miércoles, 22 de noviembre de 2017

El cartón de leche

Vía

Fue relativamente hace poco tiempo que me enteré que los quesitos de Reny Picot no provenían como yo siempre había creído de las sobras de una capea que habían regalado a mi madre. Venían, en realidad, del banco de alimentos. En mis recuerdos, era la única comida de la que se podía repetir tantas veces como se quisiera, daba igual cuantos comieras porque la cantidad siempre era ingente. Desde entonces tengo una manía considerable a los productos de Reny Picot, y especialmente a sus quesitos... Paradojas de los pobres: ellos nos salvan del hambre, y nosotros los odiamos a muerte.

No me había dado cuenta de cómo el nivel económico afecta tan básicamente a tu comportamiento hasta aquel fin de semana en la casa rural. En el desayuno, la gente que terminaba el brick de leche no lo plegaba como lo hacíamos en mi casa hasta que cayera la última gota de leche. De hecho me llamaron exagerada cuando dije que quedaba aún bastante leche por aprovechar. Ahora, además de los quesitos, llevaré tatuado en mi pasado los cartones de leche plegados.

martes, 21 de noviembre de 2017

Sole y Fru

Vía

Mi vecina se ha comprado un perro. O se lo han regalado, no estoy segura. A través de la ventana abierta y de las paredes de papel, la oigo hablarle. Y me alegro por ella. Tenemos los horarios muy distintos y apenas coincidimos..., a no ser que me duerma y llegue tarde al trabajo: entonces compartimos ascensor y hasta tren de cercanías. Siempre me pregunta cosas acerca de mi trabajo o de mi vida, me hace sentir incómoda tanta curiosidad, pero la disculpo porque sé que vive sola y la soledad puede ser terrible. Si ahora está acompañada, seguro que está más feliz.

Curiosamente, apenas oigo al perro, a la que más oigo es a la vecina. "Fru, no muerdas". "Fru, no llores, ¿por qué lloras, vamos a ver". "No, no, no se ladra". Y así continuamente. Me hace reír porque además ¿qué clase de nombre es Fru?

En fin, el pasado domingo me la encontré. Yo iba a votar, y ella se enteró porque llevaba en la mano el papel del censo. Nos pusimos a hablar de lo mal que andaba la situación política, etc., etc. Y me preguntó que con todo eso a quién iba yo a votar para recomendarle a ella. Hay costumbres de curiosidad que no se curan con la compañía de un perro, por lo que parece. Obviamente mentí, y le dije que no sabía..., bastante me costó decidir como para "recomendarle" a ella. Además, ¿qué pasa si ella no comparte mi forma de pensar? No sé es muy arriesgado preguntar eso, pero cada uno es cada uno.

Ella sola cambió de tema: "¿Sabes que tengo una hija?", y yo al principio pensé que su hija había venido a visitarla de un país lejano..., aunque ahora viva sola y esté soltera, ¿quién sabe qué ocurrió en su pasado? Y de pronto se me ocurrió que podría estar hablando de su perro (o debería decir quizá su perra), ante esta revelación preferí manifestar sorpresa. "¿No la has oído?". Vaya por Dios, estaba en lo cierto, se refiere a la perra. Me contó que se la habían regalado y que era como un niño pequeño que la despertaba cada mañana y de la que tenía que estar tan pendiente como si fuera un bebé. Nos despedimos y me fui a votar un poco tocada. Una cosa es tener un animal de compañía y otra llamarlo hijo o hija. Aunque al final volví a la idea de que, al menos, ya no estaba tan sola.

El otro día, oí que iba a sacar a la perrita a pasear. Se oía el tintineo de cascabeles. Nunca entenderé que los dueños pongan cascabeles. Me pudo la curiosidad y me asomé a la mirilla para conocer a la famosa Fru. Enseguida vi a mi vecina de espaldas arrastrando una correa con cascabeles por el suelo, mientras le hablaba cariñosamente al vacío.

lunes, 20 de noviembre de 2017

La mujer del paraguas verde

Vía
Era precioso. Un verde botella oscuro, y el mango curvado y las varillas plateadas. Todos en el barrio la conocían como la mujer del paraguas verde. Nadie sabía su nombre ni su historia, o bien los habían olvidado tiempo atrás. Ahora solo era la mujer del paraguas verde. Porque nunca salía de casa sin él por más calor que hiciera, despejado estuviera el cielo, tuviera que recorrer largas distancias o fuera muy cargada. Siempre, siempre, llevaba el paraguas en la mano o colgando de su brazo.

La gente que no la conocía la miraba extraño, pero en el barrio ya estaban acostumbrados. Formaba parte del zoológico habitual de personalidades que suele haber en todos los barrios. Era una más. Y punto.

