26 noviembre 2024

Desde el barro #2 ¡Qué bonita es la solidaridad!

Quiero forzarme a no olvidar. Hace hoy cuatro semanas que la DANA se llevó por delante tantas, demasiadas vidas. Quiero no olvidar que las supervivientes siguen bregando por volver a una nueva "normalidad". Y me lo voy a recordar cada semana los martes de la mejor forma que se me ocurra.

Este es mi segundo poema desde el barro. Recoge ideas que me transmitió Carmen con su experiencia en Massanassa (que también están en El Dios de barro) y es un poco respuesta a ciertas actitudes happy flower de los que piensan (pensamos) que ayudar es "bonito". En realidad, después de rumiarlo y hablarlo mucho con mi hermana, creo que no lo es... ayudar es dejarte conmover, dejarte tocar y al final implica que tu corazón se quede en el barro y eso duele por el sinsentido y porque ves que tu ayuda es apenas nada para lo mucho que hace falta... 

Sin embargo, fue también una imagen la que precipitó todo esto en palabras: cuando me quité la FFP2 después de cepillar la ropa de batalla de Carmen y el polvillo de barro se había filtrado por la mascarilla no muy bien ajustada por lo que parece (ejem).



¡QUÉ BONITA ES LA SOLIDARIDAD!


La solidaridad se filtra

en tu mascarilla y la pinta

marrón por dentro. Traes a casa

solidaridad incrustada

en forma de barro. Cepillas

y cepillas                           y continuará pegado.

La solidaridad pesa en los brazos

que han cargado y barrido;

pesa en tus piernas caminantes.

Huele a materias fecales

mientras comes el bocata.

La solidaridad se queda

debajo de la uña

aunque la frotes varias veces.

La solidaridad te deja

los pies en carne viva a través

del doble calcetín y botas de agua

(también destrozadas de tanta solidaridad).

Sale cada mañana ya sucia de días previos

y regresa al caer el sol

derrengada de cansancio.

Sobre todo, la solidaridad

se cobija en tu mirada

marrón-barro y se clava

en tu corazón doliente.

No, la solidaridad no es bonita,

solo necesaria.

Y es que nunca fue tuya o mía,

sino de ellos y ellas.

19 noviembre 2024

Desde el barro #1: El Dios de barro

Quiero forzarme a no olvidar. Hace hoy tres semanas que la DANA se llevó por delante tantas, demasiadas vidas. Quiero no olvidar que las supervivientes siguen bregando por volver a una nueva "normalidad". Y me lo voy a recordar cada semana los martes de la mejor forma que se me ocurra.

La imagen del Cristo de Paiporta me impelió a volver a los versos, así que dado que es mi primer (a)poema en mucho tiempo, aquí lo dejo en esta primera entrega de Desde el barro.





EL DIOS DE BARRO

El Dios de barro no es un ídolo

de oro (con pies de barro). No, el Dios

se hizo barro porque es alfarero.


Eligió enfangarse la garganta,

descabezarse y dejarse arrastrar

por la riada que anegó su pueblo.


Eligió enterrarse en el lodo y que

lo encontraran al drenar las calles,

al achicar agua y barrer mierda.


Eligió intoxicarse de escombros

en el transcurrir de los días

sin que llegara ayuda, incomunicado.


Eligió no protegerse, no usar

mascarilla ni desinfectante

en la rebosante alcantarilla.


Eligió la mugre, el hambre, la sed,

la enfermedad y la angustia,

la soledad, pobreza: la muerte.


Pero eligió mi pala y a mi gente

quitando el lodo, solo una gota

del infinito océano de fango.


Así, el Dios de barro se nos hizo

presente en medio del cieno y trajo

esperanza en nuestra catástrofe.


Y os regalo esta otra imagen porque el poema me ha gustado más que lo que yo he escrito.



02 noviembre 2024

Diez cosas que me salva(ro)n la vida + un bonus track

La verdad es que todos los valencianos y los que vivimos en la terreta solo tenemos una cosa en la cabeza... Sin embargo, como ya tenía esto escrito por mi cumplevida, le doy al botón de publicar.


