03 agosto 2013

Barbecho da un golpe de estado

Han pasado algo más de 6 meses desde que me mudé a tierras catalanas. Todavía no sé catalán (y eso que según Intereconomía y mi abuela que piensa que es palabra de Dios) es indispensable para vivir por aquí. Y no es que no lo haya intentado apuntándome a un curso online del que me han dado de baja por mi no-asistencia. Incluso he intentado leer a Josep Pla en versión original. No tiro la toalla, pero leer a trompicones (en el autobús, a la hora de acostarse prolongada a veces por el insomnio) no me ayuda a centrarme en el catalán, así que "El quadern gris" será mi tarea de vacaciones.

Si en febrero mandé un mensaje en una botella para excusarme del decaimiento de radiactividad de @Ununcuadio (que a estas alturas ya sabréis que es Dolores Bueno en el 1.0, que ya va siendo hora de despojarse de las señas y los retratos), a día de hoy constato que no he cumplido apenas lo que prometí que estaba en mi cabeza: aún no he acabado de hablar de mi máster en Química Sostenible, y ya estoy embarcada en el barco de la tesis. Pero aún sin romper la botella contra el casco... porque vuelve a tocar pedir becas sin control a ver si mi sueño no acaba como el Titanic. Mi madre me dice: tienes 24 años y toda la vida por delante, da igual dónde sea, pero con crisis o sin ella, encontrarás soluciones [soy fan nº1 de esa fe ciega de las madres].

A efectos prácticos, de los vinos he pasado al mundo de los superhéroes comprimidos, y al de ¡las células!, descubriendo que me queda mucho por aprender.

Últimamente me ha dado por los microrrelatos y los haiku, y la divulgación científica se ha quedado prácticamente en otros reinos (sobre todo en Hablando de Ciencia, que en Naukas aún no me he estrenado) con reseñas, denuncia por la situación del CSIC,... Se ha intentado que el Carnaval de Humanidades siga creciendo a buen ritmo, me he embarcado en nuevas locuras proyectos como acoger de nuevo al @biocarnaval, o empezar las #Tertuliasciencia que es una fantástica idea de @2qblog de la que saldrán más y más locuras iniciativas. 

El balance es positivo: he estado por primera vez en la ópera, he visitado París, y de momento voy cumpliendo mi propósito de ir al teatro y comprarme un libro una vez al mes. El inconveniente principal es que se me van acumulando ya que en mi avaricia lectora, prefiero saquear las bibliotecas públicas y alargar los plazos al máximo. Cuando me penalicen o no me quede esta opción, recurriré a mi estantería. Y visto lo que leí en 2012, me he apuntado al reto. No estaría siendo justa si no contara el primer premio que recibe este blog, aunque sea porque no hubo más participantes en mi categoría: ¡viva el tequila!

Entre Google Drive y mi portátil tengo un buen montón de artículos científicos y de temas que investigar para seguir hablando de la ciencia que hay en las series policíacas, en mi trabajo, en lo que se me ocurre gracias a vuestros comentarios y a los temas de los Carnavales. Ya no prometo una fecha ni una temporada, porque la vida es siempre más rica en matices de lo que la prevemos inicialmente.

Por ejemplo, aún no han aparecido (ni siquiera recurriendo a la ficción) mis experiencias como voluntaria, algo que me ha llenado bastante durante estos primeros meses 'catalanes'. Tampoco me he olvidado de que he dejado abandonado a mi patrón Alberto, pero intentando ser rigurosa me he perdido leyendo buscando acerca de su vida, su obra, y los alquimistas... Puede que incluso acabe aprendiendo alemán para acceder a más información.

Son ya varios los meses en que este blog avanza (¿avanza?) a trancas y barrancas, y noto que requiere tiempo, reflexión, y recuperar fuerzas para ver hacia dónde vamos o qué hacemos. Por todo ello declaro solemnemente el estado de barbecho: ¡El blog es vuestro para sugerir/quejarse/reclamar! Eso sí, disculpad si no contesto por las redes sociales o por aquí, estaré bastante desconectada hasta nuevo aviso. ¡Buen verano a todos!
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30 julio 2013

¿Un mundo feliz es Kriptón? [¡Ojo a los spoiler!, que el que avisa no es traidor :P]

Estos días ha saltado a la palestra el tema de la reproducción asistida, por la propuesta de ley calificada de discriminatoria hacia ciertos colectivos y justo el 25 de julio fue el aniversario del nacimiento de Louise Brown, lo que me recordó que tenía pendiente un debate de bioética que dejamos a medias. Me he puesto a investigar la bibliografía sobre la biología del tema (que no tiene desperdicio) y que, como es inmensa, me temo que aún me encuentro empezando y que será otra historia para otra ocasión...

