jueves, 8 de diciembre de 2011

Inquietud intelectual


Se me amontonan los libros
en la estantería,
proyectos apenas bosquejados
sobre la mesa,
ideas sin desarrollar en la cabeza,
y ganas de correr
y de reír.

Cada hilo suelto lleva una madeja
entera, que toca desmadejar y
descubrir.
Se me nota el brillo en la mirada
cuando paso las horas sin dormir.

No se puede abarcar todo,
es el límite a lo infinito,
pero tampoco se puede quedar
con una única parte
porque no hay nada aislado.

Desde una punta se aterriza
en la otra, a mil kilómetros
de distancia o a mil conexiones
neuronales...

Lo extraño es no volverse loco
de ansiar lo inalcanzable.
El sentido común mantiene
en el mundo real incluso
las ganas de soñar deprisa.

Y nacen nuevos seres,
nuevos ideales, formas nuevas
de entender y de querer
lo viejo de siempre.

Siempre corriendo tras una chispa
que puede no volver a encenderse,
prefiero los mil kilómetros recorridos
aún cuando no halle la hoguera
que busco.

Porque en el camino
encontraré piedras
que me servirán para años
o quizá solo para segundos,
pero si no me pongo en marcha
jamás lo sabré.

Prefiero correr el riesgo
de pasarme corriendo
a quedarme sentado
analizando chispas de otros.

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