No he resuelto mi duda lacerante. Puede que nunca lo haga… Así que para mi decimotercer cumplevida se me ha ocurrido compartir, por si sirviera a mis hermanos en la sombra, aquellas cosas que a mí me salva(ro)n la vida hace 13 años, el día que no morí.

La primera es muy obvia: la terapia farmacológica y la psicoterapia (en concreto, la reestructuración cognitiva). Aquí es un momento perfecto para dar las gracias, una vez más, a mis increíbles psiquiatra y psicóloga que, como escribí en los agradecimientos de mi tesis eterna, están siempre disponibles y no permiten que pierda el rumbo ¡incluso en un doctorado!


Bueno, la segunda también es muy obvia: las relaciones tanto familiares como de amistad. Y, sé que esto no es para todo el mundo, pero al final estoy hablando de mi propia experiencia y en mi historia también la relación con lo trascendente (o El Trascendente) ha sido cimiento ante el colapso total de mi existencia: forma parte de mi identidad y negarlo es no aceptarme ni quererme.


La tercera, el blog. ESTE blog. En el que llegaba a publicar varias entradas al día: ¡cuatro el día que acabé en Urgencias e ingresando en Psiquiatría! Pasé 26 días en planta en los que publiqué un total de ¡28 entradas!: (a)poesía, reflexiones, divulgación científica… Creo que se puede decir que me sostuvo en una de las peores épocas de mi vida.


La cuarta, la poesía. Volví a leer poesía, algo que había dejado de hacer en la adolescencia. También comencé a vomitar mis sentimientos en formato verso (mis apoesías). ¡Y, por supuesto, la literatura en general! Qué le voy a hacer, soy un ratón de biblioteca desde que aprendí a leer, y leo y leo sin parar.


La quinta, Twitter, como mi red social por excelencia. La de buenos ratos y amigos que me brindó la era pre-Musk.


La sexta, la divulgación. Por fin me lancé a contar por qué me gustaba la ciencia y qué tenía de tan apasionante y bella. Este blog, Twitter, los eventos presenciales me han regalado tanta VIDA que no sé cómo condensarla en palabras.


La séptima, dejar (un poco) de lado mis temores y atreverme con pequeños retos (grandes para mí, para que vamos a engañarnos…). Desde el carnet de conducir, a pesar de que no haya vuelto a conducir después del examen (queda aún mucho trauma). Hasta dar charlas cada vez delante de un público más numeroso. También cosas más prosaicas como hacer nuevas amistades y aprender a cambiar mi punto de vista sobre el mundo.


La octava, dedicar tiempo a averiguar qué cosas me gustaban. Por ejemplo, la música: nunca me había planteado qué música me gustaba de verdad. Y llegó el indie a mi vida: Love of Lesbian, Supersubmarina, Vetusta Morla, Manel,... con los primeros conciertos a los que asistí. Fue la temporada en la que me enganché a una serie de TV por primera vez (gracias NCIS por tanto jajaja).


La novena, empezar a quererme. Abrazar a la friki que llevo dentro y dejarle sacar todo su potencial (para, entre otras cosas, explicar los fluidos comprimidos con Superman, o Supercrítico para los amigos). ¡Oh!, y dejar sacar toda la tontería a mi niña interior (preguntadle a Carmen por mis locuras diarias). Más importante aún: experimentar la gratuidad de que me quieran por quién soy, sombras incluidas.


La décima, empoderarme de mi enfermedad o trastorno para que no me defina en negativo. Soy una superhéroe, como una de cada cuatro personas. He tocado fondo varias veces, he luchado contra toda esperanza (queriendo creer sin ser capaz de hacerlo que para mí también habría un “y vivieron felices”), me he levantado y me he vuelto a caer, he dado vueltas en la misma rueda y sigo aprendiendo todos los días a vivir conmigo de una forma más sana.


Incluyo la última cosa como bonus track porque no formó parte de la recuperación de mi primer episodio depresivo. Sin embargo, me acompañó en el descenso a las profundidades de una recaída y también en la lenta escalada a la normalidad. Postcrossing y amigos postcrossers, no sé qué habría hecho sin vosotros.