jueves, 30 de agosto de 2012

Señora de rojo sobre fondo gris

(Vía)
Reconozco con vergüenza que a penas si he leído a Delibes... El camino y Cinco horas con Mario son mi escaso bagaje con este autor, y ha venido a hacer contrapeso que me encontrara por casualidad en una biblioteca Señora de rojo sobre fondo gris. Después de leerlo casi de un tirón (en realidad en tres momentos intensos hasta el final), me parece que Delibes es un maestro del monólogo: si ya me lo parecía en Cinco horas con Mario al meterse en la cabeza de la mujer del fallecido, con sus contradicciones, argumentos manidos, repeticiones,..., que quizá hacen el curso pesado pero que, al fin y al cabo, solo reflejan el curso de los pensamientos; en Señora de rojo sobre fondo gris resulta un encantador relato a su hija Ana sobre la vida de la mujer del pintor-protagonista. Acabamos metidos en un cuadro de descripciones costumbristas, minuciosas, y que no dejan de tener un punto de ironía. El protagonista asume tener un papel excesivamente ingenuo para mi gusto y un poco "tonto" con las cuestiones que le preocupan. Pero todo se disculpa porque es un hombre enamorado que no concibe la figura femenina más que en su mujer, y cuyo único momento de celos es porque es otro pintor quien la retrata en su esencia, y él no fue capaz... Con ternura va recorriendo los caminos de la memoria, como si fueran paseos dentro de un cuadro, y nos habla de pintura, de belleza, del arte de vivir (y de morir a tiempo), de la fe y las dudas, del culto al cuerpo y el culto al espíritu, del amor a la familia, a los niños y a los adolescentes, los pequeños placeres cotidianos. He oído que a algunas personas se les hace lento, a mí me atrajo el intentar seguir la historia porque el autor va dando datos sueltos, que pueden perdernos por el camino, y sin embargo, tiene el hilo conductor maravilloso. Me gustaría saber mirar un cuadro como Miguel Delibes ha escrito este libro. Un 5/5.
(Vía)

2 comentarios:

  1. Gran libro y grande Delibes. Recuerdo este especialmente porque me lo leí de un tirón una tarde de verano en la biblioteca de mi barrio y eso que sólo empecé a leer las primeras páginas por curiosidad. ¡Siempre me ha fascinado cómo este señor puede engancharme tanto a través de historias tan sencillas y personajes de a pie!
    Además, leer a Delibes siempre me ha aportado algo maravilloso: con su vasto conocimiento del vocabulario del medio rural me desvelaba aspectos de la lengua castellana que, a pesar de su riqueza, suelen estar algo ocultos para los que vivimos en la ciudad, ¡todavía recuerdo el cárabo, una pequeña ave rapaz nocturna, muy parecida a la lechuza, que aparecía en Los santos inocentes y que me hizo rebuscar con ahínco y emoción en un antiguo tratado de ornitología, y ese es sólo un pequeño ejemplo!
    Así, Delibes siempre me aportaba dos placeres: por un lado, el de la propia historia, por supuesto, pero también el de de introducirme en esos profundos recovecos que tiene el castellano y que tanto nos gustan a los amantes de la lengua. Esas palabras se me presentaban siempre tan impregnadas de solemnidad que parecían nacer de la propia tierra, de la propia España y eran capaces de transmitirme los siglos de Historia sobre las que estaban asentadas hasta que el punto de que casi podía sentir la gruesa capa de polvo que las empañaba...
    ¡Te doy las gracias por esta entrada en particular porque me has recordado los buenos momentos que he pasado, con este libro en particular, y con Delibes en general! Te doy también la enhorabuena por el blog, he conocido a poca gente que sepa combinar tan bien Ciencia y Humanidades y, creo que sobra decirlo, te animo a que leas cualquier cosa de Delibes en cuanto tengas la oportunidad de hacerlo.

    Saludos :)

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    1. Muchas gracias por comentar.

      Me has animado a leer, y a leer a Delibes. A mí cárabo me recuerda a El camino, quizá por asociación del mochuelo, no lo recuerdo ;)
      Te animo a que visites esta página: carnavalhumanidades.blogspot.com, y que aportes allí también.

      Un saludo!!!

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