viernes, 20 de abril de 2012

Miguel Hernández

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               Por casualidad he pasado estas vacaciones de Semana Santa en Orihuela. Por casualidad también (véase mi incultura) descubrí que era el pueblo natal del poeta Miguel Hernández. Y tuve la suerte de visitar la casa de sus padres, en la que se crió, y que se ha mantenido prácticamente igual a como estaba entonces. En las paredes sí hay colgadas fotos en blanco y negro enmarcadas de la familia, o bien del poeta en algún acto público. La casa tiene el encanto de pueblo, de campo y de otra época con las camas de hierro, la cocina y los dos patios: el del ganado y el del huerto.

            Entonces recordé que yo había estudiado a Miguel Hernández como parte y no-parte de la Generación del 27, allá por finales de Secundaria. Solo me acordaba de que se había vuelto rojo, como muchos poetas de la época véase Machado. Decidí comprar un libro suyo de poemas. Y, al buscar postales para enviar a amigas y familia, pregunté en la librería por algún libro de él. Me decidí por una antología del también poeta José Luis puerto. Como tengo por costumbre (no sé si buena o mala) de empezar a leer por las buenas sin ninguna explicación. Y me sentí desbordada con los primeros poemas de Perito en luna: ¡tanta metáfora y rima y métrica para hablar de un retrete (entre otras cosas cotidianas)!

            Pero seguí leyendo, intentando frenarme para entender, para captar todo lo que las palabras o la ausencia de palabras pudieran decirme... Me parecía muy triste, un poeta triste, solo, melancólico con un leve toque de amargura. Finalmente, opté por empezar por el principio del libro y leer la introducción, la valoración y contexto, la trayectoria vital y literaria,... No me arrepentí, me ayudó a buscar la profundidad de los poemas. La historia de su vida me conmovió, desde la casa de sus padres a su formación autodidacta leyendo a los clásicos, desde su amistad tan humana con Ramón Sijé a sus primeros pasos como poeta, desde sus amistades posteriores a su compromiso con la sociedad que se tradujo en su apoyo al bando republicano, desde su amor a su mujer hasta el dolor por el hijo muerto y la alegría del nacimiento de su siguiente hijo, desde la pérdida de su bando en la Guerra Civil y su peregrinar de prisión en prisión hasta morir de tuberculosis. Y me parece trágica su existencia, precisamente porque murió muy joven, sin haber podido disfrutar de su mujer, de su hijo. Y porque su muerte está relacionada con una guerra que por ser civil es más cruel todavía. Y como tantas otras muertes pienso que se debería haber evitado.

            Me admira la personalidad de este poeta. Su vida me parece toda una odisea, con tanto ir y venir, tanta derrota y sufrimiento (y no me importa el bando, porque como poeta al final acaba cantando a la vida y a la libertad, y eso lo entendemos todos sin necesidad de ninguna bandera). Si hubiera que señalar una cualidad entre las muchas que tuvo diría que admiro la amistad. Me gusta como lo describen sus amigos Vicente Aleixandre: "Y allí estaba, recién emergido, riendo, con su doble fila de dientes blancos, con su cara atezada y sobria, su cabeza pelada y su mechoncillo en la frente" o Pablo Neruda: "Miguel era tan campesino que llevaba un aura de tierra en torno a él. Tenía una cara de terrópn o de papa que se saca de entre las raíces y que  conserva la frescura subterránea. (...) Me contaba cuentos terrestres de animles y pájaros (...) Me narraba cuán impresionante era poner los oídos sobre el vientre de las cabras dormidas. Así se escuchaba el ruido de la leche que llegaba a las ubres, el rumor secreto que nadie ha podido escuchar sino aquel poeta de cabras".

          Pero, sobre todo, me gusta como el poeta habla de sus amigos, y aquí dejo ELEGÍA (En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como el rayo Ramón Sijé, con quien tanto quería):

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
.
Alimentando lluvias, caracoles
Y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
.
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
.
.Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofe y hambrienta
.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte
a parte a dentelladas secas y calientes.
.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte
.
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de mis flores
pajareará tu alma colmenera
.
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
.
A las aladas almas de las rosas...
de almendro de nata te requiero,:
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

2 comentarios:

  1. ¿Es el único poema de Miguel Hernández? Es que creo que todo el mundo me recita siempre éste.

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    Respuestas
    1. ¡Es que es muy bueno! No tengo su antología a mano, pero ya te dedicaré una entrada con más poemas de los que me han gustado, ok?

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