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¿Pues entonces a qué viene este rollo? A que he terminado “Un mundo feliz” de Aldous Huxley y el domingo fui al cine a ver ‘El hombre de acero’, y como una no sabe cómo narices funcionan sus conexiones neuronales, una cosa me ha llevado a la otra. Por hoy, asumamos que la fecundación in vitro es tan perfecta que no tiene ningún riesgo, y que nos permita llegar al ‘mundo feliz’ de Huxley, que también aparece en alguna novela de Asimov o en la película de Gattaca: la reproducción totalmente artificial permite seleccionar las características deseables del hijo (que ya no es hijo, puesto que no necesita de padres, ¡todo lo contrario!, la idea de paternidad provoca vergüenza ajena o como mucho burla) y controlada para conseguir los cánones de ese ‘mundo feliz’: los embriones delta y epsilon reciben menos suministro de oxígeno y nutrientes porque no necesitan desarrollar una inteligencia como los alfa y beta que serán los que regirán el mundo. Estamos en un mundo que recuerda al Kriptón que nos presenta la nueva película de Superman, cada persona se concibe específicamente diseñada para su misión en la vida. Y es que muchas veces son la literatura y el cine los que plantean reflexiones filosóficas y científicas creativas y escalofriantes: Orson Scott Card con su saga de Ender nos hace preguntarnos acerca de nuestra reacción ante lo distinto a nosotros para re-definir qué es un genocidio (presente también en Superman), algo que también ha desarrollado Asimov con los robots.

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Así como Orwell en 1984 se centra más bien en la manipulación de la información en un mundo totalitario y comunista, en el que la historia se reescribe según las necesidades propagandísticas del gobierno, que incluso está implementando la neolengua que permitirá eliminar conceptos tan absurdos como el amor o la verdad..., Un mundo feliz parte de una sociedad más pacífica y muy avanzada tecnológicamente, donde la felicidad solo depende de seguir el condicionamiento que se recibió desde la cuna y en tomar la pastilla de soma. Aunque también en el libro de Huxley: “Sesenta y dos mil cuatrocientas repeticiones crean una verdad”. Todas las obras que he mencionado, y muchas más del género de ciencia ficción, especulan acerca del futuro de la humanidad: ¿queremos un mundo como Gattaca, un mundo feliz? ¿O apostaremos la carta del azar como los progenitores de Kal-El?


El título original de ‘Un mundo feliz’ es Brave New World, que proviene de Shakespeare:

O wonder!
How many goodly creatures are there here!
How beauteous mankind is! O brave new world,
That has such people in't.

Porque el meollo del libro transcurre entre el enfrentamiento de John, un ‘salvaje’ que se ha educado fuera de esta sociedad perfecta, y que parece el único que ha leído las obras completas de Shakespeare e interpreta el mundo desde sus lecturas:
Cada una de nuestras vacaciones de soma es un poco de lo que nuestros antepasados llamaban “eternidad”.
John empezaba a comprender.
-”La eternidad estaba en nuestros labios y nuestros ojos”- murmuró.
¿Curioso que la historia gire alrededor de Romeo y Julieta, Macbeth y demás teatro de Shakespeare? ¿Por qué esa defensa desgarrada, desesperada, inútil de las Humanidades? Necesitamos las Humanidades para humanizar. Porque la terrible verdad de ese mundo feliz es que sin Humanidades, tampoco hay ciencia:
-Sí, pero ¿qué clase de ciencia?- preguntó Mustafá Mond, con sarcasmo- . Ustedes no tienen una formación científica y, por consiguiente, no pueden juzgar. Yo llegué a ser hace mucho tiempo un físico muy bueno. Demasiado bueno: lo bastante para comprender que toda nuestra ciencia no es más que un libro de cocina, con una teoría ortodoxa sobre el arte de cocinar que nadie puede poner en duda y una lista de recetas a la cual no debe añadirse ni una sola sin un permiso especial del jefe de cocina. Yo soy actualmente el jefe de cocina. Pero antes fui un joven e inquisitivo pinche de cocina. Y empecé a elaborar algunos platos por mi cuenta. Cocina heterodoxa, ilícita. En realidad, un poco de auténtica ciencia.
(...) De vez en cuando echo de mucho de menos la ciencia. La felicidad es un patrón muy duro, especialmente, la felicidad de los demás. Un patrón mucho más severo, si uno no está condicionado para aceptarla, que la verdad.
Y me parece cuando menos una tesis coherente y plausible, por lo que me inclino a pedir junto con John el salvaje:
-Pues yo no quiero comodidad. Yo quiero a Dios, quiero poesía, peligro real, libertad, bondad, pecado.
-En suma-dijo Mustafá Mond-, usted reclama el derecho a ser desgraciado.
Este post participa en la VI Edición del Carnaval de Humanidades, acogido en el blog Cajón Desastre

Los comentarios están a vuestra disposición si queréis continuar el debate que empezamos por aquí, y por lo que escribí:



25 julio 2013

Inexplicaciones

Al ponerme el pijama limpio y recién sacado del cajón, metí las manos en el bolsillo (debe ser una costumbre inconsciente) para encontrar 1€ dentro. Momento de bloqueo: ¿cómo habrá llegado allí? ¿Qué historia se esconde detrás de un viaje a la lavadora, qué impulso misterioso me llevó a meter una moneda en mi pijama? Momento de egocentrismo: creo que nunca dejaré de sorprenderme.

24 julio 2013

Club (anónimo) de lectura compulsiva

Y, a pesar de bajarse varias veces en la parada equivocada del autobús por ir enfrascada en el libro de turno (algo tan extraño como que en alguna ocasión era de Unamuno), y que esperando a poder cruzar se le cambiara el color verde por terminar el capítulo, siguió sin escarmentar. Aunque, todo hay que decirlo, cuando metió el pie en el charco de barro iba sin libro, peleándose con el bolso y con la cabeza en lo que había leído.

23 julio 2013

Modalidad de diálogo de besugos

-¿Qué tal estás?
-Mal.
-¿Qué te pasa?
-...
-¿Lo de todos los miércoles?
- Sí, bueno, sí, solo que estamos en martes...

17 julio 2013

Fermat, matemáticas, historia y literatura

Los problemas de probabilidad son a veces controvertidos porque su solución matemática, la verdadera, resulta a menudo opuesta a la que sugeriría la intuición. Este fracaso de la intuición resulta quizá sorprendente porque “la supervivencia del mejor adaptado” debiera proporcionar ventaja evolutiva en favor de un cerebro que por naturaleza fuera capaz de analizar cuestiones de probabilidad. (...) La capacidad de analizar la probabilidad tiene que formar parte de nuestra naturaleza genética, y a pesar de ello la intuición nos engaña a menudo.
Desde que descubrí la historia de la ciencia, estoy tratando de saldar todos estos años de desconocimiento. Hay veces que mis pruebas no salen bien, pero otras veces sí, como ha sido el caso con el libro El enigma de Fermat de Simon Singh (reseñado por un compañero de Hablando de Ciencia). El enigma planteado por Fermat y la ambición (sueño) infantil del matemático Andrew Wiles será el hilo conductor que nos llevará por las distintas áreas de las matemáticas a través de los personajes que más han aportado a lo largo de su historia: Pitágoras, Gödel, Galois, Euler, Turing, Taniyama, Shimura,...

El autor, Simon Singh, no es matemático pero con un lenguaje sencillo plagado de anécdotas curiosas de la historia de las matemáticas, consigue contagiar la emoción de Wiles:

El anhelo por una solución para cualquier problema matemático viene provocado en gran medida por la curiosidad, y el premio consiste en la satisfacción simple pero enorme que se deriva de resolver un enigma.
“(...) Esta bien trabajar en cualquier problema, incluso si no se llega a resolver al cabo del día, siempre y cuando ello genere matemáticas interesantes por el camino. La importancia de un problema matemático yace más en las matemáticas que genera que en el problema en sí”. Wiles
“Existe un sentimiento de nostalgia. Hemos perdido algo que ha estado con nosotros durante mucho tiempo, algo que nos ha guiado a muchos hacia las matemáticas. Tal vez esto siempre sea así en matemáticas. Tenemos que encontrar nuevos problemas que capten  nuestra atención” Wiles

Y así aparece la relación entre matemáticas, armonía y arte:

“Las construcciones de los matemáticos, como las de los pintores o los poetas, deben ser bellas; las ideas, como los colores o las palabras, deben encajar con armonía. La belleza es el primer requisito: no hay un lugar permanente en el mundo para las matemáticas feas”. G.H. Hardy
Las relaciones entre temas aparentemente diferentes son tan importantes para la creatividad en matemáticas como en cualquier otra disciplina. La relación es una pista sobre una verdad oculta que enriquece ambos temas.
Otro tema interesante son la utilidad de las matemáticas:
Cuando G.H. Hardy declaró en 1940 que las mejores matemáticas son en buena medida inútiles, se apresuró a añadir que eso no tenía por qué ser negativo: “Las verdaderas matemáticas no repercuten en la guerra. Nadie ha descubierto aún ninguna aplicación bélica de la teoría de números”. Pronto se demostraría que Hardy estaba equivocado.
Y es que en la Segunda Guerra Mundial, los matemáticos y la criptografía jugaron un importante papel.

También sale a relucir la diferencia entre las matemáticas con respecto a otras ciencias más experimentales:
“Por supuesto, hay muchas materias para aprender, pero las matemáticas eran las más sencillas porque podía limitarme a leer libros de texto de matemáticas. Aprendí cálculo leyendo libros. Si hubiera querido aprender química o física habría necesitado instrumental científico y yo no tenía acceso a tales cosas” G. Shimura
Este post participa en la VI Edición del Carnaval de Humanidades, acogido en el blog Cajón Desastre