si Religión es una asignatura más dentro del elenco de los cursos, ¿por qué han de estar discriminados los profesores de religión? Comprendo que haya personas partidarias de quitar la asignatura, pero me parece un tema peliagudo. Nuestro país, mal que les pese a algunos, es de tradición católica: lo que implica que buena parte de nuestra historia está enraizada con la Iglesia Católica. Quitar religión de los temarios en cierta medida es renunciar a la historia del país. Probablemente, la separación Iglesia-Estado pase en un futuro porque la religión sea de carácter optativo (que ya sé que ya lo es), pero aún en ese caso, los profesores deberían tener derecho a un salario estatal.
En fin, termino ya..., todo esto es opinable, pero me reconocerán que es un tema que debe tratarse con atención por diversos motivos: históricos, culturales, sociales,... Todavía falta mucho camino para lograr una separación Iglesia-Estado que sea beneficiosa para ambos, y claramente hay muchas cosas que cambiar y mejorar. Una vez más, les dejo este vídeo:
