martes, 28 de febrero de 2012

Cuestiones de Bioética



Encuentro la Bioética como un tema apasionante, porque supone la defensa de la vida humana. Si tal como demuestran la ciencia experimental (genética, bioquímica, etc.) existe vida desde la concepción, es decir, desde que el espermatozoide del hombre se une al óvulo de la mujer, entonces hay que defender la vida humana desde ese momento hasta su muerte. Y el derecho debería reconocerlo como tal.

Hay quienes defienden que la postura que yo mantengo es retrógrada, propia de una mentalidad conservadora. En cierto sentido, tienen razón, puesto que antes se consideraba la vida humana como algo sagrado y, por tanto, se rodeaba de todo el respeto que merecía según esta calificación. Sin embargo, han sido las nuevas ciencias del siglo anterior las que nos han proporcionado las herramientas para decir con certeza científica en qué momento empieza la vida humana. Por lo tanto, ha sido la ciencia la que ha otorgado la razón a la postura conservadora, así que no se me puede tachar de retrógrada, sí de científica. En palabras de Ángel Guerra, “Y que, fuera de toda discusión, si el mensaje es un mensaje humano, el embrión es un ser humano cualquiera que sea la etapa de desarrollo, y que como tal debe ser tratado.”, es decir, tras la unión del espermatozoide con el óvulo se forma un nuevo individuo humano con su propio y único genoma.

Es cierto que a lo largo del embarazo pueden ocurrir muchas cosas, que todavía no logramos comprender: a veces se producen aberraciones cromosómicas, y el embrión no es viable por lo que acaba en aborto natural. También puede ser que estos defectos cromosómicos sí sean viables, y por tanto, nazca un niño con una patología genética. Pero esto no autoriza a ningún médico ni a ninguna madre a decidir si debe o no nacer ese niño: el mensaje es humano, por tanto, es una persona humana.

¿De qué nos sirve hacer una legislación que favorezca la integración de personas minusválidas intelectual o físicamente, si de primeras, estamos en una sociedad que no les deja nacer?

Se pueden alegar distintas objeciones a las cuestiones planteadas. No me propongo hacer un juicio de personas que han tenido tal o cual situación. Me limito a decir lo que se ha demostrado experimentalmente, y a exigir los derechos de aquellos que no tienen voz para pedirlos.

Una persona humana no es un objeto, sino un sujeto de derechos. Por tanto, nadie puede decidir sobre su vida (antes de nacer o al final de ella), nadie puede instrumentalizar su vida para investigar con ella, aunque sea en beneficio de la humanidad. Como es una persona humana, su bien entra dentro de los bienes de la humanidad. Nadie debe poder decidir quedarse embarazada por fecundación in vitro si considera que la vida humana merece todo el respeto...

Sé que todo lo que digo puede sonar extraño, pero tiene una fundamentación lógica que va más allá del puro sentimentalismo que, en ocasiones, puede cegar lo que ocurre en realidad. Por eso, más que un impedimento, considero la cultura cristiana como un valor añadido ya que defiende la vida humana en todas sus etapas. Por eso, me ha impresionado bastante este párrafo que uso para terminar la entrada de Hombres de ciencia, hombres de fe:Sin embargo, debido principalmente a la descristianización de la sociedad a mi juicio se han perdido tres cosas. En primer lugar, la dimensión de la auténtica dignidad de la persona, sea cual sea su edad y estado físico o mental. En segundo término, la consideración de que los enfermos no son pesadas cargas que hay que llevar de la mejor manera posible, sino que representan un tesoro, pues con sus sufrimientos-asumidos con libertad y sin amargura-mejoran a los demás y aumentan los méritos propios para la vida eterna. Y en tercer lugar, que los enfermos son los miembros de nuestra comunidad con quienes más hay que extremar el trato, poniendo en su cuidado no sólo la caridad sino también cariño. Esas consideraciones, que con la difusión del cristianismo significaron cambios en la sociedad pagana y fomentaron la atención a los incurables y la asistencia médica desinteresada incluso con peligro de la propia vida, también elevaron la calidad de la sociedad.”

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