miércoles, 2 de enero de 2013

Ficción real

No sé si vemos tanto la TV que nos comportamos de forma tan surrealista como en las películas más americanas, o quizá es que el mejor guión está siempre inspirado en hechos reales... pero lo cierto es que cada vez estoy más segura de que la realidad supera la ficción.

Hace más de un mes que fui a la biblioteca pública y buscando un libro, no me acuerdo por qué motivo acabé en la sección japonesa cogiendo uno sobre haiku. El bibliotecario tuvo la amabilidad de avisarme de que iba a haber una reunión del grupo de haikus en un rato. Fue mi primera y creo que última sesión. Llegué tarde y me marché antes (para ir al Planetario para asistir a la conferencia de Inteligencia Artificial con Turing en mi bolso). Bajé la media de edad del grupo, y a pesar de no tener más que un par de nociones básicas acerca del haiku gracias a ser lectora de EGM, lo cierto es que fue muy fructífera la tarde: aprendí que es el kigo y a localizarlo en un haiku. Escuché hablar sobre kire y qué es lo que hace al haiku, haiku. Escuché los haikus del grupo, aprendí que no se deben usar metáforas, y bastante más. Empecé a mirar a mi alrededor más cuando paseaba por Yamaguchi, y a pensar en 5-7-5. Os dejo algún intento de haiku con poemas cortos viejunos:

El insomnio trae
al camión de basura.
No se escucha al búho.

Un beso húmedo
de insecto en la mejilla.
Adiós verano.

La vida tiene un toque surrealista cotidiano que se ve aumentado porque escasea la buena educación. Hace una semana creí estar en una comedia. Estaba colgando la ropa de la lavadora. Compartimos tendal con los vecinos: son cinco cuerdas, 2 y 2 para cada uno, y la del medio para el que la necesite: normalmente nosotros porque somos más, pero por las fiestas acuden sus hijos. 

A primera hora había descolgado la ropa, y un señor se había asomado por la ventana, y antes de que pudiera saludar, cerró de golpe y se marchó. Ahora, se había asomado una chica que sí me había dado los buenos días y se había vuelto a ir. De repente, al asomarme para seguir colgando, veo que alguien se esconde de golpe, agachándose, y haciendo una especie de malabarismos para cerrar su ventana sin incorporarse. Lo cierto es que me bloqueó, pero más aún, cuando prosigo colgando ropa en la tercera cuerda y no puedo... porque mientras estaba sin mirar ¡habían empezado a colgar en la cuerda! Y digo yo: ¿tanto cuesta decirme que necesitaban la cuerda y yo ya me las ingeniaría para no colgar? Si yo ya había empezado a colgar ropa en esa cuerda, ¿a qué empiezas tú a colgar si no vas a poder mover la cuerda con mi ropa? ¿Se le comió la lengua el gato? ¿Y qué leches hace escondiéndose para no dar la cara con la jugarreta? 

8 comentarios:

  1. Me encantan los haikus! Son capaces de decir mucho en pocas palabras
    PD: Que curiosos tus vecinos. Siempre te encontrarás a alguien así, no te preocupes.

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    1. No sabes qué ganas hoy de tirar de la cuerda para arrugarles la ropa ;D he contenido mis impulsos asesinos xD

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  2. Te felicito por el blog, es muy interesante.
    Un saludo!
    Oliver

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  3. Todos tenemos vecinos raritos... quizás sea el comienzo de otra historia...
    Por cierto, la cultura oriental (y la japonesa en particular) es interesantísima, algún día escribiré algo sobre ella...

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    1. Me encantará leerlo! Es un tema del que apenas sé... Quitando alguna novela de Pearl S. Buck, ah! y Cisnes salvajes de Jung Chang

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  4. Vecinos que no abren la boca ni para decir las cuatro letras de "Hola" los hay en todos los edificios. Y eso que la primera letra no se pronuncia...

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    1. Yo pensaba que era tímida porque mis "hola" apenas se oyen :D pero ya no es el hola, el es esconderse haciendo cosas raras xD

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¿Cómo terminar una historia?