Como mucho, en la pescadería, en la farmacia o en la carnicería, de vez en cuando, le decían: "pero si no llueve ni va a llover, ¿por qué lleva un paraguas?". Pero ella nunca contestaba, solo sonreía triste y dulcemente, una media sonrisa solo, se encogía de hombros, y no decía nada. Podía no llover en la calle desde luego, pero desde que él se marchó dejando el paraguas como una reliquia inservible y descartada de antaño..., siempre llovía en su interior. Y era mejor estar a cubierto, no fuera a resfriarse y que aquello se complicara en una neumonía incurable.


jueves, 2 de noviembre de 2017

Tercera mano

El día de difuntos es un día doblemente paradójico para mí, desde que en 2011 tomé la decisión de suicidarme pero después en Urgencias, tomé la decisión de dejarme ayudar en la depresión. (Lo cuento aquí). Es decir, sería una especie de "cumpleaños", de "aniversario macabro pero brillante a la vez" porque realmente considero que hace 6 años que empecé a vivir de verdad.

Y para celebrar esta paradoja he decidido recurrir a John Donne y su Soneto Sacro X. Allá por 2010 escogí una asignatura llamada Cuestiones acerca de la muerte (de esas que solo se pueden hacer en la Universidad de Navarra). Era una asignatura de la carrera de Enfermería y lo poco que recuerdo es la proyección de la película Wit (2001), que en aquel momento no me gustó pero que fue mi primer contacto con John Donne y ese poema que me fascina y obsesiona a partes iguales.

Ahora esa peli me parece brillante en muchos aspectos. Evidentemente es perfecta no solo para el tema de aquella asignatura, sino para la carrera de enfermería, ya que los médicos-investigadores al revés que la enfermera son los que no empatizan con el sufrimiento del personaje de Emma Thompson. Pero yo he venido a hablar del Soneto y helo aquí:

Death be not proud though some have called thee
Mighty and dreadful, for, thou art not so,
For those, whom thou think’st thou dos overthrow,
Die not, poor death, nor yet canst thou kill me;
From rest and sleep, which but thy pictures be,
Much pleasure, them from thee, much more must flow,
And soonest our best men with thee do go,
Best of their bones, and soul’s delivery.
Thou art slave to fate, chance, kings, and desperate men,
And dost with poison, war, and sickness dwell,
And poppy, or charms can make us sleep as well,
And better than thy stroke; why swell’st thou then?
One short sleep past, we wake eternally,
And death shall be no more, Death thou shalt die.


Que, según la traducción de Carlos Pujol (versión bilingüe que me recomendó Enrique García Máiquez), vendría a ser:

Muerte, no te envanezcas, aunque te hayan llamado
poderosa y terrible, porque no eres así,
pues los que tú supones que has vencido no mueren,
pobre muerte, ni puedes a mí mismo matarme.

Del reposo y del sueño, dos imágenes tuyas,
surge un goce mayor, y los que te has llevado
y son nuestro tesoro, obtendrán sin tardanza
la paz para sus huesos, libertad para el alma.

Del destino, el azar, de los reyes y la ira
siempre esclava, convives con el mal, el veneno
y las guerras, ¿acaso los hechizos y filtros

no adormecen también? ¿De qué, pues te envaneces?
Tras un sueño muy breve hay la eterna vigilia,
Y no habrá ya más muerte: ¡muerte, tú morirás!




Y que Víctor Botas quiso traducir a su manera, en Segunda mano:

Ten más modestia, Muerte, aunque se te haya
erróneamente dicho poderosa
y temible; pues esos que has borrado
no mueren, pobre Muerte, incapaz hasta
de aniquilarme a mí. Si el reposo
y el sueño son tan gratos, cuánto más
no debes serlo tú: así se explica
que los mejores antes den contigo
libertad a sus almas y a sus huesos
descanso. Azar, reyes y suicidas,
son tus amos, habitantes de pócimas,
enfermedad y guerras. Y más diestros
que tú son los hechizos. Menos humos,
que veremos tu fin; tu muerte, Muerte. 



Y ahora soy yo la que quiere darle una tercera mano, así que os dejo mi versión de traducción libre y personal (que viene a ser una mezcla de las anteriores):

Muerte, no seas creída, aunque te hayan llamado
pavorosa y fuerte, sin siquiera serlo:
aquellos que piensas haber derrocado
no mueren, ni tú, pobre, puedes matarme aún.

Si el reposo y el sueño son tus imágenes
siempre gratas, ¡cuánto más placer traerás tú!
Por eso, los mejores te encuentran antes
dando paz y libertad a su alma y cuerpo.

Sierva del destino, azar, poder, suicidas;
vives del veneno, guerra y enfermedad.
Si pastillas y somníferos nos duermen

mucho mejor que tú; ¿de qué te envaneces?
Tras un breve sueño, el despertar eterno 
sin más muerte jamás, Muerte tú morirás.*

(*Referencia a san Pablo, I Cor. XV, 55: ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?)